domingo, octubre 31, 2021

A TODES

 

(Sobre la imagen de Xochiquetzal de la lámina 59 del Códice Borgia)

En épocas como éstas, que se prolongan ya por más de un año y es hasta ahora que vamos viendo no el final de todo, pero sí el cómo recuperar una idea de cotidianidad en nuevos escenarios; se impone la memoria.

            La memoria necia, la que recuerda a quienes se fueron y les hace presentes y compañeres... La memoria que es lágrimas y alegrías; la que trae consigo las risas y pesares compartidos, los pasos cómplices que hoy caminamos dejando sus huellas con nuestros pies.

            La memoria que es música; las canciones que al escucharlas es un poco como recibir un abrazo que pone cálido el corazón.

            La memoria; la que nos ayuda a permanecer, caminar y cambiar... Que es la mejor forma de ser coherentes.

            Y recibimos, entonces, a quienes caminan ya en la memoria, es decir; a nuestro lado.

 

A mi madre, siempre a mi madre; que me enseñó y nos enseñó que caminar el mundo es cambiar el mundo cuando lo hacemos juntes y solidaries, cuando los pasos de todes son nuestros pasos.

A la familia, a la que nos unió más que la sangre, la elección y el cariño... La que es un poco como el té de canela en una tarde fría o unos tamales preparados en comunidad; una charla interminable y un jerez de origen incierto, pero que sabe a cariño.

A les compañeres y amigues, quienes son piezas del complejísimo rompecabezas que somos todes. Con quienes compartimos caminos y distancias y cuya mirada es parte de la forma en que apreciamos el horizonte.

A quienes sin conocerles fueron y son también el camino que caminamos... Aquelles cuyas caras nunca conocimos ni cantamos sus canciones con sus voces, pero fueron y son sus pasos, nuestros pasos.

A quienes se marcharon por una enfermedad que no entendíamos y cuya ausencia debería ser lección para el mejor mañana, no botín político de quienes sólo buscan alimentarse de tragedias que nunca son las suyas.

Y a tantes otres; a todes les otres... A todas y todos que, en distintos momentos y circunstancias, son también el nosotres mismes.

 

Mario Stalin Rodríguez

Noviembre de 2021

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miércoles, octubre 27, 2021

RECUPERAR LA CALLE

 

Decía Leopoldo Valiñas que las lenguas y las culturas mueren conformen van abandonando los espacios públicos y se adentran, cada vez más, en los privados...

“Va de la calle a la casa, de la casa a la recámara y de la recamara ya no sale. Ahora, no se trata de recuperar la recámara. No, de lo que se trata es de sacarla a la calle. Sacarla de la casa”

            En esta lógica, los idiomas y las tradiciones se van perdiendo conforme menos gente les practica, les actúa y les actualiza... Conforme se enquistan y se transforman en meros objetos de estudio, fijándoles eternamente en una única forma.

 

El Día de Muertos, por ejemplo, ha corrido por mucho tiempo el riesgo de transformarse en un mero objeto de aparador; una práctica meramente ornamental que, alejada de sus raíces, se repetiría eternamente una única forma eternamente vacía.

            A ello han contribuido tanto la mala práctica académica, que limitaba el estudio de la festividad a una visión museográfica, olvidando que las tradiciones están vivas y se transforman, conforme la sociedad que las actúa está viva y se transforma (visión que, afortunadamente, empieza a ser desterrada, no sin resistencia, de ciertos ámbitos especializados), como les puristas de la cultura.

            Estes últimes son aquellas personas, no necesariamente limitas a los ámbitos académicos, aunque predominantes en estos, que ven cualquier cambio en una tradición como una especie de “traición” a lo que siempre han considerado como inmutable.

            Un buen ejemplo del cómo actúan les puristas, es la reacción que, año con año, tienen ante el llamado “Desfile del Día de Muertos”, instituido recién en 2015, argumentando que éste tiene su origen “en una película de Hollywood”.

 

Al margen de lo reduccionista que es creer que un director se inventó de la nada la práctica que refleja en las primeras secuencias de una película. La postura de estes  IntelectualmenteSuperiores obvia, cualquiera diría que intencionalmente, la existencia de cosas como “El Desfile de Alebrijes Monumentales” (que se realiza desde 2007), la instalación del Tzompantli monumental en el Zócalo (que data de la administración de Cuauhtémoc Cárdenas al frente del gobierno de la Ciudad de México), la Procesión de las Putas que celebran las trabajadoras sexuales de la Merced desde los 70 del siglo pasado, los desfiles de Catrinas que se realizan en Xochimilco y distintas regiones de Oaxaca al menos desde los 40 del mismo siglo y otra multitud de festividades asociadas al día de muertos y que consisten gente disfrazada paseando por los espacios públicos de la Huasteca, las costas de Guerrero, la zona maya y un etcétera tan largo como un brazo.

