martes, febrero 14, 2017

Make Big Culo Day Great Again

Pues eso, que ha llegado el décimo Big Culo Day... Y, seré yo, pero me parece una fecha lo suficientemente importante como para retomar el asunto de los lápices de colores, que no había tocado en años (en buena medida porque la última vez no me gustó demasiado cómo me quedó el asunto... Y, por otra parte, porque al paso del tiempo había perdido muchos, pero el pasado Diciembre renové un poco el stock y, bueno, quería usarlos)...
Y, digo yo, el resultado me parece hasta digno.

En fin, el Big Culo Day es una iniciativa marciana para la paz mundial.
Y se celebra, además de en esto bites, en el Blog de Los Habituales.
En mi twitter
Y hasta en mi librocara...
Y ya está, la próxima semana, sin conmemoraciones de tal trascendencia, volvemos a actualizar de forma habitual...

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miércoles, febrero 08, 2017

Avisando que es gerundio

Pues eso, que la próxima semana la actualización correspondiente se adelantara un pelín, concretamente; en lugar de hacerlo durante la noche-madrugada que va del Miércoles al Jueves, se hará en punto de las 00:00 Hrs. (horario de la península ibérica) del Miércoles 15.
¿Por qué? Pues porque es la fecha en que este blog gana un buen número de visitas, pero pierde algunos de los pocos seguidores que aún tiene... Así es, señores:
EL BIG CULO DAY 2017
el décimo
Permanezcan atentos a su monitor.

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miércoles, febrero 01, 2017

HORARIO DE OFICINA

A eso de las 11:32 entra al baño.
            Dejó los pendientes sobre el escritorio y el computador encendido, se echó una pastilla de menta y subió por las escaleras; para dos pisos, se dijo, no valía la pena esperar un ascensor que, seguramente, iría saturado.
            Al abrir la puerta se percató de que dos mujeres hacían uso del servicio, una maquillándose en el espejo de cuerpo entero que sólo en ese piso tienen y la otra en el retrete de la puerta con el pasador descompuesto.
            Mientras esperaba que ellas salieran, saludó a una conocida en una oficina cercana y le pidió una de las sillas de los escritorios vacios; para sentarse a arreglar un problema en su blusa sin tener que hacerlo en un retrete, le dijo.
            A eso de las 11:32, después de que las dos mujeres salieran, ella entra al baño.

Coloca el cartel de “descompuesto, baje al siguiente piso” y echa el seguro a la puerta.
            Se va desvistiendo pausadamente, colocando sus ropas cuidadosamente sobre el mármol de los lavabos, procurando que no se moje. Saca un paño de su bolso y lo coloca sobre el asiento de la silla prestada y coloca ésta frente al espejo de cuerpo entero que sólo en ese piso tienen.
            Se sienta esperar, desnuda, mirando el twitter en su celular.

A eso de las 11:41 escucha tres golpes, un silencio y tres golpes en la puerta.
            Llevan ya tres meses.
            No sabe su nombre ni le interesa, cree que lo ha visto en contabilidad, dos pisos arriba y cuatro oficinas a la derecha, pero no podría asegurarlo... Y, finalmente, tampoco le importa demasiado.
            Él, a veces, ha intentado indagar sobre ella; su nombre, puesto o, por lo menos, en qué oficina y piso trabaja... Ella, obviamente, responde con evasivas mientras lo siente entrar en sus humedades.
            Hace dos semanas que no pregunta. Por eso hoy ha decidido premiarlo, haciendo aquello que sólo una vez, hace casi un mes, él le pidió tímidamente y retiro la propuesta tan rápido como se sonrojaba.
            A eso de las 11:41 ella abre la puerta.

A las 12:13 ella regresa a su escritorio, sonriendo...


Mario Stalin Rodríguez

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miércoles, enero 25, 2017

PRINCIPIO DE CERCANÍA

Dicen que todos estamos unidos a alguien más, sin importar la distancia o el tiempo, por un hilo rojo. Que esta persona es nuestra alma gemela y, salvo una cruel jugada del destino, las personas están destinadas a encontrarse y estar juntas por medio de este hilo.
            A ella, por supuesto, esta historia le parece una idiotez.

Claro que en su momento la creyó.
            Era joven y estúpida, como jóvenes y/o estúpidos son todos los que creen en predestinaciones y naranjas incompletas que encuentran sus mitades faltantes. Supo, en su momento, que había encontrado el otro extremo del hilo que, creía, surgía de su meñique... Pero aquello, como ocurre con todo en esta vida, acabó.
            Pudo acabar de muchas maneras distintas; un desencuentro, una traición, la muerte o, simplemente, el tiempo que pasa y va cambiando a las personas. Será que él se fue al único sitio al que ella no podía seguirlo o será que sus caminos tomaron rumbos distintos.
            Al final lo que importa es que aquello, como ocurre con todo en esta vida, acabó.

