miércoles, junio 17, 2015

críticos y criticados 01

Hace algún tiempo y por razones que no viene a cuento platicar aquí, me vi en el escenario de ejercer de crítico literario... No fue una mala experiencia y aún hoy, de vez en vez, me da por ejercitar las herramientas que de estos ejercicios obtuve. Y estos se retomará un poco más adelante, pero, antes de ello, me parecía conveniente establecer el cómo veo la crítica y sus funciones...

CRITICANDO LA CRÍTICA

No recuerdo quien decía que la única crítica desinteresada que se podía hacer era sobre asuntos que no nos importaban absolutamente nada y, por lo tanto, una crítica desinteresada no servía de absolutamente nada (1).
            Es preciso, entonces, no equivocar el tema para discurrir sobre un absurdo; la distinción no es entre "crítica positiva" o "crítica negativa", porque el criticar implica, necesariamente, centrarse en los fallos y errores de lo criticado (de otra forma no es crítica, es un comentario o, en el peor de los casos, un halago). En este sentido, una crítica que pretende seguir la formula "esto está bien, pero se podría mejorar esto otro y la obra sería una maravilla" (2), pierde completamente su sentido.
            Permítase la analogía, este tipo de críticas recuerda un poco a las pastillas con azúcar. No se habla de la gran estafa de la homeopatía ni de los placebos, sino de medicinas alópatas, cuyo ingrediente activo es tan amargo que debe ser presentado escondido en una pastilla cuyo componente principal (en una relación de prácticamente 1 a 100) es el azúcar. El ingrediente activo está ahí, sabe amarguísimo y se va a acabar probando y digiriendo y es lo curará, pero lo esconden en una pastilla llena de azúcar.
            Es una estrategia usada en la medicina desde tiempos inmemoriales (bueno, no tanto, sólo desde que existe la medicina alópata -circa. siglo XIX-), el asunto aquí es que se usa, principalmente, para hacer que los niños sin criterio se traguen algo que de otra forma no se tragarían... Es decir; es un engaño, pues se trata de endulzar artificialmente lo que de sí es amargo.
            Se puede discutir bastante sobre las dimensiones éticas de este engaño, pero baste, para el propósito de esto párrafos, dejar en claro que en la medicina podría (y el condicional es importante) estar justificado porque, finalmente, se trata de garantizar la continuidad y calidad de vida del enfermo que se niega a tomar una medicina amarga.
            ¿Se puede proyectar esta "justificación" (y las comillas son pertinentes) a la crítica de una obra? Va a ser que no, porque independientemente de qué tanto destroce una crítica la obra de otro, lo más seguro es que la vida de éste continúe con los mismo niveles de salud que antes (salvo, claro, casos patológicos, que son mucho más materia de especialistas en psicología y/o psiquiatría, que del crítico). Así, eliminada la "justificación" condescendiente (que parte de la idea de que el criticado es un depresivo clínico que necesita sus pastillas con azúcar), la crítica arriba descrita queda, únicamente, como un engaño: se engaña quien la hace, engaña a quien la lee y engaña al criticado.
            Perdónese la redundancia: Una crítica, para ser crítica; debe criticar, ¿estamos?

