CON PERDÓN
Y bueno, hoy tocaba actualizar y debía ser sobre un tema muy específico y evidente... Pero la verdad es que me distraje entre asuntos familiares y preparando cosos...
Así que
Y nos leemos la próxima semana.
Etiquetas: off topic
Y bueno, hoy tocaba actualizar y debía ser sobre un tema muy específico y evidente... Pero la verdad es que me distraje entre asuntos familiares y preparando cosos...
Y nos leemos la próxima semana.
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HERRAMIENTAS
Ante todo conviene dejar perfectamente en claro que no es Trump; es el imperio.
Lo
ocurrido en los primero días del año en Venezuela no es responsabilidad única
del idiota naranja que gobierna en Estados Unidos. Aunque es cierto que su
pueril megalomanía exhibicionista facilitó la implementación extrema del
intervencionismo, el secuestro entre bombardeos asesinos del Presidente Maduro
en Venezuela no es un acto que haya salido de su enferma mente, sino la
materialización de la desesperación de los intereses hegemónicos de Occidente.
Ante
el crecimiento de potencias emergentes como China y la pérdida de influencia
política de Estados Unidos entre los países del Sur político, Trump es sólo la
herramienta visible con la que el poder hegemónico en Occidente pretende
retomar un “liderazgo” que siempre fue endeble y cada vez se torna más irreal.
Y
esta estrategia tiene otras herramientas, algunas tan o más psicópatas que el
imbécil naranja de la Casa Blanca, como el criminal genocida estado ficticio de
Israel, y otras más sutiles, pero igualmente despreciables, como el discurso
mediático que pretende blanquear y legitimar las acciones de los brazos armados
del imperialismo.
De
ahí la insistencia de llamar “guerra” a lo que es claramente una ocupación
genocida en las tierras de Palestina... O en llamar “captura” y “proceso legal”
al secuestro de Nicolás Maduro y Celia Flores y el ilegal show que pretenden
llamar “juicio”, en el que el primer acto fue desaparecer la acusación de
“liderar el cartel de los Soles”, por la que supuestamente se les perseguía y
que utilizaron para justificar el ataque con bombas en suelo venezolano, que
costó la vida de decenas de civiles inocentes.
En
esta lógica la estrategia del decadente imperialismo emplea también
herramientas desechables. El inflar mediáticamente a la fascista María Corina
Machado, llegando hasta el otorgamiento del devaluadísimo Nobel de la Paz, les
sirvió para justificar las acciones emprendidas el 3 de Enero; una vez cumplida
esta tarea, han reconocido que su figura en realidad nunca tuvo ningún tipo
apoyo popular dentro de Venezuela y le han descartado definitivamente para
jugar algún papel en el futuro político del país sudamericano.
Y
el mismo destino en el basurero de la historia, no se dude, tendrán otras
figuras como Milei, Bukele, Noboa, Kats y un largo etcétera latinoamericano,
quienes una vez que cumplan con los
objetivos que se les asignaron, serán desechades por el mismo imperialismo al
que sirven tan alegremente.
Este es el escenario en el que sucede la
invasión asesina de Estados Unidos a Venezuela... Y no, esta estrategia no
termina con el ilegal secuestro de Maduro ni es éste el inicio de algo, sino la
continuidad del mismo intervencionismo imperialista, ahora en una fase
abiertamente armada.
Y
el psicópata sistema tardo-capitalista y su psicópata testaferro naranja no se
detendrán tras bombardear Caracas o asesinar pescadores inocentes en mar
abierto, su estrategia sigue en marcha y sus herramientas continúan operando
abierta o sutilmente en todos los escenarios del Sur político.
Y
es menester identificar a quienes pretenden blanquear o justificar el actuar
del imperio, ya sea por abierta idiotez o mendas colaboracionismo, como lo que
son; herramientas del imperio, porque éste ya ha demostrado estar dispuesto a
derramar toda la sangre inocente que le sea posible con tal de mantener su
psicópata hegemonía.
