jueves, septiembre 18, 2014

SIN FINAL FELIZ

Será, tal vez, que en la vida no hay ningún había una vez.
            Llegamos el uno al otro cuando la historia ya ha empezado, desconociendo a los personajes y la situación y, más que espectadores, llegamos directamente al escenario sin conocer el guión ni cual será nuestro papel.
            No, en la vida no hay ningún había una vez...

Y será, tal vez, que es mejor así.
            Porque no actuamos, entonces, siguiendo pautas determinadas sobre marcas preestablecidas, ni estamos obligados a jugar el juego que alguien más pensó para nosotros... Porque, sin papeles fijos, sólo debemos ser coherentes con nosotros mismos. Así, podemos irnos dibujando juntos; tú a mi, yo a ti.
            Sin construir cuentos, sin había una vez... Caminando una historia, construyéndola... Y no, no es fácil; no lo ha sido, ni lo será.
            Porque, queda escrito, al contrario de los cuentos, la vida se construye en gerundio; construyendo. Sin había una vez y sin finales felices; sólo camino que se camina caminando.
            Construimos, entonces, la felicidad de las tristezas, enojos, sinsabores, desencuentros y soledades; de las propias y las ajenas y, sobre todo, de las que compartimos... Vamos construyendo la felicidad, tú en mi, yo en ti.
            Por eso no hay final feliz... Y será, tal vez, que es mejor así.

Mario Stalin Rodríguez
Para Jessica

porque son ya tres años en que vamos construyéndonos.

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miércoles, septiembre 10, 2014

La Otra Versión 15

Dos meses, dos, me tardé yo en dibujar estas 10 páginas y portada... Pero creo que el esfuerzo valió la pena, sobre todo en las últimas...
Y recuerden que esto trae una larga historia atrás, particularmente:
00, 01, 02, 03, 04, 05, 06, 07, 08, 09, 10, 11, 12, 13 y 14










Y ya, esto continuará cuando continúe... Espero que sea pronto.

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jueves, septiembre 04, 2014

INFECCIÓN

Al principio no se le dio la mayor importancia; se consideraba que era producto de pautas culturales arraigadas en ciertos grupos humanos. Incómodas y agresivas para ciertos integrantes de estos, pero, finalmente, parte de sus costumbres y que, por lo tanto, debían ser respetadas por más extraña que pareciera a los ojos de las sociedades civilizadas.
            Sin embargo; pronto fue evidente que, mucho más que el comportamiento de ciertos individuos en ciertas sociedades, se trataba de un fenómeno presente en todo el mundo, cuyas proporciones podían ser calificadas fácilmente de “pandemia bíblica”. Todos los países, en mayor o menor número, pero sin excepción, mostraban casos de lo que en poco tiempo fue bautizada por los medios de comunicación como “la Plaga del Fin del Mundo”.
            El nombre clínico fue acuñado en la península ibérica; “Narcolepsia Selectiva del Transporte Público”; quienes la padecían, principalmente varones a partir de la adolescencia, aunque la infección de mujeres de las mismas características no era extraña, aparentemente en perfecto estado de salud y sin ningún padecimiento o limitación física evidente, que por causas desconocidas, cuando hacían uso de cualquier trasporte público masivo (como autobuses o el tren subterráneo) y se hallaban sentados, experimentaban un repentino ataque de narcolepsia o ceguera selectiva si el vehículo o vagón era abordado por mujeres de cualquier edad, principalmente si estaban embarazadas o cargando a un infante o bolsas voluminosas, personas de cualquier género de avanzada edad o usando muletas y bastones.
            Cuando alguien como los enlistados se encontraba en las cercanías de algún infectado, éste se dormía inmediatamente o, de alguna manera, lograba bloquear su visión selectivamente y seguía platicando con su acompañante (quien, probablemente, también padeciera la enfermedad) o leyendo o escuchando música o cualquier otra actividad que estuviera realizando. Si la persona detonante o un tercero señalaba el comportamiento al infectado, la reacción de éste podía variar desde la fingida indiferencia, pasando por la “respuesta cínica deficiente” (lo que hacía evidente que la enfermedad afectaba las capacidades mentales, disminuyendo el Coeficiente Intelectual del enfermo a niveles propios de organismos unicelulares), hasta la agresión física para defender el asiento ocupado.
            Países como Alemania o Estado Unidos atribuyeron la propagación de la enfermedad a la inmigración proveniente de países latinoamericanos, árabes y africanos. Una de las primeras medidas de contención establecidas fue, sorpresivamente, cerrar sus fronteras y autorizar el uso de fuerza letal contra quien intentara cruzarlas ilegalmente. Pero pronto fue evidente que, de hecho, era en la población más recalcitrantemente xenófoba entre quienes con mayor incidencia se presentaba la infección (una hipótesis es que el racismo y la xenofobia exacerbados son un síntoma de la disminución del Coeficiente Intelectual causada por la enfermedad).
            Otras medidas de contención más específicas también fracasaron. El establecer vagones del subterráneo, áreas de los autobuses o vehículos exclusivos para mujeres, niños, adultos mayores y discapacitados físicos, si bien logró contener a los infectados varones en alguna medida, sólo logró aumentar exponencialmente la violencia de las mujeres infectadas que hacían uso de estos y la degradación intelectual de los varones que lograban colarse o incluso en los vehículos y áreas no restringidas...

