SEXTIEMBRE 2026 - LA RECOPILACIÓN
Pues ya se ha acabado Septiembre y con éste, obviamente, el Sextiembre... Pero aún queda un pequeño asunto pendiente:
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Pues ya se ha acabado Septiembre y con éste, obviamente, el Sextiembre... Pero aún queda un pequeño asunto pendiente:
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Pues venga, última tirada de dados del Sextiembre de este año y el resultado es
TARDE LIBRE
Se
estira en el sofá y disfruta del silencio un poco más antes de encender el
ventilador... Nunca creyó llegar a agradecer el tráfico de esta ciudad, incluso
hoy cuando estaba atorada en el tráfico sólo podía maldecir una y otra y otra y
otra vez, hasta que finalmente, hastiada por completo, decidió dar la media
vuelta y regresar a casa; el trabajo pendiente debería atenderse sin ella.
Tardó
una eternidad en regresar, el tráfico en sentido contrario no era demasiado
más rápido, pero al menos avanzaba.
No
se percató de que estuviera sola al llegar, los gatos empezaron a exigir
atención en cuanto cruzó la puerta y no se tranquilizaron hasta que les dio de
comer; fue entonces que prestó atención al silencio.
Desechó
el frugal almuerzo que se había preparado para comer en la oficina y se preparó
algo mucho más sustancial, deteniéndose de vez en cuando para disfrutar del silencio.
Tomó un baño con la puerta abierta y se puso la pijama que sólo usaba en la intimidad
de su cuarto antes de bajar a la sala.
Y
ahora está aquí, con el ventilador encendido y sonriendo... Encendió la
televisión sólo para apagarla inmediatamente; prefería el silencio.
Sonríe de nuevo al escuchar el silencio sólo roto por el zumbido del ventilador... Lentamente va metiendo su mano bajo el short de la pijama, mientras ríe traviesa.
Mario
Stalin Rodríguez
Y ya está... Queda todavía el asunto de la recopilación con las imágenes completas, pero eso será después.
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Retomemos lo del Sextiembre... Y hoy los dados han arrojado
TASCALATE
Frente
a la pequeña tina se despoja de las diversas capas de ropa y, sólo por un
momento, disfruta del agrio olor de su propio sudor... Normalmente se demoraría
en cada prenda, acariciando su propia piel morena y limpiándose en seco con la
tela de sus propias ropas; hoy no hay tiempo.
Denuda
queda de pie en la pequeña tina. En otras circunstancias habría usado una gran
tina donde pudiera recostarse de cuerpo entero, mientras su amante en turno le
traería el agua caliente para ir lavándose lentamente, acariciándose... Hoy no
hay tiempo.
Acaricia
el vello de sus axilas; si la situación fuera más sencilla, sonríe, bastaría con
lavarse ahí. Mueve su mano hacia el nacimiento de sus breves senos, rodeándolos
con las puntas de sus dedos en una espiral que va cerrándose, rápidamente,
hacia sus pezones... Se detiene y suspira; hoy no hay tiempo.
Con
la punta de sus dedos recorre su vientre y se permite una sonrisa leve cuando
siente la peluca que rodea su ombligo. Baja siguiendo su propio vello que va
haciéndose cada vez más espeso y lamenta no poder detenerse a disfrutar el
cosquilleo que le provoca en la yema de sus dedos; hoy no hay tiempo.
Siente
un pequeño estremecimiento cuando toca el carnoso botón entre sus vellos. Se acaricia
con el dedo índice. Conforme el estremecimiento va creciendo, empieza a
introducirse los dedos medio e índice. Muerde los dedos de su otra mano para
reprimir su propia voz; hoy no hay tiempo.
Siente
una humedad pegajosa en la yema de los dedos que entran y salen; es el momento.
Toma la pequeña bandeja con agua caliente y empieza a lavar entre sus piernas.
Se asegura que toda el agua caiga en la tina a sus pies mientras sigue frotando
e introduciendo y sacando sus dedos. Acalla el pequeño grito del final y siente
como los vellos se erizan; ojalá hubiera más tiempo para esta parte.
