domingo, abril 30, 2017

TRAMPA

Ella coloca sus manos y rodillas sobre el colchón.
            Él, inseguro, le acerca el sexo a la cara. Ella sonríe y, primero sólo lo roza con los labios, después con la lengua, hasta que finalmente lo introduce por completo en la boca, mientras siente como unos labios masculinos empiezan a besar su sexo.
            El otro hombre lleva su boca hasta el ano femenino. Lo besa y humedece penetrándolo con su lengua... Ella, con el sexo de él en la boca, emite un ligero gemido. Él la observa, primero el vaivén de la cabeza de pelo corto, la espalada ligeramente arqueada y, finalmente, el rostro masculino que la besa entre los glúteos.
            De pronto las miradas masculinas se encuentran; el otro hombre le sonríe mientras introduce primero un dedo y, después, dos en el ano de ella.

Cree que le tomó tiempo convencerla.
            La primera vez que surgió el tema fue en su segundo aniversario y ella, por supuesto, se negó rotundamente. Él no insistió más... Aunque, conforme el tiempo pasaba, de vez en cuando lo mencionaba a manera de broma, como burlándose de sí mismo y sus peticiones.
            Pero, cree él, cada que lo mencionaba podía adivinar un vestigio de curiosidad en los ojos de ella... Una pequeña chispa que crecía un poco más cada vez.

Se tumba en el borde la cama, mientras ella le monta erguida, a sus espaladas, ve como el hombre la besa en el cuello, los hombros, en el vello de las axilas... La toma por la cintura y siente como la punta de su sexo roza, ligeramente, el suyo propio que entra y sale de ella, antes de penetrarla él también por el ano.
            Por alguna razón, este tacto incidental y efímero, le estremece...

Fue hace unas semanas, durante su quinto aniversario.
            Después del sexo ella preguntó qué quería de regalo. Él, bromeando, le contestó que era consciente de que ella nunca aceptaría lo que él deseaba, así que mejor no lo pedía... Ella se quedó callada un momento y, mirándolo seriamente, dijo que bien; ¿qué prefería, un amigo o una amiga?

Eyacula dentro de ella, él otro hombre hace lo propio muy poco después... Ella se estremece al sentir los dos torrentes en su interior y llega, así, también al clímax.
            Lo hace incorporarse... Él se sorprende un poco al ver su propio sexo aún erecto y sentir el deseo de seguir. De un tiempo para acá era común sentir demasiado cansancio justo después de eyacular.
            Ella se coloca a sus espaldas y empieza a besarlo, primero en el cuello y descendiendo por su espalada, hasta llegar a sus glúteos y su ano...
            Él se estremece y quiere apretar los glúteos ante el inesperado tacto. Ella sigue besándolo mientras le pide estar tranquilo... El otro hombre se tumba en el suelo entre los píes de ambos, penetrando el sexo de la mujer mientras mira como el de él va creciendo cada vez más, conforme la lengua femenina entra en su ano.

Le tomó algunos días decidir quién sería su acompañante.
            Primero pensó en nombres femeninos o, incluso, en contratar a una prostituta... Pero, juzgando sus propias fuerzas, concluyó que tal vez no sería la mejor idea.
            Cuando le preguntó a ella sobre la posibilidad de que la compañía fuera masculina, ella pareció decepcionarse, pero juraría haber visto una chispa de anhelo en su mirada y una pizca de duda en su negativa.
            Consideró que no la doble penetración no sería extraña para ella. Finalmente, aunque él nunca había estado interesado en el sexo anal, era práctica común que ella jugara con un dildo en su ano mientras él penetraba su sexo.
            Si ella había accedido finalmente a su descabellada solicitud, ponderó; lo menos que podía hacer él era asegurarse de que ambos lo disfrutaran.

El hombre lo toma por los tobillos, mientras ella sigue besándolo en el ano.
            Lentamente el hombre va subiendo sus manos, acariciando las piernas masculinas hasta que, finalmente, toma el sexo y empieza a masturbarlo... Al mismo tiempo, ella empieza a acariciar el contorno de su ano con la punta de un dedo y penetrándolo con la lengua.
            Siente como ella introduce su dedo en él y, sorprendido, encuentra un gran placer en ello... Tanto que eyacula por segunda vez, bañando las manos y  el rostro del otro hombre con su semen, quien a su vez eyacula en el interior del sexo de ella, haciéndola llegar también al clímax.

