miércoles, agosto 20, 2014

LO REAL Y LA REALEZA

Tal vez no te guste lo que voy a decirte, pero créeme si te digo que tiene una razón.
            Verás, no todas las niñas son princesas... Y es mejor que sea así.
            Tal vez conoces el cuento sobre el traje nuevo del emperador; ya sabes, ese en el que al final resulta que el emperador va tan desnudo que sólo viste su propia estupidez... Y es que de eso se trata la realeza, de vestir apariencias vacías, trajes huecos; sólo la propia vanidad. Oropeles sin más sustancia que el humo y los espejos.
            Y lo que es cierto para el emperador, lo es también para las princesas...

Mira aquella de allá, sí la de piel blanca como la nieve y el cabello negro como el carbón; todo su papel en la historia ha sido morder una manzana.
            Aquí hay otra; sólo durmió por cien años y más nada.
            ¿Una más? Tenemos a una cuyo único mérito es calzar de un número determinado...
            Como puedes ver, nada hacen y nada logran; el mundo es el mismo después de su paso por él y todo sería igual si no hubieran pasado por aquí.

No, no todas las niñas son princesas.
            Mira aquella de allá, sí, la que pasa sus días en un laboratorio anotando números; gracias a ella conocemos la radioactividad. Es la única persona que ha ganado dos premios nobel en dos disciplinas científicas... No, no es una princesa, es simplemente una mujer normal.
            Aquí tenemos a la primer mujer que subió al espacio. No, tampoco es una princesa, de hecho, viene de un país donde no existe la monarquía y por ley no se cree en ningún dios.
            ¿Una más? Tenemos a la mujer pequeña e indígena, la que tapó su rostro para que su voz fuera escuchada. Se llamaba Ramona y encaró al poder desde la más alta tribuna de México.
            Y hay muchas otras; la maestra que día a día muestra a sus alumnos como crecer y superar las condiciones y el lugar en el que nacieron. La mujer que luchó toda su vida por lograr un mundo mejor y que aún hoy, ausente, acompaña los pasos de quienes aún caminan para lograrlo. La joven que danza y en su danza muestra futuro y libertad.
            Hay muchas otras... Todas mujeres normales, ninguna princesa.
            ¿Ves lo que intento decirte? No son princesas, no necesitaron serlo. Fueron mujeres normales, como las que ves en la calle todos los días... Mujeres normales, como las que cambian el mundo todos los días.

Por eso, perdonarás si no te he llamado “princesa”.
            Será que cuando te miro, cuando te veo crecer, no aprecio en ti humo ni oropeles, sino las posibilidades de un mundo mejor... Y será que en tu risa no hay vacío. Será que veo tu sonrisa llena de mejores mañanas...
            Por eso, perdonarás si no te llamo nunca “princesa”.

Para Sofia, porque ha sido un placer aprender de ti y escucharte reír.

Mario Stalin Rodríguez

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1 Comments:

Blogger Vichoff said...

Maravilloso cuento. ¿Puedo... no sé... ponerlo en mi blog, publicarlo en Facebook...?

8:15 a.m.  

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