Sale
de la tina y siente un pequeño placer cuando sus pies tocan el suelo frío.
Mientras se seca y empieza a vestirse mira el agua que recolectó, sonríe
divertida al percatarse de los pequeños vellos que flotan en la tina; justo lo
que necesitaba.
Calienta
el agua con semillas de cacao molidas en el metate mientras va agregando las pequeñas
bolas de masa de maíz y los polvos de achiote y canela. Retira el recipiente
del fuego y añade el azúcar, bate vigorosamente para mezclar todo, enfriar la
bebida y levantar una espuma espesa; pequeñas gotas de sudor caen en la bebida,
“sólo un pequeño extra”, sonríe.
El
aroma del cacao inunda la habitación mientras escucha las pisadas que se
acercan por el pasillo; justo a tiempo. Sirve la bebida en jícaras y espera;
bastará con ofrecerlas a los enviados del Santo Oficio con cara inocente y
seguramente aceptarán voltear hacia otro lado mientras ella huye; nunca ha
fallado.
Ya se las arreglará para mudarse de ciudad y buscar con quien compartir sus bebidas especiales. Tal vez se dirija hacia la costa, se le antoja conocer la Villa de la Veracruz sin tener que pasar por las celdas de San Juan de Ulua.
Mario Stalin Rodríguez
El Tascalate es una bebida refrescante preparada con los ingredientes enumerados en el texto. En la medicina tradicional prehispánica se suponía que si era preparada con el agua con la que una mujer se lavara la zona pélvica, servía para aumentar el vigor sexual masculino. Su consumo fue prohibido en la colonias americanas del trono de Castilla y Aragón por, presuntamente, "despertar las bajas pasiones de quienes no tuvieran la protección de una fe católica fuerte".
Entre la segunda mitad de los 1500 y principios de los 1800 de nuestra era, las autoridades coloniales prohibieron el consumo de bebidas de cacao entre las poblaciones indígenas, africanas esclavizadas y afrodescendientes libres de las colonias americanas de España. Cientos de personas, en su mayoría mujeres, fueron acusadas y condenadas por el Santo Oficio por estas prácticas y terminaron sus vidas o bien quemadas en los autos de fe o en las celdas de la cárceles coloniales.
Y tras el breviario académico; el Sextiembre casi concluye, pero aún queda su recta final...
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MADRE:
Y
será por eso, madre, que seguimos juntándonos en su cumpleaños, a veces no en
el día preciso, porque lo sabe, madre, la vida no siempre coopera... Pero sí en
esto días y en esta temporada, haciendo una de las muchas formas en que usted
no enseñó a estar juntes y a celebrar y agradecer las compañías que así nos
mantienen.
Y
será que por eso seguimos juntándonos en su cumpleaños; para agradecer y
festejar nuestras compañías, sí, pero sobre todo para recordarle, madre, y
reafirmar su presencia.
Porque
sigue aquí, madre, en nosotres; en la forma en que cada quien enfrenta y
entiende el mundo... Y en la forma en que seguimos juntes.
Sigue
aquí, madre, en Héctor, Ricardo, yo mismo, Tere y Nora. En la pasión con la que
cada quien enfrenta al mundo y en como pensamos y sentimos la realidad y, desde
nuestras particulares trincheras, intentamos cambiarla.
Sigue
aquí, madre, en José Luis y en la forma en que sigue siendo parte del nosotres,
aunque a veces la distancia dure algo más que unos días; el cariño y la
compañía permanece.
Sigue
aquí, madre, en Libertad, Victoria y Carito, en Beto, Sacbe y Yunuen y en Isabel. En la
forma en que somos familia no sólo por la sangre compartida, sino por el cariño
que juntes construimos, cultivamos y hacemos crecer.
Sigue
aquí, madre, en Lucio, Mauro y Emilia; en la forma en que a través de nosotres,
también la conocen y caminan junto a sus pasos, aunque no hayan compartido
camino.
