miércoles, febrero 25, 2015

¿Y CUANDO VENGAN POR NOSOTROS?

Ensayo ganador del primer premio en el concurso "Así somos, así pensamos" organizado por el sindicato de trabajadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia...

Cuando vinieron por los comunistas, guardé silencio
Martin Niemöller

Tal vez no hay un momento en el que todo empezó. Quizá fue sólo un cúmulo de pequeñas cosas que fueron sumándose hasta que, al final, nos encerramos en nosotros mismos y nos olvidamos de todos los otros; de quienes en distintos lugares y contextos, son nuestros iguales y distintos...

Primer momento
Será que el primer indicio de que algo no marchaba como antes debieron dárnoslos los integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Los maestros, sí, con quienes convivimos día sí y día también en museos y zonas arqueológicas.
            Con el anuncio y aprobación de la llamada Reforma Educativa, los maestros de la CNTE se movilizaron. Ocuparon por meses la plancha del Zócalo de la ciudad de México, de donde fueron violentamente desalojados entre balas de goma y gases lacrimógenos...
            Y nosotros, tan nosotros, tan críticos y participativos en un pasado; nosotros, miramos todo esto desde la comodidad de nuestros centros de trabajo, guardando silencio.

Y será que hubo un intento, tímido, de responder... Y acompañamos, unos pocos de nosotros, a los maestros a reinstalar su protesta en el Monumento a la Revolución. Y colocamos una tímida carpa en los perímetros del campamento.
            Y unos pocos de nosotros estuvimos ahí el 2 de Octubre cuando la policía del DF cargó con balas de goma y gases lacrimógenos contra la manifestación de estudiantes y maestros...
            Y unos pocos de nosotros los vimos correr y ser detenidos... Pero, sobre todo, desde nuestra tímida carpa y desde la comodidad de nuestros centros de trabajo; guardamos silencio.

Segundo momento
Y fue entonces que hasta la tímida carpa desapareció.
            Y llegaron también las otras Reformas Estructurales y las protestas callejeras fueron menguando y, cada vez más, cada vez con mayor impunidad, eran reprimidas con balas de goma y gases lacrimógenos...
            ¿Y nosotros? Nosotros guardábamos silencio.

Encerrados en nuestros centros de trabajo, caímos en la autorreferencia y la autofagia.
            Sin mirar el lento asesinato del país, tal vez porque era demasiado, tal vez porque ya, a estas alturas, estábamos tan ciegos que no nos importaba… Demasiado centrados en pequeñas batallas mezquinas; “aquel compañero llega tarde”, “ella quiere cambiarse de departamento”, “este proyecto invade mis atribuciones”, “este otro no se incluye en mi profesiograma”, “la escuela llegó con 10 minutos de retraso” y etcétera.
            Conflictos pequeños, sin sentido, interminables. Surgidos más de mezquinas rencillas personales que de una pretendida “defensa de nuestros derechos laborales y materia de trabajo”... Y nos confundimos, empezamos a ver en el compañero al enemigo; quien ostentaba un nombramiento distinto, el que aspiraba por concurso interno o promoción académica a una plaza de nuestro nivel, quien llegaba desde afuera, los trabajadores de contrato o de apoyo a confianza...
            Todos eran el enemigo, porque su presencia modificaba aquello a lo que nos habíamos acostumbrado, trastocaba la comodidad de la rutina y nos obligaba a mirar más allá de hacer las mismas cosas de la misma forma.
            Y será que las autoridades miraban con buenos ojos todo esto, porque enfrentados y divididos dejábamos pasar aquello que verdaderamente atentaba contra nuestros derechos y nos restaba materia de trabajo... Pero no importaba porque “aquel compañero llega tarde”, “ella quiere cambiarse de departamento”, “este proyecto invade mis atribuciones”, “este otro no se incluye en mi profesiograma”, “la escuela llegó con 10 minutos de retraso”...
            Y directores, subdirectores y jefes de departamento escuchaban nuestras quejas, mientras sonreían complacientes... Y las fomentaban, porque nuestras pequeñas batallas mezquinas, nos distraían y nos alejaban de nuestros compañeros y de quienes, en otros contextos y lugares, son distintos e idénticos a nosotros.

