miércoles, octubre 01, 2008

Soledades (segunda)

Por causas de fuerza mayor
dos post por el precio de uno
Aca el otro...

INSOMNIO DE TI


Fabiola:


"'Y un día de éstos te daré unos papeles que tengo por ahí. Para que los leas'. '¿Secretos?', preguntó ella, sonriendo. 'No. Papeles. Cosas escritas'."

José Saramago

Manual de Pintura y Caligrafía, Pág. 301.


Llegaste a saber de mi tantas cosas; de mis días, de mis recuerdos, de mis esperanzas (no todas), de algunos de mis fantasmas y hasta de mis desvelos. Por qué no contarte, entonces, de la forma en que mi insomnio de ti comenzó.

A la mañana siguiente, mujer, comprendí que te amaba y me eras ajena. Es a partir de ese día que empecé a repetirme, por su causa mis líneas de ti hablaban y mis trazos tu ausencia dibujaban. Para cuando el sol iluminó la ciudad, mi dolor tenía ya nombre; el tuyo.


Será preciso empezar. Esa mañana me desperté, sin sospechar nada, confuso; tu imagen, en la que hasta entonces no pensaba, pobló mis sueños. Ese día te vería; a ti, a quien conocía y llamaba mi amiga, después de una ausencia no demasiado prolongada.

Tal vez esa era la razón, argumenté; me había acostumbrado a nuevas presencias; la tuya y otras, mi rutina ya la constituías y el ambiente en el que nos veíamos me era ya cotidiano. Tu imagen, Fabiola, sólo resumía la nostalgia por los nuevos hábitos.


Me mentía; cuando te vi llegar, tarde, ya me encontraba rodeado de la nueva-vieja rutina; hablaba y reía con quienes también representaban la cotidianidad en los pasados meses adquirida. Aún así, mujer, me sorprendí mirándote, aprehendiendo tu imagen, aprendiéndome cada rasgo de tu rostro; aún las imperfecciones que te describían.

Tu risa, por poco tiempo lejana, me pareció música; tu voz, y hasta la conversación intranscendente, me resultaban indispensables: Tus ojos buscaba, tus labios atraían mi atención y me sorprendí deseándote.

No me malinterpretes: te deseaba, sí, pero en el deseo entraba tu risa en mis mañanas, tus ojos en mis atardeceres, tu voz en mis pláticas y tu comprensión para mis cursilerías.

No entraré aquí en detalles, resultan o banales o demasiado esclarecedores. Ese día, mujer, de ti me despedí y supe, en ese orden, que compartiríamos tiempo, mucho tiempo, para nosotros solos. Sorprendido, confuso y feliz cumplí mis otras obligaciones.


Esa noche regresé a mi casa solo a enfrentarme, como cada noche, con las imágenes de Mariana, hace tanto tiempo ausente.

Esa noche, tarde, de madrugada, me tendí entre mis sábanas frías y de pronto, las supe solitarias. Sentado en mi cama desnudo, contemplándola, sin nombrarte, la comprendí incompleta. No ya por el fantasma de quien la muerte me arrebató, sino por tu ausencia.

Traté de dormir, no te engañes, pero al cerrar los ojos tu imagen indiferente poblaba el valle de Morfeo, tu risa lejana me despertaba y tu ausencia me desvelaba.

A la mañana siguiente, me repito, comprendí que te amaba y me eras ajena. Es a partir de ese día que empecé a repetirme, por su causa mis líneas de ti hablaban y mis trazos tu ausencia dibujaban. Para cuando el sol iluminó la ciudad, mi dolor tenía ya nombre; el tuyo.


No fue ni sería, Fabiola, la única noche en que insomnio de ti padecí. A partir de entonces dormía cuando el cansancio me vencía y me despertaba, sin descanso, cuando tu imagen aparecía. Desde ese día mis noches fueron tu ausencia y en mis días tu amistad, distante, me transformaba en mi cáscara.

En otros días, sin embargo, eras compañía... Nunca completa, siempre a hurtadillas y alejados de otras miradas, llegamos incluso a ser cómplices y compañeros; complementos. Y compartimos noches y madrugadas, esfuerzos y descansos, risas y lágrimas, pesares y alegrías... A veces, el camino éramos tu y yo caminándolo.

Pero entonces volvían los otros, volvíamos a los otros y la cercanía se transformaba en sólo recuerdo, experiencia efímera. Éramos amigos, cercanos, sí; pero no cómplices... Así volvía yo a mi insomnio de ti.


En la rutina diaria, mujer, buscabas otros ojos y en amaneceres ajenos te entretenías. Yo despertaba en otras sábanas y bebía de otras sonrisas; buscaba tu aroma en el bosque de otros vientres... En aquellas noches, cuando a mi lado descansaban otros oleajes, velaba mi insomnio de ti.

