jueves, mayo 10, 2012

PERSISTENCIA DE PRESENCIA


Madre:

Pensemos, por hoy, madre, que lee estas líneas. Pensemos, madre, sólo por hoy, que persiste su persona, al menos tanto como persiste su presencia... Porque esto es, madre, lo que quiero contarle; el cómo persiste su presencia. 
                No son, entonces, estas líneas las de la tristeza... Claro, la tristeza existe en este vacío de las cosas; en el hueco cotidiano. Es la tristeza de todos los días, madre, la lógica; la de su ausencia.
                Nos hace falta, madre, en el día a día. Me hace falta, madre, en el cotidiano despertar y en cosas tan sencillas como recordarme los horarios para el sueño y la vigilia. Me hace falta, madre, en el cotidiano andar y en las cosas tan complicadas como ayudarme en la difícil tarea de comprender al otro y aprenderme en él.
                Por eso, madre, no son estas las líneas de su ausencia; porque me hace falta y aún hoy acudo a Ud. En busca de consejo y consuelo. Es decir; busco su presencia y me encuentro en ella.
                De eso se trata, madre, de su persistencia... Sigue aquí, madre, en cada uno de nosotros. Sigue aquí, madre, en nuestras sonrisas y pesares; en la manera en que uno y otros las compartimos. Sigue aquí, madre, en la forma en que seguimos juntos, haciéndonos fuertes.
                Sigue aquí, madre, en el baile de Nora; en la gracia con la que se mueve por el tablado y en las posturas, cualquiera creería que imposibles, que adopta incluso cuando descansa.
                Sigue aquí, madre, en la terca resistencia de Tere; en la manera de no dejarse y seguir, día sí y día también, resistiéndose al poder absurdo y a sus ridículas imposiciones. Sigue aquí, madre, en esa manera tan seria que mi hermana tiene, para tomarse la vida con una sonrisa.
                Sigue aquí, madre, en Ricardo y la distancia que de él nos separa; Porque gracias a usted, madre, es una distancia simple, apenas de kilómetros y océanos. Una cercanía compleja y completa, la del cariño.
                Sigue aquí, madre, en Hector; en la forma en que ve al mundo e intenta entenderlo. En sus arranques vagabundos y en esa forma tan de él de entregarse a la amistad.
                Sigue aquí, madre, en José Luis; su compañero. Porque de una forma u otra, hemos encontrado en él, y creo que es recíproco, el sentimiento de familia; la unión que se fortalece sin compartir sangre, compartiendo cotidianidades.
                Y sigue aquí, madre, en mis párrafos y trazos.
                Por eso, madre, digamos que lee estas líneas, queno son las de mi tristeza, sino las de mi homenaje.

Mario Stalin Rodríguez

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2 Comments:

Blogger Biol. Libertad Cuéllar González said...

Aún pesa mucho . . .

6:28 p.m.  
Anonymous Captain G said...

Hermoso. Me puedo sentir identificada aunque no estemos en la misma situación. Un abrazo grande y apretado,

Te quiere, G

9:14 a.m.  

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