miércoles, mayo 04, 2016

IMÁGENES

Será que eres la imagen que el espejo me regresa.
            No, no me malinterpretes; no eres un reflejo... Porque los reflejos son sólo juegos de luces y sombras; ilusiones... No, no eres un reflejo. Pero sí parte de la imagen que el espejo me regresa.
            Y es que, sabes, el espejo me refleja... Y parte de lo que soy, obviamente, eres tú.

No somos imágenes, eso lo sabes, pero también somos imágenes.
            Hay quien va por el mundo proyectando la imagen de quien no es; vistiendo máscaras, juegos de luces y sombras... Será que el problema con los disfraces es que, al final día, debes quitártelos.
            Así que hay quien sólo se viste a sí mismo y camina así el mundo... Y quien se viste de sí mismo, viste también de las personas de quien se construye.
            Y será que, en parte (en buena parte), me construyo de ti.

Será por eso que eres también parte de la imagen que el espejo me regresa... Porque parte de mi, la mejor parte de mi, se construye de ti.

Mario Stalin Rodríguez
A Jessica, así, sin pretexto alguno y en una fecha cualquiera

porque en día sí y día también, me construyo de ti.

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miércoles, abril 27, 2016

La Monja Sangrienta 01

Como ya he mencionado antes, llevo ya un buen tiempo publicando también en Subcultura la historia de Calabozos y Dragones. Pues bien, a raíz de mi actividad en esta comunidad he podido conocer a muchas personas, una de ellas, el genial Ioannes Ensis, quien ha confiado en mi para ilustrar su historia "La Monja Sangrienta", cuyas primeras páginas ya han aparecido por allá y ahora muestro aquí en mejor definición...
Eso sí, al contrario de lo que sucede con "La Otra Vesrión - Calabozos y Dragones", cuyos capítulos se muestran primero aquí, en este caso las páginas se subirán primero a Subcultura y, cuando haya una buena cantidad y coincida con el cierre de alguna escena, se publicarán en estos bites... En compensación, aquí van en mejor definición y se acompañarán, en la medida de lo posible, de portadillas exclusivas...
Dicho lo cual, sólo queda por agregar; continuará...

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jueves, abril 21, 2016

LABORES DE PARTO y05

Ante lo analizado, la opción más viable que podrían tomar los trabajadores de la Secretaría de Cultura era el crear un sindicato unificado que les representara a todos, independientemente de sus diferencias, pero atendiendo a éstas.
            Queda escrito; las diferencias en materia de relaciones laborales, derechos adquiridos y organización sindical no son pocas. De ahí que la unidad necesaria debía construirse más allá del mero discurso, inventado prácticas y figuras que garantizaran, por un lado, la convergencia de todos los actores en torno a objetivos comunes y, por el otro, la independencia de cada organización sindical sin la injerencia de los otros referentes.

No fue un trabajo sencillo y, obviamente, no es una tarea terminada.
            Desde Diciembre de 2015 diversos actores, principalmente las representaciones sindicales de los trabajadores ATM del INAH e IMBA, además de las de Radio Educación, CENART y la administración central de lo que fuera Conaculta. También había trabajadores independientes del Sistema Nacional de Bibliotecas, de los académicos e investigadores del IMBA, del Instituto Nacional de Derechos de Autor y Culturas Populares.
            No, no fue una tarea sencilla. Hubo no pocos desencuentros en no pocos aspectos; representatividad a nivel nacional, figuras de dirección, manejo de cuotas sindicales y un largo etcétera.
            Finalmente, se pretendía crear una organización sindical que se alejara lo más posible de las prácticas oscuras que había caracterizado al sindicato de educación, del cual prácticamente todas las representaciones gremiales habían sido parte. Manejo trasparente de las cuotas sindicales que, recuérdese, sólo las representaciones del INAH manejaban de manera independiente. Elección democrática de la directiva, lejos de las imposiciones que el SNTE acostumbraba y representación de cada uno de los grupos de trabajadores, por pequeños que fueran.
            La solución encontrada, obviamente insuficiente, obviamente perfectible, fue generar una directiva nacional colegiada. Es decir; no dotar a una única figura (por bienintencionada que fuera) de la representatividad de todo el sindicato, sino formar un grupo plural que se viera obligado a debatir y llegar a acuerdos sobre cualquiera de los asuntos.
            También se debía garantizar la independencia de los trabajadores de cada institución de la nueva secretaría, para negociar con sus autoridades inmediatas y solucionar sus problemáticas particulares.
            Además, los recursos económicos serían manejados por cada representación de las instituciones particulares, sometiendo el uso de los mismos a múltiples fiscalizaciones, tanto de sus trabajadores como de los órganos nacionales del sindicato.
            Es decir; garantizar la continuidad de lo mejor de las prácticas sindicales que habían caracterizado a cada una de las representaciones que llegaban a la nueva organización, dotándolas de espacios de coordinación y respaldo.