Pero entonces volvías, sin abandonar del todo a los otros ojos y los amaneceres ajenos, volvías. Y éramos de nuevo cómplices y complementos y compartíamos otras noches y madrugadas, esfuerzos y descansos y el camino era de nuevo tu y yo andándolo.

Y otras vez regresaban los otros, regresábamos a los otros. Y de nuevo eras en otros ojos y te buscabas en amaneceres ajenos. Y despertaba en otras sábanas y te buscaba en otras risas y me encontraba en otros sexos... Y volvía a mi insomnio de ti.


¿Cuántos años fuimos distancias y compañía efímera, Fabiola? A cada regreso de los otros, a cada vuelta a los otros la distancia crecía. Hasta que llegó el momento en que volver a ser cómplices fue imposible.

Tal vez te cansaste por fin de mi. Tal vez, sin querer reconocerlo, me había cansado por fin del juego. Y te alejaste, Fabiola, condenándome al silencio; escondiéndote tras la traición de quien las mentiras para tu distancia te proporcionó.

Me culpaste, Fabiola, y yo no pude (tal vez, por cansancio, no quise) defenderme de las falacias que te contaban, sobre todo quien se llamaba a sí misma y llamé mi amiga... Me culpaste, Fabiola, y me condenaste al insomnio de ti.


Tal vez me refugié en la compañía de apellido extranjero y junto a ella pretendí alejarme de ti. Pero incluso ella, al negarte, te reafirmaba... Tanto, que fue por tu nombre, mujer, que ella se alejó de mis días.

Quizá alguna vez quisiste regresar, no ya a la complicidad que negabas, sino a la amistad que construimos. Tal vez, por cansancio, me negué y me condené a tu silencio y distancia; al insomnio de ti.

Así, mujer, finalmente nos perdimos.


Te alejaste, Fabiola, refugiándote en el delicado equilibrio de apariencias y mentiras en el que fundabas tu tranquilidad. Abrazando la seguridad de no arriesgarte y no comprometerte, siempre en los límites de lo que te dijeron era la felicidad.

Te alejaste, Fabiola, y tal vez fue mejor así. Porque la seguridad es probablemente mejor que los baches que el otro camino ofrecía, porque la tranquilidad es preferible a los abismos que tendrías que enfrentar... Te refugiaste, Fabiola, y tal vez (sólo tal vez) negaste así tu propia grandeza.

Por mi parte, te amé y aún amo en ti las posibilidades, lo que pudo ser y no será nunca. Incluso aún hay noches en que tu rostro, junto al de otras ausencias, vuelve a mi insomnio... Aunque hace mucho, Fabiola, que mi soledad no lleva ya tu nombre.


Mario Stalin Rodríguez




P.D. que agrega
Y bien, desde un tiempo a la fecha este animalito fantástico también visita a:
y
Sólo por avisar y para que sepan que ya están junto a los otros, en el menu de enlaces

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6 Comments:

OpenID c1eso said...

Puestos a comparar soledades, me parece mucho más entrañable la que cuentas aquí. Será porque el pasado es siempre ese país en el que todo es mejor.
Y gracias por el enlace

2:15 a.m.  
Blogger DRIADA said...

Estas historias tuyas sobre amores y desamores , no acaban de tener una explosión feliz.Miraba la cara del gatito y se le ve muy muy triste.
Un abrazo y me alegro de poderte leer ya te echaba yo en falta

10:43 a.m.  
Blogger Duquesa de Katmandu said...

Y bueno, a veces no es posible más que esas posibilidades. Creo que cuando la complicidad se termina no hay retorno, no?

Beso

4:36 p.m.  
Blogger La gata Roma said...

Ese día, ese primer día que te das cuenta que estas pensando en esa persona y… joder, eso es la perdición…
Llamé a un amigo, trabaja en el Ayuntamiento, es militante y trabaja para el Partido Comunista. Le pregunté: “¿Qué haces?” y él: “Fotocopias” y yo: “¿Fotocopias? Al menos serán de papeles confidenciales” y él: “Bueno, si te gusta pensar eso…” Serían eso, papeles, cosas escritas…
Kisses

4:53 p.m.  
Blogger Nanny Ogg said...

Hay que ver, Mario, la de soledades que te acompañan... Bueno, seamos más precisos: hay que ver, Mario, la de soledades que nos acompañan a todos al cabo de los años....

Besos

12:24 p.m.  
Blogger Noche said...

Será que alguna vez dejará de acompañarte la soledad??

Que triste insomnio,se perciben en tus letras.

1:31 p.m.  

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