Y ella siguió caminando.
            Encontró nuevas compañías y éstas, como ocurre con todo en esta vida, acabaron, cambiaron o continuaron. A veces creyó encontrar de nuevo el extremo de su hilo rojo y, como ocurre con todo en esta vida, éstas también acabaron, cambiaron o continuaron.
            Hasta que dejo de buscar el extremo de un hilo que, aprendió, no existía.

Ahora ella ya no busca un hilo, sino que va tejiendo su propia red.
            Una red compleja de encuentros y desencuentros, de parejas y compañías.
            No se trata, por supuesto, de cinismo alguno; cada compañía fue importante y la única en su momento. Es sólo que ella sabe que, si acaban, puede seguir caminando y encontrar o construir nuevas.
            Es sólo que dejo de buscar una mitad que la complemente, porque se sabe completa.

Por ejemplo ahora, a veces, por la tarde, llega a su casa y enciende el portátil.
            Se tiende sobre la cama y espera a que él se conecte. Es curiosos, piensa, cuando él estaba por acá nunca fueron grandes amigos, a lo mucho conocidos; fue hasta que él estuvo en otro continente y hemisferio que empezaron a conversar como cercanos.
            A veces hablan de sus días, de cómo van las cosas, de personas que el otro no conoce... Otras veces, como hoy, ella va despojándose, juguetonamente, de sus ropas.


Mario Stalin Rodríguez

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miércoles, enero 18, 2017

MARCHA DE CONQUISTA

Sucedió, como suceden muchas cosas importantes, un día en la ducha.
            Su edad no importa, era joven; tan joven como suelen ser quienes descubren lo mismo que ella ese día en la ducha.
            Mientras pasaba la esponja jabonosa sobre su piel y el vello que recién empezaba a surgir, fue sintiendo algo que antes no había experimentado. No necesariamente nuevo, se sentía parecido a otras cosas; el abrazo de su madre, el tomar a su mejor amiga de la mano mientras jugaban los juegos de las niñas, las cosquillas que su tía la más joven le hacía... Se sentía parecido, sólo que distinto; muy distinto y mucho más intenso.
            Sí, sucedió, como suceden muchas cosas importantes, un día en la ducha.

Y continuó, tal vez, en los días de lluvia.
            Siempre le gustaron los días de lluvia, el aroma de las calles húmedas, las aceras casi desiertas, el reflejo de las luces en los charcos, deformadas por las gotas que caían... Ahora, además, le recordaban la ducha y las nuevas sensaciones que su piel ahí descubría.
            Por supuesto, la ducha y los días de lluvia sólo fueron los primeros pasos en su larga marcha de conquista.

Y siguió dando pasos.
            Una tarde de lluvia, semioculta por los portales que rodeaban la plaza cercana al colegio, en los labios de su mejor amiga... Poco después, cuando se quedó a dormir en la casa de ella, en una ducha ajena, también en la piel de su mejor amiga.
            Y hubo desencuentros, claro que hubo desencuentros... “Era una fase”, le dijo una mañana calurosa quien fuera su mejor amiga, “y las fases se superan y sigues caminando”.
            Ella, por su parte, superó aquel desencuentro y otros que sucedieron... Y sí, siguió caminando en su larga marcha de conquista.

Y un día, tal vez, encontrará o encontró a quien compartiría o compartirá sus días, sus noches, sus tardes de lluvia y sus duchas... O tal vez no. Hoy, mucho tiempo después de haber iniciado su larga marcha de conquista, sabe que la compañía es o será agradable, pero no lo más importante.
            Lo importante es acompañarse a sí misma... Haber conquistado su propia piel, sus propios deseos, su propio placer. Sobreponerse a los miedos, a los otros, a la intolerancia de los otros; conquistándose a sí misma.
            Hoy sonríe porque se sabe victoriosa en la más importante conquista.