Etiquetas: 12 Uvas, Apuntes sobre periodismo, El patético usurpador, Opinión, virus informáticos
Pues este Viernes 12 inicia el llamado "Maratón Guadalupe - Reyes" y no es que sea yo un entusiasta participante de este, pero, oigan, parece buena excusa para anunciar que me tomo un breve descanso invernal de estos bites para dedicarme a atender asuntos relacionados al cambio de calendario en ciertas comunidades, las minas de sal y, en general, el mundo palpable, así que...
Etiquetas: 12 Uvas, Entrada programada, off topic
Texto aparecido en el número 4 de la revista "Quiote" que retomo ahora por la aparición de "Grandeza" de Andrés Manuel López Obrador...
IDENTIDADES
“Yo sólo soy
memoria y la memoria que de mí se tenga”
Elena
Garro
Los Recuerdos del
Porvenir
¿Qué es un museo? ¿Cuál es su función?
Más
allá de formalismos que dividen los museos en tecnológicos, de arte, de
historia, de objeto, interactivos o bajo cualquier otro criterio taxonómico,
los museos son, sobre todo, discursos. Son lo que plantean y lo que de esto
apropiamos como individues o como sociedad.
En
este sentido y si Marx tenía razón, los museos forman parte del aparataje
supraestructural con el que un orden social, establecido o emergente, se
justifica ideológicamente a sí mismo.
Lo
anterior es cierto ya sea que hablemos de macromuseos como el Louvre o el
Hermitage, creados a partir de las colecciones que las rancias noblezas de
Francia y Rusia dejaron tras de sí y acrecentados, sobre todo el primero, a
partir del expolio imperialista que las potencias europeas hicieron en los
territorios colonizados (aunque de esto es el Museo Británico el mayor
exponente).
Como
también es cierto cuando hablamos de, y sobre todo si hablamos de, los museos
nacionales de México.
El
discurso nacional-vasconcelista
El embrión de lo que sería el primer Museo
Nacional se encuentra aún en tiempos del virreinato y tiene más que ver con una
serie de descubrimientos accidentales y decisiones obligadas por las
circunstancias, que con la intención explícita de crear un espacio museográfico
con un discurso específico.
Durante
los últimos tiempos de la colonia y los regímenes postindependentistas del
siglo XIX, el convulso ambiente político y los constantes conflictos armados
marcaran el destino de las colecciones, con el uso como blanco de tiro que las
tropas estadounidenses dieron a la Piedra del Sol (ubicada entonces a los pies
del campanario de la Catedral Metropolitana) durante la intervención de 1846-48
y el saqueo hormiga de vestigios históricos que Maximiliano y su camarilla practicaron
durante el gobierno del austriaco (1864-67), como ejemplos extremos de esto.
Es
hasta el periodo conocido como República Restaurada que el Museo Nacional toma
una forma y sentido claros, con la intención de reivindicar un no demasiado
preciso “pasado glorioso” indígena y una linealidad histórica ininterrumpida
desde la Colonia, pasando por la Independencia y hasta el Porfiriato,
presentando a éste último como el único heredero real y lógico de toda esta
grandeza pasada y las “heroicas gestas” que dieron forma al México de ese
entonces.
Es
decir; más que la mera exhibición y resguardo de los vestigios arqueológicos e
históricos, el museo del palacete de Moneda contaba una historia, sí, pero
sobre todo escogía qué partes de esa historia contar.
La
llegada de la Revolución y los regímenes de ésta emanados lejos de cambiar este
reduccionista discurso, lo acrecentaron y subrayaron, sobre todo a partir de la
adopción del canon vasconcelista a partir del inicio de los años 20 del siglo
pasado; la Revolución no cambió el discurso del Museo Nacional, sólo la
identidad de quienes lo emitían y la naturaleza del régimen que justificaba.
De
corte protofascista el vansconcelismo pretendía crear una única versión de la
historia e identidad mexicanas. Una nación de “raíces indígenas” (sólo algunas
y muy escogidas) y europeas (la mayoría) que se encaminaba a la modernidad
homogénea de “la raza cósmica”, donde el abanico multiétnico era reducido a
meras expresiones de exotismo regional y los idiomas indígenas sólo “dialectos”
destinados al olvido.
