miércoles, julio 26, 2017

EL CAMINAR DE LOS MUERTOS

A decir verdad, no tenía intención de mostrar este texto por aquí y, si legaba a hacerlo, lo ideal sería ponerlo hacia finales de Octubre o principios de Noviembre por razones más que obvias. Hoy, de hecho, quería hablar de perros, pero revisando el texto que había preparado, me di cuenta de que se necesitaba cierto contexto sobre cierto papel mítico que en algunas culturas se les asignaba.
Así que retomo este texto de 2009 donde se habla un poco de ello, aunque sólo se toque de manera un tanto tangencial... 


Atavío de Mictecacíhuatl según el Códice Borgia.

El Mictlan en la mitología mexica era el nivel inferior de la tierra, el hogar de los muertos y, de acuerdo a algunos estudiosos, se encontraba al Norte (otros especialistas lo ubican en el centro de la Tierra). Los guerreros, hombres y mujeres, que morían en el campo de batalla y las mujeres que morían en el parto no iban al Mictlan sino al Ilhuicatl Tonatiuh (Camino del Sol); los "muertos por agua" (ahogados, tocados por un rayo o de hidropesía) iban al Tlalocan y los muertos antes de nacer regresaban al Chichihuacauhco (Lugar del árbol amamantador).
            Al Mictlan sólo llegaban aquellos que morían por enfermedad o muerte natural. En estas tierras gobernaba Mictlantecutli (o bien, su advocación femenina, Mictlancuhuatl, presentada por algunos autores como su esposa).
Para que el Tlalli (alma) llegará al descanso eterno, se tenia que hacer un duro viaje de cuatro años por los nueve niveles del Mictlan, para el cual (de acuerdo a algunos documentos) contaban con la ayuda del guardián del más allá, Xólotl (hermano gemelo de Quetzacoatl, representado como un perro).
Las nueve dimensiones del Mictlan eran:
1.- Apanohuaia o Itzcuintlan: Aquí había un río caudaloso, la única manera de cruzarlo era con ayuda de Xólotl (o Ahuizotl en otras versiones). Si en vida se había tenía perro o, teniéndolo, maltratado a éste, el muerto se quedaba en esta dimensión por toda la eternidad.
2.- Tepectli Monamictlan: Lugar donde los cerros chocan entre si. El difunto debía cruzar a través de estos sin ayuda alguna y era despojado de sus ropajes.
3.- Iztepetl: Cerro de navajas, este lugar se encontraba erizado de pedernales y debía atravesarse desnudo.
4.- Izteecayan: Lugar en el que sopla el viento de navajas, este era un sitio con una sierra compuesta de ocho colinas en las que nevaba copiosamente.
5.- Paniecatacoyan: Lugar donde los cuerpos flotan como banderas; este lugar estaba al pie de la última colina del Izteecayan y ahí empezaba una zona desértica muy fría, compuesta de ocho páramos que había que recorrer.
6.- Timiminaloayan: El lugar donde flechan, aquí se decía era un sendero en cuyos lados manos invisibles enviaban puntiagudas saetas hasta acribillar a los pasantes.
7.- Teocoyocualloa: Lugar donde las fieras se alimentan de los corazones. En este pasaje, un jaguar abría el pecho del difunto para comerle el corazón, ya sin este órgano, la persona caía en un charco donde era ferozmente perseguida por un caimán.
8.- Izmictlan Apochcalolca: El camino de niebla que enceguece, en este lugar; se tenían que vadear nueve ríos antes de llegar al sitio donde le esperaba su descanso mortal.
9.- Chicunamictlan: Aquí las almas encontraban el descanso anhelado. Era el más profundo de los lugares de los señores de la muerte.

            No pocos textos identifican en este mítico peregrinar una alegoría de la migración chichimeca que culminó con el asentamiento de los mexicas en un islote del lago de Texcoco y la fundación de Tenochtitlan, pues es posible identificar lugares geográficos reales que asemejan a los descritos en el mito.
            Cabe subrayar que, de acuerdo a no pocos especialistas, la religión mexica no contemplaba la vida eterna del alma, pues al llegar al noveno cielo, en palabras de Sahún, los muertos “acababan y fenecían”, es decir; agotaban su existencia. En general, se entiende que en el novemos nivel, los hombres, ya sin posesiones materiales ni memoria (que habían perdido junto a sus ropajes y corazón), se fundían con el mundo y pasaban a formar parte de todos los seres vivos.

