jueves, enero 29, 2026

Mientras el Mundo Gira

 Pues sí, personas, el mundo parece apresurarse al precipicio... O bueno, más concretamente, ciertos grupos y sus personeres fascistas (en particular uno de tonos anaranjados) parecen empeñades en apresurar al mundo al precipicio... Y mientras nosotres encontramos las formas de evitarlo, sigamos construyendo nuestras felicidades y celebrando lo que celebrar podamos.

Así que...

ESTE 16 DE FEBRERO


(Primer día hábil después de San Va Lentín)

Próximamente, como dice ahí, más detalles.

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miércoles, enero 21, 2026

Los Falsificadores de la Democracia 71

 LUTO

Los nombres de un aniversario

 El pasado Martes 20 de Enero se cumplió el primer año del segundo mandato de Donad Trump en Estados Unidos y el mundo, Estados Unidos y hasta él mismo tienen poco que celebrar.

            A pesar de sus alharacas triunfalistas en las que se precia de haber cambiado el nombre del Golfo de México por otro que ya ni en su administración emplean o de haber rebautizado a la Secretaría de Defensa como “de Guerra” en un desplante que es una confesión freudiana de manual, el primer año de su mandato tiene otros nombres, incluso para él.

            En Estados Unidos el aniversario trumpista tiene el nombre de Renee Good, la madre poeta muerta por la bala de un agente del ICE por el único crimen de protestar contra las prácticas fascistas que esta agencia ha implementado. En las metrópolis del imperio  la indignación por este asesinato se suma a la ya existente por el desastre económico que ha significado su errática administración, en donde el único beneficiado parece ser él mismo, ni siquiera la oligarquía financiera que con tanto entusiasmo le apoyaba y que ahora le ve con recelo, como lo demuestra la reticencia de las petroleras a acompañarle en su aventura venezolana.

            En América Latina el aniversario trumpista tiene el nombre de Nicolas Maduro y Celia Flores, secuestrados ilegalmente en una “operación quirúrgica” que costó la vida de decenas de civiles inocentes en Venezuela... Y todo para apropiarse de la riqueza petrolera del país sudamericano, según han reconocido él mismo y otras personas de su gabinete. Aunque las propias petroleras estadounidenses, a las que pretendía beneficiar, ven a Trump y su administración como el principal riesgo de invertir en Venezuela.

            Y no, en todo esto el nombre de la humillada María Corina ni siquiera figura como nota al píe en el aniversario Trumpista, con todo y que corrió a ofrecerle un devaluadísimo “Nobel de la Paz” en cuanto fue descartada como inútil por el propio Trump.

            En Europa, justamente, el aniversario Trumpista no lleva el nombre del Nobel, sino el de Dinamarca, territorio que le ha demostrado a las elites políticas del viejo continente que de poco valen para Trump la sumisión y el entreguismo, porque entre más se arrastren, más abajo les exigirá llegar.

            En la orbe toda el aniversario trumpista lleva el nombre de Gaza y del genocidio que con su complicidad, y la de las anteriores administraciones demócratas o republicanas, sigue perpetuando en las tierras de Palestina el artificial Estado terrorista de Israel, llegando a la ignominia de inventarse una “Junta de Paz” que hasta el momento suma más rechazos y “después te digo” que aceptaciones para pagar los mil millones de dólares que pretende cobrar (y que Milei, obviamente, pagó gustosísimo del dinero que la propia administración de Trump le prestó al gobierno argentino).

            Y en su propia administración y círculos cercanos, e incluso para él mismo, el aniversario trumpista tiene el nombre de Jeffrey Epstein y el temor de que la muy postergada revelación de los archivos legales del proceso que se le siguió al fallecido pederasta, terminara por demostrar lo que ya es un secreto a voces; la complicidad de Trump con la red de explotación sexual infantil que encabezara el neoyorkino.