Negando
en este discurso, además, la existencia y las contribuciones que trajeron
consigo las personas que llegaron esclavizadas desde África y las de otras
comunidades migrantes de Asia y el Medio Oriente, como la china y la libanesa
entre varias más.
Con
variaciones mínimas esta es la narrativa que se mantiene cuando la colección
del Museo Nacional se parte en los acervos “de Historia” (a partir de la
Conquista) y “de Antropología y Etnografía” (vestigios arqueológicos y
creaciones de las pueblos indígenas), destinando la primera al castillo de
Chapultepec durante el cardenismo y la posterior creación de los museos
nacionales del Virreinato (1964) y de las Intervenciones (1981) y,
principalmente, con la mudanza de las colecciones antropológica y etnográfica
al recinto creado por Pedro Ramírez Vázquez en Chapultepec (también en 1964).
El
discurso vasconcelista se presenta en el nuevo espacio museográfico no sólo en
la columna del “Paraguas” del patio central del edificio, creada por los
hermanos Chávez Morado sobre un guion y conceptos de Jaime Torres Bodet, sino
también en el acomodo y museografía de las salas de exhibición.
Las
salas de arqueología se fundamentan en el concepto de Mesoamérica y, de hecho,
abren con una sala específicamente dedicada a “explicar” y fijar este concepto, según el cual las
culturas y civilizaciones precolombinas podían explicarse desde reducciones
teóricas “comunes” a todas ellas.
Las
lagunas y conflictos propios de este concepto son tales que han producido un
debate bastante acalorado ya en los 60 y 70 del siglo pasado, en el que se ha
ocupado tal cantidad de publicaciones que sería imposible siquiera empezar a
esbozarlo en estos párrafos.
Por
su parte las salas de etnografía del piso superior se crean “para resguardar y
dar testimonio de las creaciones materiales de los pueblos indios EN CAMINO A
DESAPARECER” según se registra en el proyecto original de la creación del
museo.
Esto
es; las comunidades indígenas no eran vistas como sociedades vivas, cambiantes
y dinámicas, sino como remanentes de un pasado idólatra y barbárico. Sus
manifestaciones culturales son, entonces, sólo exotismos que vender a los
turistas mientras les individues que las crean van abandonado sus costumbres y
“dialectos” para ser absorvides por la homogeneidad de la modernidad.
En
esta lógica la “identidad” nacional e indígena que presentaban las colecciones
del Museo Nacional de Antropología, eran constructos artificiales creados en
los salones del poder por una academia blanca, pensados para dar una
explicación ad hoc que justificara el
orden social imperante y que sólo tocaban tangencialmente las complejidades del
pasado precolombino y las dinámicas de las comunidades indígenas reales.
Pero,
si Marx tenía razón, todo orden social establecido conlleva per se sus propias contradicciones... Y
es en estas contradicciones donde se gestan y crecen sus contrapartes.
Los
contradiscursos
Lejos de “desaparecer” las comunidades
indígenas protagonizaron durante los 60 y 70 del siglo pasado múltiples
movimientos sociales reivindicando sus derechos sobre sus territorios y
destinos, con ejemplos como los levantamientos magisteriales-guerrilleros de
Cabañas y Vázquez.
Incluso
el exotismo para turistas al que el discurso oficial relegaba las creaciones y
manifestaciones culturales de estas comunidades, permitió en alguna medida el mantener
y arraigar un cierto sentimiento de identidad y pertenencia entre les
individues de las mismas, reivindicando sus derechos culturales, entre estos el
derecho a hablar y ser educades en sus propios idiomas.
Entre
1963 y 1993 (y no con pocas resistencias desde el oficialismo y la academia
blanca), múltiples proyectos de educación en idiomas indígenas son impulsados y
abrazados por las comunidades. Si bien estos proyectos siempre fueron limitados
por la corrupción imperante en todos los aparatajes estatales de los regímenes
del PRI y por el racismo imperante entre las autoridades educativas encargadas
de su implementación.
En
1994 el levantamiento zapatista en Chiapas lleva el tema indígena al centro de
la agenda nacional, obligando a modificar, con su presencia y reivindicaciones,
muchas dinámicas sociales y hasta los propios discursos de las instituciones
oficiales.