Tercer momento
Y vinieron por lo jóvenes.
            En Septiembre de 2014, seis estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, en Iguala, municipio del estado de Guerrero, fueron asesinados por elementos de la policía municipal, con la posible complicidad del grupo delictivo conocido como Guerreros Unidos, a unos pasos de la mirada complaciente del ejército nacional.
            43 jóvenes del mismo centro educativo fueron secuestrados esa noche... A la fecha es imposible saber a ciencia cierta qué pasó con ellos, ya que las autoridades estatales y federales parecen mucho más interesadas en exculparse y dar un carpetazo rápido al caso, que en encontrar el paradero de los desaparecidos.
            Desde las primeras horas tras la difusión del hecho a través redes sociales, lo mejor de la sociedad mexicana; sus jóvenes, salió a la calle a exigir “vivos se los llevaron, vivos los queremos”...
            Y la exigencia creció en redes sociales y el culpable fue señalado. No el triste emperadorsito de un triste municipio de un triste estado, no el triste gobernador de este mismo; todos ellos y el aparato al que pertenecen. “Fue El Estado”, se gritó en las calles y en las redes sociales.
            De la mano de los jóvenes, indignados por esto y junto a la exitosa experiencia reciente en el IPN, las universidades se movilizaron y la llama de la justa rabia siguió creciendo. Por primera en vez en su historia, la Universidad del Claustro de Sor Juana entro en paro de labores, la Facultad de Ingeniería de la UNAM aprobó, por primera vez en 48 años, suspender actividades en una votación con la participación de más 5,000 miembros de su comunidad.
            Pronto no sólo fueron los jóvenes universitarios. Incluso los académicos del Colegio de México, tan dados a la moderación y el ensimismamiento, se pronunciaron y sumaron a las protestas. En Paris, Amsterdan, Río de janeiro, Madrid, Barcelona, Santiago de Chile, Nueva York, Río de la Plata; ahí donde llegaban las redes sociales, llegaba la rabia. Ahí donde un embajador o un funcionario del gobierno mexicano se presentara, había voces que le exigían “vivos se los llevaron, vivos los queremos”; le recriminaban “fue el Estado”.
            Incluso en el espectáculo que históricamente ha marcado la sustracción de la realidad en México, el fútbol, las voces llegaron. En el partido amistoso de la selección nacional contra Holanda, entre las porras del Cruz Azul, del León, de las Chivas y hasta en la del América, el grito era uno; “Vivos se los llevaron, vivos los queremos. EPN asesino”.
            En todo el territorio nacional, a lo largo del orbe, conforme más y más cuerpos eran encontrados en fosas clandestinas, conforme más se intentaba desde los medios desviar la atención; más crecía la indignación y mayores eran las protestas.
            Y nosotros, tan nosotros, tan críticos, tan comprometidos; nosotros, guardamos silencio.

El grito inundó las calles, “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”... Y nosotros respondimos “aquel compañero llega tarde”, “ella quiere cambiarse de departamento”, “este proyecto invade mis atribuciones”, “este otro no se incluye en mi profesiograma”, “la escuela llegó con 10 minutos de retraso”.
            Y respondimos tarde y tímidamente.
            Las convocatorias para participar en movilizaciones exigiendo la presentación con vida de los normalistas fueron emitidas. Asistimos pocos, tan pocos…
            Será que las redes sociales de un tiempo para acá están bloqueadas en los equipos de computo de nuestras oficinas (y no dijimos nada, porque “aquella compañera se la pasa en el facebook”)... O será que estamos tan acostumbrados a mirarnos a nosotros mismos, es decir; tan ciegos, que realmente creemos que “aquel compañero llega tarde”, “ella quiere cambiarse de departamento”, “este proyecto invade mis atribuciones”, “este otro no se incluye en mi profesiograma”, “la escuela llegó con 10 minutos de retraso” es más importante que la vida de 43 jóvenes.

¿Cuarto momento?
¿Y cuando vengan por nosotros?
            No se engañe nadie; vendrán por nosotros. Y no lo harán como lo hicieron con el SME o la CNTE, ni siquiera necesitarán presentarnos como “trabajadores privilegiados” y enfrentarnos a la sociedad; no les implicaremos ni ese mínimo trabajo.
            Vendrán por nosotros y lo harán poco a poco, aprovechándose de nuestras pequeñas mezquindades.

Al día de hoy, empresas subcontratadas (con trabajadores sin los mínimos derechos laborales) se encargan ya del aseo y mantenimiento de los centros de trabajo. La figura del custodio ha desaparecido en no pocos centros de trabajo, siendo sus funciones cubiertas por personal externo o, en el mejor de los casos, agentes de la policía local. No es extraño ver que en museos y zonas arqueológicas sean externos quienes se encarguen del montaje museográfico de las exposiciones temporales. Cada vez más las visitas extraordinarias (nocturnas o en días de descanso), en estos mismos centros son cubiertas por personal externo (a veces disfrazado a manera de “voluntariado”).
            Poco a poco, cada área sustantiva para el funcionamiento de nuestros centros de trabajo será sustituida por personal externo subcontratado a empresas de outsourcing. Las áreas administrativas, de recursos humanos y financieras correrán a cargo de despachos contables. Los servicios educativos o de promoción cultural irán a manos de empresas de turismo cultural y agencias de publicidad...
            Poco a poco, iremos desapareciendo. Y nosotros, tan críticos, tan participativos, con tanta conciencia social y solidaria; nosotros, aplaudiremos porque “aquel compañero llega tarde”, “ella quiere cambiarse de departamento”, “ellos trabajan menos horas que el resto”, “lo demás sólo envidian nuestro horario”, “al otro departamento le dan más horas extras” y etcétera.

