miércoles, julio 01, 2015

críticos y criticados 03

Confieso que los dos posts anteriores (aquí y acá) fueron motivados porque, echando un ojo en mis archivos, me encontré una serie de escritos de crítica literaria de 2004. Artículos que hoy, probablemente, escribiría de manera distinta, pero con idéntica mala baba... Textos que recupero, porque ilustran bastante bien el cómo percibo debe ser la crítica.
LETRAS ASESINADAS

(o de cómo leer la mala lectura sin morir en el intento)

Roberto Bolaño (2003); Putas Asesinas; Ed. Anagrama, España.

Stanislaw Lem proponía, en Vacío Perfecto, que el mundo se encuentra saturado de creaciones artísticas. Lo que en sí no es malo, el problema real empieza en el momento de intentar extraer lo verdaderamente sublime del resto.
            La mayoría de las creaciones de arte, dice Lem, y en particular, casi la totalidad de la literatura que nos inunda es, en realidad, basura. Letras inútiles cargadas de personajes intrascendentes. En el peor de los casos; manuales técnicos para vivir la vida equivocada.
            La solución, continuaba el polaco, no puede ni debe ser la censura; finalmente toda creación artística merece ganarse el derecho de existir. Pero no podemos tolerar que los estantes y libreros sigan llenándose de literatura fácil, barata y mala (que no necesariamente van juntas).
            La solución, concluía el autor de Siberiada y Solaris, es que quien tenga deseos de crear literatura y verla publicada pague por ello, en precios que ascenderían de acuerdo al número de obras publicadas. Así, sólo quien verdaderamente considerara que el mundo no puede ser mejor sin su obra se atrevería a publicarla.

En general es difícil estar de acuerdo con la idea de Lem; el inmenso montón de mierda que debemos aguantar en las librerías es a penas precio justo para encontrar en ellas, de vez en vez, Puedo escribir los versos más tristes esta noche...
            No debe tomarse demasiado en serio las propuestas del novelista; finalmente están contenidas en un libro, Vacío Perfecto, creado por el polaco para comentar libros que nunca existieron; ensayos de ideas no concluidas. Sin embargo, ante determinadas obras (éstas sí, lamentablemente, existentes), la idea parece justificada.

Putas Asesinas de Roberto Bolaño no es sólo una mala antología de cuentos, es un síntoma; ejemplo paradigmático de una manera de escribir pretendidamente comprometida, pretendidamente iconoclasta y pretendidamente cruda; que podrá tener sus obras maestras (no conozco ninguna), pero que en general solo produce jaquecas (cuando no somnolencia).
            La mayoría de los relatos nos llegan incompletos, con historias inconclusas y personajes nunca desarrollados o justificados. Plagados de subhistorias, ninguna de ellas terminada.
            Sus personajes centrales son siempre periféricos, sin la mínima capacidad de acción antes los hechos que se les presentan; en muchos casos, ni siquiera la cualidad de la reacción.
            Se podrá argumentar, tal vez no sin razón, que así se nos presenta la vida; que de ella tampoco conocemos justificación y que ante ella tampoco tenemos capacidad de decisión, acción o reacción. Para el caso, prefiero Vergüenza de Salman Rushdie; partiendo de la misma premisa desarrolla una mucho mejor literatura.
            Los cuentos juegan ineficientemente entre Los Cachorros y El Perseguidor. Literatura urbana que pretende presentarnos la vida tal cual es o narraciones de lo cotidiano que resulta lo fantástico.
            Pero Bolaño no es ni Vargaz Llosa ni Cortázar; sus personajes urbanos son tan auténticos que parecen mentira; su lenguaje, de pretendidamente veraz, suena siempre redundante y forzado, cuando no descaradamente falso.
            Sus acercamientos a lo fantástico son siempre infortunados; no se encontrará en sus párrafos el hombre que amanece con los pies diez centímetros abajo del suelo, ni aún siquiera el que vomitaba conejos. Por no hablar del golem que fabrica hombres.
            Por supuesto, elijo siempre a Cortázar y a Borges y cualquiera comparado con los cronopios o el Aleph resulta perdedor. Pero ante la prosa de Bolaño hasta la insufrible e imperdonable cursilería de García Márquez parece digna de encomio.
            Incluso su acercamiento futbolístico, temática tan propia de Villoro (a quien, además, dedica el plagio -perdón, relato-), resulta redundante. Para el caso, prefiero el Best Seller y Área 18 de Fontanarrosa, por no hablar del Semblanzas Deportivas o El Fútbol es Sagrado del mismo argentino (en el segundo, por cierto, hay también un africano que realiza rituales paganos y un argentino que se lesiona y se va de putas -aunque, eso sí, no como personajes del mismo relato-).

Lo anterior es apreciación subjetiva; producto de mi bibliografía personal y, si se quiere, de una imperdonable pedantería. No pretendo entrar en debate, en buena medida porque, después de leer el libro y redactar estos párrafos, me parece dedicar demasiado tiempo a temáticas que lo valen.
            Queden estos párrafos, únicamente, como registro de mi opinión subjetiva y quede este párrafo como final de estas líneas.

Mario Stalin Rodríguez
2004

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