Mario Stalin Rodríguez
Asesor Educativo
Departamento de Comunicación Educativa
Museo Nacional de Antropología
México

Etiquetas: ,

miércoles, julio 19, 2017

Colaboraciones NO tan espontáneas III

Amor letal

Era hermosa, muy hermosa. Destacaba en aquel lugar lleno de muerte como una delicada figura de cristal de Swarovski en un basurero. Berg contemplaba hipnotizado su flameante cabello rojo y su esbelta figura envuelta en un ajado vestido de novia cuando escuchó los gruñidos que anunciaban a un grupo de zombis que, lentos pero decididos, se dirigían hacia el lugar en el que ella se encontraba.
Sin pensarlo demasiado, abrió la puerta dispuesto a socorrerla.
Ella, entonces, giró su rostro hacia él.
Berg se detuvo, aún en el porche de entrada, bruscamente paralizado por la visión que, al girarse, la muchacha había dejado al descubierto: un cuello desgarrado y cubierto de sangre, y un rostro hermoso pero inexpresivo que movía de un lado a otro, olisqueando el aire como un animal de presa.
Ya era tarde para aquella hermosa muchacha y Berg, apesadumbrado y asustado, volvió a entrar rápidamente en la casa cerrando la puerta tras sí, por fortuna sus compañeros se encontraban durmiendo porque sino -y a falta de otro tipo de diversión-- se habría convertido en su entretenimiento favorito durante días.
Berg volvió a la ventana desde donde había visto a la muchacha para continuar observándola. No podía dejar de mirar aquella belleza suya no mancillada del todo a pesar de la temible herida del cuello. Aún no había tomado el aspecto semi putrefacto de tantos otros y la palidez de su piel aún podía pasar por normal, debía haberse infectado hacía poco, no era raro que se hubiera confundido.
Sólo cuando sus compañeros se levantaron dejó Berg de observar a la muchacha e intentó concentrarse en otro tipo de cosas para dejar de pensar en ella, aunque sin demasiado éxito.
Al día siguiente volvió a la ventana pensando que la muchacha ya habría desaparecido pero con la secreta esperanza de que aún siguiera ahí. Al cabo de unos minutos la localizó, rondando la casa con un grupo cada vez mayor de zombis. Pronto se verían obligados a abandonar aquel refugio pues el número de no-muertos, atraídos por su olor, no dejaba de aumentar pero de momento él podía seguir disfrutando cuanto quisiera de la visión de aquella belleza no muerta.
La hermosa zombi se convirtió en el centro de su rutina diaria. Lo primero que hacía despertar era acercarse a la ventana y comprobar que ella aún seguía allí y luego se pasaba las horas muertas observándola e imaginando cómo habría sido antes de toda aquella mierda, cómo sería su risa, cómo sonaría su voz, qué cosas le gustarían y qué le disgustarían. Le creo una personalidad y una vida y, poco a poco, de modo casi inevitable, Berg acabó enamorado de ella o, más bien, de la “ella” que él había creado.
Sus compañeros no tardaron en percatarse de su obsesión y, al considerarlo un loco, optaron por vigilarlo estrechamente temiendo que, en cualquier momento, su demencia lo llevara a ponerse -a ponerlos a todos- en peligro.
Cuanto más días pasaban, más se obsesionaba Berg con la muchacha zombi y más se empecinaba en encontrar una forma de estar juntos y en su desquiciada mente fue surgiendo un plan para lograrlo. Un plan simple, fácil de llevar a cabo y que nadie podría descubrir porque no precisaba ni de ayuda externa ni de planificación. Lo único que necesitaba era encontrarse con los zombis y eso era algo que sucedía cada vez con mayor frecuencia.
La oportunidad le llegó en la siguiente salida para buscar alimentos. Sólo hubo de esperar uno de los múltiples ataques y hacer lo que debía para defenderse y defender a los demás: golpear, machacar y triturar. Con eso bastó para tener su bate chorreante de la sangre infectada de los monstruos. Aprovechando un momento en que los demás no le prestaban atención, Berg se llevó el bate a los labios y, conteniendo las arcadas, lamió la repugnante sangre.
Ahora él también estaba infectado y reunirse con ella sólo era cuestión de tiempo.
Regresó en silencio con todos los demás. Durante los días siguientes apenas habló ni comió, su vida se había reducido a contemplar a la muchacha del vestido de novia y vigilar su propio cuerpo buscando las señales indicadoras del avance de la enfermedad. La infección era rápida en actuar, comenzaba con náuseas, vértigos y un penetrante dolor de cabeza, luego llegaba la fiebre y, a partir de ahí, todo se precipitaba.