            A pesar de todas las alharacas, desplantes triunfalistas y desastres interiores o exteriores que ha montado para distraer la atención del público estadounidense de este escándalo y su desastrosa administración, desastres que, por supuesto, le han sido útiles al grupo hegemónico que le impulsó a la presidencia y le aplaude sus alharacas mientras les sea útil, el aniversario trumpista también tiene el nombre de elecciones intermedias y el riesgo nada lejano de perder la de por si endeble mayoría de la que goza en el congreso.

            Estos son los nombres del aniversario trumpista y son, también, los peligros del porvenir, principalmente porque la estrategia trumpista ante todo, ante absolutamente todo esto, ha sido crear aún más peligros y llevar sus desplantes asesinos a nuevos territorios en cualquier parte del mundo (con México y Colombia como objetivos ya anunciados) e incluso dentro de su propio territorio (como ya lo ha demostrado en Minnesota).

            Y es por eso que el mejor regalo que Estados Unidos podría darle al mundo y al propio Estados Unidos en este aniversario trumpista, es votar un congreso que ponga freno a los desplantes narcisistas del fascista naranja.

 

Mario Stalin Rodríguez

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jueves, enero 15, 2026

CON PERDÓN

 Y bueno, hoy tocaba actualizar y debía ser sobre un tema muy específico y evidente... Pero la verdad es que me distraje entre asuntos familiares y preparando cosos...


Así que 

VAMOS A DEJAR ESTO POR AQUÍ

Y nos leemos la próxima semana.

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jueves, enero 08, 2026

Los Falsificadores de la Democracia 70

 HERRAMIENTAS


De inicios y continuidades

Ante todo conviene dejar perfectamente en claro que no es Trump; es el imperio.

            Lo ocurrido en los primero días del año en Venezuela no es responsabilidad única del idiota naranja que gobierna en Estados Unidos. Aunque es cierto que su pueril megalomanía exhibicionista facilitó la implementación extrema del intervencionismo, el secuestro entre bombardeos asesinos del Presidente Maduro en Venezuela no es un acto que haya salido de su enferma mente, sino la materialización de la desesperación de los intereses hegemónicos de Occidente.

            Ante el crecimiento de potencias emergentes como China y la pérdida de influencia política de Estados Unidos entre los países del Sur político, Trump es sólo la herramienta visible con la que el poder hegemónico en Occidente pretende retomar un “liderazgo” que siempre fue endeble y cada vez se torna más irreal.

            Y esta estrategia tiene otras herramientas, algunas tan o más psicópatas que el imbécil naranja de la Casa Blanca, como el criminal genocida estado ficticio de Israel, y otras más sutiles, pero igualmente despreciables, como el discurso mediático que pretende blanquear y legitimar las acciones de los brazos armados del imperialismo.

            De ahí la insistencia de llamar “guerra” a lo que es claramente una ocupación genocida en las tierras de Palestina... O en llamar “captura” y “proceso legal” al secuestro de Nicolás Maduro y Celia Flores y el ilegal show que pretenden llamar “juicio”, en el que el primer acto fue desaparecer la acusación de “liderar el cartel de los Soles”, por la que supuestamente se les perseguía y que utilizaron para justificar el ataque con bombas en suelo venezolano, que costó la vida de decenas de civiles inocentes.

            En esta lógica la estrategia del decadente imperialismo emplea también herramientas desechables. El inflar mediáticamente a la fascista María Corina Machado, llegando hasta el otorgamiento del devaluadísimo Nobel de la Paz, les sirvió para justificar las acciones emprendidas el 3 de Enero; una vez cumplida esta tarea, han reconocido que su figura en realidad nunca tuvo ningún tipo apoyo popular dentro de Venezuela y le han descartado definitivamente para jugar algún papel en el futuro político del país sudamericano.

            Y el mismo destino en el basurero de la historia, no se dude, tendrán otras figuras como Milei, Bukele, Noboa, Kats y un largo etcétera latinoamericano, quienes una vez que cumplan  con los objetivos que se les asignaron, serán desechades por el mismo imperialismo al que sirven tan alegremente.

