jueves, julio 30, 2015

POR LOS CAMINOS DEL SUR

VÁMONOS PARA GUERRERO

Quisieron enterrarnos, pero no sabían que somos semillas
Consigna por los 43 desaparecidos

Tixtla, Guerrero, tarde. El auditorio de la Normal Rural Isidro Burgos se va llenando poco a poco, están los trabajadores Administrativos, Técnicos y Manuales de la Organización Nacional  INAH, algunos estudiantes de los que viven en el internado de la escuela, actualmente en temporada vacacional y, sobre todo, los padres de los 43 normalistas desaparecidos en los hechos del 26 y 27 de Septiembre del año pasado.
            El motivo de la reunión es tan simple como entregarles el apoyo que, solidariamente, los trabajadores del INAH recaudaron para ellos. El motivo de la reunión es tan complicado como venir a sumar nuestro apoyo a su lucha, para mantenerlos en píe, para seguir buscando, para sumarnos a su caminar hasta no encontrarlos.

En busca de 43 luceros
El viaje inició temprano, tanto que muchos, la mayoría, llegaron a la cita sin nada más que un tamal con su respectivo atole no en el estómago, sino en una bolsa en la mano.
            Inició temprano, sí, pero no tanto como debería. Entre organizar la logística del viaje y esperar a los rezagados, el camión salió con una hora de retraso, lo que tal vez no suene a demasiado, pero sí lo es cuando se considera un viaje de casi 300 kilómetros por las siempre impredecibles carreteras de México. Tanto más, porque había compañeros esperándonos en el camino y porque allá lejos, en Guerrero, nos esperaban los padres de los 43 luceros.
            Será, tal vez, por eso que se decidió no hacer un alto para comer en el camino y dirigirnos directamente a nuestro destino.

No fue fácil llegar a este día, en parte por las dificultades propias de organizar la recaudación y en parte porque se atravesó el proceso del cambio de Comité Ejecutivo de la D-III-24 y un muy complicado proceso electoral en Guerrero.
            Fue difícil llegar a este día, en parte porque el ambiente del país no es el más tranquilo y la política del Gobierno Federal pareciera ser echar gasolina al fuego a través de la represión y el enfrentamiento.
            No, no fue fácil llegar a este día...  Pero aquí estamos, es el 22 de Julio y los caminos del Sur esperan.

A lo largo del trayecto se fueron sumando compañeros de Morelos y, casi al final, del propio estado de Guerrero, hasta llegar a ser poco más de 40 compañeros.
            La llegada no fue directa, justo en la desviación a Tixtla se había instalado un retén de la Policía Federal, por lo que se decidió esperar a unos metros por una comitiva de los padres de familia, quienes llegaron por nosotros acompañados de algunos miembros de la prensa para conducirnos, tras poco más de cinco horas de trayecto, finalmente a la Normal Rural Isidro Burgos.

Del nahuatl “Río de Tortuguitas” (Ayotl-Tortuga o calabaza, Tli o i-diminutivo y Apan-río), Ayotzinapa es una comunidad de apenas 84 habitantes, absorbida en los hechos por Tixtla en Iguala, Guerrero. Cuna de grandes luchadores sociales como fue Vicente Guerrero y, en tiempos más recientes, Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, ambos, por cierto, egresados de la Normal Rural Isidro Burgos.
            Ahí nos recibieron los padres de los desaparecidos, en la cancha techada. Ahí nos recibieron ellos, muchos sin estudios o prácticamente analfabetos, padres de los futuros maestros desaparecidos. Ahí nos recibieron ellos, de los más pobres entre los pobres y también los más hospitalarios.

El pueblo unido, jamás será vencido
No quisieron recibir el apoyo inmediatamente, después de abrir las puertas y darnos la bienvenida entre consignas, nos invitaron a comer; “primero descansen, coman, convivan un poco. Hablen con los padres y los muchachos, conozcan un poco de la escuela, ya después lo demás”, nos dijo el vocero de los padres de familia.
            No fue una gran comida, un poco de arroz blanco, unos fríjoles negros y chicharrón en salsa roja con el picor guerrerense, acompañado todo por tortillas y agua de horchata con hielos que, con el calor y el largo camino, se agradecían. No, no fue una gran comida, pero fue generosa; dada y recibida desde el corazón y la solidaridad.
            En la cancha se colocaron los pupitres que ocuparan los 43 desaparecidos, cada uno con la foto de quien ahora está ausente, con sus útiles escolares y su ropa. Cada uno con una pequeña tortuga de papel maché.
            Alrededor, colgadas de las columnas que sujetan el techo, las mantas de apoyo al movimiento, de Chapingo, de la UAEM, de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, de la UPN y, ahora, la de la Organización Nacional de los trabajadores ATM del INAH... Organizaciones tan distintas, personas tan diversas y todos hermanos; compañeros de un mismo camino.
            Mientras la comida estaba lista y durante ésta, pudimos escuchar a algunos de los padres de familia; “Soy albañil, apenas y sé leer, pero con mi trabajo sostenía a mi chavo, para que estudiara, para que tuviera las oportunidades que yo nunca tuve”. “Nunca antes me había metido en estas cosas, no sabía nada de marchas ni de protestas. Pero ahora, ya ve, con lo que le hicieron a mi hijo, me queda claro que este gobierno no va a hacer nada si nosotros no lo obligamos”...
            Después nos dirigimos al auditorio de la escuela, ahí parte del Comité Ejecutivo de la D-III-24 y algunos Secretarios Nacionales, en presencia de los trabajadores que les acompañamos, se entregó finalmente el apoyo de $214,600.00, recaudado entre los sindicalizados del INAH (un día de salario donado de manera voluntaria).
            También se refrendó el apoyo de nuestra organización sindical a su lucha, a fin de sumar esfuerzos y acciones... Fue este un primer encuentro, el primer paso de un camino largo que terminará hasta encontrar a los desaparecidos con vida y conseguir el castigo a los culpables.

El regreso también fue largo (“¿A poco  ya se van? Si hasta les habíamos preparado un dormitorio”, se despidió consternado uno de los padres de familia), en parte porque el día fue cansado y, por otra parte, por las obras del Viaducto Elevado que se desarrollan en la Carretera México-Cuernavaca y que obligan al cierre de la entrada a la ciudad entre las 22:00 y las 06:00 horas del día siguiente.
            Volvimos a la ciudad rayando ya la medianoche. Cansados, sí... Pero nadie dijo nunca que sumar solidaridades para el parto de un mejor mañana, fuera un paseo dominical.

Mario Stalin Rodríguez
(con el apoyo de José Fierros, Secretario de Materia de Trabajo de la D-III-24)

Crónica realizada para la organización sindical D-III-24 con motivo de la entrega del apoyo económico recaudado entre los trabajadores afiliados a esta organización sindical y publicada en el Boletín Informativo especial número 02.

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