jueves, julio 16, 2026

Los Falsificadores de la Democracia 81

 FESTEJOS


El derecho a la calle

 Detrás y muy en la superficie de la cobertura mediática de los festejos populares en la CDMX tras los partidos de la selección nacional, está el clasismo y la aporafobia que aflora por cada poro de la derecha mexicana.

            Exactamente el mismo clasismo detrás de las publicaciones de opinócratas, trollcenters y granjas de bots, que “critican” airadamente la “invasión popular” de espacios como el centro histórico, la avenida Reforma, la explanada de Bellas Artes o cualquier otro espacio en el que “antes se podía caminar”.

            Exactamente el mismo clasismo detrás de las “opiniones independientes” (a sueldo del PRI-PAN) a quienes de pronto les pareció una magnífica idea que el derecho al voto sea condicionado a “no recibir programas sociales”, o al “nivel de estudios”, o a “aprobar un examen de ciudadanía” y, más recientemente, cambiar el voto universal e individual por “votos familiares”.

            Y exactamente el mismo clasismo que cada año, CADA AÑO, se disfraza de “superioridad intelectual” para recordar que “el desfile de Día de Muertes se inventó en una película de Hollywood” (omitiendo, CADA AÑO, que antes de aquella película en México ya se celebraban un montón de eventos relacionados al Día de Muertes que consistían en gente disfrazada caminando por la calle)... Aunque en esta ocasión era más bien del tipo “celebran mal” o “por las razones equivocadas”, aderezado con el chantaje moral de “¿cómo pueden celebrar mientras X?”

            Detrás y muy en la superficie de todo esto está la misma premisa; la alegría popular no tiene derecho a las avenidas céntricas y sus festejos deberían restringirse a sus “entornos naturales”. Porque cosas como, por ejemplo, las fiestas patronales están muy bien en las periferias a donde se puede acudir a hacer “turismo social” o en los “pueblos mágicos”, en los que hasta el festejo popular ha sido gentrificado, desinfectado y vaciado de todo contenido.

            Pero las calles céntricas deberían estar restringidas sólo a las “protestas” (siempre y cuando estas aprueben el “examen de legitimidad” que la derecha, el oficialismo o la “verdadera izquierda intelectualmente superior” les impongan) y, el resto del tiempo, abiertas sólo para “la gente bien”.

            Porque en el fondo Y MUY EN LA SUPERFICIE de todo esto está la cuestión de ¿de quién es el derecho a la ciudad? Y el derecho a la ciudad pasa, necesariamente, por abrir las calles céntricas al comercio y los festejos populares. 

Mario Stalin Rodríguez

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