Los Falsificadores de la Democracia 82
REPROBANDO EL EXAMEN
El
que la universidad pública más grande del país delegara su examen de ingreso a
una empresa privada con vínculos con una institución privada con credenciales
académicas muy menores a las de la UNAM, ya debería haber sido motivo de
alarma... Y las banderas rojas no se detuvieron ahí.
El
resultado es conocido; un número atípico de exámenes con gran cantidad de
aciertos... Y la responsabilidad parece recaer exclusivamente en adolescentes
de 17 o 18 años, ya fuera quienes aprobaron el examen o aquelles que fueron beneficiades
por el paso reglamentado desde el bachillerato universitario.
Rodeado no por la comunidad universitaria,
no por el Consejo Universitario, sino únicamente por les directores de
escuelas, facultades e institutos que no representan a nadie más que a la Junta
de Gobierno que les nombró, el Rector Lomelí ha dicho, en muy corto comunicado,
que un conjunto de adolescentes de 17 o 18 años son les responsables de todas las
anomalías detectadas.
No
las autoridades universitarias que tomaron la decisión administrativa (no
académica; ADMINISTRATIVA) de delegar por adjudicación directa (SIN NINGÚN TIPO
DE TRANSPARENCIA EN LOS CRITERIOS) a una empresa privada su proceso de
selección a sus licenciaturas. No a la empresa privada cuyos antecedentes
inmediatos son ligas con el INE y el IECM cuando aún eran controlados por la
cúpula del mirreycito Lorenzo Córdova, o con el hoy extinto CJN cuando era presidido
por la hoy “retirada a la vida privada” Norma Piña, o los múltiples señalamientos
por fallas en su sistema en los procesos de la UANL en México y el SENA de
Colombia (además de, por supuesto, su exitosísima colaboración con el académicamente
prestigiosísimo “sistema de formación y liderazgo” de la cadena comercial OXXO
del grupo FEMSA)...
No,
ni las autoridades universitarias, ni la oscurísima adjudicación directa, ni la
empresa privada con tan excelentes credenciales tienen alguna responsabilidad
en las anomalías detectadas; estas son atribuibles sólo a un conjunto de
adolescentes de 17 o 18 años... Así lo dijo el “agraviado” rector Lomelí y así
lo aplaudieron durante minuto y medio les directores de escuelas, facultades e
institutos nombrades por la Junta de Gobierno de la UNAM.
Más allá de la patética escena de la
burocracia dorada de la UNAM aplaudiéndose a sí misma por preferir “reconocer” que
adolescentes 17 o 18 años les superaron, antes que ejercer un mínimo de
autocrítica, lo sucedido con el proceso de selección a las licenciaturas de la
UNAM de este año debería servir para abrir múltiples debates.
No
sobre el pase reglamentado o el supuesto “privilegio chilango” en el acceso a
las escuelas y facultades de la UNAM (temas que mejores voces que la mía ya han
abordado). Los debates urgentes son la desconexión que la cúpula dorada de la
UNAM tiene con la realidad no sólo de la comunidad de la institución que
dirige, sino la del país todo. La necesidad de reformular un sistema federal de
educación superior con real conexión local y nacional. Los sesgos económicos,
de género y territoriales que la aplicación de exámenes estandarizados implica per
se. La exclusión social que la “virtualización”
de la vida académica lleva consigo. El empleo de tecnologías tan ética, académica,
ecológica y socialmente cuestionables como son las IAs en los asuntos
académicos de la UNAM. La oscura delegación de funciones sustantivas de las
universidades públicas hacia empresas privadas, con el millonario traspaso de
dinero público que ello implica... Y un etcétera tan largo como dos brazos.
Estos
son los debates que deberíamos estar dando porque son asuntos sistémicos que
afectan la vida no sólo de la UNAM, sino de la nación toda... Y son los debates
que la cúpula dorada de la UNAM decidió evitar aplaudiéndose a sí misma,
culpando a adolescentes de 17 o 18 años y ofreciendo la cabeza de Patricia Dolores
Dávila, hasta este 31 de Julio Secretaria General de la universidad, a manera
de sacrificio expiatorio sin dar mayores explicaciones sobre responsabilidades
ni todo lo demás.
Mario
Stalin Rodríguez.
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