No era precisamente el más íntimo de sus amigos. Tampoco un mero conocido, más bien una amistad mutua que, juraría él, de vez en cuando coqueteaba con ella sin demasiado encanto...
            A él no le molestaba que otros hombres coquetearan con ella, como a ella no le molestaba cuando alguien lo hacía con él. Finalmente, llevaban tiempo como pareja y bastante más como amigos; se conocían bien y confiaban el uno en el otro.
            No fue sencillo invitarlo. De hecho, les llevó más de dos o tres intentos...
            Sobra decir que el hombre se sorprendió y, en un primer momento, se negó... Pero, unos días después, lo abordó a la salida del trabajo y, apenado, preguntó si la oferta seguía en píe.

Tumbados los tres en la cama, se sorprende con el pene del hombre en la boca, mientras ella tiene el de él en la suya y su sexo en la del hombre.
            Más se sorprende al descubrir que el sabor no le desagrada; es una curiosa combinación del de su propio semen, el del sexo de ella y partes desconocidas... Lo toma con su mano y empieza a lamerlo, introduciéndolo entre sus labios cada vez con mayor velocidad.
            Un torrente de semen le baña el rostro y esto, más que los labio de la mujer, lo llena de placer... Ella, sintiendo como el pene crece en su propia boca, aprovecha la ocasión para volver a penetrarlo, ahora con dos dedos, lo que provoca que él eyacule por tercera vez en el interior de su boca.
            Ella traga la semilla ya casi líquida, mientras la lengua del hombre la hace llegar al tercer clímax...

El resto fue asunto de ponerse de acuerdo en el día, la hora y el lugar.
            No era fácil hacerlo en persona, se les dificultaba mirarse a los ojos entre ellos y con el hombre y éste a ellos. Al final decidieron organizarlo todo por mensajes a los teléfonos... Hasta que concretaron una cita en un motel.

La besa en la boca y prueba el sabor de su propia semilla y el ya familiar del sexo del hombre.
            Tumbado sobre la cama, el otro hombre besa el ano de la mujer mientras le penetra el sexo con los dedos... Incitado por ella, él, lentamente, va sentándose, dejando que el miembro erecto penetre entre sus glúteos.
            Ella baja de la cama y aparta su entrepierna del rostro del hombre. Mientras sigue besándola en los labios, ella va conduciendo su cara hasta la del hombre... Hasta que sus miradas se encuentran de frente a escasos milímetros.
            La turbación de ambos dura poco, sólo hasta que ella, con un ligero empujón, hace que los labios masculinos se encuentren entre sí.
            Ella se aparta y, viendo a los hombres fundidos en un apasionado beso, sonríe para sí misma...

Le tomó tiempo, demasiado tiempo, preparar la trampa.
            Sabía que si la idea pareciera suya, él nunca habría aceptado. Por eso preparó todo a través de los meses y años, manipulándolo con una palabra por aquí, una idea por allá y una que otra sugerencia velada... Hasta que, finalmente, la red se cerró.
            Cuando despierten a la mañana siguiente y no la encuentren, tal vez se preocupen... Él seguramente lo hará, pero confía en que encontrará consuelo en su hoy descubierta preferencia.
            Y ella... Para cuando despierten ella ya habrá volando a otros cielos...

Mario Stalin Rodríguez.

Y ya está... Con esto cerramos la Semana del Porno 2017; siete días de actualizaciones diarias, que fue mi manera de hacer 10 planas de "no debo olvidar la Semana del Porno"... El próximo año la celebraremos, espero, en la Semana Santa, como debe ser.