Cuando todas las medidas de contención habían fracasado y el futuro de la humanidad se daba por perdido, la solución (que no la cura) provino de un país de Latinoamérica.
            A iniciativa de la recién electa gobernante de una ciudad, se establecieron brigadas de fotógrafos que viajaban, debidamente identificados, en todos los trasportes públicos. Cuando alguien manifestaba los síntomas de la infección, estos procedían inmediatamente a fotografiarle de manera que su cara fuera claramente identificable. Todos los autobuses y vagones del subterráneo contaban con monitores que, inmediatamente, mostraban los rostros de los infectados al resto de los pasajeros.
            En un principio, la medida pareció aumentar el grado de violencia en la respuesta de los infectados, pero ya que estos no eran directamente interpelados (para evitar un posible contagio por contacto físico), sino mostrados en monitores debidamente protegidos contra ataques, sus arranques duraban poco, hasta que abandonaban el trasporte, muy probablemente, mucho antes de su destino.
            Los incidentes bajaron rápidamente en la ciudad, lo que provocó que medidas similares fueran adoptadas a lo largo de todo el orbe; al grado en que, actualmente, sólo se presentan incidentes aislados de vez en cuando.
            Algunos medios triunfalistas pretendieron declarar el fin de la pandemia, sin embrago; la Organización Mundial de la Salud estableció que, si bien la exhibición pública parecía controlar los síntomas externos de la enfermedad, no la curaba; pues experimentos controlados en ambientes libres de cámaras y monitores, demostraban que los infectados volvían fácilmente a su comportamiento anterior, por lo que conviene no relajar la vigilancia.

Aún en la actualidad, existen algunos grupos presuntamente de izquierda, que aseguran que la enfermedad nunca fue tal, sino in invento de los gobiernos para establecer un sistema de vigilancia fascista que impide a los ciudadanos sanos de cualquier género y edad, su derecho a usar los asientos de los trasportes colectivos, aún en presencia de mujeres embarazadas, cargando un infante o bolsas voluminosas, adultos mayores o personas con discapacidades físicas.
            Otros grupos, más asociados a la derecha, afirman que todo esto fue una maniobra de los lobbys “feminazis, terroristas de izquierda”, que pretenden coartar la libertad de los varones, sumergiendo a la sociedad en un régimen stalinista, muy similar al de la extinta Unión Soviética.
            El criterio médico aceptado, establece que ambas posiciones son producidas, evidentemente, por la disminución de la inteligencia propia de quienes padecen la enfermedad.


Mario Stalin Rodríguez

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jueves, agosto 28, 2014

BAILE DE YUYO

Homenaje a Cortázar

Los hutopos no bailan.
            Bueno, eso es incorrecto. Algunos hutopos bailan, otros lo intentan y algunos más, los menos; no bailan... Cantan tregua y cantan catala. Con mejores o peores voces; cantan, pero no todos bailan. Algunos, como éste, no lo hacen ni en defensa propia.
            No significa que no le guste el baile, sólo que creció un poco demasiado negado para el ritmo... Por eso o a pesar de eso, de hecho; le gusta el baile y a veces, incluso, le gusta salir a bailar, más propiamente; a ver bailar... A verla bailar.

Yuyo baila.
            A veces lo hace en la calle, en medio de la gente y sin que haya música. Sólo detienen su caminar, parece buscar algún aroma en el aire y, de pronto, empieza a bailar... Y el baile de yuyo es un poco lluvia sobre césped y olor a tierra mojada.
            Como diría un argentino, los famas y esperanzas sólo pueden detenerse a mirar el espectáculo un poco escandalizados por lo que pensará el cura o los comisarios; ya se sabe, si algo jode a los comisarios de cualquier parte es que, además, bailemos.
            Y yuyo baila y su baile sabe a tardes de finales de Verano, a un café en alguna calle del centro; a un beso a las puertas del metro... Yuyo baila y este hutopo la ve bailar.

Yuyo baila... Y se detiene, asombrada. Como escribía un argentino, los famas y esperanzas sólo pueden aplaudir.
            Y este hutopo, pobre, se suma al clamor... Y yuyo, sin saber de qué va todo esto, mira a todos lados confundida y echa a reir...

Para Jessica, cuyo baile sabe a tardes de finales de Verano, a un café en alguna calle del centro; a un beso a las puertas del metro.

Mario Stalin Rodríguez.