 

Este es el escenario en el que sucede la invasión asesina de Estados Unidos a Venezuela... Y no, esta estrategia no termina con el ilegal secuestro de Maduro ni es éste el inicio de algo, sino la continuidad del mismo intervencionismo imperialista, ahora en una fase abiertamente armada.

            Y el psicópata sistema tardo-capitalista y su psicópata testaferro naranja no se detendrán tras bombardear Caracas o asesinar pescadores inocentes en mar abierto, su estrategia sigue en marcha y sus herramientas continúan operando abierta o sutilmente en todos los escenarios del Sur político.

            Y es menester identificar a quienes pretenden blanquear o justificar el actuar del imperio, ya sea por abierta idiotez o mendas colaboracionismo, como lo que son; herramientas del imperio, porque éste ya ha demostrado estar dispuesto a derramar toda la sangre inocente que le sea posible con tal de mantener su psicópata hegemonía.

 

Mario Stalin Rodríguez

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jueves, diciembre 11, 2025

Quien avisa no traiciona

 Pues este Viernes 12 inicia el llamado "Maratón Guadalupe - Reyes" y no es que sea yo un entusiasta participante de este, pero, oigan, parece buena excusa para anunciar que me tomo un breve descanso invernal de estos bites para dedicarme a atender asuntos relacionados al cambio de calendario en ciertas comunidades, las minas de sal y, en general, el mundo palpable, así que...


Y como diría alguien más, "regresaré sólo por tres razones" y mientras cualquiera de estas no suceda; nos vemos en Enero...

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jueves, diciembre 04, 2025

Los museos como discursos

Texto aparecido en el número 4 de la revista "Quiote" que retomo ahora por la aparición de "Grandeza" de Andrés Manuel López Obrador...

 IDENTIDADES


De su Construcción e Imposición

“Yo sólo soy memoria y la memoria que de mí se tenga”

Elena Garro

Los Recuerdos del Porvenir

 

¿Qué es un museo? ¿Cuál es su función?

            Más allá de formalismos que dividen los museos en tecnológicos, de arte, de historia, de objeto, interactivos o bajo cualquier otro criterio taxonómico, los museos son, sobre todo, discursos. Son lo que plantean y lo que de esto apropiamos como individues o como sociedad.

            En este sentido y si Marx tenía razón, los museos forman parte del aparataje supraestructural con el que un orden social, establecido o emergente, se justifica ideológicamente a sí mismo.

            Lo anterior es cierto ya sea que hablemos de macromuseos como el Louvre o el Hermitage, creados a partir de las colecciones que las rancias noblezas de Francia y Rusia dejaron tras de sí y acrecentados, sobre todo el primero, a partir del expolio imperialista que las potencias europeas hicieron en los territorios colonizados (aunque de esto es el Museo Británico el mayor exponente).

            Como también es cierto cuando hablamos de, y sobre todo si hablamos de, los museos nacionales de México.

 

El discurso nacional-vasconcelista

El embrión de lo que sería el primer Museo Nacional se encuentra aún en tiempos del virreinato y tiene más que ver con una serie de descubrimientos accidentales y decisiones obligadas por las circunstancias, que con la intención explícita de crear un espacio museográfico con un discurso específico.

            Durante los últimos tiempos de la colonia y los regímenes postindependentistas del siglo XIX, el convulso ambiente político y los constantes conflictos armados marcaran el destino de las colecciones, con el uso como blanco de tiro que las tropas estadounidenses dieron a la Piedra del Sol (ubicada entonces a los pies del campanario de la Catedral Metropolitana) durante la intervención de 1846-48 y el saqueo hormiga de vestigios históricos que Maximiliano y su camarilla practicaron durante el gobierno del austriaco (1864-67), como ejemplos extremos de esto.

            Es hasta el periodo conocido como República Restaurada que el Museo Nacional toma una forma y sentido claros, con la intención de reivindicar un no demasiado preciso “pasado glorioso” indígena y una linealidad histórica ininterrumpida desde la Colonia, pasando por la Independencia y hasta el Porfiriato, presentando a éste último como el único heredero real y lógico de toda esta grandeza pasada y las “heroicas gestas” que dieron forma al México de ese entonces.

