miércoles, mayo 30, 2012

CALLES


A veces se despierta con un mal sabor de boca, se sienta al borde de la cama y pasa inventario a sus dolores y achaques. Le toma tiempo reunir valor suficiente para incorporarse, tiempo y, a veces, varios cigarros. 
                Algunos días desayuna, otros sólo toma un café y sale a la calle... 
                La calle. 
                La calle no es hostil, sólo ajena. 
                No se trata del miedo a las sombras que asechan, a los fantasmas de la inseguridad que insisten en vender por la televisión y otros medios… No, la calle no es hostil, sólo ajena. 
                Las aceras no le pertenecen; no son suyos los bulevares ni camellones, tampoco el pavimento ni el paisaje citadino... Antes lo eran, no más. 
                Es un poco un sentimiento de desarraigo, no como quien se marcha de un territorio antes conocido y regresa a él sintiéndose extraño, más bien el sentimiento de quien permanece en un mismo lugar y huye hacia sí mismo. 
                Sí, es eso; el desarraigo del exilio en uno mismo. 
                Camina por la calles y siempre busca refugio en los lugares encerrados, sean estos su casa u oficina. 
                Hoy es exactamente igual a otros días... Hasta que se ve rodeado. 
                Ellos cantan y se apropian de las calles; toman los bulevares y camellones y declaran propios los paisajes citadinos… Y así, junto a ellos, desconocidos y extraños, poco a poco, él también recupera la calle.

Mario Stalin Rodríguez

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1 Comments:

Blogger Driada said...

Esos que cantan hacen ¡por fin! que se olviden los achaques ... ya va siendo hora.

12:27 a.m.  

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