A los dos días de untar la herida con sangre infectada, Berg sintió las primeras náuseas. Por suerte para él ese mismo día se organizó una nueva expedición en busca de herramientas y algunas vendas, gasas, antisépticos, medicinas y cualquier otra cosa que ayudara a mejorar el escaso arsenal médico del que disponían. Salieron con las primeras luces del día, todos armados hasta los dientes. Berg llevaba consigo su inseparable bate y una escopeta, cruzadas sobre el pecho colgaban un par de cananas. ¿Quién lo iba a decir? Que él, pacifista recalcitrante, antibelicista, anti armas, anti violencia, anti todo aquello, se viera ahora obligado a utilizar aquellos artilugios a todas horas le resultaba irónico y casi cómico... al menos en los escasos momentos en que estaba de buen humor, el resto del tiempo no lograba encontrarle la gracia por ningún lado.
La exploración fue larga y fructífera, lograron cargar el cuatro por cuatro con cuatro con todo tipo de herramientas, medicamentos y material médico que encontraron. Tras el largo día, las extenuantes luchas y la tensión nerviosa, todos se encontraban eufóricos. Habían logrado sobrevivir unas horas más. Habían logrado vencer a los zombis. Se sentían fuertes, poderosos, casi invencibles. Cuando la adrenalina comenzara a bajar, retornaría la depresión pero, de momento, se sentían alegres y exultantes.
Ya de vuelta a casa, mientras descargaban, Berg fingió ir a investigar un ruido inexistente y se internó en un bosquecillo cercano. Los zombis no solían frecuentar aquella pequeña floresta, allí no entraban los humanos y los escasos animales que habían logrado huir de la voracidad zombi hacía tiempo que habían huido. Ese sería un buen lugar para pasar las últimas fases de la infección. Y si alguno de ellos se atrevía a acercarse, Berg podría defenderse... o eso esperaba. A lo lejos sus compañeros, apercibidos de su desaparición, gritaban su nombre. Lo buscarían durante un rato y luego desistirían convencidos de su muerte.
Berg se instaló bajo un árbol, el bate a un lado, las cananas al otro, la escopeta sobre sus piernas. Luego esperó. Esperó pensando en ella. Soñando con ella. El dolor era tan intenso que parecía que el cráneo se le iba a romper en mil pedazos, la fiebre lo mantuvo en un estado de delirio continuo durante horas. La muerte se acercaba a gran velocidad y él soñaba con el momento en que se produjera. Dentro de poco él también sería un zombi y entonces podrían estar juntos para siempre. Le daba igual que, en realidad, no pudiera haber interacción de ningún tipo entre ellos. Le daba igual que aquello no pudiera considerarse una relación humana. Daba lo mismo. El caso era estar con ella... como fuera.
            Y entonces la vio llegar.
            Olisqueaba el aire como un animal.
            El olor a carne humana la había guiado hasta allí. A ella y a tres zombis más que tras ella se acercaban al moribundo Berg.
            Él la contemplaba, extasiado. Una sonrisa iluminó su rostro. La fiebre lo mantenía en un estado de alucinación y delirio continuo. Berg no era consciente de lo que ocurría.
            Ella se aproximaba cada vez más con el paso torpe y anquilosado de todo zombi. Gruñía y salibaba como una bestia hambrienta. Desde aquella distancia eran fácilmente discernibles los estragos de la enfermedad y la muerte. Desde tan cerca, la bella no resultaba tan bella. Si Berg hubiera tenido sus facultades en perfectas condiciones, habría salido huyendo despavorido ante aquel ser monstruoso que apestaba a carne putrefacta. Pero la mente del hombre estaba al borde de la muerte y era incapaz de discernir entre lo real y lo imaginado. Él seguía viendo a una hermosa mujer, la mujer a la que amaba.
            La zombi, gruñendo y tropezando, llegó junto a él. Lo tomó del pelo. Echó hacia atrás su cabeza e, inclinándose hacia su cuello, se dispuso a devorarlo.
            Él, sin dejar de sonreír, tuvo tiempo de murmurar un “te amo” antes de que los dientes de la muchacha desgarraran su cuello.
Este texto y los anteriores (uno acá y el otra aquí) son fruto de las manos, mente y teclado de Nany Og... Una de las mejores escritoras que encontrarán ustedes rondando por estas redes del Monesvol.
Como podrán ver siguiendo los enlaces, la colaboración data de 2013... No la había mostrado porque tenía la firme intención de transformar este relato en un cómic... Pero entre una cosa y otra, fui postergando su elaboración... Sin olvidarla y reprochándome a mi mismo cada vez que no podía arrancar...
Y así habría seguido, si circunstancias extraordinarias y algo tristes no obligarán a que esta semana estos bites sufrieran una horda zombi... Así que, con perdón para Nany Og por la tardanza, retomemos el cuento y dediquémoslo a

