jueves, diciembre 06, 2012

RABIA ACUMULADA



Somos lo que ves,

no hay más.
No busques la bestia negra
de la que hablarán
mañana en toda la prensa.
Nos sobran motivos para protestar
Hechos Contra el Decoro
La Danza de los Nadie

La violencia desencadenada por las fuerzas federales el pasado 1° de Diciembre tiene explicaciones diversas y claras.
                Por un lado está la obvia provocación que suponía cercar el palacio legislativo desde una semana antes de la ceremonia de investidura, aun cuando todas las movilizaciones anunciadas para ese día habían subrayado su carácter pacífico. Por el otro, está la obvia labor de provocadores que, arropados por las fuerzas de la Policía federal, dieron a ésta y a la policía capitalina el pretexto perfecto para arremeter salvajamente contra los manifestantes.
                Un tercer factor debe ser tomado en cuenta, ni la provocación de las vallas ni la tarea de los infiltrados habrían funcionado, sino hubieran encontrado pasto fértil entre los manifestantes...

Contrariamente a lo que parece pensar el grupo gobernante, la ira social se acumula y los distractores tradicionales no son suficientes ya como válvula de escape.
                Detrás de la rabia social se encuentra seis años de una guerra que el poder no se atreve a llamar por su nombre, pero que ha costado 60,000 muertos. Está también una política económica que ha llevado a la mayoría de la población al borde la miseria, aún si las cifras oficiales pretenden enmascarar este hecho a través de matemáticas creativas.
                También está una administración, autonombrada “del empleo”, que sólo fue capaz de crear poco menos de dos millones plazas laborales… Y eso en los optimistas cálculos oficiales. También una reforma a als leyes laborales que, antes que fomentar el empleo, legaliza la esclavitud y facilita el despido.
                Están, sobre todo, dos elecciones de resultados dudosos en el mejor de los casos o claramente fraudulentos en el peor y más real de ellos. Felipe Calderón llegó a la Presidencia a través de la descarada manipulación de los resultados electorales, Peña Nieto lo hizo por la evidente y probada compra de votos.
                Si hace seis años las autoridades electorales tuvieron el descaro de reconocer anomalías profundas en el conteo y computo de los votos, que, según su dicho, “no afectaron el resultado final de la contienda”, las actuales simple y cínicamente, ante la avalancha de pruebas, sólo han dicho que “nada pasó”.
                Hace seis años el descontento popular se volcó a las calles en la forma del platón de Avenida Reforma… Hoy, ante los hechos, una válvula de escape similar resultaría inútil, porque nosotros, los de entonces, ya no somos los mismo; tenemos seis años más de rabia acumulada a cuestas...

Es de entenderse, entonces, la estrategia seguida por las fuerzas federales; aprovechar la rabia acumulada entre los manifestantes para pretextar su desmedida respuesta.
                Escenas que se creían relegadas al pasado tomaron nueva fuerza el 1° de Diciembre. De nuevo la represión desmedida, el uso de gases y toletes, no como herramientas disuasivas, sino como armas... Incluso el empleo de balas goma, prohibidas en buena parte de los países occidentales y cuya ineficacia y peligro se han demostrado en múltiples ocasiones en aquellos lugares en donde aún son empleadas, como en España.
                Por supuesto, la orden de las fuerzas federales no era disolver la manifestación, ni disuadir a los manifestantes de acercarse al palacio legislativo. No, la orden era mucho más sencilla; provocar el mayor daño posible, para exacerbar la ira.
                Si el papel de la Policía Federal es de suyo condenable, mucho más triste resulta el de la policía capitalina, bajo las órdenes de un gobierno pretendidamente democrático.
                Ante la acción clara de grupos de provocadores que, recuérdese, protegidos por las fuerzas federales, rompieron vitrinas y realizaron robos y otros actos vandálicos en las inmediaciones del Zócalo capitalino, la respuesta de los policías de la ciudad fue arremeter con los manifestantes, arrestando indiscriminadamente ya sea a quienes sólo pasaban por ahí, a quienes documentaban los hechos a quienes, según criterios no demasiados claros, resultaban sospechosos, bajo cargos tan absurdos como “usar botas negras”.
                Si ya todo esto resulta demasiado, más reprobable se antoja la actuación de ahora ya exjefe del Gobierno capitalino, Marcelo Ebrad, quien sin reprobar la actuación represiva que las fuerzas federales tomaron en la ciudad que él gobernaba, ni tomar en cuenta la acción de grupos provocadores, simple y llanamente condenó la afectación a comercios, al mobiliario urbano y las pintas en el monumento a Juárez... Justificando por omisión la violencia en contra de los manifestantes.

Finalmente, todo esto tiene una finalidad clara y es, justamente, justificar la violencia oficial. Criminalizar la protesta, desvirtuar la oposición y presentar a quienes no se alinean a los cada vez más reducidos causes institucionales, como meros rebeldes sin causa, es decir; delincuentes.
                Porque la oposición institucionalizada tampoco ha jugado un digno papel en este drama, al día siguiente de los hechos, el líder del principal partido de izquierda, Jesús Zambrano, se tomaba sonriente una foto dando la mano a peña Nieto y firmaba el llamado Pacto por México, prácticamente, un cheque en blanco para que la administración entrante realice las reformas que considere necesariasen materia de telecomunicaciones, política económica, laboral y energética, sin encontrar contrapeso en el Congreso...

Sea, tal vez, que este es el escenario que podría esperarse los próximos seis años; un gobierno represor, libre de implementar las políticas que desee por impopulares, contraproducentes o claramente fallidas que resulten. Con una oposición que lo es sólo de nombre.
                Sea, tal vez, que este es el escenario que podría esperarse de los próximos seis años... Su concreción no depende de la oposición institucionalizada, sino de los movimientos del nuevo tipo, como el #YoSoy132, que han ido surgiendo a lo largo del país.
                Sí, justamente a aquellos que se ha pretendido criminalizar... Aquellos que, en las calles y redes sociales, van sumando la rabia, sí, pero también miradas hacia un México distinto.

Mario Stalin Rodríguez

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