Y será, tal vez, que nos daremos cuenta de lo que nos han hecho e intentaremos responder, un poco demasiado tarde.
            Intentaremos advertir a la sociedad que desaparecer a los trabajadores de base del Instituto Nacional de Antropología e Historia no es sólo atacar a un grupo determinado de personas y el sindicato en el que se agrupan, sino un paso más en el remate y destrucción del patrimonio histórico y la memoria de nuestro país.
            Y tal vez entonces volveremos a salir a las calles. Y tal vez reaparecerá nuestra tímida carpa bloqueando el acceso a las oficinas centrales del instituto... Y gritaremos buscando el apoyo de los otros... Y sólo obtendremos la respuesta del silencio.
            Para entonces, todos aquellos que podrían apoyarnos; los maestros de las escuelas públicas, los estudiantes universitarios, los sindicatos democráticos. Todos ellos, lo mejor de la sociedad mexicana, habrán desaparecido.

Mario Stalin Rodríguez

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jueves, febrero 19, 2015

TAN LIGERO COMO LAS PLUMAS

“Yo sólo soy memoria y la memoria que de mi se tenga”
Elena Garro
Recuerdos del Porvenir

Esto empieza con una aclaración necesaria; creo en la necesidad y justicia de la repatriación de los bienes culturales. Finalmente, todo pueblo tiene derecho a la memoria y a los vestigios de su pasado. La historia propia es, finalmente, privilegio irrenunciable de todo colectivo... Sí, creo en la necesidad y justicia de la repatriación de bienes culturales. No creo, sin embrago, que ésta deba lograrse sobre falacias descaradas y chantajes emocionales.
            No se me malentienda; no defiendo “verdades históricas” irreductibles. Las verdades históricas (y en ello incluyan tanto las de la academia, como las de la PGR) han demostrado, históricamente, ser las más endebles... Creo, sí, en que la historia debe fundarse, sino sobre la realidad, al menos en la mejor mentira disponible; la que más apagada a la realidad sea.
            Pongamos por ejemplo la pieza llamada “penacho de Moctezuma” que, sobre ello se ahondará, probablemente ni era penacho, ni perteneció a gobernante alguno (no digamos ya a Moctezuma segundo)...

Elaborada con 400 plumas de Quetzal, plumaje de colibríes y otras aves, además de piedras y metales preciosos y con un diámetro de 175 cm, la pieza ha sido parte central de las relaciones bilaterales entre el Estado mexicano y el gobierno austriaco.
            De hecho, ha estado a punto de causar el rompimiento de relaciones diplomáticas en más de una ocasión (la más famosa de ellas involucró a un danzante ebrio, tres tabiques y muchos, muchos, policías de Viena) y ha sido motivo de al menos tres resolutivos del Comité de Repatriación de Bienes Culturales de la ONU.
            La historia de la pieza va desde la conquista española de América, pasando por las intrigas palaciegas de la nobleza europea, llegando hasta la conquista civil del poder en el viejo continente. Involucra mitos, mentiras descaradas y, por supuesto, la gran ignorancia de las academias europeas.
            Es probable que la pieza haya sido parte del llamado “ajuar de Quetzalcoatl” que Moctezuma segundo obsequió a Hernán Cortes antes del arribo de éste a la ciudad de Tenochtitlán... No se deduzca del nombre ninguna implicación teológica, ni se pretenda con éste dar por válida la versión según la cual los indígenas creyeron que la llegada del conquistador europeo era el regreso de su dios ausente.
            Finalmente, la única voz que dice que los mexicas creyeron que Cortes era Quetzalcoatl, es la del propio Cortes... La realidad, por el contrario, habla de hechos muy distintos.
            Cortes nunca fue recibido en el Templo Mayor de Tenochtitlan, tanto más; su recibimiento se realizó a las afueras de la ciudad y fueron enviados al palacio del padre de Moctezuma segundo, ubicado en la periferia de la ciudad, muy lejos del centro ceremonial... Y sí, a su llegada fue obsequiado con el ajuar citado, probablemente; no tanto un regalo como una prueba en la que el español fracasó.
            Antes que Cortes, llegaron sus aliados indígenas, pertenecientes a la etnia tlaxcalteca, anunciado a voces “el retorno de Quetzalcoatl” (probablemente, como parte de un intento del europeo de aprovecharse del misticismo mexica). Para probar su autoafirmada divinidad, el español fue “obsequiado” con piezas extraídas de diversos templos, entre las que se mezclaban basura y verdaderos tesoros; lo más seguro, para ver si sabía diferenciarles y qué hacer con cada una.
            Sobra decirlo, cuando el español guardó todo esto en cofres; quedó bastante en claro que no era ningún dios...

