miércoles, junio 27, 2007

LOS AÑOS DORADOS

Mario Stalín Rodríguez

“Si me preguntáis en dónde he estado
debo decir sucede
Pablo Neruda
No Hay Olvido

Se ajusta la corbata y echa una última mirada al espejo, ladea un poco el sombrero y frota su zapato con la pernera del pantalón. Como llamando a la suerte, toca tres veces el marco de madera del espejo, se dedica una sonrisa y sale de su casa.
José, 65 años, profesor del CCH Sur, es parte de ese 13% de la población de México en edad de jubilación o mayor (55 o más años). En dos o tres años se jubilará y dedicará los días, según sus planes, a disfrutar de la vida que casi 40 años de academia le robaron.
Camina por calles que le son hostiles, rápidas, multitudinarias... Todo lo contrario a su andar pausado, acompañado de memoria. Desde que llegó a esta ciudad proveniente de su natal Oaxaca (hace ya 55 años), ha vivido en el centro de Tlalpan, lo ha visto transformarse, mutar de la última frontera del Distrito Federal a un barrio enclavado en la modernidad, encerrado entre tres de las avenidas de mayor circulación en la capital de la república (San Fernando, Insurgentes y Calzada de Tlalpan).
Cada portal, cada ventana, es un recuerdo: aquí vivió por años su novia eterna; más allá, en la esquina de la antigua Casa de Moneda (hoy la Secundaria Diurna N°029), conoció a quien fue su esposa; en la cantina que se encuentra al lado del edificio delegacional combebió con sus mejores amigos, aún hoy (de vez en cuando) se reúnen ahí, para hablar de otros días.
A una cuadra de distancia, sobre la calle Moneda, se encuentra ya el Parque Juana de Asbaje (jardín de la tercera edad); antiguo Hospital Psiquiátrico de La Floresta, en 1999 el Gobierno de la Ciudad de México lo recuperó para hacer de este sitio de funesta memoria, un lugar para la convivencia entre generaciones.
frente a las rejas intencionalmente oxidadas de la entrada, José ladea de nuevo su sombrero y da un golpe con el tacón sobre la acera. Saluda a la distancia al grupo que se reúne unos metros más allá y busca con la mirada, pero ella no ha llegado aún...

Se despide de su nuera y de sus nietos con un beso en la frente, se acomoda el vestido y el chaleco bordado, comprueba el agarre de la peineta en su cabello. Antes de salir toca el marco de la puerta para invocar a la suerte. Sonríe para sí y sale de la casa de su hijo.
Para llegar al parque Juana de Asbaje, Emma, esta mujer de 60 años con paso seguro pese al bastón, debe tomar un microbús que la lleva desde Villa Coapa hasta la Avenida San Fernando y caminar todavía tres cuadras. Odisea semanal que recorre con gusto para encontrar a sus amigos, que para ella es lo mismo que decir memorias.
Maestra de primaria jubilada, Emma vive desde hace seis años en casa de su hijo mayor, junto a su nuera y tres nietos. Ayuda, como puede, a la economía familiar con el escaso ingreso de su jubilación. Supo hace cuatro años del grupo de la tercera edad que se reúne en el Centro de Tlalpan por una de las pocas amigas que aún frecuenta. Decidió asistir a algunas sesiones y conoció a José; desde entonces acude cada fin de semana.
Llega, como siempre, un poco tarde, cuando ya el joven de 25 años que hace las veces de instructor de baile ha puesto la música y las primeras parejas ensayan sus pasos inseguros.
José la espera, como siempre, sentado, dividiendo su atención entre los bailarines y los compañeros que pintan naturalezas muertas guiados por una ninfa de 21 años, de sonrisa fácil y vientre al aire libre.
Lo saluda, como siempre, con una sonrisa y un beso en la mejilla. Él se incorpora y la toma, como siempre, por la cintura mientras se unen, dando vueltas, a las parejas que bailan...

Bailan tomados de la cintura al son de un danzón, se miran a los ojos y se sonríen el uno a la otra. No se ven a como fueron hace tiempo, sino como son ahora, la compañía de fines de semana, las llamadas vespertinas de Lunes a Sábado, la ocasional salida al cine, a cenar y sí, por qué no, alguna noche en casa de él, compartiendo sueño y caricias.

P.D. que crece...
Pues bueno, como siempre que llega la hora de las presentaciones, permítaseme presentar antes ustedes a don Fer... Porque siempre es agradable encontrar sorpresas cercanas, aún si para ello hay que viajar...
Don fer, los lectores de mi blog... No son muchos, pero siempre es bueno saber que los hutopos (aún con otros nombres) efectivamente, andamos por todas partes...


