jueves, septiembre 25, 2025

Sextiembre 2025_04

 SHORTS


A veces ella sueña.

           Enfundada en algo que sólo un INCEL desarrollador de videojuegos podría considerar “ropa para hacer arqueología”, ella (que no es ella, sino una versión caricaturizada de una ella más joven) recorre una selva que es sólo una versión cliché de una selva, hasta encontrar un edificio que no es un templo maya, ni teotihuacano, ni mexica, ni mixteco, ni zapoteco, ni olmeca ni de ninguna cultura que ella pueda reconocer, sino lo que el mismo desarrollador de videojuegos INCEL creería que es un templo de alguna de esas culturas (porque, obviamente, para un desarrollador de videojuegos INCEL todas las arqueólogas son jóvenes, recorren la selva en microshortsitos y llegan a templos que son exactamente el mismo templo para todas las culturas).

            Sí, a veces ella sueña... Bueno, no tan “a veces”; de hecho llevaba años sin soñar ese sueño... Y esa pequeña parte de ella que ve el sueño y lo analiza, se pregunta ¿por qué esta soñando este sueño hoy?

            Descarta la pregunta por ridícula; a veces los sueños sólo son sueños y, a veces, ella sueña.

            Se echa para atrás el cabello, que luce unos brillos rubios que ella no ha usado desde la mitad de sus veintes. Extrañamente le gusta como se le ven a esta versión caricaturizada de ella... Una versión de ella que no necesita reacomodar la entrepierna de sus microshorts a cada paso.

            De pronto, a contraluz, ve al felino al final de un pasillo cuyas paredes están adornadas por algo que sí son símbolos mayas, pero colocados sin ningún sentido... Y esa pequeña parte de ella que ve el sueño y lo analiza, se reprocha por distraerse en cosas como símbolos mayas.

            Se recarga en la pared (sí, en la de los símbolos mayas)... Ve al felino acercarse y ni por un segundo considera desenfundar las pistolas ridículamente grandes que lleva en los muslos.

            El felino se acerca y a veces es un jaguar moteado y otras es un jaguar negro y otras ni siquiera es un jaguar, sino un dios... Al final es un hombre que conoce, aunque en realidad no es ningún hombre que conoce o haya conocido, sólo un hombre que, en este sueño, conoce.

            Mira al hombre que se acerca... Sonríe; esta es la parte del sueño que le gusta, todo lo demás sólo son preámbulos.

 

Mario Stalin Rodríguez

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miércoles, septiembre 17, 2025

Sextiembre 2025_03

 SILENCIO


 Baja el volumen de la música y mira su obra terminada; hace tiempo que la casa no lucía tan habitable, sin juguetes regados por doquier, sin material escolar desordenado sobre la mesa del comedor, sin ropa infantil en los sillones ni la cocina... Vaya; de verdad está exhausta.

            Sube a su habitación y ve al gato dormido en la cama destendida... Maldición, piensa; iba a tenderla muy temprano en la mañana, pero primero tuvo recoger la ropa y lavarla cuando vio la cantidad de prendas infantiles que se acumulaban junto a la lavadora... Y se dio cuenta de los trastes sucios que se acumulaban en la tarja cuando subió por el detergente y del estado del piso de la cocina... Y de la situación en la sala... Parecería que la limpieza no se hiciera desde hace semanas y no sólo desde su último “día de descanso”.

            Las tareas del hogar se fueron encadenando una tras otra y en algún momento antes de mediodía puso su “playlist para el quehacer” mientras se recogía el pelo... Y la cama quedo sin hacer.

            La mira; una tarea del hogar más... Mira su teléfono, piensa en volver a subir el volumen de la música... Mira la cama sin hacer; apaga la música.

            Escucha con atención... Nada.

            No hay gritos o risas infantiles, no hay una televisión encendida, no hay instrumentos musicales afinándose, no hay electrodomésticos llenando la casa de ruido... Nada; sólo silencio.

            Los quehaceres están hechos, se dice (bueno, salvo la cama). La niña está con su esposo en... En... En... ¿Visitando a su abuelo? Ni siquiera lo recuerda; quédate dormida, le había dicho al salir, es tu único día de descanso.