Es preciso, entonces, que no equivoquemos la discusión. Se decía al inicio; no se trata de descartarnos por una crítica positiva (que no existe) o negativa (TODA crítica es negativa); se trata más de si una crítica es válida o no.
            La crítica es válida, como se verá en la siguiente entrega, en tanto cumple con su objetivo; señalar los errores de una obra. Ojo, esta distinción es importante; los errores de una obra, no de su creador. Se puede criticar, por ejemplo, una cantidad infame de cosas relacionadas a Vargas Llosa, empezando por su tendencia política, pero muy mal se estaría si intentará abordar su "La Ciudad y los Perros" o "La Fiesta del Chivo", desde el qué tan de acuerdo se está o no con  él en lo político.
            Si la crítica ataca al autor y no a la obra, el crítico está engañándose a sí mismo y a su posible lector. Ojo, esto se debe subrayar, en ningún momento se sugiere que el autor sea independiente de su obra o ésta de él, pero el mérito es saber en qué medida el autor está presente en su obra.
            Ejemplifiquemos; si un autor hace decir a su personaje "MUERA LA INTELIGENCIA" (3) y pretende, además, que se empatice con éste en tanto "héroe" de la historia, más que hablar del personaje (4), ello habla del desconocimiento histórico del autor o de su ideología de derechas.
            Aquí la diferencia es, entonces, entre criticar algo porque el autor es de derechas (prejuicio) o criticar algo porque en ello el autor sugiere una ideología de derechas (juicio). Que así puesto, puede parecer que es sólo una distinción entre dos formulaciones, pero que en materia de crítica, ES TODA LA DIFERENCIA.

Por otro lado, la crítica debe centrarse en corpus complejos y no en detalles. Es decir, la crítica sistemática que podría verse en, por poner un ejemplo, alguien que comenta cada página de una obra con el sólo propósito de señalar los fallos particulares de esa página, habla mucho más de una práctica masoquista que de una crítica estructurada.
            Toda obra es un discurso y, como todo discurso, es mucho más que la suma de sus partes específicas; un discurso es también la forma en que estas partes interactúan entre sí, se complementan o se contradicen. Si toda obra es un discurso estructurado, la crítica debe ser también estructurada, debe ser capaz de tomar las partes, analizarlas por separado y también en el cómo interactúan entre sí, según los principios mínimos de coherencia discursiva.
            Y aquí otra palabra clave; coherencia. No se trata de que la obra esté obligada a acatar tales o cuales cánones narrativos (en el caso de obras narrativas), pero sí está obligada a ser coherente consigo misma (por citar el ejemplo más común; no puedes decir que un personaje es “el tipo más inteligente de universo”, para después hacer que caiga en una trampa de lo más pueril, sólo porque así conviene a la historia).
            Vamos, incluso en el teatro de lo absurdo o en el arte surrealista o abstracto, toda obra (todo discurso) está obligada a ser coherente consigo misma. Y esto, que es una regla que ata a la obra, por supuesto, también ata a la crítica y la ata, incluso, doblemente; pues para criticar, se está obligado a ser coherente consigo mismo y a tomar en cuenta la coherencia interna de la obra criticada.
            Como puede verse, la cosa no es sencilla. Criticar "positivamente" es fácil, pero no es criticar y criticar "negativamente" es una redundancia. El asunto es qué tan pertinente es una crítica y cómo hacerla.
            Y obsérvese que se omite intencionadamente el discutir si las críticas son o no pedidas. Toda obra pública y publicada es susceptible de ser criticada, es algo que se acepta implícitamente y creer lo contrario es engañarse a uno mismo; la única forma de librar una obra de la crítica es guardarla bajo llave en el cajón de un escritorio (o como archivo encriptado y con contraseña). Establecido esto, al decidir publicar una obra, se acepto que se le criticará, así sea porque lo pida el autor o porque se le da un "reconocimiento", ¿vale?

Establecido el cómo debe ser la crítica, queda el asunto de cuál es su función y hacia quién se dirige. Pero ello se verá más adelante.

Mario Stalin Rodríguez

(1)Probablemente haya sido Groucho Marx o Wody Allen, pero no descarto al Perich
(2)Que se conoce como “crítica sándwich”.
(3)En referencia a José Millán-Astray y Terreros, franquista que, según la leyenda, gritara “¡VIVA LA MUERTE, MUERA LA INTELIGENCIA!” durante un debate con Miguel de Unamuno.

(4)"Las buenas novelas nos dicen todo sobre sus personajes, las malas, nos lo dicen sobre su autor", que decía Oscar Wylde.

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