domingo, abril 30, 2017

TRAMPA

Ella coloca sus manos y rodillas sobre el colchón.
            Él, inseguro, le acerca el sexo a la cara. Ella sonríe y, primero sólo lo roza con los labios, después con la lengua, hasta que finalmente lo introduce por completo en la boca, mientras siente como unos labios masculinos empiezan a besar su sexo.
            El otro hombre lleva su boca hasta el ano femenino. Lo besa y humedece penetrándolo con su lengua... Ella, con el sexo de él en la boca, emite un ligero gemido. Él la observa, primero el vaivén de la cabeza de pelo corto, la espalada ligeramente arqueada y, finalmente, el rostro masculino que la besa entre los glúteos.
            De pronto las miradas masculinas se encuentran; el otro hombre le sonríe mientras introduce primero un dedo y, después, dos en el ano de ella.

Cree que le tomó tiempo convencerla.
            La primera vez que surgió el tema fue en su segundo aniversario y ella, por supuesto, se negó rotundamente. Él no insistió más... Aunque, conforme el tiempo pasaba, de vez en cuando lo mencionaba a manera de broma, como burlándose de sí mismo y sus peticiones.
            Pero, cree él, cada que lo mencionaba podía adivinar un vestigio de curiosidad en los ojos de ella... Una pequeña chispa que crecía un poco más cada vez.

Se tumba en el borde la cama, mientras ella le monta erguida, a sus espaladas, ve como el hombre la besa en el cuello, los hombros, en el vello de las axilas... La toma por la cintura y siente como la punta de su sexo roza, ligeramente, el suyo propio que entra y sale de ella, antes de penetrarla él también por el ano.
            Por alguna razón, este tacto incidental y efímero, le estremece...

Fue hace unas semanas, durante su quinto aniversario.
            Después del sexo ella preguntó qué quería de regalo. Él, bromeando, le contestó que era consciente de que ella nunca aceptaría lo que él deseaba, así que mejor no lo pedía... Ella se quedó callada un momento y, mirándolo seriamente, dijo que bien; ¿qué prefería, un amigo o una amiga?

Eyacula dentro de ella, él otro hombre hace lo propio muy poco después... Ella se estremece al sentir los dos torrentes en su interior y llega, así, también al clímax.
            Lo hace incorporarse... Él se sorprende un poco al ver su propio sexo aún erecto y sentir el deseo de seguir. De un tiempo para acá era común sentir demasiado cansancio justo después de eyacular.
            Ella se coloca a sus espaldas y empieza a besarlo, primero en el cuello y descendiendo por su espalada, hasta llegar a sus glúteos y su ano...
            Él se estremece y quiere apretar los glúteos ante el inesperado tacto. Ella sigue besándolo mientras le pide estar tranquilo... El otro hombre se tumba en el suelo entre los píes de ambos, penetrando el sexo de la mujer mientras mira como el de él va creciendo cada vez más, conforme la lengua femenina entra en su ano.

Le tomó algunos días decidir quién sería su acompañante.
            Primero pensó en nombres femeninos o, incluso, en contratar a una prostituta... Pero, juzgando sus propias fuerzas, concluyó que tal vez no sería la mejor idea.
            Cuando le preguntó a ella sobre la posibilidad de que la compañía fuera masculina, ella pareció decepcionarse, pero juraría haber visto una chispa de anhelo en su mirada y una pizca de duda en su negativa.
            Consideró que no la doble penetración no sería extraña para ella. Finalmente, aunque él nunca había estado interesado en el sexo anal, era práctica común que ella jugara con un dildo en su ano mientras él penetraba su sexo.
            Si ella había accedido finalmente a su descabellada solicitud, ponderó; lo menos que podía hacer él era asegurarse de que ambos lo disfrutaran.