            “Día de descanso”... Aprecia la ironía.

            Él se encarga de las tareas cotidianas mientras ella trabaja, por supuesto. Recoger a la niña del colegio, asegurarse de que haga la tarea, coma, cene, tenga ropa limpia... Ser músico de fines de semana en locales nocturnos es lo que tiene; que le deja tiempo libre entre semana.

            Pero las tareas del hogar se acumulan cuando hay una niña en edad escolar correteando libre por la casa.

            Debería bañarse antes de que vuelvan, se dice; tiene bastante ropa limpia y los quehaceres hogareños la dejaron bastante sudada... En el silencio de la casa empieza a desnudarse.

            Escucha con atención... Nada, sólo silencio... E, inesperadamente, eso la exita.

            Se recuesta en la cama mientras se toca, procurando no despertar al gato... Ni siquiera está pensando en nadie, sólo disfrutando el silencio...

 

Mario Stalin Rodríguez

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jueves, septiembre 11, 2025

Sextiembre 2025_02

SMOKING

Baja el cierre lentamente dejando ver su ropa interior de un intenso color rojo y le sonríe al hombre hincado frente a él, vestido con un smoking idéntico al suyo; es casi como el uniforme de trabajo, pero sin el casi.

            Mira a su efímero compañero y, por enésima vez en la noche, se pregunta qué tan secretos son los servicios secretos si todos los agentes secretos se conocen y reconocen entre sí por los códigos secretos que todos conocen y de los que nadie habla, porque son secretos.

            Todo es culpa del cine, piensa.

            Mientras deja salir su erección mira a su compañero y recuerda el inicio de la noche...

            Los bares de todos los hoteles de lujo de todo el mundo son básicamente lo mismo, algunos están al aire libre en medio de la selva tropical, otros están tallados en el interior de un glacial, algunos tiene adornos pseudomísticos en un ambiente a media luz y otros rebosan de luces neon en escenografías retrofuturistas y etcétera. La variedad es enorme, pero todos son básicamente lo mismo; escenarios para una obra mil veces repetida.

            Entró y todos los actores habituales estaban en sus lugares habituales; en aquella mesa, rodeado de las correspondientes mujeres agentes dobles o triples (el servicio secreto femenino es otro mundo con sus propios códigos secretos conocidos por todas las agentes secretas), está el “Boris” de esta noche enfundado en su correspondiente smoking.

            Más allá, en un rincón, los smokings de los “James”, “Pedro”, “Mohamed”, “Abraham” y “Schmit” juegan su póker secreto en el que apuestan secretos de Estado y fichas que valen más que el PIB de varios países... Los saluda con una inclinación de cabeza.

            En la barra, acompañado por la habitual dama en desgracia (el servicio secreto femenino es otro mundo con sus propios códigos secretos conocidos por todas las agentes secretas), ve a su objetivo.

            Era una misión de rutina; obtener una serie de códigos secretos del “Dimitri” en turno... Sólo que no esperaba que fuera ESTE “Dimitri”, el de los labios carnosos.

            Labios que abrazan su pene en aquella bodega de vinos carísimos abajo del bar de lujo de un hotel de lujo.

            Se sentó al lado y pidió un Martini seco, agitado, no revuelto; códigos secretos... Todo es culpa del cine, refunfuñó para sus adentros; ni siquiera le gustan las malditas aceitunas... Pero vaya que le gusta este “Dimitri”.

            Se saludaron con una mirada, terminaron sus tragos (dejó la aceituna), se incorporaron y dirigieron un gesto cómplice al barman detrás de la barra... Bajaron a la bodega.

            El código secreto implicaría un enfrentamiento verbal de frases creativas y sarcásticas, con una pelea física y balacera opcional... Se miraron y, como casi siempre que se ven, decidieron omitir esa parte.