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sábado, abril 29, 2017

ROLES

En verdad odia quedarse hasta tarde a calificar exámenes.
            Mientras repasa las respuestas, casi siempre erróneas o, en el mejor de los casos, incompletas, va pensando en descansar en casa... También recuerda que, de un tiempo para acá, la cosa no ha estado bien en el hogar.
            No es que haya problemas grandes, es sólo que la rutina se ha ido imponiendo en su matrimonio... La monotonía ha invadido no sólo las actividades del día a día, sobre todo ha invadido el sexo, que pareciera hacerse sólo por compromiso...
            De pronto escucha un carraspeo...

Se sorprende al verla en la tercera fila de pupitres, enfundada en un uniforme tal vez demasiado pequeño, su cabello rubio sostenido por dos pasadores demasiado cursis y las gafas medio caídas.
            Empieza a decir algo, pero ella le interrumpe preguntando sobre sus notas y el resultado del examen que califica... Confundido, empieza a negar... Y ella vuelve a interrumpirle con un gemido de queja; entonces, afirma más que preguntar, así de mal le fue.
            Extrae algo del bolsillo de la camisa que mantiene oculto en la mano... Sonriendo empieza a desabotonar su camisa, mostrando sus pequeños senos sin sostén... Eleva una de sus piernas hasta el borde del asiento, las infantiles pantaletas se enrollan en su tobillo...

Él se queda sin palabras, mientras ella se incorpora y camina hacia el escritorio. Mientras va avanzando se va despojando del uniforme, dejando la ropa tirada en el trayecto. Para cuando llega junto al hombre, sólo lleva los calcetines.
            Él diría algo, pero la visión del pubis sin vello lo enmudece...
            Ella se pone en cuclillas frente a él y dice algo sobre un trabajo para conseguir créditos extras... Le desabrocha el pantalón y deja salir el pene ya erecto. Mientras lo lleva a su boca, abre la mano para mostrar los dos sobres de condones que ocultaba.
            Incapaz de controlarse, él eyacula pronto... Ella deja que la semilla le bañe los pequeños senos. Se incorpora para besarle, embarrando el saco y la camisa del hombre con su propio semen.
            La toma de los hombros para apartarla y la tumba sobre el escritorio... Todas sus preguntas se han perdido en la niebla del deseo. Se desnuda y coloca un condón, mientras ella lo observa risueña, sin decir ni una palabra.

La penetra de píe con los pantalones en los tobillos.
            Desde el filo del escritorio, ella mueve sus caderas y lleva sus píes a los hombros de él. Entre gemidos y risas contenidas, dice algo sobre merecer, al menos, un nueve.
            Cuando siente que él está punto de llegar al clímax, se mueve para obligarle a salir... Con las manos le quita el condón y lo presiona entre sus muslos, moviéndolos, provocando que eyacule sobre su abdomen.
            Se incorpora y, con más sugerencia que fuerza, lo empuja hacia la silla acolchonada. Abre el segundo sobre y, antes de que el pene pierda su erección, se lo coloca y se monta sobre él.
            El besa sus senos, probando el sabor de su propia semilla. Lleva sus manos hasta los glúteos de ella, los presiona y, con sus dedos, busca el ano… Ella, entre besos, le pide que no. Él obedece y lleva sus manos a la cintura de ella.
            Llegan juntos al clímax, él eyacula en el condón dentro de ella... Sí, dice ella; esto bien vale un nueve cinco.

Desnudo, con los pantalones en los tobillos, exhausto, sentado ante su escritorio y con los exámenes que había estado calificado revueltos sobre éste o tirados en el suelo junto a los condones usados, la ve salir del salón desnuda; el uniforme que vestía aún se encuentra entre los pupitres.
            De un casillero del pasillo, ella saca una muda de ropa interior recatada, una camisa de vestir y un traje sastre que le da un aire estricto. Mientras se retira los pasadores del cabello y se lo acomoda.
            Mientras entra en su despacho de directora de la escuela, sonríe...


Mario Stalin Rodríguez

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jueves, abril 27, 2017

COMUNIÓN

Los dioses sobrevivieron.
            El extranjero de la cruz llegó con su metal, su pólvora y sus enfermedades... El extranjero de la cruz persiguió a sus fieles hasta casi exterminarlos. Impuso su fe a sangre y fuego... Y los dioses sobrevivieron.
            Fueron escondidos en los templos del extranjero de la cruz. Mudaron sus pieles y nombres... Se alimentaron, escondidos, en los rituales del extranjero de la cruz.
            Los dioses sobrevivieron... Y aún necesitan de la devoción de los mortales.