Sí; todo lo anterior es un ejercicio de especulación, pero tiene mucho mayor sentido que cualquier otra versión en boga en tiempos pasados.
            Lo cierto es que Cortes envió sus obsequios a la corona española, en aquel entonces en manos de Carlos I, de la casa de Habsburgo y, como suele suceder con la nobleza, éste decidió catalogarlos y embodegarlos...
            En 1700 (casi 200 años después), en medio de un gran caos, la casa austriaca abandonó el trono de la península ibérica (que recayó en los todavía reinantes borbones... Aunque los actuales monarcas deban su corona más a Franco que a nadie más), refungiándose en Austria, donde aún gobernaban (de hecho, recuérdese, el pretexto utilizado por los conservadores para traer a Maximiliano de Habsburgo a hacerse cargo del gobierno de México, era que éste era el legítimo heredero de la corona española).
            Ya en el siglo XX, y a raíz del reacomodo político que la I y II Guerras Mundiales trajeron consigo, el poder de Austria pasó a manos civiles. Las nuevas autoridades aprovecharon las riquezas acumuladas por siglos de la nobleza... En 1945, tras la caída de las potencias del Eje, en el Museo Etnográfico de Viena, sobre un maniquí que representaba a un hombre de raza negra, se puso en exhibición “la Capa Africana”... Sí, efectivamente, el ahora llamado “Penacho de Moctezuma”.
            Obviamente, las circunstancias del cambio de denominación no son del todo claras. Se sabe que la pieza permaneció expuesta como “Capa Africana” durante un buen tiempo, hasta que un asistente al museo (la leyenda cuenta que era mexicano) hizo notar a las autoridades de éste que, en África, no hay quetzales (esta ave es endémica de América, de la Selva Lacandona, para ser más precisos).
            Tratando de reconstruir la historia de la adquisición de la pieza, los investigadores llegaron a Cortes y a la nobleza indígena... Y volviendo a fracasar, casi 500 años después, en la misma prueba que Cortes; volvieron a malinterpretar su naturaleza y uso... Y ya está; “El Penacho de Moctezuma”.

Volvamos a los primeros párrafos, por su forma, tamaño y peso, la pieza no podría ser usada como “penacho”, sin arriesgarse a que quebrara el cuello de su usuario... Por no hablar de la imposibilidad que las plumas de quetzal (con una longitud superior a un metro) permanecieran erguidas sin auxilio de un soporte rígido (agregando mayor peso).
            De hecho, dejando de lado la cuestión geográfica, es probable que el primer acercamiento de los museógrafos vieneses no estuviera del todo errado en cuanto a su naturaleza y uso.
            De acuerdo a la mayoría de los investigadores actuales y haciendo un comparativo iconográfico, es probable que la función original de la pieza fuera, efectivamente, la de ser una capa. No de una persona, sino de una estatuilla de Quetzalcoatl, de la forma en que esta deidad era retratada no por los mexicas, sino por los huastecos...

De nuevo; sí, creo en la necesidad y justicia de la repatriación de bienes culturales. No creo, sin embrago, que ésta deba lograrse sobre falacias descaradas y chantajes emocionales... Sobre todo, si la realidad resulta ser mucho más interesante.

Mario Stalin Rodríguez
Asesor Educativo
Museo Nacional de Antropología

Fuentes:
Gonzáles Rul, Francisco, “El Penacho de Moctezuma” en Arqueología Mexicana; México, 1995.
Rodríguez de la Vega Cuellar, Mario Stalin, Mexica (6ª edición), México, Museo Nacional de Antropología, 2014
Solis, Felipe, Mexica. Museo Nacional de Antropología, México, Conaculta/INAH/MNA/Luwerg, 2004.

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domingo, febrero 15, 2015

Big Culo Day 2015

Como cada año, el primer día hábil después del 14 de Febrero se celebra en estos bites el BIG CULO DAY...

Y este año, como pueden adivinar, andamos divinos
En (casi abandonado) blog de los Habituales
Además de menciones en Twitter y el Librocara...

El BigCuloDay es una iniciativa marciana de paz y tolerancia (y parte del Plan Marciano de Dominación Mundial, pero eso no lo supieron por mi).

P.D.
Gracias a Francis de Subcultura por su participación en estas celebraciones...