Mario Stalin Rodríguez

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jueves, septiembre 04, 2025

Sextiembre 2025_01

 PROVOCACIÓN


Si es sincera consigo misma; a veces no es que odie su trabajo, sólo que le parece rematadamente ridículo, piensa mientras entra al set fotográfico que simula un salón de clases... En serio, se dice; ¿quién en su sano juicio creería que ella, a sus treinta y pocos, es una estudiante con uniforme?

            Pero aquí está con todo y las calcetas blancas hasta casi las rodillas.

            Y aún así, sonríe, ni siquiera es lo más ridículo que ha hecho; todavía recuerda aquella campaña de... De... De... ¿De qué era? ¿Un perfume? ¿Pastillas para el aliento? El concepto era "frescura”, de eso está casi segura: 16 mujeres en sus últimos veintes, vestidas con microbikinis, fingiendo una pelea de almohadas en medio de un bosque nevado.

            El resfriado le duró casi una semana.

            Y aquí está, años después, en uniforme escolar en un salón de clases simulado, adornado con carteles “escritos” en algo que no es coreano, ni japonés, ni ningún otro idioma conocido, pero que simula “escritura asiática” (sobrantes, seguramente, de alguna campaña “de estética k-pop” o “manga”).

            Ojalá fuera cosa de “libertad creativa” o “licencia artística”, sigue pensando mientras ubica su marca en el set, justo al lado de un gato que se estira como si fuera dueño del escenario (¿será parte del concepto de la campaña? ¿O simplemente se coló y nadie ha podido sacarlo? Se pregunta).

            No, continúa pensando para sí; nada de esto tiene que ver con “creatividad artística” o “visión estética”, cada aspecto de cada campaña ha sido decidido por paneles de “personas expertas” en escritorios, que miran en sus computadoras incontables gráficas de “hábitos de consumo”, “tendencias de búsquedas en redes”, demografías de destino y un etcétera de tecnicismos tan largo como un brazo.

            Y últimamente, además, frunce el ceño mientras se coloca en su marca (el gato la mira indiferente y no se mueve ni un centímetro), las agencias han dejado de consultar a las “personas expertas” y se limitan a “analizar los datos con inteligencia artificial”... Así llega ella aquí; en un salón de clases simulado con un brasier que le queda pequeño (y eso que sus senos nunca han sido particularmente grandes).

            Estuvo a punto de rechazar la campaña... Hasta que vio quien haría la fotografía, sonríe.

            La fotógrafa entra, como es su costumbre, ya con la cámara preparada y empieza a gritar órdenes a su equipo técnico; bajar la intensidad de aquella luz, redirigir aquel reflector, activar el ventilador a mínima velocidad... Ella sonríe y se recarga en el “escritorio magisterial” (le parece conocido, ya lo habían utilizado antes en la campaña de “ahorro para el retiro”, cuando la hicieron correr con una pijama de “dragón de peluche” en una “oficina”), dejando que su falda suba hasta casi descubrir el nacimiento de sus muslos.

            La fotógrafa empieza a disparar su cámara desde distintos ángulo, entre toma y toma se detiene para comprobar el resultado y ordenar algún ajuste. Ella la mira sugerente mientras va desabrochándose la camisa.

            Después de un flashazo la fotógrafa se detiene, mira las últimas tomas con desconcierto; nada de esto estaba en el “guion conceptual” que le hicieron llegar desde la agencia. Alza la mirada y, por primera vez en la tarde, ve a ella directamente; su mirada y su sonrisa.

            Llama a su asistente; le dice algo en voz baja. La asistente se acerca a cada persona del equipo técnico, les dice algo en voz baja y empiezan a abandonar el set, pronto sólo quedan ella y la fotógrafa.

            Se miran, se sonríen, se acercan...

 

Mario Stalin Rodríguez

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viernes, agosto 29, 2025

ABRIENDO UN PARENTESIS

Tocaría finalizar con lo que finalizar se debe, pero mucho me temo que eso tendrá que esperar porque, bueno, la vida no me ha dado para preparar el texto ni la ilustración y, además, se acerca ya Septiembre y eso sólo puede significar una cosa y no es el Grito de Independencia, sino el...