IN MEMORIAN
George A. Romero
(1940-2017)
Porque siempre supo que, entre vivos y muertos,
hay que tener miedo de los vivos.

Etiquetas: , ,

miércoles, julio 12, 2017

En vía de mientras

Y bueno, la verdad es que entre ocupaciones varias y bloqueos creativos, no he podido concretar la actualización de hoy (y miran que hasta sabía qué quería hacer)... Pero, también se me ocurre que he abusado un poco demasiado de la imagen de "problemas técnicos" y, para evitarla, recurriré a un poco de porno guardado... Porque, bueno, un poco de porno nunca cae mal...
Es un gif, si no les gusta esperar a que cargue, las cuatro variaciones que ahí aparecen son:
Hay algunas imágenes más por el estilo, relacionadas pero sin ninguna historia real que las hile... Ya las iré mostrando conforme suceda de nuevo lo de no poder actualizar en forma.

Etiquetas: ,

miércoles, julio 05, 2017

(anti)MOTIVACIÓN PERSONAL

Las personas, todas, tienen días así, es sólo que algunos eligen no darse cuenta.
            Son los días del rompecabezas incompleto.
            Esos días en los que poco importa donde estén o qué hagan, siempre está la sensación de una pieza faltante… Del hueco que persiste en todas las cosas.
            Y avanzan las horas y las cosas no funcionan del todo como deberían...

Las personas, todas, tienen días así.
            Son los días en que regresan incompletos.
            Y se refugian y empiezan a contar sus piezas... A tratar de rearmarse.
            Y será que, a veces, con el tiempo y la experiencia, van aprendiendo a encajar sus piezas; a completarse... Hasta un nuevo día de rompecabezas incompletos.


Mario Stalin Rodríguez

Etiquetas: ,

miércoles, junio 28, 2017

MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA 04

Últimas reflexiones museográficas

Estoy y estuve en muchos ojos, yo sólo soy memoria y la memoria que de mi se tenga."
Elena Garro
Los Recuerdos del Porvenir

La memoria fue destruida; ocultada bajo piedra y altares, arrasada por las llamas, transformada en práctica vergonzante. Los tiempos que fueron desaparecieron sin dejar apenas rastro, las sociedades que en estas tierras se fundaron, desaparecieron y fueron ocultas bajo el velo del conquistador. La memoria fue prohibida y perseguida.
            Pero, aún así, la memoria es necesaria y por ello persiste; fragmentada, incompleta, pero persiste. Hemos tenido que recuperarla, exprimirla de piedras enterradas, de vasijas rotas, de pergaminos cifrados y de relatos que, al pasar de los años y de boca en boca, se han tergiversado a tal grado que es indispensable separar lo cierto de lo agregado.

Aún así la memoria persiste y son los museos un ejercicio de ella. No pretenden, como podría pensarse, presentar al pasado como idealización utópica perdida ni resaltar como única una de las muchas fuentes que nos dan origen.
            Pretenden sí, como se ha dicho ya, rescatar la memoria a fin de entender uno de los muchos aspectos que nos definen, para poder entendernos en el presente y explicarnos el futuro (que no es otra cosa que la necesidad de construirlos distintos a los que nos han impuesto). Rescatando nuestro pasado seremos capaces de replantear nuestros mañanas.