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jueves, febrero 12, 2015

Autobiografía No Autorizada (BCD edition)

Llegué tarde al Big Culo Day... Bueno, estrictamente hablando eso no es cierto, he participado en cada una de sus ya 07 ediciones (8 con la de este año)... Pero la primera fue más bien anecdótica, porque sólo participé con dos imágenes extraídas de historietas que tenían ya sus buenos años, concretamente, estas dos:



El año siguiente, sí hice dibujos especiales para la ocasión... Sólo dos


Para 2010, respondiendo a las "sagaces" críticas al evento (las cuales podrían resumirse, más o menos, en "sólo poneís culos de chicas" o "me entran ganas de poner el culo de un maromo, a ver si a más de uno se le quitan las ganas"), dibujé culos masculinos

Y hasta el de una cabra

(y también de chicas, para qué negarlo)

En 2011, ya encarrerados, por haber, hubo hasta el de un gorila verde

Y el de un gato

Por supuesto, también el de una chica... Pero no de cualquier chica, sino el de la Fabulosa Cass.

(Pero que conste que fue, en parte, porque la Capitana quería verle el culo)

2012 fue, hasta el momento, mi año más productivo. Ya para entonces andaba publicando La Otra Versión-Calabozos y Dragones y sobre este título giraron todas mis participaciones... Que no fueron pocas.
Y es que no sólo me marqué esta animación


(Aquí con música)
Cuyos fotogramas eran tal que más o menos así:


(27 de estos hice, no se los voy a poner todos)
Bueno, debo confesar que en un principio quería hacerla con este estilo:

Pero tanta línea me confundía al momento de ir haciendo cada cuadro y aún estaría haciendolos si hubiera seguido por esos derroteros.
Y ya puestos, pues se me ocurrió que era buena idea mostrar porque me parecía que aquella serie tenía que ser recordada:


Vamos, que por tener, tuvimos hasta una postdata.

En 2013 tomé un comentario del Jefe del año anterior como reto personal y me aventé un modelado 3D

(Bueno, está bien, fue una simple figura de masa para modelar)
También me puse un poco personalista:

Lo demás, siguió en los derroteros de Calabozos y Dragones:



Ahora bien, 2013 fue un año muy cansado, por eso decidí, en la medida de lo posible, tomarme 2014 de manera más o menos calmada. Vamos, incluso había decidido no participar en el BCD de ese año... Decisión, sobra decir, que me duró unos cinco minutos:




(Uni es una de las personajes de Calabozos y Dragones... Aquí más razones de por qué la serie molaba tanto)

Y este año... Bueno, después de gatos, cabras, gorilas y unicornios ¿qué más puede haber? Pues puede haber palomas, dioses, profetas y hasta una virgen ¿Por qué no?

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jueves, febrero 05, 2015

TIMIDEZ

Lo curioso es que, en general, en su vida diaria era más bien tirando a reservada.
            Pocas parejas había tenido en su no demasiado larga vida y, cuando llegaba el momento de hacer el amor con ellos, siempre fue de noche, con las cortinas echadas y la luz apagada.
            Tampoco vestía estrafalariamente, ni siquiera cuando aún se podía; sus ropajes eran siempre normales y casi recatados. Faldones largos, casi hasta los tobillos, pantalones no demasiado estrechos, camisas sin escotes, etcétera... Ni siquiera se maquillaba demasiado, acaso algo de rímel, una sobra discreta en los ojos y un lápiz labial discreto.
            Y no tenía una de esas bellezas que hace voltear a los hombres y mujeres por las calles; era solamente una mujer anónima que caminaba por las calles sin llamar la atención.
            Tal vez, si había tiempo y confianza, podrías mirarla a los ojos y encontrar en ellos una chispa en el fondo. Si el ángulo era correcto y aquella tarde hiciera calor, con un poco de suerte, podrías llegar a apreciar el lunar que tenía justo por arriba del nacimiento de su seno izquierdo... Pero eso era sólo si había tiempo y te fijabas lo suficiente.
            Mucho menos era participativa, en el colegio siempre fue de las más calladas; la sola idea de hablar en público le aterraba. Su voz era más bien apagada y su risa discreta. Incluso enojada, casi nunca gritaba y, cuando lo hacía, se arrepentía al instante.
            Por regla general, queda escrito, era más bien tirando a reservada.