#SEXTIEMBRE2025

Que, afortunadamente, no necesitaré lanzar ninguna convocatoria ni componer ninguna lista porque, buen, ya alguien se ha tomado la molestia de hacerlo, así que sólo queda hacer el anuncio:

Para las actualizaciones de Septiembre (salvo una extraordinaria el 20, por razones calendáricas que ya se explicarán y se han explicado en años pasados) tiraré del aleatorio para decidir qué tema de la lista enlazada arriba se subirá en cada una.

Y hale, ya está... En Octubre retomamos para concluir lo que concluir se debe.

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viernes, septiembre 29, 2023

SEXTIEMBRE 2023 - D

 Pues ya se acaba el Sextiembre 2023, así que toca cerrarlo con una última tirada de dados, cuyo resultado fue...


Sueños Húmedos


 El gato, de un gris tan oscuro que casi es negro y ojos grises profundos, no es un gato; ella lo sabe. Debe ser alguna especie de metáfora para su prolongada soltería o la representación de alguien que no se atreve a reconocer ni inconscientemente, se dice.

            Está en una recámara que sólo conoce por descripciones muy vagas, así que no se sorprende que la cama, que debería ser matrimonial, tenga un tamaño casi infantil, ni de la marcada incoherencia de unas sábanas de seda roja que ni ella ni nadie en cuya recámara pudiera estar usaría.

            Ve al gato que noes un gato acercarse a su entrepierna con los ojos grises profundos fijos en su mirada... No, tampoco se sorprende de comprobar que está completamente desnuda aunque hace mucho tiempo que no duerme así, ni de que el vello de su ingle sea mucho más abundante del que jamás se permitiría a sí misma.

            Reconoce el tatuaje entre sus senos; un ave renaciendo entre llamas... Pensó en hacerse uno así hace mucho tiempo, incluso llegó a pedir algunos diseños preliminares; ninguno se parecía a éste... No le sorprende, en realidad nunca se atrevió a hacérselo. Debe ser algún tipo de pista de mi propia mente, se dice.

            Se pierde en los ojos grises profundos del gato que no es un gato.

            Siente la lengua del gato que no es un gato y no es áspera, de hecho se siente casi humana...

 

Mario Stalin Rodríguez


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jueves, septiembre 21, 2023

SEXTIEMBRE 2023 - C

 Pues sigamos con el Sextiembre 2023 y, siguiendo el método utilizado este año, al tirar de los dados de Google el resultado fue...


Sexo MUY Romántico y Cliché

Sobre “Valsecito – Valsinha
De Chico Buarque
en versión al castellano de Vinicius de Moraes
y voz de Nacha Guevara

 

Cuando regresaron a casa, los pies de ella aún bailaban el danzón de la plaza y él silbaba una canción que nunca había escuchado... Entraron, ella se dirigió a la recámara y él se fue buscar algo que beber en la cocina.

            Ella empezó a desnudarse, colocó el vestido blanco y escotado extendido sobre la cama y sonrió un poco para sí misma pensando en que había salido sin brasier.

            Se iba a desabrochar el liguero más práctico que sensual para quitarse unas medias de red que no recordaba hace cuánto había comprado y estaba convencida de nunca antes haber usado, cuando vio el vestido sobre la cama... Lo tomo entre sus manos y en su mente regresó a la plaza.

            Siguiendo una melodía que sólo sonaba para ella, semidesnuda, bailó; la joyería de vidrio que ella misma se había fabricado desprendía brillos que iluminaban toda la habitación.

            Él entró y la vio... En silencio dejo los dos vasos que traía sobre la cómoda al lado de la puerta y se acercó.

            Ella bailaba sin más pareja que su vestido blanco y escotado cuando sintió las manos de él en sus hombros. Lo sintió acercarse a su oído...

            “Estás muy linda”, le susurró. “Necesitas nuevos lentes”, le respondió ella, ruborizándose.

 

La besó en el cuello, ella se volteó y le beso en los labios.

            Besándose se dirigieron a la cama; él iba desvistiéndose un poco torpemente y ella acabó de quitarse las medias, el liguero y una ropa interior tal vez demasiado grande (“de abuelita” diría una de sus hijas cuando todavía vivían en la casa).