La joven novicia, en realidad, no está demasiado convencida de su convicción.
            En las noches, insomne, alimenta sus dudas mientras pasea por el templo solitario. Mira al mártir de la cruz y ningún sentimiento sublime se le despierta; no siente el amor ni la gracia divina descendiendo sobre ella... Es simplemente un pedazo de sadismos que la mira con ojos vacíos.
            No así la virgen morena... Mira la imagen y despiertan en ella sentimientos sublimes, aunque, probablemente, no de la forma en que la madre superiora le ha dicho que deben ser los sentimientos sublimes.
            La virgen no le inflama el corazón de pasión pía... Algo se inflama en ella, sí y, por supuesto, lo hace con pasión... Pero no es en el corazón, sino algo más abajo; entre sus piernas...

Sí, los dioses sobrevivieron... Y esta noche la diosa que se esconde en el manto de estrellas busca alimento.

Tal vez es su imaginación. De pronto, la novicia ve como la imagen de la virgen morena le sonríe.
            Extrañada por su falta de miedo, se acerca a ella y, para su sorpresa, no siente el frío pétreo que esperaba, sino el calor de una piel tersa... Una mano cálida le acaricia la mejilla y la hace voltear hacia arriba; unos ojos brillantes le miran y una cara morena le sonríe.
            Bajando de su nicho, la virgen toma el rostro de la novicia entre sus manos y la atrae hacia sí. Los labios de la santa saben dulces y salados, las lenguas se encuentran...
            La novicia siente más que ver, cómo el vestido estampado de la virgen cae a sus píes, revelando el cuerpo desnudo y la piel tersa... Va besando primero el cuello, la clavícula, el plexo solar, los senos de la santa. Sigue por el abdomen y, finalmente, se encuentra con el vello púbico.
            Se pierde en el aroma y el sabor del sexo de la virgen.
            Mientras prueba la humedad, una mano palpa un seno y, con la otra, levanta la falda de su hábito y, con sus dedos, entra en sí misma.
            Mientras besa el sexo y juega con su mano, siente como llegan, juntas, al primer clímax... Otro sabor y otra humedad le llegan a la boca desde el sexo de la virgen; haciendo aumentar su deseo.
            Se despoja de sus hábitos.
            En mutuo entendimiento, se tumban sobre el suelo del templo, envueltas en abrazos y besos... La novicia siente como los dedos de la virgen la penetran y corresponde... Así abrazadas llegan al segundo clímax.

Exhausta, la novicia se tumba sobre el velo estrellado de la virgen, mientras está va besando su cuello, su espalda, sus glúteos... Siente como le abre la piernas empieza a beber de su sexo.
            Mientras besa y prueba el sabor con la lengua, la penetra con los dedos, lo mismo en el sexo que en el ano... La novicia arquea las caderas y, con sus manos, juega con sus senos... Grita el nombre de la virgen cuando llega al tercer y más intenso clímax...

Sí, los dioses sobrevivieron... Y aún se alimentan de la devoción de los mortales.