            Es decir; más que la mera exhibición y resguardo de los vestigios arqueológicos e históricos, el museo del palacete de Moneda contaba una historia, sí, pero sobre todo escogía qué partes de esa historia contar.

            La llegada de la Revolución y los regímenes de ésta emanados lejos de cambiar este reduccionista discurso, lo acrecentaron y subrayaron, sobre todo a partir de la adopción del canon vasconcelista a partir del inicio de los años 20 del siglo pasado; la Revolución no cambió el discurso del Museo Nacional, sólo la identidad de quienes lo emitían y la naturaleza del régimen que justificaba.

            De corte protofascista el vansconcelismo pretendía crear una única versión de la historia e identidad mexicanas. Una nación de “raíces indígenas” (sólo algunas y muy escogidas) y europeas (la mayoría) que se encaminaba a la modernidad homogénea de “la raza cósmica”, donde el abanico multiétnico era reducido a meras expresiones de exotismo regional y los idiomas indígenas sólo “dialectos” destinados al olvido.

            Negando en este discurso, además, la existencia y las contribuciones que trajeron consigo las personas que llegaron esclavizadas desde África y las de otras comunidades migrantes de Asia y el Medio Oriente, como la china y la libanesa entre varias más.

            Con variaciones mínimas esta es la narrativa que se mantiene cuando la colección del Museo Nacional se parte en los acervos “de Historia” (a partir de la Conquista) y “de Antropología y Etnografía” (vestigios arqueológicos y creaciones de las pueblos indígenas), destinando la primera al castillo de Chapultepec durante el cardenismo y la posterior creación de los museos nacionales del Virreinato (1964) y de las Intervenciones (1981) y, principalmente, con la mudanza de las colecciones antropológica y etnográfica al recinto creado por Pedro Ramírez Vázquez en Chapultepec (también en 1964).

            El discurso vasconcelista se presenta en el nuevo espacio museográfico no sólo en la columna del “Paraguas” del patio central del edificio, creada por los hermanos Chávez Morado sobre un guion y conceptos de Jaime Torres Bodet, sino también en el acomodo y museografía de las salas de exhibición.

            Las salas de arqueología se fundamentan en el concepto de Mesoamérica y, de hecho, abren con una sala específicamente dedicada a “explicar”  y fijar este concepto, según el cual las culturas y civilizaciones precolombinas podían explicarse desde reducciones teóricas “comunes” a todas ellas.

            Las lagunas y conflictos propios de este concepto son tales que han producido un debate bastante acalorado ya en los 60 y 70 del siglo pasado, en el que se ha ocupado tal cantidad de publicaciones que sería imposible siquiera empezar a esbozarlo en estos párrafos.

            Por su parte las salas de etnografía del piso superior se crean “para resguardar y dar testimonio de las creaciones materiales de los pueblos indios EN CAMINO A DESAPARECER” según se registra en el proyecto original de la creación del museo.

            Esto es; las comunidades indígenas no eran vistas como sociedades vivas, cambiantes y dinámicas, sino como remanentes de un pasado idólatra y barbárico. Sus manifestaciones culturales son, entonces, sólo exotismos que vender a los turistas mientras les individues que las crean van abandonado sus costumbres y “dialectos” para ser absorvides por la homogeneidad de la modernidad.

            En esta lógica la “identidad” nacional e indígena que presentaban las colecciones del Museo Nacional de Antropología, eran constructos artificiales creados en los salones del poder por una academia blanca, pensados para dar una explicación ad hoc que justificara el orden social imperante y que sólo tocaban tangencialmente las complejidades del pasado precolombino y las dinámicas de las comunidades indígenas reales.

            Pero, si Marx tenía razón, todo orden social establecido conlleva per se sus propias contradicciones... Y es en estas contradicciones donde se gestan y crecen sus contrapartes.