            Se recostó en la cama, él se puso arriba de ella y la miró; “eres bellísima”, le sonrió. “Tonto”, le respondió ella tapándose la cara con las manos.

            “Déjame mirarte”, dijo él apartándole las manos... Ella lo miró y reconoció cada arruga y cada recuerdo. “Mirémonos”, dijo ella y lo besó.

            Piel sobre piel y en la cama, en la oscuridad, siguieron bailando al ritmo de una música que sólo existía para sus oídos...

 

Mario Stalin Rodríguez


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jueves, septiembre 14, 2023

SEXTIEMBRE 2023 - B

 Pues es Septiembre y, como más de una persona sabrá, eso significa que se celebra el Sextiembre, así que tirando de los dados de google toca


AQUÍ TE PILLO, AQUÍ TE...


Se abre la puerta del elevador y frente a él, en una esquina, está ella. Se sonríen; “hola, vecina”, dice él. “Hola, vecino” contesta ella. Entra.

            El botón de la planta baja ya está iluminado, así que sólo presiona el que cierra la puerta. Mira distraído el indicador de avance y, cuando han pasado dos o tres pisos, siente las manos de ella en su espalda...

 

¿Cuándo empezó esto?

            Por supuesto que se habían visto en el ascensor o en los alrededores del edificio, aunque no sabían demasiado la una del otro o el uno de la otra; ella sabía que él tenía dos perras tal vez un poco demasiado grandes para vivir en un departamento, a las cuales sacaba a pasear con regularidad dos o tres veces al día. Él sabía que ella tenía tres gatos por aquella vez que se encontraron el consultorio veterinario cercano, cuando llevó a sus mascotas a revisión y él acudió de urgencia porque una de sus perras se comió un calcetín.

            Ella sabía, por las veces que se cruzaban en el elevador, que él vivía en el piso siete, él que ella vivía más arriba, probablemente entre el 12 y el 16, aunque seguramente no en los departamentos de lujo por arriba del 20.

            Fuera de eso toda su interacción era una cortés inclinación de cabeza cuando sus caminos se cruzaban y un discreto “hola, vecino” – “hola, vecina” después de su encuentro en el veterinario.

 

Así era, hasta el día en que el elevador se detuvo entre el piso cinco y el cuatro.

            A él se le había acabado el café, así que debió salir en una hora que no acostumbraba. En el caso de ella a su gata Cawlan (“Gris” en somalí) le tocaba una revisión de rutina y el veterinario sólo tenía cita libre para esa hora.

            Cuando la puerta del elevador se abrió él la vio recargada en una esquina; llevaba una camiseta blanca a tirantes que dejaba ver su abdomen, en el cual una pequeña línea de vello descendía hasta perderse bajo unos diminutos shorts de mezclilla. A su píes, enfundados en unos tenis rojos tal vez demasiado grandes para su talla, la gata maullaba indignada desde su transportador.

            “Un atuendo demasiado juvenil para su edad”, pensó él y se recriminó a sí mismo casi inmediatamente después; eran días de demasiado calor y ella tenía todo el derecho del mundo a vestirse como le diera gana

            “Hola, vecino”, saludó ella cuando él entraba. “Hola, vecina”, contestó. La puerta se cerró y él se puso a ver el indicador de los pisos sobre la puerta... De pronto, entre los pisos cinco y cuatro, el elevador se detuvo.

            Él presionó el botón de alarma y esperó que le contestaran a través de la bocina; sólo recibió silencio... “Seguramente se darán cuenta pronto de la falla” comentó mirándola con una sonrisa. “Ojalá” contestó ella.

            Siguió un silencio incómodo.

            Él tocaba el botón de alarma buscando una respuesta que no obtenía y ella miraba al techo, hasta que los maullidos de la gata se hicieron insoportables... “¿Te importa si la saco?” Preguntó ella, “nunca le ha gustado el transportador”.

            “Sin problema”, respondió él mientras volteaba. La vio inclinada para abrir la puerta de la gata; sus senos sin sostén asomaban a través de la apertura de la blusa de tirantes... Ella sintió su mirada y, mientras animaba a la gata a salir del trasportador, volteó hacia arriba mientras sonreía.