Mario Stalin Rodríguez

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miércoles, abril 26, 2017

SAPIOFILIA

El tacto le resulta extraño; sus apéndices van recorriendo la tersa exodermis de la criatura y, para su sorpresa, se encuentra disfrutándolo...
            De acuerdo a lo que siente, la especie de la criatura debió tener, hace mucho tiempo, el cuerpo cubierto por un fino vello. En la actualidad son lampiños, pero conservan poros capilares vestigiales en algunas zonas del cuerpo, sobre todo alrededor de los órganos genitales.
            Conoce la anatomía de la criatura perfectamente, los suyos llevan mucho tiempo estudiando a la especie... Recorre a lo largo de las vértebras torácicas, hasta las lumbares... Lo hace una y otra vez, el concepto de cuerpos óseos le resulta tan extraño como fascinante.
            Finalmente, el apéndice llega hasta la el tejido adiposo... Localiza el centro y empieza a penetrar con gentileza... La criatura emite un sonido de negación, pero el tono no parece corresponder al sentido.
            A eso se le dificulta interpretar el lenguaje oral... Entre los suyos la comunicación es táctil, aprovechando la capacidad de modificar la textura de su exodermis y las glándulas excretoras de hormonas... Tal vez no interpretó bien los deseos de la criatura, así que empieza a retirar su apéndice, pero ella le detiene con su apéndice prensil...
            Lentamente, subiendo a través de la parte superior de los apéndices de apoyo de la criatura, otro apéndice hidrostático llega hasta el órgano sexual... Y penetra.

Todo empezó cuando el artefacto se estrelló contra su planeta.
            Tardaron mucho en lograr interpretar el mensaje contenido en el disco de metal que acompañaba, sobre todo porque los conceptos les resultaban extraños... Sólo el reconocimiento de los patrones de sonido les permitió empezar a descifrar aquello.
            No era la primera vez que se encontraban con especies autoconscientes, de hecho, experiencias anteriores los habían vuelto desconfiados... pero algo en la aparente fragilidad de estas criaturas despertó su curiosidad, así que emprendieron el viaje para encontrarles.

Nunca esperó encontrarse a sí misma en esta situación.
            El contacto con los “calamares” había sido violento... No por parte de aquellas cosas, por supuesto; sólo habían aparecido ante la colonia espacial, emitiendo música...
            De hecho, eso era un prisionero... Y ella la encargada de intentar comprender a su especie... Pronto le fue evidente que la “música” que emitía no era su “idioma” natural, sino un intento de imitar los patrones lingüísticos humanos...
            El proceso fue largo, lleno de fallos. Hasta que, finalmente, pudieron empezar a comunicarse...

El concepto de “sexo” le resulta extraño... Prácticamente inmortales, la reproducción entre los suyos ocurre en raras ocasiones y ocurre por partogénesis individual.
            La idea fue de la criatura; ya que eso podía imitar los patrones de sonido que conformaban su lenguaje, intentarían una comunicación táctil, obviamente limitada por la incapacidad de la especie humana de variar las texturas de su exodermis.
            Empezaron probando con tacto en los apéndices prensiles y el rostro de la criatura, sin grandes resultados... Hasta que ella llevó uno de los apéndices de eso hasta el interior de su orificio bucal.
            Las sensaciones fueron distintas al tacto de la exodermis, aunque eso no podo descifrarlas, lo cierto es que eran más familiares que los patrones de sonido... Así que la criatura sugirió probar otros “caminos”, que le permitieran a eso llegar hasta otras texturas y glándulas...


Mario Stalin Rodríguez

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martes, abril 25, 2017

CLICHÉ

Se abre la puerta.
            La mujer va enfundada en una bata de baño un poco demasiado grande, con el cabello húmedo recogido por atrás de manera apresurada y la cabeza cubierta por un pañuelo. Tímida, se disculpa por su apariencia; se había estado bañando, dice, cuando de pronto se cortó el agua... Por eso lo había llamado.
            El hombre entra a la casa y se dirige a la cocina donde, según le dice su anfitriona, se encuentra la llave de paso. Ella va platicando de cualquier cosa, del tiempo, del servicio de agua en el edificio, del ruido que hacen las tuberías en la noche, del deficiente suministro eléctrico y lo alto de las tarifas, de que hace una semana estuvieron tres días sin gas, etcétera...
            Él prepara sus herramientas, cierra la llave de paso y empieza a desmontar la cañería en busca del desperfecto. La mujer sigue con la charla superficial; el suyo debe ser un oficio entretenido, le dice en algún momento, conocer a todo tipo de personas, entrar en todas las casas, enterarse de algunos secretos.
            El hombre sigue con su trabajo, respondiendo escuetamente, la mayoría de las veces con monosílabos y un poco de mala manera... Estira la mano para coger una llave y no encuentra su caja de herramientas, se extraña; la había dejado justo al alcance de su brazo.
            Tal vez la movió con su propio píe sin darse cuenta, piensa; tal vez el se alejó mientras iba desarmando el tubo... No importa, le pide a la mujer que le alcance el perico.
            Ella le alcanza la llave, acompañándola de algo más; un cuadrado con tacto de papel metalizado... Cuando lo ve, extrañado, reconoce inmediatamente el sobre de un condón sin abrir.
            Voltea extrañado, sólo para encontrarse de frente con el vello que rodea el húmedo sexo de su anfitriona; el aroma a jabón le inunda...