Obviamente, queda escrito, no es ésta la solución última, ni mucho menos.
            Incluso dentro del gran esfuerzo unificador que la construcción del Sindicato Nacional Democrático de Trabajadores de la Secretaría de Cultura significó; varios colectivos, cada uno por sus particulares razones, quedaron fuera de la naciente organización.
            Otro reto era, entonces, garantizar la posible inclusión de estos grupos si, en el futuro, decidían unirse a la causa común… Finalmente, la constitución del SNDTSC no es la culminación de un proceso; simplemente un primer paso en un largo camino, en el que nuevos actores pueden sumarse; garantizando que serán recibidos como iguales.

No, no es un proceso que haya terminado.
            Es sólo, queda dicho, el primer paso... Y hasta el viaje de mil kilómetros, se decía anteriormente, empieza con el primer paso.


Mario Stalin Rodríguez

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jueves, abril 14, 2016

LABORES DE PARTO 04

Como queda escrito en las anteriores entregas, los trabajadores absorbidos por la Secretaría de Cultura se enfrentaban al reto de crear una representación sindical que los agrupara a todos reconociendo sus diferencias y las de las instituciones y dependencias a las que pertenecían.
            Una labor difícil y, por ello, los acercamientos a la solución partieron (y parten aún) desde múltiples ópticas...

Desde el principio, incluso desde el anuncio de la creación de la secretaría (Septiembre de 2015) y durante el movimiento en oposición a ésta, hubo voces que pugnaban por la creación de una opción sindical única para la, en ese entonces, aún no concretada dependencia.
            Sin embargo, desde ese primer momento y durante el largo proceso que siguió hasta que la Secretaría de Cultura fue creada formalmente (Diciembre de 2015), estas voces no iban más allá de la mera intención declarativa; sindicato único, sí, pero sin especificar el cómo conciliar en una única organización la multitud de situaciones, relaciones laborales y contextos de los que ya se ha hablado anteriormente.
            Por su parte, otros grupos veían en esta diversidad un peligro; pues pugnar por una organización única, decían, podía poner en riesgo las relaciones laborales y derechos adquiridos de los trabajadores de cada institución.
            Por ello, desde estos grupos, se pugnaba no por un sindicato único, sino por generar diversos sindicatos para cada una de las instituciones absorbidas por la naciente dependencia, sindicatos que bien podrían trabajar coordinadamente, pero que se encargarían de negociar cada uno por su parte sus particulares relaciones laborales, con las autoridades inmediatas de cada dependencia y con las centrales de la Secretaría de Cultura.
            De hecho, es sobre esta opción que muchas de las representaciones sindicales anteriormente establecidas empezaron a trabajar en un principio...

Sin embargo, los problemas inherentes a esta opción pronto fueron más que evidentes.
            Bajo este esquema, cada pequeño sindicato habría podido negociar con las autoridades inmediatas de sus particulares instituciones, pero se enfrentaría en condiciones de debilidad antes las autoridades centrales de la naciente secretaría.
            Tanto más, en un escenario previsibles, podría surgir una agrupación de representación minoritaria, pero con trabajadores de más de una institución, que ostentara el nombre de “Sindicato de la Secretaría de Cultura” que, siendo la única agrupación gremial de su tipo, automáticamente podría negociar directamente con las autoridades centrales de la dependencia.
            Ante este peligro, pues nada garantizaba que esta potencial agrupación siguiera los preceptos democráticos que tan duramente habían conquistado buena parte de las representaciones sindicales anteriormente existentes. Tanto más, era muy probable que, de surgir, fuera más bien cercana a lo más oscuro del sindicalismo oficial.
            Una opción habría sido crear sindicatos que representaran a semejantes; uno para los institutos desconcentrados homologados (INAH e INBA) y otro para todos los trabajadores que anteriormente se regían por las Condiciones Generales de Trabajo de la SEP.
            Sobra decirlo, esta opción adolecía de los mismos problemas que la anterior... No, crear sindicatos en plural no era alternativa.