 

Los contradiscursos

Lejos de “desaparecer” las comunidades indígenas protagonizaron durante los 60 y 70 del siglo pasado múltiples movimientos sociales reivindicando sus derechos sobre sus territorios y destinos, con ejemplos como los levantamientos magisteriales-guerrilleros de Cabañas y Vázquez.

            Incluso el exotismo para turistas al que el discurso oficial relegaba las creaciones y manifestaciones culturales de estas comunidades, permitió en alguna medida el mantener y arraigar un cierto sentimiento de identidad y pertenencia entre les individues de las mismas, reivindicando sus derechos culturales, entre estos el derecho a hablar y ser educades en sus propios idiomas.

            Entre 1963 y 1993 (y no con pocas resistencias desde el oficialismo y la academia blanca), múltiples proyectos de educación en idiomas indígenas son impulsados y abrazados por las comunidades. Si bien estos proyectos siempre fueron limitados por la corrupción imperante en todos los aparatajes estatales de los regímenes del PRI y por el racismo imperante entre las autoridades educativas encargadas de su implementación.

            En 1994 el levantamiento zapatista en Chiapas lleva el tema indígena al centro de la agenda nacional, obligando a modificar, con su presencia y reivindicaciones, muchas dinámicas sociales y hasta los propios discursos de las instituciones oficiales.

            Tal vez el primer signo de este cambio en el Museo Nacional de Antropología fue la aparición, discreta, de muñecas de trapo con el rostro cubierto por un pasamontañas en una pequeña vitrina de la sala de “Mayas de la Montaña” en la sección de etnografía.

            Ya en el año 2000 se da una gran restructuración del contenido del museo, eliminando la sala de “Mesoamérica” y alejando (si bien no completamente) el discurso museográfico de este concepto, haciendo hincapié ya no tanto en los reduccionismos “unificadores” entre todas las culturas y civilizaciones precolombinas, sino en las dinámicas propias de cada grupo y región geográfica.

            Porque, si Marx tenía razón, las condiciones materiales marcan los desarrollos de las sociedades; es absurdamente simplista pretender homologar los desarrollos de las civilizaciones precolombinas en regiones tan diversas y con recursos naturales tan distintos como, por ejemplo, las costas del Golfo de México y las regiones semiáridas o completamente desérticas del Norte y Occidente.

            Y si bien este cambio discursivo no fue tan notorio en la sección de etnografía, en donde las colecciones exhibidas permanecieron prácticamente sin cambios, manteniendo la omisión sobre la historia y dinámicas de muchas colectividades, como la afromexicana, incluso en las salas dedicadas a las regiones donde su presencia cotidiana era más que notoria como las de las costas del Golfo de México o a la región de la Costa Chica comprendida entre Guerrero y Oaxaca.

            Sí hay una modificación en los cedularios de estas salas, en los que, por ejemplo, se empieza a imponer el uso de los etnónimos de autoidentificación en su idioma original, por sobre los nahualismos y castellanizaciones imperantes hasta ese entonces (v.b. preferir el empleo de “wixarica” por sobre el peyorativo “huichol”).

            Poco a poco, conforme los movimientos indígenas de diversas naturalezas (no sólo el zapatismo, pero en buena medida gracias al zapatismo) iban conquistando espacios en la agenda pública y el debate político del país, aunado a la consolidación de generaciones de académiques indígenas que se instalaban en la academia especializada (llegando a hacerse cargo de la curaduría de varias de las salas de etnografía del museo), los cambios del cedulario se tradujeron en cambios en las exposiciones y el sentido que a éstas se les daba.

            Hasta que, empezando durante la pandemia de 2020-21, entre 2024 y este 2025 se concluyó una remodelación completa de las salas de etnografía, fruto no sólo de un debate académico, sino de un proceso amplio de consulta y diálogo con representantes de diversos movimientos y comunidades indígenas y afromexicanas.