El museo es, pues, un ejercicio limitado de memoria y, como tal, su único objetivo es alejar ésta del mito. No podemos, ni debemos, idealizar los tiempos pasados; asumiendo así que los mañanas por venir sólo pueden ir en decremento, a menos que retornemos a lo que fuimos ("Entonces ¿el futuro queda para atrás?" -Quino-).
            Tampoco podemos negar lo que nos conforma y en nuestros orígenes está; asumiendo así que sólo negándonos lograremos disipar las grises nubes. Es inútil también asumir que los que somos es lo que fuimos y siempre seremos; asumiendo así que el mejor amanecer nos es ajeno.
            La historia, su estudio y su entendimiento no se tratan de eso, sino de reconocernos por lo que fuimos, para entender lo que somos y construir el mañana en función de estos dos elementos, para que no podamos ni puedan, nunca más, negarnos.

Mario Stalin Rodríguez
Asesor Educativo
Comunicación Educativa
Museo Nacional de Antropología.

Texto de 2009, revisado, corregido y aprobado por el Arqueólogo Felipe Solís, en aquel entonces, Director del Museo Nacional de Antropología.

Etiquetas: , ,

miércoles, junio 21, 2017

MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA 03

Una nueva casa para las nuevas ideas.

y era nuestra herencia una red de agujeros.
Con los escudos fue su resguardo,
pero ni con escudos puede ser sostenida su soledad”...
La Visión de los Vencidos
Versión de Miguel León Portilla

El actual edificio del Museo Nacional de Antropología fue planeado por el Arq. Pero Ramírez Vázquez basado en el mal llamado Cuadrángulo de las Monjas de la ciudad maya de Uxmal.
            Cuenta con 11 salas de exhibición permanente, además de dos de para exposiciones temporales y 10 en la planta alta dedicada a etnografía.
            En el patio central, además del impresionante Paraguas, puede apreciarse el ojo de agua rematado por un caracol monumental (símbolo, al mismo tiempo, del viento, el movimiento y la deidad Quetzalcoatl en su advocación de la estrella Venus). El estanque pretende imitar el medio ambiente lacustre que rodeara en su tiempo a México Tenochtitlan.

Pero, queda dicho, un museo no es (no puede ser) solamente las piezas en exhibición. Un museo es, sobre todo, un lugar para conocer y comprender. El Museo Nacional de Antropología ofrece una atención especializada y especial a los alumnos de todos los niveles, a fin de facilitarles su acercamiento a un pasado, lamentablemente, cada vez más descuidado (si no es que olvidado) por las autoridades educativas.
            El departamento de Comunicación Educativa del MNA (uno de los más antiguos del mundo) ofrece el servicio de Visitas guiadas a grupos escolares, talleres de manualidades y, para conocer mejor nuestro pasado y presente indígena, proyecciones y actividades de temporada (día del niño, aniversario del Museo, día de muertos, festividades decembrinas y etcétera). Además de guías impresas, cuadernos monográficos y otros productos lúdico educativos.

El edificio alberga, además del Museo y los departamentos indispensables para su funcionamiento, a diversas dependencias del Instituto Nacional de Antropología e Historia, dedicadas a la conservación, restauración e investigación. Además cuenta con tres auditorios de diversos tamaños y una sala Multimedia.


Mario Stalin Rodríguez
Asesor Educativo
Comunicación Educativa
Museo Nacional de Antropología.


Texto de 2009, revisado, corregido y aprobado por el Arqueólogo Felipe Solís, en aquel entonces, Director del Museo Nacional de Antropología.

Etiquetas: , ,

jueves, junio 15, 2017

MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA 02

Un museo fuera de la Iglesia.