Mario Stalin Rodríguez

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miércoles, abril 06, 2016

LABORES DE PARTO 03

De acuerdo a lo analizado hasta el momento, los trabajadores que llegan a la Secretaría de Cultura procedentes de múltiples instituciones y dependencias, se enfrentaban al reto de intentar conformar una opción sindical que los representara a todos, a pesar de sus diferencias en el ámbito de las relaciones laborales e incluso de organización gremial.
            Si bien, como queda dicho, muchas de las representaciones sindicales habían alcanzado un cierto grado de independencia organizativa a pesar de su pertenencia formal al SNTE, ésta no era idéntica en todos los casos y ni siquiera era aplicable a la totalidad de los referentes.

A lo largo del tiempo, las representaciones sindicales tanto del Instituto Nacional de Antropología e Historia como del de Bellas Artes y Literatura, alcanzaron un gran grado de independencia organizativa en relación a lo estipulado para las delegaciones del SNTE, aunque sólo las tres representaciones del INAH (trabajadores ATM, investigadores y arquitectos) lograron llegar hasta el manejar la totalidad de los recursos económicos generados por las cuotas sindicales de sus agremiados.
            Obviamente, esto no se logró de la noche a la mañana, sino después de una larga lucha que involucró no sólo a los trabajadores de estas instituciones, sino incluso a ciertos directivos de las mismas, el prestigio que el trabajo de ambos institutos y, por ende, sus trabajadores tenían a nivel nacional e internacional y, muy obviamente, la resistencia del sindicato de educación a aflojar, así fuera mínimamente, el férreo control que ejercía (y ejerce) sobre sus secciones.
            No, no fue un proceso sencillo e involucró la confluencia de múltiples actores, incluso no involucrados directamente en las instituciones culturales, como la oposición democrática dentro del propio SNTE representada por los trabajadores magisteriales agrupados en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y el apoyo que se recibió desde otras organizaciones sindicales democráticas, ya fueran de instituciones de educación superior o de empresas paraestatales como la hoy extinta Luz y Fuerza del Centro.
            Conforme el proceso avanzaba, otros actores fueron sumándose a los esfuerzos de democratizar a las representaciones sindicales del sector cultura; los trabajadores de Radio Educación, algunos grupos del Centro Nacional para la Cultura y las Artes, del Sistema Nacional de Bibliotecas, de la propia administración central de lo que fuera Conaculta... Y etcétera.
            Las conquistas de esta larga lucha no fueron pocas; respeto a la vida sindical y organización propias de las representaciones, elección de sus dirigentes, participación de sus bases en la toma de decisiones, negociación de sus relaciones y prestaciones laborales... Y etcétera.
            Lamentablemente, como queda escrito, esto no es aplicable a la totalidad de los trabajadores que llegan a la Secretaría de Cultura.

Dentro de las instituciones absorbidas por la naciente dependencia, múltiples representaciones sindicales son aún controladas por el SNTE, con todo lo que ello implica; designación unilateral de la dirigencia sindical, negociaciones oscuras entre el sindicato y las autoridades, manejo discrecional de las prestaciones laborales, castigo a la disidencia y un largo y triste etcétera.
            El propio sindicato de educación promovió la división dentro de las representaciones que alcanzaron su independencia relativa, llegando a crear secciones paralelas a fin de entorpecer la facultad de negociación de las opciones democráticas.
            Como puede verse, el panorama que enfrentaban los trabajadores de la Secretaría de Cultura era complicado en prácticamente todos los ámbitos...