            El renovado discurso museográfico se centra no ya en presentar las manifestaciones y creaciones culturales de cada pueblo como objetos en una vitrina, inmutables al paso del tiempo y los cambios sociales, sino como procesos dinámicos de pueblos y culturas vivas que van cambiando, conforme cambian las sociedades que les practican y crean.

            No ya una identidad que tiende a la homogenización, sino identidades diversas que se nutren de los contactos entre sí para mantenerse coherentes y diversas.

            Si Marx tenía razón, así también se construyen las identidades y los discursos que las reflejan; cuando a un aparataje supraestructural establecido se le oponen narrativas emergentes y logran imponer aspectos de la realidad hasta entonces inadvertidamente omitidos o intencionalmente borrados.

            Obviamente ninguno de estos cambios es, de suyo, suficiente y concluido. Si Marx tenía razón, en una sociedad dinámica los discursos de los museos deberán seguir cambiando conforme va cambiando la sociedad en la que se inscriben.

 

Mario Stalin Rodríguez
Asesor Educativo
Museo Nacional de Antropología

"Grandeza" de Andrés Manuel López Obrador es. entonces, no sólo un libro de historia, sino un contradiscurso emergente entre otros muchos contradiscursos emergentes que se oponen al aparataje supraestructural imperante y como tal debe ser entendido.

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jueves, noviembre 27, 2025

LA CRUZADA DEL CASCARUDO

Sobre la representación de Ceridwen, deidad de la lengua y la transformación, en la mitología celta.
Los cascarudos aparecen originalmente en el "El Eternauta" de Héctor Germán Oesterheld*.

La gota que derramó el vaso fue cuando vio escrito “fiestas decembrinas”, dos simples palabras que terminaron por derribar su visión del mundo y, con ello, su tranquilidad.

            Podría ser que a él también el que dos simples palabras le causaran tan efecto le parecería absurdo, pero no llegó siquiera a formar ese pensamientos cuando desde el casco electrónico que él y los otros cascarudos portaban, le dictaron que no eran sólo dos simples palabras, sino un síntoma de todo aquello que le causaba cierto desasosiego... Y, como siempre, el mismo casco electrónico le dictó  que aquello era su propio pensamiento y no algo que le dictaban.

            Pasaba desde ya hace algún tiempo cuando se enfrentaba a casi cualquier cosa que saliera de los dictados del casco electrónico y que implicaba algún cambio al estado de las cosas; que el casco electrónico le dictaba a él y a los otros cascarudos que se sintieran incómodos ante el cambio y que aquella incomodidad era, por supuesto, suya propia y no un dictado del casco electrónico.

            Así que el cascarudo tomó su arma, una edición vieja del diccionario de la RAE (una anterior al cambio de “mujer” por "persona" en la 5ª acepción de “fácil”, porque el cambio, le dictaba el casco electrónico, le causaba intranquilidad), y emprendió una cruzada para recuperar aquello que el casco electrónico le dictaba que era su tranquilidad y visión del mundo.

            Y lo hizo, por supuesto, desde la pantalla de su teléfono... Porque el casco electrónico le dictaba que no necesitaba saber nada del mundo, salvo aquello que el caso electrónico le dictaba que viera en la pantalla de su teléfono.

            Su primer objetivo sería, obviamente, quien fuera que había escrito aquel “fiestas decembrinas”... Porque el cambio, le dictaba el casco electrónico, era peligroso... No para él, no para los otros cascarudos, sino para voz detrás de los dictados del casco electrónico.

Mario Stalin Rodríguez

*Elijo a Ceridwen por sobre otras deidades relacionadas al lenguaje, aunque ni ella ni ninguna otra aparecen en el relato, porque me pareció interesante que dentro de sus atributos estuviera también el cambio y la transformación, porque la lengua es, justamente, cambio y transformación.
Los cascarudos, por su parte, me parecen una metáfora excelente sobre huestes golpeadoras decerebradas que actúan sólo bajo las órdenes de un poder externo... Que tal era su función en la obra de Oesterheld, según declaraciones del propio autor antes de que fuera desaparecido por los cascarudos reales de la muy real dictadura de Argentina.

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