Hay ausencias que son presencias. Compañías en el camino elegido... memorias.
Hay ausencias que son compañía y a ellas, este día, nuestras letras. A ellas, siempre, nuestro aprecio”.
Mario Stalin Rodríguez
Ausencia en Prosa

El arribo de Maximiliano de Amsburgo al poder en México, trajo consigo el cierre de la Universidad Pontificia y, por tanto, el del propio Museo Nacional. Fue el propio Duque Austriaco quien, movido por su pasión personal hacia la particular estética de los pueblos indígenas, ordenó el traslado de la colección a un edificio mucho más adecuado para albergarla; el antiguo Palacio de Moneda.
            Al patio central de éste fueron movidos los monolitos y a diversas salas contiguas el resto de la colección. Formalmente, el nuevo recinto museístico fue inaugurado por Maximiliano y Carlota el 06 de Junio de 1866.
            Cabe mencionar que la pasión de Maximiliano por el arte indígena jugó papeles contradictorios en materia de la conservación y estudio del patrimonio histórico mexicano. Por un lado permitió la ampliación y mejor resguardo de las joyas arqueológicas y, por otro, implicó grandes pérdidas para el mismo.
            Hacia el último periodo de su gobierno, una expedición mandada por él a Metlatoyuca, Veracruz, dio por resultado la pérdida de cuatro cajas de vestigios monumentales en algún punto entre las costas del Golfo de México y la capital del país. También, ya prácticamente derrotado, ordenó el embalaje y envío a Viena de, al menos, 191 piezas (probablemente, en su mayoría mexicas y olmecas); la llamada “Colección Mexicana de Maximiliano”.

Es, entonces, hasta reinstauración de la República que el Museo Nacional empieza a funcionar en realidad. Auge continuado hasta los tres primeros periodos del Porfiriato (entre 1866 y 1888), tiempo en el que intelectuales, abogados e historiadores fundan, en el seno del Museo, un grupo de estudio para escribir los Anales, cuyo primer tomo ve la luz en 1877.
            Es en 1887 que se inaugura la Galería de los Monolitos en  el salón de mayores dimensiones del palacete, colocando en ella las piezas más grandes de la colección y, en especial, la Piedra del Sol, recuperada dos años antes de la torre de la Catedral Metropolitana.
            De acuerdo al escueto catálogo de Jesús Galindo Y Villa, para 1895 la galería exhibía cerca 364 esculturas de todo el país, aunque aún predominantemente mexicas.

Para 1909 el Museo Nacional se deshace de sus colecciones de Historia Natural a fin de abrir paso a los más recientes descubrimientos que las obras de remodelación y renovación urbana en el primer cuadro de la capital arrojaban constantemente. Las secciones de mineralogía, geología, paleontología, anatomía comparada y teratología fueron movidas al Museo de Historia Natural del Chopo, construido expresamente para albergarlas e inaugurado el 1º de Diciembre de 1913.
            En tanto, el Museo Nacional ganó por apellidos “De Arqueología, Historia   Etnografía” tras su retardada remodelación concluida en 1923. De acuerdo al alemán Eduartd Seler, la colección del museo para las primeras décadas del siglo XX constaba de poco más de 10,120 piezas procedentes de casi toda América (especialmente de Perú y algunas regiones de Estado Unidos).

Hacia finales de 1940, el Presidente Lázaro Cárdenas dona el castillo de Chapultepec  para la instalación del Museo Nacional de Historia, al cual se destinan todas las piezas y documentos posteriores a la conquista que hasta entonces resguardaba el Museo Nacional.
            Esto, que un principio podría considerarse una mutilación innecesaria de la colección, permitió a las nuevas autoridades e investigadores replantear la forma  y concepto del propio Museo, introduciendo una nueva concepción donde lo importante no era la simple acumulación de los objetos, sino su entendimiento y función pedagógica.
            A ello deberá sumarse la incorporación de alumnos, profesores e investigadores de la recién creada Escuela Nacional de Antropología e Historia (fundada en 1939), lo que permitió trabajar guiones museográficos mucho más elaborados.
            Para 1950 era ya posible reconocer el embrión de la actual organización de salas del Museo Nacional de Antropología… No obstante, las limitaciones evidentes (sobre todo espaciales) del palacete de la calle Moneda, limitaban severamente las posibilidades de renovación. Limitaciones que fueron superadas hasta la primera mitad de la década de los 60 con la planeación, construcción e inauguración del nuevo edificio del Museo Nacional de Antropología, ocurrida entre 1963 y el 17 de Septiembre de 1964.


Mario Stalin Rodríguez
Asesor Educativo
Comunicación Educativa
Museo Nacional de Antropología.

Texto de 2009, revisado, corregido y aprobado por el Arqueólogo Felipe Solís, en aquel entonces, Director del Museo Nacional de Antropología.

Etiquetas: , ,