jueves, mayo 21, 2026

LUTO 2026

XV años

 En la madrugada de una noche como esta, hace ya 15 años, mi madre abrió los ojos levemente y me miró; “ay, hijo; no te estoy dejando dormir”, dijo... Y calló para siempre... O no tanto.

            Porque la voz de mi madre es, también, parte de nuestras voces; una de las mejores partes de nuestras voces. La voz de mi madre es también la voz de mi hermano Héctor cuando se apasiona en un tema e insiste en este. Es también la pasión con la que entiende y explica el mundo.

            La voz de mi madre es también la voz de mi hermano Ricardo cuando habla con Emilia, es también la infinita ternura con la que habla con Emilia incluso cuando mutuamente se regañan.

            La voz de mi madre es también la voz de mi hermana Tere, cuando desde uno u otro foro arroja su necesaria luz sobre uno u otro tema. Es también esa dureza y dulzura con la que desde sus aulas y foros ilumina nuestros caminos.

            La voz de mi madre es también la voz de mi hermana Nora cuando canta, cuando habla de sus amores y amistades y es, también, la voz del cuerpo de mi hermana Nora cuando baila.

            La voz de mi madre es, también, la voz de José Luis, la voz de sabiduría que desde una experiencia muy distinta a la nuestra, nos habla y nos hablamos desde el cariño y la cercanía, incluso hoy, 15 años después.

            La voz de mi madre es también la voz de Libertad, Victoria, Alexis y Karito, mis primes, con quienes compartimos infancias, adolescencias y este difícil camino que, desde nuestras distintas formas, llamamos madurez.

            La voz de mi madre es también la voz de Isabel, mi tía, con quien compartió vivencias, caminos, trincheras y crianzas; cada una a su manera, complementándose también con sus diferencias.

            La voz de mi madre es también, a su manera, la voz de Lucio, Mauro y Emilia, mis sobrines, sus nietes, porque aunque no convivieron con ella y tal vez no lo sepan, la voz de mi madre es también la forma en que convivimos a nuestras maneras y distancias con la forma maravillosa en que están creciendo.

            Y, espero, la voz de mi madre es también un poco mi propia voz; las palabras con que nombro mis dichas y quebrantos; las palabras con las que intentó entender, explicar y cambiar el mundo.

            Sí; la voz de mi madre es también parte de nuestras voces, una de las mejores partes de nuestras voces. Porque la voz de mi madre es también parte nuestra voz colectiva y de la forma en que cultivamos nuestras cercanías y cariños con quienes nos rodean y de quienes nos rodeamos.

            La voz de mi  madre es también parte de la forma en que entendemos, explicamos y cambiamos nuestros caminos.

Mario Stalin Rodríguez

21 de Mayo de 2026

 

IN MEMORIAN

MARIA TERESA CUÉLLAR SALINAS

1950 - 2011

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