jueves, octubre 30, 2014

EL FIN DEL MIEDO

Para ellos había sido fácil, cada una de sus acciones pasaba sin mayor oposición y, siempre, con la complicidad directa o encubierta de quienes deberían haber sido sus opositores... Y el silencio de quienes se veían afectados por ellas.
            Claro que hubo excepciones; los maestros ocuparon el Zócalo de la capital exigiendo primero la no implementación de la mal llamada Reforma Educativa (en realidad, una reforma laboral encaminada a acotar los derechos históricamente ganados por el magisterio) y, después, su derogación... Y de ahí fueron expulsados con fuego y fuerza y sin soluciones.
            Claro que hubo excepciones... Y, en la capital, cuando las voces opositoras osaban salir a la calle, eran encapsuladas, reprimidas y detenidas por la policía capitalina, como si el gobierno de la ciudad pretendiera evitarle toda molestia posible a la administración federal.

Para ellos había sido fácil... Sus reformas habían pasado con la complicidad de quienes deberían haber sido sus opositores… Y con el silencio del resto de la sociedad.
            Su mensaje era claro; “no te movilices; nada de esto te afecta. No te movilices porque, si lo haces, podemos reprimirte... Y nadie hará nada para defenderte”.
            Era su estrategia, entonces, un monstruo de tres cabezas; la complicidad de la “oposición” partidista, la conformidad de la sociedad y la represión de las voces discordantes.

Para ellos había sido fácil... Pero no más.
            No pudieron criminalizar a los jóvenes del Politécnico, no pudieron mostrarlos como vándalos sin sentido y se vieron obligados a negociar con ellos y a responder a sus demandas.
            No han podido callar la indignación por la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa. Tanto más, cada nueva acción encaminada a desviar la atención, a inventar culpables o a enfrentar entre sí a quienes demandan su presentación con vida; sólo ha provocado el crecimiento de la indignación.
            Y en la indignación se han encontrado (no sin roses, no sin conflictos) aquellos que se habían quedado callados y quienes nunca antes habían alzado la voz... Y siguen encontrándose.
            Y será, tal vez, que el miedo y el silencio no son ya una opción... Porque Ayotzinapa mostró la trampa en la habíamos caído... Y será, tal vez, que es momento de empezar a construir alternativas.

Mario Stalin Rodríguez

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