Y
sigue aquí, madre, en la forma en que cada quien construye, cultiva y hace
crecer sus particulares compañías... Y en el cómo cada quien a su manera, va
haciéndolas parte del nosotres.
Y
será por eso, madre, que seguimos juntándonos en su cumpleaños... Para
recordarla y para celebrar las formas en que sigue aquí, en cada quien y en la
forma en que construimos, cultivamos y hacemos crecer el nosotres.
Mario
Stalin Rodríguez
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Siguiendo con lo que seguir toca, tiremos los dados para saber qué temática del Sextiembre toca:
COMPAÑÍA
Presta
atención; la puerta no ha vuelto a cerrarse. “Así que al fin se ha atrevido”,
se dice... “No”, descarta la idea, “seguro que ni siquiera sabía que estoy aquí;
sólo ha entrado y al ver que había alguien bañándose se ha quedado
trabado. En cuanto reaccione saldrá del baño todo apenado y pidiendo disculpas”.
Escucha
atentamente, ningún otro ruido viene desde atrás del acrílico que separa la
ducha del resto del baño. “¿Trata de averiguar si soy yo o alguien más?” Se
pregunta mientras se acerca a las paredes traslúcidas sin tocarlas, para que su
figura sea más distinguible desde el otro lado.
Sigue
sin haber otro sonido. Suspira y cierra el agua, abre la puerta corrediza y
mira asomando sólo la cabeza. La puerta está abierta, sí, pero en el baño sólo
están ella y uno de los gatos de la casa. “¿Qué haces aquí?” Le dice mientras
sale de la ducha. “Anda, salte”, le ordena con un ademán salpicado de agua.
El
gato la mira en su desnudez, bosteza y empieza a bañarse con su lengua;
ignorándola. “Bueno, está bien; quédate si quieres”, dice mientras se acerca a
cerrar la puerta del baño. Escucha atentamente antes de hacerlo y le oye en su
cuarto, un piso más arriba, tecleando ruidosamente en la computadora.
Sonríe
para sí, cierra la puerta y regresa a la ducha, el gato se ha subido en la tapa
de inodoro y sigue bañándose sin voltear a verla. Abre la llave y se estremece
ante el agua fría. Toca sus pezones, inesperadamente duros por la temperatura,
mientras entibia el agua; sonriendo se muerde el labio inferior.
“¿Sabe
que estoy aquí?” Piensa mientras su mano baja de su pecho a su vientre y más
abajo. Juega con sus dedos entre el vello mientras lo imagina suspirando con decisión;
lo ve incorporarse dejando la computadora encendida y sin guardar lo que fuera
que estuviera escribiendo.
Lo
sigue con la mirada mientras sale de su cuarto y hasta podría jurar que escucha
sus pisadas bajando por los escalones. “¿Ahora sí puse el seguro?” Se pregunta
mientras frota su sexo y dos de sus dedos entran en ella.
Lo
imagina entrando en el baño y abriendo la puerta de la ducha mientras se
desnuda. Se apoya en la pared de acrílico mordiendo sus dedos mientras su otra
mano sigue frotando entre su vello, con sus dedos entrando y saliendo de ella.
Termina
con un estremecimiento. Resbala por la pared hasta sentarse en el suelo e
imagina que el agua que cae en su rostro es la semilla caliente que sale de
él... El gato la mira desde la puerta de la ducha que no cerró.
“Nunca
sucederá, ¿verdad?” Le dice a los ojos azules que le recuerdan a los de él. Incluso
suponiendo que él la deseara sólo una fracción de lo que ella piensa en él y no
la viera sólo como alguien que de vez en cuando necesita su ayuda técnica o
usar su baño cuando se queda sin agua o gas en su casa.
