miércoles, enero 23, 2013

GENERALA


Ella se incorpora, se enfrenta a la bruja, cierra los ojos como pensando en lo que viene... Toma aire... Canta. Tal vez no es la voz más entonada ni el mejor registro. Tal vez no es el auditorio de mejor acústica, pero su voz llena el salón y los versos sardónicos llegan a cada oído. La ironía implícita se graba en la bruja y es su rostro desencajado el único premio posible a la mejor y más oportuna canción.
                Será, tal vez, que así también se hace la revolución, con sentido del humor.

Ella baila. En el salón de su casa o en el más oscuro club de la capital, ella baila. Bailó, en su momento, en la selva y en el Norte. Bailó en los salones de clases y en las escuelas tomadas. Bailó aquí y allende las fronteras. Baila, no con los píes (no siempre) sino con las ideas, cuando da cátedra...
                Ella baila y será, tal vez, que así también se hace la revolución; bailando.

Se preocupa y quiere, a veces, también odia. Escucha las alegrías y pesares de los otros y, a veces, se aburre a mares escuchándolos. Pero ella está ahí, escuchando, aconsejando; acompañando. Son las alegrías de los otros sus alegrías y comparte también sus pesares. Quiere a quienes los otros quieren y aborrece a quienes les hacen daño. Brinda a la salud de los otros y con ellos, a veces se distancian y las distancias que son tiempo los separan, pero ella está ahí para los otros y ellos están para ella... Ella es los otros, porque los otros es también de ella que aprendieron a ser.
                Será, tal vez, que así también se hace la revolución; con amigos.

Se apresura y nos apresura; ahora veremos esta parte, ahora recorreremos estas calles, aquí nos detendremos, diez minutos para estar en el agua, comemos esto y en este lugar, ustedes buscan hacia allá, nosotros hacia acá... Se apresura, marca el itinerario y, a veces, lo improvisa sobre la marcha.
                Será, tal vez, que así también se hace la revolución; apresurándonos.

Se lo toma con calma. Se despereza, se incorpora y pone un nuevo capítulo de la serie del momento en la televisión, se vuelve a acurrucar y disfruta, tranquilamente, del tiempo que pasa sin prisa...
                Será, tal vez, que así también se hace la revolución; con calma.

 Y así, con sentido del humor, bailando y con amigos. Apresurándonos o tomándoselo con calma, ella va cambiando el mundo. Lo cambia poco a poco, pedacito a pedacito, dando cátedra y cambiando la mente de quien la escucha, platicando y reafirmando sus amistades, en la familia, apoyándolos y apoyándose en ella...
                A veces, así se hace la revolución; cambiando el mundo poco a poco, pedacito a pedacito.

A mi hermana Teresa Azucena Rodríguez de la Vega Cuellar
En parte porque me apetecía dedicarle un cuento, así, sin ningún pretexto ni en fecha específica... Y en parte porque, lo sepa o no, se lo diga lo suficiente o no, día a día me va enseñando cómo cambiar el mundo poco a poco, pedacito a pedacito.
Mario Stalin Rodríguez.

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1 Comments:

Blogger LA CASA ENCENDIDA said...

Como las hormiguistas Mario. Me ha gustadomucho este cuentito a tu hermana.
Me alegro de volver por estos andurriales. Siempre es un placer leerte.
Besicos muchos.

8:17 a.m.  

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