            Él desvió la mirada hacia el techo, sonrojándose; “perdón”, dijo tímido. Sintió la mano de ella sobre su abdomen. “No importa”, dijo ella y le besó en la mejilla.

            Él bajó la mirada y se encontró con los ojos de ella; empezó a tartamudear algo y ella le besó en los labios... Se abrazaron y muy pronto sus lenguas se encontraron.

            La gata, ahora silenciosa, olisqueaba en los rincones del elevador.

 

Entre el abrazo y los besos, una mano de él bajó hasta los glúteos de ella. La de ella llegó a la entrepierna de él y sintió su erección, empezó a acariciarlo por sobre el pantalón.

            Cuando ella desabrochó el botón del pantalón, él se apartó un poco; “no tengo condones”, dijo. “No importa”, contestó ella; “algo improvisaremos”. Terminó de liberar el miembro de él y empezó a masturbarlo.

            Él la besaba y una mano buscó por debajo de los minúsculos shorts hasta que encontró el sexo de ella; empezó a juguetear con los dedos por entre los vellos.

            Entre besos llegaron casi al mismo tiempo al climax; él eyaculó en la mano de ella, manchando también sus muslos y el piso del elevador. Ella mojó los dedos de él, su propia ropa interior y hasta los diminutos shorts.

            La gata soltó un ligero maullido, mirándolos desde una esquina.

 

Sentades contra una de las paredes, un tanto exhaustes y satisfeches, platicaban. Él sobre su empleo en el departamento de arte de una empresa de videojuegos, lo que le permitía trabajar desde casa y atender a sus dos perras. Ella sobre sus actividades como diseñadora gráfica free lance.

            Ni ella ni él se preguntaron sus nombres, pero sí los de sus mascotas.

            De pronto una voz sonó desde la bocina bajo los botones del elevador; se disculpaba por la tardanza en la atención, pero que no se preocuparan, el personal de la empresa ya acudía para liberarles.

            Se miraron con un poco de preocupación y algo de diversión; sin importar que ya hubieran recompuesto sus ropas, el olor del sexo inundaba el pequeño elevador... La gata los salvó defecando en un rincón y el penetrante aroma disfrazó cualquier otro olor, justo en el momento en que las puertas se abrieron.

 

Desde entonces ni ella ni él se olvidan de traer un condón en el bolsillo, cartera o bolsa.

            Se han encontrado en el elevador otras veces. No recuerdan si fue ella o él quien descubrió el cómo detenerlo sin activar la alarma... Nunca hay una cita concertada, a veces pasan días o semanas sin encontrarse; incluso llegaron a estar un mes y medio sin verse.

            No siempre van sin compañía en el elevador, entonces sólo hay un “hola, vecino” y un “hola, vecina” de regreso... En otras, incluso estando sin nadie más, sólo detienen el elevador para platicar... Hasta hoy ni ella ni él se han preguntado sus nombres.

 

Mario Stalin Rodríguez


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jueves, septiembre 07, 2023

Sextiembre 2023 - A

 Pues como alguien sabrá (o no) es Septiembre y eso significa que, salvo en fechas muy específicas, por aquí (y por allá) andaré celebrando

EL SEXTIEMBRE

Como en años pasados no me pondré a hacer el calendario completo (porque ya lo hice una vez y acabé como acabé), sino que semana a semana tirare del azar para ver cuál de los temas ahí enumerados abordar, sólo que ahora no recurriré a RandomPuntoOrg, sino a la tirada de dados de google y en esta ocasión el resultado fue...


STRIPTEASE


Abre la puerta, le da una pequeña propina a la camarera que la acompañó hasta ahí y ella le entrega la tarjeta-llave al tiempo que le dedica un sonrisa cómplice.

            Recuerda cuando empezó a hacer esto, entonces la miraban raro, pero conforme fue pasando el tiempo fueron acostumbrándose a ella y a lo que hacía y se volvió, poco a poco, el pequeño secreto cómplice de quienes trabajan en los hoteles de paso a lo largo de la calzada de Tlalpan. Incluso le hablan de ella y de lo que hace a quienes recién empiezan a trabajar.