“No
sucederá, ¿verdad?” vuelve a decirle al gato, ahora sentado frente a la puerta
del baño, como exigiendo que la abra, mientras se viste. Incluso suponiendo que
él pensara en ella de la misma forma en que ella piensa en él, la relación es
tan desigual que ni él ni ella tomarían nunca ese paso. Ella lo sabe y eso hace
que desee sólo un poco más que él tomara ese paso.
Sale del baño dejando pasar primero al gato que fue su inesperada compañía, sin percatarse (tal vez) que en un descuido (que tal vez no fue un descuido) olvidó (tal vez no tan inconscientemente) guardar su brevísima ropa interior usada, dejándola en un lugar fuera de la vista (aunque no tanto como para que él no la encuentre cuando entre al baño).
Mario
Stalin Rodríguez
Por lo demás: El próximo fin de semana interrumpimos la serie por un asunto onomástico y retomamos ya para la recta final en la noche-madrugada que irá del Miércoles 24 al Jueves 25.
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Entonces, continuando con lo que continuar se debe, volvemos a tirar los dados para saber qué temática del Sextiembre abordar y el resultado ha sido
BAÑO OCUPADO
El
golpe de la puerta al abrirse bruscamente le hace voltear. Ella le sonríe desde
el marco, avanza un poco y cierra la puerta a sus espaldas asegurándose de echar
el seguro; que los borrachos (y el masculino es pertinente) lidien con los
efectos diuréticos del alcohol como buenamente puedan... Al menos por un rato.
No
suele ser tan asertiva, de hecho su timidez casi patológica es motivo de burla
constante entre sus amistades... Si alguien le llegara a preguntar después,
diría que el arranque se debió al alcohol, aunque en realidad no soporta el sabor
del alcohol y sólo ha bebido si acaso dos tragos pequeños del vaso que pasea de
un lugar a otro del bar, a manera de escudo contra quien quiera “invitarle una
copa”... Conoce muy bien cuáles son las reglas que se aplican a las “borrachas”
y sabe comportarse de acuerdo a estas... Hasta hoy que decidió ir en contra.
Le
basta una mirada fugaz alrededor para confirmar que no hay nadie más en el
baño. Él intenta decir algo, pero ella avanza y le besa antes de que la primera
sílaba salga de sus labios, presionándolo contra una pared. Con más sugerencia
que fuerza, el abrazo femenino los conduce hasta un retrete en un cubículo
vació y lo sienta en este mientras manos femeninas desabrochan y bajan su
pantalón.
“¿Tienes
condones?” Pregunta ella mirando su erección; “espera un poco”, concluye con
una sonrisa mientras sale del cubículo cerrando la puerta, dejándolo sentado, excitado
y estupefacto. Él suele ser quien toma la iniciativa, él SIEMPRE es quien toma
la iniciativa; es parte de la permisibilidad de la que gozan los “borrachos
divertidos”; poder abordar a las mujeres incluso si el rechazo posterior era
muy seguro (y vaya que él recibía rechazos seguido)... Esta variable no estaba
en las reglas que él conoce.
La
puerta del cubículo vuelve a abrirse y ella entra sonriendo, en su mano
sostiene su ropa interior de encaje y el sobre de un condón, por un milagro de
la casualidad, la máquina que el dueño del bar se vio obligado a instalar en
sus baños durante la campaña contra el SIDA del gobierno en los 90 del siglo
pasado, es una de las pocas que aún reciben mantenimiento y son resurtidas por
la empresa contratista (más por mérito de la empresa contratista que por parte
del dueño del bar).
Vuelve
a besarlo y se inclina mientras abre el sobre metalizado. Con su boca comprueba
el estado de la erección... En cualquier otro momento la idea de tocar con sus
rodillas desnudas el suelo del baño de hombres de un bar le habría parecido completamente
repulsiva, no se diga ya lo de tener relaciones en uno; eso ni siquiera estaba contemplado
en su libro de “reglas para un bar”, sólo que hoy, por ninguna razón en
realidad, había decidido olvidar su libro de “reglas para un bar”.
Se incorpora y, arremangándose la falda sólo lo necesario, se sienta sobre él mientras con su mano dirige el miembro encapuchado para asegurar la penetración... Él intenta decir algo, ella lo calla con besos.
