jueves, marzo 19, 2015

EPPUR SI MUOVE

El río discurre lento, casi estático; sobre su superficie podrían edificarse grandes edificios. De hecho, es probable que algunos se hayan erigido... En algunas regiones de la ciudad la vera del río puede fácilmente confundirse con el caudal, tanto más, es probable que el segundo sea un terreno más estable.
            La ciudad crece a los márgenes del río. Mejor dicho; las ciudades. En un lado crece la ciudad de los ricos y los opulentos, en el otro, la de los marginados... Y, conforme crecen, ambas se van confundiendo, borrando sus límites. La ciudad crece, recibiendo a todos, integrándolos, transformándolos; al menos tanto como ellos van transformando a la ciudad.
            Y en la universidad; más específicamente, en la biblioteca, una mano que parece un guante de piel acaricia un libro, tranquilizándolo... “Ook, ok oooook”, murmura; cantando.
            A lo lejos, en las montañas, las brujas cambian a la gente... No, no las transforman en batracios u otros animales, al menos no siempre, casi nunca; no si no las hacen enojar. Las brujas cambian a la gente de la mejor forma en que pueden ser cambiados, cambiando sus mentes para cambiar el mundo.
            En otra región, los pequeños hombrecitos azules decidieron no tener más amos... Y andan por la tierra protegiéndola, a su manera, pero protegiéndola... Y qué importa el robo de unos cuantos cientos de ovejas (materiales de construcción, herramientas, quesos y cualquier cosa que brille, en general), si han salvado el mundo más de una docena de veces (aunque, justo es decirlo, la mayoría de ellas ha sido sin quererlo y otras en contra de su voluntad... Y de la del mundo).
            El mundo... El mundo vuela por el espacio sobre los lomos de cuatro elefantes parados sobre el caparazón de una tortuga... El mundo vuela por el universo y sólo la tortuga sabe hacia donde y con qué propósito.
            Lejos, en un lugar que no es ningún lugar, en otra biblioteca, él sostiene un gato mientras mira el mundo moverse por el universo. En la habitación contigua, millones de relojes de arena de todos los tamaños continúan vertiendo su contenido... Y él, el mira el mundo, sonríe y acaricia su gato.
            Y la tortuga... La tortuga se mueve...

Mario Stalin Rodríguez
In Memorian
Terry Pratchett
Porque nos enseñó que los cuentos no se escriben para decirnos que los monstruos existen, sino para enseñarnos que pueden ser vencidos.

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