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7 Comments:

Blogger Estepagrisa said...

He vuelto a trabajar...no soportaba estar sin hacer nada en casa, sólo durmiendo y viendo la tele, cobrando un sueldo que no me merecía por estar de baja.
¿sabes? me encanta Dublín...Dublín me cura, el Propio Dublín mantiene a raya a los demonios, y si él no puede con ellos se lo encarga a la Sra. Guinness, que esa si que le obedece rauda...una semana sin demonios, sin dudas, sin miedos....él no llamaba, pero a mí me daba igual.

Vuelta a Bcn y él llama para decirme que se ha enamorado de su compañera de piso, no comment, no hablar, volver a quedarme sin voz ,tener que luchar por algo o moría ¿el qué? pues lo que más a mano tenia, luchar por un trabajo muy digno. Ahora estoy en una casa de locos (te lo aseguro)donde nada es cierto y es muy real a la vez, donde escucho las cosas y me tengo que pellizcar para saber si de verdad son ciertas....esa cosa rara que me perseguia me ha abandonado desde que decidí luchar....pero aún lloro cuando me acuerdo de lo malita que estuve. De como una noche amontoné todos los medicamentos para despertarme en plena noche (como solía hacer) y tomarmelos todos....pero esa noche no me desperté. ESa noche dormí de un tirón (cosa que hacía meses que no conseguía hacer sin canciones de cuna quimicas).
Ahora tambien lo hago, ya no necesito dos canciones quimicas para dormir, me basta con una, así me lo propuse y así lo hago. Poco a poco el caos desaparece. Aunque hay tardes en las que aparece en todo su esplendor y nos ponemos los dos a ver una peli.
Tuve a la pequeña Julia en brazos y ni me inmuté.esto es imperdonable.
He bajado abajo a fumar y dos de cada tres coches son como el suyo. creo que a todo el mundo le dió por comprarse el mismo coche.
Un beso.

1:16 a.m.  
Anonymous Nanny-Ogg said...

Las historias de amor ¿otoñal, invernal? tienen siempre un no sé qué de ternura y nostalgia...

Besos (y pasaré a visitar al "nuevo" :D)

1:08 p.m.  
Anonymous Nanny-Ogg said...

Por cierto: a mí también me hubiera gustado nacer por generación espontánea pasada la adolescencia. Si la naturaleza fuera tan sabia como nos cuentan esa etapa vital no existiría: es lo peor para quien la vive desde dentro y para quien la padece desde fuera.

Besos

1:10 p.m.  
Blogger Mau Periodismo UNAM said...

Por fin, antes de que los posts se me adelanten, comento el más reciente (y, por cierto, no había alguna razón en particular, sólo que quería decir algo sobre los anteriores).

De entrada, ¡saludos, Fer! Prometo visitar tu espacio.

Por otro lado, bueno... Digamos que no bailo, o cuando mucho bailo los ojos, pero, al igual que a los protagonistas de esta historia, me gusta pensar que la edad no tiene por qué convertirse en un impedimento para llevar a cabo lo que nos gusta y seguir viviendo.

Otra vez, saludos.

5:14 p.m.  
Blogger Fer_Q said...

Muchas de las cosas que aprendemos en vida se olvidan en la vejez. Algunos m�s a otros menos, pero todos olvidamos;nos vaciamos poco a poco de los recuerdos se�or. A mi no me sucede con el baile pero si con la m�sica, siempre que escucho una vieja rola, recuerdo los d�as en que la o�a por primera vez. Creo que para los ancianos la musica y el baile pueden ser una huella fehaciente de que en verdad vivieron en aquellos a�os. Que dif�cil debe ser eso cuando conoces a m�s personas que han muerto que las que estan vivas. Ser� que solo hacemos las cosas para recordar como dec�a Sabines..

En otro orden de ideas gracias por presentarme con sus amigos, es extra�o como nos conocimos...Gracias por el interes y la confianza
saludos

5:22 p.m.  
Blogger Estepagrisa said...

Pero todo es demasiado bonito...ella se pierde en las horas con él, no con su juventud, ni con su edad, sólo con sus sentimientos y eso no existe o casi no existe hoy en día.
Es una historia preciosa, Hutopo, dulce y tierna. No me canso de leerla.

9:53 a.m.  
Blogger LA CASA ENCENDIDA said...

Estoy leyendo par atrás como te prometí, y est historia me ha encantado.
besos muchos,
nani

2:53 p.m.  

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