Mario
Stalin Rodríguez
Y ya está, más al respecto próximamente (en la noche-madrugada que va del Miércoles al Jueves, lo más probable).
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Pues venga, que el tiempo pasa inexorablemente y el Sextiembre avanza, así que tiremos dados:
RECUERDOS
Será
que hacía tiempo que no venía a la casa paterna... Hace tantos, tantos, tantos
años que salió dando un portazo, entre sus lágrimas y los gritos paternos que
juraban ya no tener un hijo... “Nunca lo tuviste”, recuerda haber pensado
entonces; “siempre fui quien soy, sólo que no sabía nombrarme”.
Se
ve en el espejo del cuarto de su infancia y alisa una arruga inexistente en su
falda tal vez demasiado pequeña (“tal vez una provocación un poco infantil”, se
dice a sí misma).
Pasa
la vista por la habitación y reconoce cada cosa; las figuras de acción, los
robots, los balones, las armas falsas, los automóviles, videojuegos y etcétera
que tanto le aburrían y que su padre le regalaba cada tanto... “No era maldad”,
se recuerda; “sólo ignorancia... Y a veces se parecen tanto”.
Le
sorprendió recibir aquella llamada... Le costó tanto reconocer aquella voz
tímida, tan distinta a la estridencia y seguridad con la que siempre le
hablaba. Y tal vez fue ese estupor lo que la llevó a aceptar que le volviera a
llamar otras veces.
Y
fueron llamadas y mensajes inseguros; torpes. Le preguntaba por su día a día,
por su salud y le platicaba de sus cosas... Siempre tanteando, se notaba tanto
que le costaba llamarla en femenino y por su nombre. Incluso le daba algo de
ternura reticente; tal vez fue por eso que finalmente aceptó reunirse con él
después de tantos años.
Sigue
paseando su mirada a través de la habitación; nada ha cambiado desde que
abandonara esta casa, se dice... “Lo que le da un sentido bastante enfermizo a
la nostalgia familiar” se dice con una sonrisa cínica. Aunque, ahora que lo
piensa, hay algo extraño en el cuarto.
Al
principio se veían para tomar un café o comer algo. Le sorprendió tanto verlo
tan derrotado, tan disminuido; como si la vida se hubiera empeñado en deshacer
la imagen que de él mismo se había construido. Debe ser por eso que al final
aceptó ir a la casa paterna (“está tal cual la recuerdas”, le había dicho) y
presentarle a su novio.
Cuando
mira la cama otra vez, ahora con detenimiento, se da cuenta de lo que ocurre;
ahí, entre las almohadas y sábanas, en un lugar de honor, están las “barbies”
piratas que compraba a escondidas. Con vestidos relucientes y arregladas de
cualquier descompostura que pudieran haber sufrido cuando su padre las
descubrió hace tantos años (lo que desencadenó la serie de desencuentros que,
finalmente, la llevó a abandonar la casa paterna).
“Tal
vez”, se dice, “el cambio duele y tarda... Pero a veces llega”. Y sigue
recorriendo con nuevos ojos su vieja habitación, ahora ve los cambios; en las
paredes están colgados los posters de la “música para niñas” que escondía bajo
la cama, sobre el escritorio, perfectamente ordenadas, las revistas “para niñas”
que su padre había roto en uno de sus ataques de ira (“debió costarle mucho
tiempo encontrar los números precisos”, se dice, “pobre; ya ni me gustan esas
cosas)... Cambios sutiles, ¿pero significativos? Se pregunta.
“¿Vienes?”
Le dice una voz masculina desde la puerta del cuarto; “tu padre dice que la
cena ya está lista”.
Ella sonríe y lo besa con coquetería... “Si las cosas marchan bien”, le dice, “un día vendremos a usar esta cama para lo que debí usarla hace tantos año”.
Mario
Stalin Rodríguez
Más de estas cosas, más adelante.
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