            Al final e independientemente de su origen, es decir; incluso si efectivamente u inspiración estuviera en las primeras secuencias de una película, actos como el desfile del Día de Muertos (o la marcha de los diablos negros, o la procesión de las putas, o el desfile de las Catrinas o cualquier etcétera) sacan la festividad de la casa y los panteones y la llevan a la calle. Es tomar, apropiar y resignificar el espacio público y hacer comunidad en éste; manteniendo viva la tradición y la sociedad que la practica.

            En el fondo, posturas como la de “el desfile de Día De Muertos lo inventó una película De Hollywood” sólo reflejan la resistencia a que una tradición que consideraban inmutable siga viva y cambie, conforme la sociedad que la actúa sigue viva y cambia... Porque los puristas no quieren tradiciones vivas, sino objetos para presumir en vitrinas.

 

Mario Stalin Rodríguez.

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jueves, octubre 21, 2021

BESTIAS ONÍRICAS

Las tradiciones cambian y, sólo así, permanecen coherentes. Nuevas formas de vivir la cultura surgen y nuevos símbolos son apropiados, integrados a las costumbres y asimilados en la cultura.

            Así como la Catrina surge hacia finales del siglo XIX, otras de las figuras icónicas y fuertemente ligadas a la concepción del Día de Muertos tal como se conoce y practica hoy en día, tienen también orígenes muy recientes y ligadas a la obra del grabador José Guadalupe Posadas y del pintor Diego Rivera (porque la cultura se nutre a sí misma).

 

Los alebrijes fueron creados por un artesano de condición poco menos que precaria.

            Si bien de ascendencia indígena (como la mayoría de les mexicanes), Pedro Linares no se autoidentificaba como perteneciente a ningún pueblo originario. Nacido en la ciudad de México a principio del siglo XX, aprendió el oficio familiar de la cartonería y de éste sobrevivía con privaciones y bordeando siempre en la miseria, elaborando los tradicionales ”Judas” para la Semana Santa, adornos de papel maché, piñatas y calaveras basadas en la obra caricaturística de José Guadalupe Posadas.

            Esto fue así hasta 1936, año en que empezó a vender sus alebrijes, los que llegaron a cautivar al propio Diego Rivera, quien pronto los incorporó a sus obras, catapultando la fama de su creador.

            La historia de la creación de sus “alebrijes” fue cambiando conforme su fama crecía. En un principio sólo decía que estos animales fantásticos se le habían aparecido en sueños y que de ahí había tomado la idea. Tiempo después, cuando la promoción que de su obra hicieron las personas cercanas a Diego Rivera empezó a rendir sus frutos, añadió que estos sueños se dieron durante un periodo de postración debido a una fuerte fiebre provocada por una enfermedad que, debido a su condición humilde, no pudo ser tratada o diagnosticada.

            Tras su muerte en 1992, la familia agregó un episodio más al mito; contando que aquella enfermedad en 1936, de hecho, llevó a Linares al borde la muerte. Tanto que es en medio de su velorio que éste recupera la conciencia saliendo del ataúd en el que estaba, repitiendo la misma palabra que, según su adornado relato, le repetían estos animales fantásticos en su sueño; “alebrije”.

 

Al margen de las licencias creativas con las que se ha adornado el relato de origen de estas bestias oníricas, lo cierto es que muy pronto estas quimeras son apropiadas no sólo por Linares o sus cercanes, sino por múltiples artesanes, quienes enriquecen y diversifican sus formas y coloridos.

            Aunque originalmente el adorno de las figuras de cartonería se basaba mucho en los coloridos diseños de, por ejemplo, les artesanes huicholes, actualmente es mucho más común encontrarles con motivos estéticos zapotecas.

            Además de que los materiales han variado, pasando de la cartonería a la talla de madera, característica de los pueblos indígenas del valle central de Oaxaca.

            De hecho, en la actualidad y gracias a un decreto de denominación de origen, sólo pueden ser llamados “alebrijes” las creaciones provenientes de estos pueblos y la cartonería elaborada por la familia de Pedro Linares o aquelles a quienes les conceden permiso (como les creadores participantes en el desfile anual de “alebrijes monumentales” que se realiza en temporada de muertos en la ciudad de México desde 2007).

 

La cultura es colectiva, las tradiciones hacen comunidad y es la comunidad, en colectivo, quien las mantiene, enriquece y nutre... Así, más allá de su creación individual, los alebrijes fueron apropiados por la comunidad para enriquecer las tradiciones colectivas.

 

Mario Stalin Rodríguez

Asesor Educativo

Museo Nacional de Antropología

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miércoles, octubre 13, 2021

GARBANCERA

 


La cultura es un ente vivo que va cambiando y evolucionando conforme las sociedades en las que se produce la producen cambian y ecolucionan. Las tradiciones son permeables y, conforme la sociedad que las vive entra en contacto con otras sociedades y culturas, mutan, cambian, se enriquecen y permanecen.

            El Día de Muertos es un excelente ejemplo de esto, no sólo por ser el producto de un sincretismo entre las diversas cosmovisiones precolombinas y la europea, sino por la forma en que a la festividad se integran factores de orígenes asiático, africano y hasta árabe. Y, sobre todo, por el cómo, conforme le tiempo ha pasado, se han ido integrando a la festividad nuevos elementos.