Entonces, llegaron las prohibiciones.
            Es difícil saber el momento exacto en el que empezaron, más bien fueron instalándose de a poco. Primero se restringió el acceso a ciertos contenidos en la red, tal vez se dijo que era para combatir la piratería intelectual o alguna cosa por el estilo.
            Después, como una medida para fomentar la tolerancia y el respeto, se prohibió la difusión de imágenes y textos que hicieran mofa de religiones y figuras públicas. De ahí a restringir la circulación de aquello que “ofendiera” los sentimientos religiosos de algunos colectivos hubo un paso corto... Y la religión, se sabe, se ofende casi por cualquier cosa; sobre todo si en ello está implicado el cuerpo femenino.
            Y las medidas seguían y cada vez eran menos pequeñas, pero siempre por razones superiores.
            Para “mantener el orden y el decoro” en las oficinas públicas, escuelas y centros de entretenimiento, se ordenó prohibir en estos inmuebles las faldas demasiado cortas, los pantalones muy entallados y, por supuesto, los escotes pronunciados en pecho o espalda.
            Pronto, para “proteger a las mujeres del acoso callejero”, estas prohibiciones se extendieron a la vida toda, a cualquier lugar y, en general, a las calles... A este paso, decían algunos, para asegurar la libertad de la mujer, será necesario que permanezca en burka, embarazada y amarrada a la mesa de la cocina.
            Pero, fuera de estos chistes, no se hacía gran cosa... Por que las medidas eran siempre por razones superiores y motivos loables y cualquier crítica a éstas eran inmediatamente acallada con preguntas del tipo “¿acaso no cree indispensable mantener el orden y el decoro en los edificios públicos?” o “¿acaso está en contra de que el Estado haga todo lo que está en sus manos para proteger a las mujeres del acoso diario?”.
            Obviamente, las medidas fueran acompañadas siempre de otras, no dirigidas específicamente a las mujeres y para las cuales también se esgrimían razones superiores. Restricciones a las manifestaciones públicas, mayor control sobre la opinión y noticias de la prensa... Siempre para “asegurar la libertad, el respeto y los derechos de todos los ciudadanos”.

Y ella, que siempre había sido tan recatada, se encerró un día en su recamara con una cámara fotográfica.
            Tomó cientos de fotografías, de sus ojos, de sus labios, de sus manos con mensajes escritos en las palmas, de sus senos, de su sexo sin depilar, de sus muslos un poco flácidos y tirando a rollizos y, por supuesto, de su culo... De todas ellas, le parecía, las más anónimas eran las últimas.
            Guardó una de ellas entre los papeles del colegio y salió hacia los barrios más alejados de la ciudad. Fue caminando de comercio en comercio, sacando por ahí 12 fotocopias de la imagen en uno, 16 más en el de allá, otras nueve en el de más acá... En total, llegó a tener tal vez unas 230 copias.
            No era una imagen demasiado elaborada ni una fotografía que pudiera llamarse profesional. Tampoco tenía ningún mensaje escrito; era sólo la imagen de un culo femenino anónimo.
            Y fue pegando cada una de las copias en distintos lugares, siempre temerosa de que alguien la descubriera, pero, queda escrito, era una mujer que no llamaba demasiado la atención por las calles.
            Obviamente, las imágenes no duraron demasiado en las calles esa primera vez; la mayoría fue retirada por los agentes del orden o arrancada por ciudadanos indignados por esas “faltas a la moral”... Algunas pocas acabaron en manos de otros ciudadanos anónimos que las fotocopiaron a su vez y pegaron de nuevo en las paredes.
            De vez en cuando, digamos con intervalos de dos semanas a un mes o mes y medio, ella volvía a fotografiar su culo y, repitiendo la primera operación siempre en fotocopiadoras de comercios pequeños en distintos barrios y alejados del suyo, adornaba nuevas paredes con nuevas imágenes.
            Y éstas eran retiradas por los agentes del orden o arrancadas y pisoteadas por ciudadanos indignados por la “exaltación de la pornografía y la cosificación de la mujer”... Y reproducidas, cada vez más, por manos anónimas que las volvían a pegar en más y más paredes de la ciudad.

Y las medidas para “asegurar la libertad, el respeto y los derechos de todos los ciudadanos” seguían implementándose y eran, obviamente, cada vez más restrictivas... Y ya no había chistes sobre burkas o cadenas en las mesas de las cocinas, porque esos chistes (que “cosificaban a la mujer”) estaban prohibidos.
            Entonces hubo una manifestación espontánea.
            No hubo un cartel invitando a la asistencia ni una cita determinada, sólo gente que, de boca en boca, a través de mensajes de texto personales o burdamente cifrados en las vigiladas y restringidas redes sociales, fueron pasando la voz poco a poco.
            En la plaza central de la ciudad primero se vieron algunos grupos dispersos, nada fuera de lo común... Pero los grupitos iban creciendo y juntándose entre sí... Hasta que la multitud desbordó la plaza y llegó a las calles aledañas.
            No había un líder ni orador central. Por aquí y por allá surgían megáfonos que hablaban de recuperar la libertad. Algunos grupos cantaban canciones de protesta o satíricas, de las que ahora estaban prohibidas... Aquí y allá, también un poco más acá, a lo largo de toda la multitud y sin concierto alguno, manos anónimas fueron alzando carteles que, en distintos tamaños, reproducían las imágenes que ella, encerrada en su cuarto, con los pantalones y ropa interior en las rodillas, sonrojada, había tomado.
            Así, una nación empezó a cambiar...

Mario Stalin Rodríguez

P.D. que anuncia lo que ya está anunciado
Esto, obviamente, va de preliminares. Porque fechas importantes se acercan y no es momento para quedarnos callados.