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miércoles, agosto 20, 2014

LO REAL Y LA REALEZA

Tal vez no te guste lo que voy a decirte, pero créeme si te digo que tiene una razón.
            Verás, no todas las niñas son princesas... Y es mejor que sea así.
            Tal vez conoces el cuento sobre el traje nuevo del emperador; ya sabes, ese en el que al final resulta que el emperador va tan desnudo que sólo viste su propia estupidez... Y es que de eso se trata la realeza, de vestir apariencias vacías, trajes huecos; sólo la propia vanidad. Oropeles sin más sustancia que el humo y los espejos.
            Y lo que es cierto para el emperador, lo es también para las princesas...

Mira aquella de allá, sí la de piel blanca como la nieve y el cabello negro como el carbón; todo su papel en la historia ha sido morder una manzana.
            Aquí hay otra; sólo durmió por cien años y más nada.
            ¿Una más? Tenemos a una cuyo único mérito es calzar de un número determinado...
            Como puedes ver, nada hacen y nada logran; el mundo es el mismo después de su paso por él y todo sería igual si no hubieran pasado por aquí.

No, no todas las niñas son princesas.
            Mira aquella de allá, sí, la que pasa sus días en un laboratorio anotando números; gracias a ella conocemos la radioactividad. Es la única persona que ha ganado dos premios nobel en dos disciplinas científicas... No, no es una princesa, es simplemente una mujer normal.
            Aquí tenemos a la primer mujer que subió al espacio. No, tampoco es una princesa, de hecho, viene de un país donde no existe la monarquía y por ley no se cree en ningún dios.
            ¿Una más? Tenemos a la mujer pequeña e indígena, la que tapó su rostro para que su voz fuera escuchada. Se llamaba Ramona y encaró al poder desde la más alta tribuna de México.
            Y hay muchas otras; la maestra que día a día muestra a sus alumnos como crecer y superar las condiciones y el lugar en el que nacieron. La mujer que luchó toda su vida por lograr un mundo mejor y que aún hoy, ausente, acompaña los pasos de quienes aún caminan para lograrlo. La joven que danza y en su danza muestra futuro y libertad.
            Hay muchas otras... Todas mujeres normales, ninguna princesa.
            ¿Ves lo que intento decirte? No son princesas, no necesitaron serlo. Fueron mujeres normales, como las que ves en la calle todos los días... Mujeres normales, como las que cambian el mundo todos los días.

Por eso, perdonarás si no te he llamado “princesa”.
            Será que cuando te miro, cuando te veo crecer, no aprecio en ti humo ni oropeles, sino las posibilidades de un mundo mejor... Y será que en tu risa no hay vacío. Será que veo tu sonrisa llena de mejores mañanas...
            Por eso, perdonarás si no te llamo nunca “princesa”.

Para Sofia, porque ha sido un placer aprender de ti y escucharte reír.

Mario Stalin Rodríguez

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jueves, agosto 14, 2014

INCERTIDUMBRE

¿Cómo les fue tan fácil?
            No podemos decir que nos haya tomado por sorpresa, sus intenciones eran claras incluso desde antes del principio. Lo sabían los jóvenes que protestaron en la Universidad Iberoamericana, lo sabían quienes inundaron las calles contra una candidatura impulsada desde el poder mediático... Incluso lo sabían quienes por ellos votaron.
            Todos lo sabían, todos lo sabíamos... ¿Cómo les fue tan fácil?

Todos lo sabían; todos lo sabíamos.
            Lo sabían en la dirigencia del principal partido de izquierda; lo sabían cuando firmaban el bastardo Pacto Por México, que no era otra cosa sino el acta de impunidad para el asesinato de una idea de nación. Lo sabían los legisladores que, sin discusión ni oposición, permitieron que las iniciativas del Ejecutivo fueran aprobadas en tiempo récord.
            Todos lo sabían, todos lo sabíamos... ¿Cómo les fue tan fácil?

Lo sabíamos; todos lo sabíamos.
            Lo sabíamos cuando permitimos que el pequeño pelele que gobierna la ciudad de México, distrajera las protestas con sus pequeñas y mezquinas medidas... Sí, incluso entonces lo sabíamos; ¿cómo les fue tan fácil?

Lo sabíamos.
            ¿Cómo les fue tan fácil? ¿Por qué no hemos reaccionado?...


Mario Stalin Rodríguez

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miércoles, agosto 06, 2014

TRAZOS

A veces me dibujo en ti...
            A veces, en sueños, me dibujo en ti.
            Son las noches de mi deseo.
            Porque te deseo, no te extrañes. Deseo tus pechos y tu sexo, el sabor de tu saliva en mi boca, el calor de tu humedad en mi sexo... Sí; te deseo.
            Como deseo tu sonrisa mientras, sentados a la mesa, platicamos y te ríes un poco estridentemente de un chiste malo... Te deseo cuando caminamos por la calle, incluso cuando me adelanto como si caminara con una prisa que no compartes... Sí, incluso entonces te deseo.
            Por eso, a veces, en sueños, me dibujo en ti...


Mario Stalin Rodríguez

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