            La Catrina, figura de una mujer descarnada y ataviada con ropajes elegantes, tiene su origen hacia finales del siglo XIX (1873), con el grabado “Calavera Garbancera” de José Guadalupe Posadas, aparecido en “El Hijo del Ahuizote”, periódico satírico ligado al bando liberal, con el que ilustraba una de sus “calaveras literarias” (versos que hacían mofa de figuras públicas, políticas y de la sociedad en general).

            El término “garbancera” hacía referencia las personas que, negando su pertenencia a las clases populares y sus orígenes mestizos o indígenas, se comportaban como si pertenecieran a la clase acomodada de origen europeo, despreciando y discriminando al “populacho” y “la indiada”.

            Éstas eran identificadas con les comerciantes de garbanzo, de ahí el término, que pretendían un nivel de vida al cual eran ajenes, muchas veces endeudándose más allá de sus posibilidades para poder asistir a los divertimentos y eventos sociales de la clase alta (“que al cine van a gozar, vendiendo hasta las cucharas, y se embadurnan las caras porque pretenden gustar”).

            La identificación de la imagen, originalmente sólo el cráneo y busto descarnados sin más vestimenta que un sombrero de plumas, como “Catrina” (en alusión a quienes vestían de manera muy “elegante” y pretensiosa, muchas veces con ropa de segunda mano o adquirida en los saldos –“Hay unas gatas ingratas, muy llenas de presunción y maltreras como ratas, que compran joyas baratas en las ventas de ocasión”-) viene, justamente, de uno de los versos (de autoría anónima, pero probablemente del mismo Posadas) que acompañaban a la ilustración:

 

Las pulidas Carolinas

que se van a platicar

en la tienda y las esquinas,

y se la echan de Catrinas

porque se saben peinar”.

(“Calavera Garbancera” de José Guadalupe Posadas)

  

(En terminología moderna, las personas “garbanceras” o “catrinas” podrían identificarse como “fifís”, “whitexicans” o “aspiracionistas”, cumpliendo con todas las características propias de la categoría, salvo que en lugar de comerciar con garbanzos, hacen “emprendimientos”).

 

Si bien ésta y otras calaveras que Posadas y varios artistas más hicieron para ilustrar estos versos satíricos en “El Hijo del Ahuizote” y otros periódicos “de combate” contra los gobiernos conservadores de Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz, se integraron a la iconografía del Día de Muertos de forma muy temprana, es hasta muy entrado el siglo XX que el muralista Diego Rivera diera la apariencia definitiva de cuerpo completo al personaje.

            En “Sueño de una tarde de Domingo en la Alameda” (inaugurado en 1947) el artista muestra la figura ricamente ataviada a la usanza europea del siglo XIX y acompañada de una estola de plumas con forma de serpiente, en alusión a Quetzalcoatl. En palabras del propio autor, la idea era retratar en esta figura y les personajes que la acompañan, la constante contradicción y enorme variedad que representaba la “identidad mexicana” con sus múltiples raíces multicontinentales y pluriculturales.

(“Tarde de Domingo en la Alameda”, fragmento, de Diego Rivera)

            Es hasta mucho después (y en parte también por declaraciones del propio Rivera sobre sus “fuentes de inspiración”) que la personaje empieza a ser relacionada los mismo con deidades y figuras míticas precolombinas, como las cihuateteos (mujeres guerreras descarnadas) o Mictecacíhuatl (deidad femenina de la muerte, identificada como la “esposa” o advocación femenina de Mictlantecútli) que con la personificación antropomorfa de La Muerte en la visión occidental.

 

Finalmente, la historia de la Catrina es, también, la historia de la festividad del Día de Muertos; la forma en que la memoria cambia, evoluciona y se enriquece con nuevos elementos, para permanecer.

(“Tarde Domingo en la ciudad de México”, imagen mural que ilustró la ofrenda del Departamento de Comunicación Educativa del Museo Nacional de Antropología en 2009)

 

Mario Stalin Rodríguez

Asesor Educativo

Museo Nacional de Antropología

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miércoles, octubre 06, 2021

Game Jam - Día de Muertos

 Tengo yo algunos pendientes, pero la verdad es que no he podido atenderlos debidamente porque ciertas ocupaciones han consumido casi todo mi tiempo, para ser específicos; estas ocupaciones:

Que se ha organizado entre el Museo Nacional de Antropología (donde, como algunes sabrán, trabajo), el Centro de Cultura Digital y Capital-C (empresa de videojuegos radicada en Morelia)... Como pueden ver, aunque las charlas introductorias ya han empezado*, el registro a la actividad sigue abierto para quien esté interesade.

Espero, francamente, liberar tiempo a partir de la siguiente semana para evitar colgar la repetitiva imagen de "problemas técnicos", pero tampoco puedo prometer nada.

*Las charlas puede seguirse a través del Tubo y Librocara del Laboratorio de Juegos del CCD, o a través del Librocara de Capital - C. Aunque estoy al pendiente de todo el desarrollo todos los días, mi charla se realizará el día Viernes.

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