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jueves, enero 29, 2015

La Otra Versión 17 (dos meses después)

Bueno, en realidad, poco más de dos meses después... pero... Bueno, se atravesó la temporada decembrina, así que supongo que algo de justificación tengo... Creo.
En todo caso, en capítulos anteriores...
00, 01, 02, 03, 04, 05, 06, 07, 08, 09, 10, 11, 12, 13, 14, 15 y 16
Y ahora...










Esto, obviamente, continuará después (supongo que por ahí de Marzo)... En vía de mientras, recuérdese, grandes acontecimientos se acercan...

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jueves, enero 22, 2015

CONTINUIDADES ROTAS

“Si me preguntáis de dónde vengo,
tengo que conversar con cosas rotas”
Pablo Neruda
No Hay Olvido.

Al hablar de los pueblos precolombinos de México, permítaseme forzar la metáfora, no se trata de que los árboles no permitan ver el bosque, sino de creer que el conocimiento de algunos aspectos de algunos árboles, nos permite conocer la totalidad del bosque.
            Obviamente, no sería posible, en este limitado espacio, abordar a cabalidad los complejos fenómenos de interacción cultural, prosperidad, decadencia y desaparición de civilizaciones que van desde el establecimiento de las primeras macroaldeas agrícolas (hacia el año 3,000 o 3,500 antes de nuestra era), pasando por el surgimiento de los primeros centros urbanos y hasta la derrota del último gran imperio a manos de los conquistadores europeos (1521).
            Considérese, también, la dificultad de establecer una línea de tiempo ininterrumpida en el sentido de  una cultura determinada surgiendo de una anterior y nutriendo, a su vez, a una posterior. Ello en parte por la enorme variedad de culturas y civilizaciones comprendidas en un territorio de complicada geografía y, sobre todo, por la desaparición y contaminación de los restos materiales de estas culturas.

En términos generales, se cree que los primeros centros urbanos, entendidos estos como aquellos con una población de entre cientos y miles de personas, con una clara jerarquización social y un trazo urbano organizado en torno a un centro político-religioso, empezaron a surgir en distintas partes alrededor del año 1,500 o 1,200 a.C.
            No se trata, como se creyó durante mucho tiempo, de una cultura civilizatoria que impone sus formas de organización social a un conjunto de pueblos “bárbaros”, sino probablemente de un proceso de evoluciones convergentes (similares condiciones, producen similares resultados). Por regla general, estos centros urbanos se establecen en lugares ricos en recursos naturales y en los cuales convergían ciertas rutas migratorias de pueblos seminómadas (o de migración de temporada) o comerciales entre aldeas o macroaldeas previamente existentes. El cúmulo de condiciones materiales, similares en distintas partes geográficamente dispersas, facilita el establecimiento de una organización social específica. Recuérdese, similitud no significa necesariamente interacción.
            En esta lógica, la que por mucho tiempo se creyó la primera gran civilización de lo que ahora es México, la olmeca, sería únicamente aquella que alcanzó un cierto grado de hegemonía entre otras muchas que surgen y se desarrollan paralelamente.
            A la par de los olmecas y sin relación original, pero si posterior, con estos, en el altiplano central surgen centros urbanos de gran importancia como Cuicuilco, que probablemente llegó a dominar el comercio en esta región. Y en lo que hoy es Centroamérica, las primeras ciudades mayas empiezan a edificarse.
            No es posible, de nuevo, establecer fidedignamente las causas de la decadencia y posterior desaparición de estas primeras grandes civilizaciones. Los Olmecas, por ejemplo, desaparecen hacia el año 400 o 300 a.C. sin que haya ningún pueblo que pueda ser considerado su descendiente ni cultural ni lingüísticamente.
            En el altiplano central, es posible que la gran ciudad de Cuicuilco haya sufrido una lenta decadencia que culmina con su total abandonó hacia el año 100 de nuestra era (si bien existen registros de su uso como centro ceremonial en tiempos posteriores) hasta, finalmente, ser sepultada bajo la lava por la erupción del Xitle en el 400 d.C.
            En la zona maya, siguiendo procesos propios, las primeras grandes ciudades enfrentan periodos de decadencia y muchas de ellas son abandonadas o conquistadas por otros pueblos mayenses emergentes.
            Se considera que el final del periodo conocido como Preclásico o Formativo (en tanto que en éste surgen las primeras civilizaciones propiamente establecidas) se da hacia el año 150 o 100 a.C. Y es marcado no tanto por la decadencia o desaparición de las culturas hasta el momento vistas, sino por el surgimiento de una gran urbe hegemónica en la meseta central; Teotihuacán.