            Reconoce la habitación, aunque no sabe si es porque ya ha estado antes en ésta o porque ha estado en tantas idénticas o muy similares. Recorre con la mirada la cama, los sillones y los demás aditamentos de una habitación de este estilo en un establecimiento de este estilo... Justo donde era de esperarse ubica a la única persona que será su público.

            Sonríe y recibe una sonrisa de regreso.

 

Entra al baño para prepararse, no le sorprende que la puerta sea de cristal y que la única parte de éste que queda oculta al resto de la habitación sea el excusado.

            Abre el agua, se desviste y entra a la ducha para quitarse todo el día en la oficina y la larga jornada en el transporte público. Conforme se desprende de sus ropas de diario va dejando, junto a éstas, los pendientes de la vida de diario; la capacitación que empieza temprano y a la que aún le faltan dos semanas, los encuentros y desencuentros con sus compañeras de oficina, las exigencias de su jefa... Su vida de diario queda ahí, en espera, a lado de su ropa de diario.

            Entra en la ducha, mientras se enjabona mira su entrepierna y se pregunta si debió depilarse o, al menos, recortar un poco en la zona. Descarta la idea casi de inmediato, le gusta el tacto del vello bajo las yemas de sus dedos.

            Sale de la ducha y ve la ropa que preparó para la ocasión... De vaquera, ¿en qué momento se le ocurrió que era buena idea vestirse de vaquera?... Suspira para sí y, tras la puerta de cristal, empieza a vestirse; los calzoncillos color vino con encaje le aprietan, tal vez tomó por error unos de su hija mayor, tal vez ha subido de peso desde la última vez que los usó, tal vez los compró algunas tallas más pequeños por “error”.

             Sonríe para sí y con un suspiro sale del baño.

 

Conoce estas habitaciones, ni siquiera debe voltear para localizar el control de la luz y dejar sólo una tenue iluminación, desde su teléfono pone la música para la ocasión que, de inmediato, empieza a sonar en las bocinas de las paredes... Se equivoca de pista; las Pussy Riots entonan “Kropotkin-Vodka”.

            Piensa en corregir su error, pero al alzar la cara su mirada se cruza con la de la única persona que es su público. Sonríe y recibe una sonrisa de regreso... Empieza a bailar.

            Primero se despoja del sombrero y empieza, coqueta, a desabrocharse la camisa a cuadros. Se deshace de las botas que son tan incómodas para bailar y desabrocha un botón más de la camisa.

            Sigue bailando. Se quita la falda de mezclilla y termina de desabrochar la camisa, aunque no se la quita; sigue con ella un par de compases más. Mira coqueta hacia la única persona que es su público, sonríe y recibe una sonrisa de regreso; nota que empieza a excitarse.

            Se deshace de la camisa y queda en ropa interior... Sigue bailando, de vez en cuando dirige la mirada hacia la única persona que es su público y a cada movimiento se excita un poco más.

            El brasier le juega una mala pasada y el broche en la espalda se atora. Durante un par de compases, sin dejar de moverse al ritmo del punk ruso, forcejea sin ningún resultado. Dirige una sonrisa incómoda hacia la única persona que es su público y recibe una sonrisa incómoda de regreso; su excitación crese.

            Finalmente logra quitarse el brasier sin desabrocharlo, sacándolo por la cabeza como si fuera una camiseta... La canción casi acaba, así que a prisa se libera de los calzoncillos color vino con encaje que le quedan chicos; queda completamente desnuda justo cuando la música se termina.

            En silencio y completamente excitada se dirige con paso coqueto hacia la única persona que es su público; sonríe y recibe una sonrisa de regreso... A solas en la habitación se besa a sí misma en el espejo.

            Lleva una mano hacia sus senos y hace círculos alrededor de su pezón. Con un dedo de la otra mano recorre las marcas que los calzoncillos color vino con encaje dejaron sobre su piel, hasta notar el tacto del vello su yema.