Tal
vez el primer signo de este cambio en el Museo Nacional de Antropología fue la
aparición, discreta, de muñecas de trapo con el rostro cubierto por un
pasamontañas en una pequeña vitrina de la sala de “Mayas de la Montaña” en la
sección de etnografía.
Ya
en el año 2000 se da una gran restructuración del contenido del museo,
eliminando la sala de “Mesoamérica” y alejando (si bien no completamente) el
discurso museográfico de este concepto, haciendo hincapié ya no tanto en los
reduccionismos “unificadores” entre todas las culturas y civilizaciones
precolombinas, sino en las dinámicas propias de cada grupo y región geográfica.
Porque,
si Marx tenía razón, las condiciones materiales marcan los desarrollos de las
sociedades; es absurdamente simplista pretender homologar los desarrollos de
las civilizaciones precolombinas en regiones tan diversas y con recursos
naturales tan distintos como, por ejemplo, las costas del Golfo de México y las
regiones semiáridas o completamente desérticas del Norte y Occidente.
Y
si bien este cambio discursivo no fue tan notorio en la sección de etnografía,
en donde las colecciones exhibidas permanecieron prácticamente sin cambios,
manteniendo la omisión sobre la historia y dinámicas de muchas colectividades,
como la afromexicana, incluso en las salas dedicadas a las regiones donde su
presencia cotidiana era más que notoria como las de las costas del Golfo de
México o a la región de la Costa Chica comprendida entre Guerrero y Oaxaca.
Sí
hay una modificación en los cedularios de estas salas, en los que, por ejemplo,
se empieza a imponer el uso de los etnónimos de autoidentificación en su idioma
original, por sobre los nahualismos y castellanizaciones imperantes hasta ese
entonces (v.b. preferir el empleo de “wixarica” por sobre el peyorativo
“huichol”).
Poco
a poco, conforme los movimientos indígenas de diversas naturalezas (no sólo el
zapatismo, pero en buena medida gracias al zapatismo) iban conquistando
espacios en la agenda pública y el debate político del país, aunado a la
consolidación de generaciones de académiques indígenas que se instalaban en la
academia especializada (llegando a hacerse cargo de la curaduría de varias de
las salas de etnografía del museo), los cambios del cedulario se tradujeron en
cambios en las exposiciones y el sentido que a éstas se les daba.
Hasta
que, empezando durante la pandemia de 2020-21, entre 2024 y este 2025 se
concluyó una remodelación completa de las salas de etnografía, fruto no sólo de
un debate académico, sino de un proceso amplio de consulta y diálogo con
representantes de diversos movimientos y comunidades indígenas y afromexicanas.
El
renovado discurso museográfico se centra no ya en presentar las manifestaciones
y creaciones culturales de cada pueblo como objetos en una vitrina, inmutables
al paso del tiempo y los cambios sociales, sino como procesos dinámicos de
pueblos y culturas vivas que van cambiando, conforme cambian las sociedades que
les practican y crean.
No
ya una identidad que tiende a la homogenización, sino identidades diversas que
se nutren de los contactos entre sí para mantenerse coherentes y diversas.
Si
Marx tenía razón, así también se construyen las identidades y los discursos que
las reflejan; cuando a un aparataje supraestructural establecido se le oponen
narrativas emergentes y logran imponer aspectos de la realidad hasta entonces
inadvertidamente omitidos o intencionalmente borrados.
Obviamente
ninguno de estos cambios es, de suyo, suficiente y concluido. Si Marx tenía
razón, en una sociedad dinámica los discursos de los museos deberán seguir
cambiando conforme va cambiando la sociedad en la que se inscriben.
Mario
Stalin Rodríguez
Asesor Educativo
Museo Nacional de
Antropología
"Grandeza" de Andrés Manuel López Obrador es. entonces, no sólo un libro de historia, sino un contradiscurso emergente entre otros muchos contradiscursos emergentes que se oponen al aparataje supraestructural imperante y como tal debe ser entendido.
Etiquetas: Académico, Opinión, tratado sobre la necedad
La gota que derramó el vaso fue cuando vio
escrito “fiestas decembrinas”, dos simples palabras que terminaron por derribar
su visión del mundo y, con ello, su tranquilidad.