Por supuesto que había escuchado historias, él mismo, entre cerveza y cerveza, había contado más de una a sus empleados y colegas de profesión; amas de casa solitarias que buscaban en los plomeros lo que no obtenían de sus maridos, viudas jóvenes que intentaban llenar el vacío dejado por el difunto, solteronas recatadas que, súbitamente, dejaban salir toda la lívido reprimida... Etcétera.
            Pero él sabía que eran eso; sólo historias. Inventos de hombres pequeños y aburridos que buscaban mostrarse como grandes machos frente a sus pares; fantasías de un poder que sabían no tener...
            Y, de pronto, ahí estaba él, sorprendido, frente a un sexo un poco con demasiado vello para su gusto y que olía a jabón...

Sintió las manos de ella en su cabello, acercándolo.
            Empezó tímido, sin saber demasiado bien cómo hacerlo; no recordaba la última vez que besó un sexo femenino... No fue el de su exesposa, eso es seguro; aquel había sido uno de los muchos reclamos que le echó en cara cuando lo dejo llevándose a sus hijas con ella. Tampoco el de a amiga ocasional con la que, algunas veces, se encontraba en los bailes populares o fiestas patronales. Mucho menos los de las prostitutas que, no demasiado frecuentemente, visitaba.
            Casi por instinto, va besando los labios y el clítoris; utilizando la lengua. El sabor, un poco salado y algo metalizado, le excita a niveles que no conocía... En muy poco tiempo se siente a punto de reventar sus propios pantalones.
            Con más sugerencia que fuerza, ella le va levantando la cabeza, haciéndolo pasar por su abdomen y senos. Con sus manos él va abriendo la bata; juega con los senos y, mientras los besa, intenta desanudar el cinturón afelpado; ella se lo impide...
            Se besan en los labios y ella introduce su lengua con pasión, probando el sabor de su propio sexo en una boca extraña...

Ella va bajando. Ayudándole a desabotonar su camisa.
            Mientras él se la quita, ella desabrocha el pantalón y se lo baja; dejando libre el miembro erecto.
            Sonríe y se lo lleva a la boca... Con los labios le coloca el condón y lo estira hasta la base con los dedos. Con apenas la presión suficiente para que se sienta, pero sin mover el preservativo, continúa con los dedos, la boca y la lengua.
            Cuando se le hace evidente que el hombre está a punto del clímax, se detiene. Se tumba en el suelo y abre las piernas sugerente...

El primer encuentro es fugaz y un poco salvaje.
            Él la toma en el suelo, agarra sus senos y glúteos, apretándolos, mientras la penetra cada vez más rápido... Aquello dura apenas lo suficiente para que ella llegue al primer clímax, justo en el momento en que él empieza a eyacular dentro del condón.
            Se tumba a su lado en suelo frío. Intenta iniciar alguna conversación, pero ella lo calla colocando un dedo en su boca... Sonríe, de un bolsillo de la bata saca el sobre de otro condón, lo abre y coloca entre sus labios. Dirige su rostro hacia el miembro que empieza a estar flácido.
            Mientras con su boca y una mano empieza de nuevo a excitar el sexo de su ocasional compañero, lleva sus dedos libres hasta su entrepierna, mojándolos con su propia humedad.
            Introduce primero un único dedo en su ano... Después, cuando el placer sobrepasa al dolor inicial, son dos... Al poco tiempo, cuando el miembro de él se encuentra de nuevo completamente erecto, ella deja de jugar con su boca, se incorpora y, dándole la espalda, se va sentando lentamente sobre éste, dejándolo entrar entre sus glúteos...