Mario Stalin Rodríguez

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miércoles, enero 11, 2017

SOLEDAD

Se toca.
            En la intimidad de su cuarto, con la luz apagada, imagina una compañía cualquiera. Hace tiempo que no necesita darle rostro a su onírico acompañante, a veces ni siquiera necesita asignarle un género preciso, es más; en la mayor parte de las oportunidades ni siquiera se imagina un acompañante.
            Antes no era así, por supuesto que no.
            Siempre le dijeron que debía comportarse como una dama y, obviamente, una dama no se toca en la intimidad de su cuarto; una dama no busca el placer. Una dama, le dijeron siempre, sólo tiene cuerpo en función de las necesidades de su marido.
            Todos lo decían, en su casa, entre sus amistades, en la escuela... Tanto que ella llegó a decirlo y a estar convencida de todo ello.
            A veces recuerda llamarle “puta”, “perra”, “guarra” y tantos otros adjetivos a quienes, obviamente, no eran damas... No sólo las mujeres que por cualquier razón o hasta elección comerciaban con su sexo, sino a todas aquellas que mostraban menos recato que el suyo.
            Pero es un recuerdo distante, ajeno; como si le hubiera ocurrido a otra persona.
            Hoy, en la intimidad de su cuarto, se toca.
            Disfruta del propio tacto, de las autocaricias. Enciende la luz y disfruta de la visión de sus senos pálidos, de su piel no tan firme, de su abdomen un tanto flácido y, por supuesto, del vello que crece abundante entre sus piernas.
            Claro que hubo hombres, sí; algunos... Al primero lo recuerda sin demasiada precisión; seguramente creyó que pasaría con él el resto de sus días y se entregó en un encuentro apresurado y sin placer... A veces, muy de vez en cuando y cada vez menos, se pregunta qué habrá sido de él.
            Y el tiempo fue pasando y ella creciendo.
            No, no hubo, como podría esperarse, como ella sabe que ha pasado tantas veces, historias de tragedia y lágrimas; sólo el tiempo que pasó y que ella fue creciendo.
            Y hoy también, a veces, hay parejas reales; hombres y mujeres, incluso los dos al mismo tiempo... No, no se trata de ninguna historia de caída... Ellas es feliz con su vida y, a veces, encuentra quien quiere compartir un poco de ella.
            Sí, a veces hay parejas... Y otras, simplemente quiere disfrutar de la intimidad de su cuarto, de la visión del vello que crece abundante entre sus piernas y de su propio tacto.
            Por eso, en la intimidad de su cuarto, enciende la luz y se toca.


Mario Stalin Rodríguez

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miércoles, enero 04, 2017

RENOVACIONES

Igual es un asunto de mala memoria.
            Tal vez le conoció en otro tiempo y lugar y, tal vez, en aquel entonces fue importante para ella, tanto que, sólo tal vez, pensó en cambiar por él; entregarle todo lo que ella era y transformarse en lo que él quería.
            Sólo tal vez...

Igual es un asunto de mala educación.
            Sabe que en otro tiempo fueron unidos, tanto que compartieron lecho, días y mañanas... Pero había algo que no acababa de gustarle; tal vez era un asunto de cómo ella convivía alegremente con el resto de las personas, sin darle a él su lugar y respeto, como si fiera una persona independiente a la pareja que eran.
            Tal vez era el asunto en cómo ella se vestía, a su gusto, a veces mostrando un poco demasiado de lo que él consideraba sólo para su intimidad propia... Tal vez eran tantas cosas.
            Y tal vez por eso, en aquel entonces, la fue apartando poco a poco de sus amistades y conviviendo sólo con quienes sólo eran amigos de él. Y fue cambiándole sus ropas y gustos... Transformándola en una imagen cada vez más parecida a la que le habían inculcado.
            Pero, se extrañaba, de alguna manera eso fue enfriando la sonrisa de ella...

Es un asunto de mala memoria.
            Sí; está convencida de eso. Mira el rostro del hombre cuando por azar se cruza con él durante la fiesta y, cada vez, se convence de que los rasgos le son medianamente familiares... Como un mal sueño que se desvanece al amanecer.
            Le mira de reojo, aparta la sensación con un gesto de la mano y sigue platicando, riendo, bailando... Sin que la presencia de él, ni lo que fue o pudo haber sido importe.
            Sí; es un asunto de afortunada mala memoria.

Fue un asunto de tiempo.
            Poco a poco, ella se fue borrando, adoptando las formas, vestidos y modales que él consideraba educados y adecuados... Hasta que un día, cuando todo parecía perfecto, simplemente se marchó.
            No hubo lágrimas, no hubo gritos, ni siquiera reproches directos o velados; sólo se marchó... La buscó, claro que la buscó y cada que la encontraba veía que algo iba cambiando; como si su largo trabajo fuera borrándose.
            Se sorprendió al encontrarla en la fiesta y ahora no puede apartar la mirada; su risa cálida ha regresado y se mueve ahora con más soltura y alegría...
            Es casi como ver a una extraña.

La fiesta termina.
            Cada uno toma sus caminos respectivos, algunos para continuar la reunión en forma más discreta o hacia otras compañías. Ella encamina a su casa.
            Se despoja de las ropas y ocupa su cama solitaria... Y ahí, a oscura, se permite una sonrisa en honor la mujer que es y en memoria de la sombra que fue y nunca más será.

Mario Stalin Rodríguez

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