Podría
ser que a él también el que dos simples palabras le causaran tan efecto le
parecería absurdo, pero no llegó siquiera a formar ese pensamientos cuando desde
el casco electrónico que él y los otros cascarudos portaban, le dictaron que no
eran sólo dos simples palabras, sino un síntoma de todo aquello que le causaba
cierto desasosiego... Y, como siempre, el mismo casco electrónico le dictó que aquello era su propio pensamiento y no
algo que le dictaban.
Pasaba
desde ya hace algún tiempo cuando se enfrentaba a casi cualquier cosa que
saliera de los dictados del casco electrónico y que implicaba algún cambio al estado de las cosas; que el casco electrónico le
dictaba a él y a los otros cascarudos que se sintieran incómodos ante el cambio y que aquella
incomodidad era, por supuesto, suya propia y no un dictado del casco electrónico.
Así
que el cascarudo tomó su arma, una edición vieja del diccionario de la RAE (una anterior al cambio de “mujer” por "persona" en la 5ª acepción de “fácil”, porque el cambio, le dictaba el casco electrónico, le causaba intranquilidad), y emprendió una cruzada
para recuperar aquello que el casco electrónico le dictaba que era su
tranquilidad y visión del mundo.
Y
lo hizo, por supuesto, desde la pantalla de su teléfono... Porque el casco
electrónico le dictaba que no necesitaba saber nada del mundo, salvo aquello
que el caso electrónico le dictaba que viera en la pantalla de su teléfono.
Su primer objetivo sería, obviamente, quien fuera que había escrito aquel “fiestas decembrinas”... Porque el cambio, le dictaba el casco electrónico, era peligroso... No para él, no para los otros cascarudos, sino para voz detrás de los dictados del casco electrónico.
Mario
Stalin Rodríguez
Etiquetas: off topic, virus informáticos
LA DEL PIRATA COJO
Como
era de esperarse la “manifestación juvenil masiva” anunciada bajo el falso
membrete de “generación Z”, resultó no ser masiva ni juvenil, pero sí
abiertamente confrontativa... Para sorpresa de absolutamente nadie.
No
es que sea una estrategia nueva, lo de escalar la violencia para intentar
provocar una respuesta que les permitiera victimizarse mediáticamente llevan
intentándolo repetidamente, con la “toma del Senado” el año pasado como ejemplo
paradigmático... Y en lugar de aprender algo de todas las veces anteriores en
que la misma estrategia fracasó, esta vez sólo elevaron las apuestas, con simbología abiertamente nazi incluida.
Tras
repetidos y absurdos llamados a la violencia que lo mismo se escudaban carroñeramente en el asesinato del Carlos Manzo, que en las madres buscadoras o
cualquier pretexto que los medios les ofrecieran y ante la evidente ausencia de
esa “juventud indignada” a la que convocaban, hubieron de valerse de grupos de
choque ligados tanto a los comerciantes de Tepito (movilizados por Alessandra
Rojo) como a los grupos porriles que el PRI conserva en las universidades
públicas del país.
La
apuesta confesa era llegar a “tomar Palacio Nacional” para provocar una
respuesta represiva que ocupara las primeras planas en medios internacionales,
con imágenes de cargas policiacas y manifestantes en el suelo... Y obtuvieron imágenes
de golpeadores esbozades cargando herramientas pesadas y agrediendo a policías
que no portaban más armas que un escudo... Y en el proceso olvidaron por
completo todas las banderas con las que convocaron a su fallida manifestación.
Y
ni siquiera estuvieron cerca de “tomar Palacio Nacional” en las cuatro horas
que duró su “revolución”, hasta que a las 15:30 se retiraron todes como si se hubiera acabado la jornada laboral.
El
resultado fue más de 100 policías herides y 20 manifestantes con lesiones
provocadas lo mismo por jalar las vallas metálicas, que por los empujones y
pisotones de les otres manifestantes o por los proyectiles (cohetones y
piedras) que les propies manifestantes arrojaban y que no siempre llegaban
hasta la línea policial.