            Mirándose en el espejo, como tantas otras veces en habitaciones como ésta, empieza a hacer el amor consigo misma.

 

Mario Stalin Rodríguez

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jueves, agosto 31, 2023

Juegos Faneolímpicos de Invierno 2023

 Como algunas veces he mencionado tengo una cuenta en Faneo, comunidad que, de vez en cuando, hace algunas actividades temáticas... Una de estas es la realización anual de unos "juegos olímpicos" que se van alternando entre "veraniegos" e "invernales"... Y este año tocaron invernales.

Aunque suelo participar en varias de las dinámicas de la comunidad, nunca había participado en ésta en particular, por lo que decidí hacerlo por primera vez de la manera más completa posible, así que tomando una lista aleatoria de mis personajas femeninas, conformé la representación de la Comunidad Cáctus Cómics Presenta...


Que por tener, tuvo hasta banderita...


con la participación de:

- Salto de ski: Gravitania de "La Otra Versión - el Trío Galaxia


Y aquí le vemos en el momento de que se da cuenta que, quizá, sus poderes de gravedad se activaron inadvertidamente.

Pero, oigan, ganó medalla de bronce y todo (lo cual, debo reconocer, fue completamente inesperado).


- Hockey: Con el equipo conformado por las protagonistas femeninas de "La Otra Versión - Calabozos y Dragones"


Aquí en bonita foto de grupo en el vestuario, antes de salir a la pista a ocupar sus posiciones:

Ala izquierda: Diana hija.


Defensa izquierda: Aisha.


Centro: Diana madre.


Defensa derecha: Sheila


Ala derecha: Tiamant


Portera: Terry.


Lástima que, en realidad, sólo una de ellas sabes patinar.

- Curling: Con la participación de Sonja de "Reflejos emergentes", obra mía que apareció en el séptimo round del Frankencómic.


Aquí le vemos en el momento de darse cuenta de que tal vez sería buena idea tener a más gente en el equipo (al menos alguien que no fuera un gato).

- Patinaje artístico: Con la participación de la pareja conformada por Miss American Way y Annataz de la Liga de Guardianes


Aquí con leotardos completos para disgusto de la Federación Internacional de Patinaje (entre otros asuntos que tampoco le gustarían a tal autoridad)

- Patinaje de velocidad: Con una yuyo, que ha suele aparecer en mis textos sobre temas político-sociales


A quien vemos meditando sobre qué tan buena idea es mandar a una cacomixtle antropomorfa que no llega al metro veinte de estatura y con una cola no precisamente aerodinámica, como representante a una prueba de velocidad.

- Ski: Con Esperanza de "El que fue Sol"


A quien encontramos meditando sobre qué tan conveniente fue ataviarse como Ah'Kin, deidad maya del Solsticio de Invierno, ya que los pueblos mayas se desarrollaron en una selva tropical y es probable que de nieve supieran más bien nada.

- Snowboard: Con la protagonista de "Cihuayaotl" 


Quien tras leer sobre el origen de la disciplina olímpica y sus principales exponentes, llegó a la conclusión de que, en lo que a ella respecta, ya pueden los fifís repartirse las medallas en su deporte para fifís, mientras se queda disfrutando de un sabroso chocolate calientito en la comodidad de la Villa Olímpica con calefacción y chimenea, que total lo paga el comité organizador.

- Biatlón: Con Cassandra de "Problemas Laborales"


A quien por un lío burocrático le confiscaron su fusil en la aduana y tuvo que improvisar un poco.


Quien no acabó de entender el por qué, a pesar de sus amables palabras de motivación, su animal de tiro no parecía estar cooperando.

Cabe añadir que por celebrar la inesperada medalla, todas las participantes se fueron a celebrar y se olvidaron de acudir a la ceremonia de clausura... Afortunadamente también se olvidaron de la medalla y del gato...


Y hale, ya está... Estos fueron los juegos invernales de Faneo 2023 y aquí queda mi participación en estos, en tanto preparo lo que se viene este Sextiem... Herm... Septiembre, quise decir "Septiembre".

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