Se desconoce mucho sobre el pueblo que edificó la ciudad conocida como Teotihuacán, de hecho, el propio nombre (“el lugar de los dioses”) le es impuesto por los mexicas a las ruinas del sitio cientos de años después de su abandono.
            Se sabe, principalmente por registros geológicos, que el lugar de su edificación debió ser un lugar rico en recursos madereros e hídricos (en la actualidad, es una región semidesértica). Las pruebas de antigüedad muestran que la edificación de su casco central (propiamente, la zona arqueológica actualmente abierta al público) debió iniciar hacia el año 100 a.C.
            Es posible que su época de mayor auge se haya dado hacia los primeros siglos de nuestra era. Los registros arqueológicos muestran un amplio dominio cultural y comercial de esta ciudad, no sólo en el altiplano central sino en regiones tan lejanas como Aridoamérica al Norte, o las zonas mixteco-zapoteca y maya.
            Se especula que esto fue facilitado, en buena medida, por el control de los yacimientos de obsidiana, lo que le permitía a los gobernantes de la ciudad imponerse comercial o violentamente sobre otros pueblos... Hasta que la ciudad es abandonada por causas desconocidas, aproximadamente en el año 650 de nuestra era.
            Es un hecho demostrable que una gran ciudad necesita una gran cantidad de recursos de diversas índoles y estamos hablando de un centro urbano que llegó a tener cerca de 200,000 habitantes. Es muy posible que los propios pobladores originales causaran un desastre ecológico, que devendría en la descertificación de su entorno y, probablemente, en la creación de las condiciones para la decadencia y el abandono de la ciudad.
            Obviamente es imposible el saber qué ocurrió a ciencia cierta, pero los restos arqueológicos muestran que las viviendas de quienes creemos eran la clase noble de la ciudad, son las que mayor daño presentan. No se trata de deterioro atribuible al tiempo, sino de uno causado, muy probablemente, por ataques directos. Es posible que la ciudad haya experimentado un periodo de revuelta civil, el cual culminó con el asesinato o expulsión de las castas gobernantes y el abandono de la ciudad por sus pobladores.
            Coincidentemente con estos sucesos, en la ciudad maya de Tikal (en el territorio de la actual Guatemala) surge una efímera dinastía teotihuacanizante, lo cual habla de que posiblemente los gobernantes expulsados se hayan ido a refugiar en aquellos lugares en los cuales tenían aliados.
            De hecho, durante el Clásico los devenires de Teotihuacán y varias ciudades de la zona maya se encuentran estrechamente ligados, al grado de que la caída de la urbe del altiplano central podría haber desencadenado los procesos de decadencia de los grandes centros urbanos mayenses.
            La desaparición de la hegemonía teotihuacana marca el final del periodo Clásico. No será hasta la llegada de la última gran migración chichimeca, que estas tierras conocerán una nueva cultura tan fuertemente dominante; el imperio mexica.

Alejados de los mitos acuñados por los propios mexicas (Aztlán, el águila y la serpiente, Hutizilopochtli y etcétera), es posible ubicar su origen en las migraciones chichimeca que iniciaron hacia el año 900 o 1000 nuestra era y que, en un principio, dieron origen a culturas como la Tolteca.
            La última gran migración se instala en un islote cedido por el señor de Azcapotzalco y, hacia el año 1325, funda ahí la ciudad de México Tenochtitlan (por sus raíces etimológicas; Mexi el centro del universo, el lugar de Tenoch, su primer gobernante) y no es hasta cerca de cien años después que, a raíz de la revisión teológica de Tlalcaelel (circa 1420), se alían con las ciudades Texcoco y Tizayuca para formar la Triple Alianza y derrocar a Azcoptzalco como ciudad hegemónica en el altiplano central.
            Durante los siguientes cien años, el dominio mexica se extenderá desde Aridoamérica hasta la zona Maya y de las costas del Golfo a las del Pacífico. Los pueblos conquistados son obligados a pagar altas tasas tributarias y a entregar a sus guerreros para los sacrificios rituales.
            De hecho, las prácticas imperialistas de los mexicas facilitan que, a la llegada de los españoles, estos encuentren aliados entre los pueblos indígenas, como los Tlaxcaltecas, que ven en los europeos la oportunidad del libarse del yugo de Tenochtitlán.
            En Agosto de 1521 cae la capital del imperio mexica... Esto no marca, obviamente, el final de la historia indígena en México, sino el inicio de un periodo de mestizaje y sincretismo, que marca, en buena medida, los rasgos pluriétnicos y multiculturales de la identidad nacional de este país.

Obviamente, el anterior no es sino un esfuerzo de esbozar escasamente los procesos históricos del México prehispánico. Esfuerzo claramente reduccionista que deja de lado una serie de matices importantes para entender a cabalidad los devenires de estas culturas, pero que sirve para dar cuenta de la riqueza y variedad de las civilizaciones que anteriormente habitaron este territorio.

Mario Stalin Rodríguez
Asesor Educativo
Museo Nacional de Antropología
México.

Artículo aparecido en la más reciente edición de la revista OMNIA, de la asociación MENSA-España.

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