Además
de 18 manifestantes arrestades y presentades ante la justicia (de un contingente
de 17,000, es decir; una persona arrestada por cada 1000 de las que acudieron a
la farsa, lo que difícilmente habla de “detenciones masivas” o “represión
generalizada”) y 18 agentes policiacos procesades (y algunes hasta despedides)
por abusos de fuerza (lo que tampoco ayuda a la narrativa de la derecha,
ciertamente).
Pero,
aún así y como queda dicho (porque son estúpidamente predecibles), las vocerías
en redes y mediáticas de la derecha hablan de una “manifestación que demostró
el enojo generalizado contra la 4T” y que la respuesta policial mostró “la cara
dictatorial del régimen”... Al grado de que una fracción del de por si minúsculo
“movimiento” ya ha llamado a una segunda manifestación, previsiblemente aún
menos numerosa que la anterior, pero también previsiblemente aún más
confrontativa.
Porque saben perdido el debate público y saben perdido el apoyo popular... Son bestias acorraladas dispuestas a quemarlo todo antes que reconocer su fracaso, total; quienes terminan arrestades son sólo carne de cañón, mientras les convocantes juegan golf o se van de vacaciones pagadas con cargo al dinero público que los partidos políticos de la derecha reciben.
Mario
Stalin Rodríguez
Etiquetas: Apuntes sobre periodismo, Opinión, virus informáticos
UNA DE PIRATAS
Como
sucediera en su momento con las “caravanas antiAMLO” que devendrían en el
ridículo platón de FRENA con sus casitas de campaña vacías, el grupo de “hakers
independientes” de los Guacamaya que se dedicaron a distribuir “6 teras” de
basura entre los medios que estuvieron dispuestos a pagárselos, la “marea rosa
en defensa del INE”, la “candidatura ciudadana” de Xóchitl Gálvez, las
manifestaciones de “estudiantes de derecho”, el “paro” (TODO PAGADO) del Poder
Judicial y etcéteras locales, ahora intentan posicionar un membrete vacío más; la
“Generación Z”.
El
guion es exactamente el mismo que en cada ocasión; una “iniciativa espontánea”
en redes recibe mágicamente la atención de los medios, conforme se infla en
redes y medios, les opinócratas empiezan a hablar de “preocupación en Palacio Nacional”
ante el “crecimiento del apoyo popular” (que se reduce, en términos reales, a
publicaciones en redes provenientes de las granjas de bots y trollcenters)... Y
así sucesivamente hasta que aquello estalla en lo que ha estallado todas las
veces anteriores; UN FRACASO.
Esta
vez, además, con el añadido del uso de símbolos de una obra (“One Piece”) que o
bien no han leído (la obra lleva publicándose desde 1997, con poco más de cien
tomos a la fecha), ni visto su adaptación animada (con poco más de mil
capítulos) o siquiera la serie occidentalizada (8 capítulos) que se lanzara
recientemente en una plataforma de streaming... O, de haberlo hecho; NO LA
ENTENDIERON.
Como
sucedió con la máscara de Guy Fawkes que se extrajera no tanto del cómic de “V
for Vendetta” sino de la película que le adaptara, la bandera del cráneo
sonriente es despojada por completo de todo contenido y transformada en un mero
recurso estético para adornar un “movimiento” sin más profundidad que la tela
en la que lo imprimen.
De
aquí a la fecha de su convocatoria, sus vocerías seguirán apareciendo en medios
ligados a la derecha para decir que “no son ni de izquierda ni de derecha”, mientras
las granjas de bots y trollcenters inflan “tendencias” y HTs en redes
sociales... E, independientemente del número que logren convocar, dirán que su “marcha”
fue un “éxito”.
Y tal como lo hicieron en las recientes movilizaciones en Michoacán, si el número de asistentes se los permitieran, intentarán acciones de “hartazgo social” tan artificiales como las banderas que enarbolan... Y es por ello que su falsedad debe ser exhibida en cada ocasión, porque son bestias desesperadas dispuestas a atacar lo que sea y quemar lo que se ponga en frente, antes de aceptar su derrota.
Mario
Stalin Rodríguez
Etiquetas: Apuntes sobre periodismo, Opinión, virus informáticos