Los Falsificadores de la Democracia 81
FESTEJOS
Exactamente
el mismo clasismo detrás de las publicaciones de opinócratas, trollcenters y
granjas de bots, que “critican” airadamente la “invasión popular” de espacios
como el centro histórico, la avenida Reforma, la explanada de Bellas Artes o
cualquier otro espacio en el que “antes se podía caminar”.
Exactamente
el mismo clasismo detrás de las “opiniones independientes” (a sueldo del
PRI-PAN) a quienes de pronto les pareció una magnífica idea que el derecho al
voto sea condicionado a “no recibir programas sociales”, o al “nivel de
estudios”, o a “aprobar un examen de ciudadanía” y, más recientemente, cambiar el
voto universal e individual por “votos familiares”.
Y
exactamente el mismo clasismo que cada año, CADA AÑO, se disfraza de “superioridad
intelectual” para recordar que “el desfile de Día de Muertes se inventó en una
película de Hollywood” (omitiendo, CADA AÑO, que antes de aquella película en
México ya se celebraban un montón de eventos relacionados al Día de Muertes que
consistían en gente disfrazada caminando por la calle)... Aunque en esta
ocasión era más bien del tipo “celebran mal” o “por las razones equivocadas”,
aderezado con el chantaje moral de “¿cómo pueden celebrar mientras X?”
Detrás
y muy en la superficie de todo esto está la misma premisa; la alegría popular
no tiene derecho a las avenidas céntricas y sus festejos deberían restringirse
a sus “entornos naturales”. Porque cosas como, por ejemplo, las fiestas
patronales están muy bien en las periferias a donde se puede acudir a hacer “turismo
social” o en los “pueblos mágicos”, en los que hasta el festejo popular ha sido
gentrificado, desinfectado y vaciado de todo contenido.
Pero
las calles céntricas deberían estar restringidas sólo a las “protestas”
(siempre y cuando estas aprueben el “examen de legitimidad” que la derecha, el
oficialismo o la “verdadera izquierda intelectualmente superior” les impongan)
y, el resto del tiempo, abiertas sólo para “la gente bien”.
Porque en el fondo Y MUY EN LA SUPERFICIE de todo esto está la cuestión de ¿de quién es el derecho a la ciudad? Y el derecho a la ciudad pasa, necesariamente, por abrir las calles céntricas al comercio y los festejos populares.
Mario
Stalin Rodríguez
Etiquetas: Apuntes sobre periodismo, Opinión, tratado sobre la necedad, virus informáticos



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