El hombre lo toma por los tobillos, mientras ella sigue besándolo en el ano.
            Lentamente el hombre va subiendo sus manos, acariciando las piernas masculinas hasta que, finalmente, toma el sexo y empieza a masturbarlo... Al mismo tiempo, ella empieza a acariciar el contorno de su ano con la punta de un dedo y penetrándolo con la lengua.
            Siente como ella introduce su dedo en él y, sorprendido, encuentra un gran placer en ello... Tanto que eyacula por segunda vez, bañando las manos y  el rostro del otro hombre con su semen, quien a su vez eyacula en el interior del sexo de ella, haciéndola llegar también al clímax.

No era precisamente el más íntimo de sus amigos. Tampoco un mero conocido, más bien una amistad mutua que, juraría él, de vez en cuando coqueteaba con ella sin demasiado encanto...
            A él no le molestaba que otros hombres coquetearan con ella, como a ella no le molestaba cuando alguien lo hacía con él. Finalmente, llevaban tiempo como pareja y bastante más como amigos; se conocían bien y confiaban el uno en el otro.
            No fue sencillo invitarlo. De hecho, les llevó más de dos o tres intentos...
            Sobra decir que el hombre se sorprendió y, en un primer momento, se negó... Pero, unos días después, lo abordó a la salida del trabajo y, apenado, preguntó si la oferta seguía en píe.

Tumbados los tres en la cama, se sorprende con el pene del hombre en la boca, mientras ella tiene el de él en la suya y su sexo en la del hombre.
            Más se sorprende al descubrir que el sabor no le desagrada; es una curiosa combinación del de su propio semen, el del sexo de ella y partes desconocidas... Lo toma con su mano y empieza a lamerlo, introduciéndolo entre sus labios cada vez con mayor velocidad.
            Un torrente de semen le baña el rostro y esto, más que los labio de la mujer, lo llena de placer... Ella, sintiendo como el pene crece en su propia boca, aprovecha la ocasión para volver a penetrarlo, ahora con dos dedos, lo que provoca que él eyacule por tercera vez en el interior de su boca.
            Ella traga la semilla ya casi líquida, mientras la lengua del hombre la hace llegar al tercer clímax...

El resto fue asunto de ponerse de acuerdo en el día, la hora y el lugar.
            No era fácil hacerlo en persona, se les dificultaba mirarse a los ojos entre ellos y con el hombre y éste a ellos. Al final decidieron organizarlo todo por mensajes a los teléfonos... Hasta que concretaron una cita en un motel.

La besa en la boca y prueba el sabor de su propia semilla y el ya familiar del sexo del hombre.
            Tumbado sobre la cama, el otro hombre besa el ano de la mujer mientras le penetra el sexo con los dedos... Incitado por ella, él, lentamente, va sentándose, dejando que el miembro erecto penetre entre sus glúteos.
            Ella baja de la cama y aparta su entrepierna del rostro del hombre. Mientras sigue besándola en los labios, ella va conduciendo su cara hasta la del hombre... Hasta que sus miradas se encuentran de frente a escasos milímetros.
            La turbación de ambos dura poco, sólo hasta que ella, con un ligero empujón, hace que los labios masculinos se encuentren entre sí.
            Ella se aparta y, viendo a los hombres fundidos en un apasionado beso, sonríe para sí misma...

Le tomó tiempo, demasiado tiempo, preparar la trampa.
            Sabía que si la idea pareciera suya, él nunca habría aceptado. Por eso preparó todo a través de los meses y años, manipulándolo con una palabra por aquí, una idea por allá y una que otra sugerencia velada... Hasta que, finalmente, la red se cerró.
            Cuando despierten a la mañana siguiente y no la encuentren, tal vez se preocupen... Él seguramente lo hará, pero confía en que encontrará consuelo en su hoy descubierta preferencia.
            Y ella... Para cuando despierten ella ya habrá volando a otros cielos...

Mario Stalin Rodríguez.

Y ya está... Con esto cerramos la Semana del Porno 2017; siete días de actualizaciones diarias, que fue mi manera de hacer 10 planas de "no debo olvidar la Semana del Porno"... El próximo año la celebraremos, espero, en la Semana Santa, como debe ser.

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