Al día siguiente, por la tarde, entre cerveza y cerveza, él cuenta a sus colegas de oficio lo sucedido; hablando de una mujer que bien podría haber  sido modelo de una revista “para caballeros”, enfundada en una bata de fina seda y un sexo de aroma a perfume fino, con escaso vello, que al final, quedó rendida mientras él, caballeroso, la dejaba recostada en su amplia cama entre sábanas de lino...
            Sus amigos ríen y le festejan, pero, en el fondo, saben que lo que escuchan es sólo una historia... El invento de un hombre pequeño que busca mostrarse como un gran macho frente a sus pares... La fantasía de un poder que sabe negado.
            En su casa, enfundada en una bata de baño un poco demasiado grande, con el cabello aún húmedo por la reciente ducha, ella sonríe mientras ojea el listín telefónico... Con un plumón negro tacha el inicio de la sección de “plomeros”.
            Como sucedió antes con los hombres del gas, los electricistas y algunas otras profesiones, la realidad no cumplió con lo que prometían las películas... Aquel pobre hombre hizo su mejor esfuerzo, reconoce, fue tierno y salvaje y la llevó al clímax en una, dos y hasta tres ocasiones...
            Encierra el nombre y teléfono en un círculo rojo para, cuando abra el listín, recordarlo con cariño; como a todos sus otros compañeros ocasionales... Se lleva el plumín a la boca y, mordisqueándolo, sigue pasando las hojas amarillas... Tal vez, se dice, llegó el momento de probar con “técnicos en computadoras”.

Mario Stalin Rodríguez

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lunes, abril 24, 2017

OPORTUNIDAD

Tollán, una noche hace demasiado tiempo.
            Lo ve a la distancia, tambaleándose.
            Seguro es por algún reto estúpido, propio de los varones demasiado ocupados en demostrar quién es el mejor... Pero no es propio de él, del monarca. No, nada propio de quien bajo de los cielos y tomó a los hombres salvajes, les enseñó a sembrar el maíz y a construir templos... No, para nada es propio de los dioses; nada propio de su hermano.
            Su otro hermano lo acompaña. Él se ve entero, no es extraño; siempre ha sido mejor para soportar la bebida... Mucho más divertido, sin la seriedad agotadora del mayor, sin la necesidad de aparentar solemnidad que trae el mando.
            Los ve dirigirse al templo dedicado al mayor.
            A la distancia observa como, entre gritos y risas, su hermano mea sobre las paredes en las que sus súbditos le oran. Mientras su compañero va proporcionándole, cada que lo pide, más bebida.
            Los ve... Y fragua un plan.

Él fue quien bajo al inframundo y robó los huesos de los ancestros para crear la humanidad.
            Él fue quien subió a los cielos y robó el fuego a sus hermanos para regalárselo a los hombres.
            Él es quien gobierna sobre todo y todos.
            Y ella... Ella tiene un plan.

Entra en la casa de él y espera.
            Entre risas del mayor, escucha como su hermano lo deja en la puerta, recomendándole descansar para bajar la embriaguez... El monarca protesta, pero está demasiado alcoholizado para resistirse realmente.
            A oscuras extiende el petate sobre el suelo y se tumba sobre él... Cuando ya casi cae en el sueño reparador, siente como una mano femenina empieza desvestirlo.
            Ella lleva el miembro flácido hasta sus labios y lo introduce en su boca; pronto empieza a llenarse de sangre y crecer... Demasiado embriagado como para controlarse, el hermano mayor eyacula sobre el rostro anónimo... Ella sonríe.
            Besándolo, comparte con él el sabor de su semen.
            Va desvistiéndose a sí misma mientras le acaricia y le besa... Él, ignorante de la identidad de su acompañante y, probablemente, creyendo que es alguna especie de sueño producido por el alcohol, corresponde gustoso a las caricias y besos.
            Tumbado sobre el petate, siente como ella se monta sobre él e introduce su miembro, aún erecto, en el húmedo sexo.
            Ella gime quedamente mientras va de arriba hacia abajo, cada vez más rápido... Él, en medio del sopor alcohólico, cree reconocer la voz femenina, pero no puede precisar bien a quien pertenece.
            Llega al clímax y, en voz alta, grita el nombre de su hermano mientras le abraza... Él por fin reconoce la voz, el cuerpo y el rostro de su hermana... Y eyacula por segunda vez en la noche, en el interior de ella; con mayor placer que la anterior ocasión.
            Se quedan dormidos, exhaustos, uno al lado del otro...