Mario Stalin Rodríguez

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jueves, marzo 31, 2016

LABORES DE PARTO 02

Con la creación de la Secretaría de Cultura, queda escrito, los trabajadores de las instituciones absorbidas por la nueva dependencia se vieron, de pronto, sumergidos en una laguna legal en cuanto a sus derechos sindicales; aunque tenían representaciones sindicales formalmente reconocidas, éstas no podían seguir perteneciendo (así fuera únicamente por membrete) al SNTE.
            Tocaba entonces, también queda escrito, que los trabajadores buscarán nuevas formas de organización sindical, lejos, por vez primera, de los oscuros manejos que caracterizaban (y caracterizan) al sindicato de educación.

Obviamente no se trataba de una tarea fácil.
            Si bien es cierto que desde el principio era evidente para no pocos actores que convenía formar una única organización sindical que representara a todos los trabajadores de la naciente secretaría, el asunto era el cómo lograr esta unión y de qué tiempos se disponía para lograrla.
            El punto no era sencillo, a la dependencia llegaban trabajadores regidos por al menos tres relaciones laborales distintas y acuerdos muy diversos con las autoridades de cada una de las instituciones.
            En términos generales, la mayoría de estas instituciones se regían por las Condiciones Generales de Trabajo de la SEP. En números reales, estas instituciones tenían un número limitado de trabajadores de base que, en pocos casos, a penas se podrían contar en algunos cientos y, en la mayoría, algunas decenas.
            Sus condiciones de trabajo podrían ser (y seguramente serían) replanteadas por las autoridades de la Secretaría de Cultura, ya que las anteriores regían para Educación Pública y es potestad de la administración de cada secretaría de Estado establecer su propia reglamentación laboral.
            Por otro lado, los trabajadores del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) se rigen por condiciones de trabajo marcadas en el decreto de creación de éste (1946). Si bien comparten muchas disposiciones con el anterior caso, esta particularidad le permitió a las representaciones sindicales del instituto negociar una serie de prestaciones por completo ajenas a las de las dependencias antes tratadas.
            Renegociar estas condiciones implicaría no sólo un acto administrativo de la Secretaría de Cultura, sino la modificación del Decreto de Creación en el ámbito legislativo. Lo cual, justo es reconocerlo, no implicaría un mayor obstáculo, ya que bastaría con la aprobación de la mayoría simple de ambas cámaras para lograrlo, en un país donde, en la actual y anterior legislaturas, toda iniciativa del ejecutivo ha pasado prácticamente sin modificación alguna.
            Finalmente, la relación laboral del Instituto Nacional de Antropología e Historia se rige por unas Condiciones Generales de Trabajo sustentadas en su Ley Orgánica (1939), supeditada ésta a la Ley Federal Sobre Zonas y Monumentos Arqueológicos, Artístico e Históricos (1998). Éstas son firmada a cuatro partes por las autoridades del instituto y las tres representaciones sindicales gremiales (académicos e investigadores, arquitectos y trabajadores administrativos, técnicos y manuales).
            Ello se traduce en condiciones laborales y prestaciones socioeconómicas por completo distintas a los dos casos anteriormente abordados, lo que incluye un tabulador escalafonario propio y la equiparación de sus salarios no con el resto de la Secretaría de Educación Pública, sino con instituciones de educación superior como la UNAM o el IPN.
            Renegociarlas implicaría un proceso legislativo distinto al del caso del INBA, pues se trataría de modificaciones a una ley federal. Aunque, también es necesario reconocerlo, el panorama en las cámaras sigue siendo el mismo.

Todo ello sólo en lo que se refiere a las relaciones laborales, otro punto de divergencia lo marcaban, por supuesto, las prácticas sindicales que caracterizaban a cada institución…


Mario Stalin Rodríguez

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miércoles, marzo 23, 2016

Me van a disculpar...

Pero ando en eso de ser feliz junto a quien me hace feliz... Así que témome que toca poner otra vez el cartelito de marras:

Pero, en Subcultura andamos en la semana porno, y andaré publicando dibujos diarios de aquí al Domingo, por si quieren darse una vuelta.

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