Ella despierta a la mañana siguiente, para encontrar que él se ha marchado.
            No sabe, no puede saberlo, que avergonzado por las acciones de la noche anterior, el monarca se ha marchado abandonando su reino... Mientras recuerda la noche anterior, lleva la mano a su entrepierna y, sonriendo, empieza a masturbarse mientras murmura el nombre de su hermano.

Mario Stalin Rodríguez
Sobre el relato del Mito de Quetzalcoatl contenido en los códices Borgia, Florentino y Matritence, entre otras fuentes.

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domingo, abril 23, 2017

PRINCIPIO DE ENCUENTRO

Que bello cuando me haces así
y besas cada parte de mi.
Que bellos son”...
Sonora Margarita
Que Bello

Va bajando lentamente, besando el pecho, el abdomen, el nacimiento del miembro... Y será que aún hay algo que no acaba de cambiar, pero se detiene.
            Mira el miembro erecto y sonríe... Vuelve a besar el abdomen y el pecho... Será que lo vio en alguna película o será que suena una canción en su mente. Utiliza sus manos para presionar el miembro entre sus senos y empieza a jugar con él.
            Siente las manos, primero renuentes y cada vez más seguras, jugar entre su cabello y, con más sugerencia que fuerza, levantarle hasta que sus labios se encuentran...

Sobra decir que ambos se encuentran sorprendidos por la situación.
            Son jóvenes, bastante jóvenes, por cuestiones legales; digamos que recién por arriba de los 18... Nunca fueron de los más populares, ni en la escuela ni en ningún otro ambiente; no destacaban en los deportes, en lo académico, ni en las cuestiones sociales.
            Tampoco eran de los rechazados; no se sentían desplazados ni discriminados... Eran, simplemente, dos jóvenes ubicados en la cómoda medianía social...

Toma el miembro entre sus manos.
            Se siente cálido y palpitante... Se miran y se incorpora.
            Mientras se besan, las manos van bajando por su espalda y hasta sus glúteos. Los presionan y juegan con ellos... De pronto siente como un dedo húmedo entra… Frunce el seño por la sorpresa y, entre besos, sonríe.

Será tal vez que ninguno de los dos se sentía cómodo en aquella reunión.
            Era, digamos, el fin de curso o algo similar. El resto de los asistentes se encontraban o bien demasiado alcoholizados o bien demasiado drogados para prestarles atención. Algunas parejas de todo tipo habían tomado por asalto la mayoría de los cuartos de la casa de padres ausentes.
            Ellos habían estado platicando y compartiendo tragos, no demasiados; ni siquiera se sentían mareados aún... Para seguir platicando, terminaron sentados en, probablemente, el cuarto paterno; detrás de aquella puerta que el anfitrión había pedido, enfáticamente, que ninguno de los asistentes cruzara.
            Platicaban de sus cosas, de sus parejas, de mujeres que consideraban guapas, de hombres que destacaban en el grupo y etcétera...
            No sabría decir quién tomó la iniciativa, de pronto sus labios se encontraron sobre los labios masculinos y empezaron a despojarse de la ropa... Y las manos de él empezaron a jugar bajo su pantalón, sacando su miembro y llevándolo, él sí, a su boca.

Se incorpora, le da la espalda y empieza, lentamente a sentarse sobre el miembro erecto... El dolor se mezcla con el placer... Entre destellos, mira para abajo y mientras ve su propio miembro erecto y una mano ajena sujetándolo; sonríe.
 (Sí, bueno, normalmente la imagen encabeza le texto, pero por cuestiones obvias, me parecía que colocarla ahí arruinaría un poco la idea del propio texto)
Mario Stalin Rodríguez

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