jueves, febrero 19, 2015

TAN LIGERO COMO LAS PLUMAS

“Yo sólo soy memoria y la memoria que de mi se tenga”
Elena Garro
Recuerdos del Porvenir

Esto empieza con una aclaración necesaria; creo en la necesidad y justicia de la repatriación de los bienes culturales. Finalmente, todo pueblo tiene derecho a la memoria y a los vestigios de su pasado. La historia propia es, finalmente, privilegio irrenunciable de todo colectivo... Sí, creo en la necesidad y justicia de la repatriación de bienes culturales. No creo, sin embrago, que ésta deba lograrse sobre falacias descaradas y chantajes emocionales.
            No se me malentienda; no defiendo “verdades históricas” irreductibles. Las verdades históricas (y en ello incluyan tanto las de la academia, como las de la PGR) han demostrado, históricamente, ser las más endebles... Creo, sí, en que la historia debe fundarse, sino sobre la realidad, al menos en la mejor mentira disponible; la que más apagada a la realidad sea.
            Pongamos por ejemplo la pieza llamada “penacho de Moctezuma” que, sobre ello se ahondará, probablemente ni era penacho, ni perteneció a gobernante alguno (no digamos ya a Moctezuma segundo)...

Elaborada con 400 plumas de Quetzal, plumaje de colibríes y otras aves, además de piedras y metales preciosos y con un diámetro de 175 cm, la pieza ha sido parte central de las relaciones bilaterales entre el Estado mexicano y el gobierno austriaco.
            De hecho, ha estado a punto de causar el rompimiento de relaciones diplomáticas en más de una ocasión (la más famosa de ellas involucró a un danzante ebrio, tres tabiques y muchos, muchos, policías de Viena) y ha sido motivo de al menos tres resolutivos del Comité de Repatriación de Bienes Culturales de la ONU.
            La historia de la pieza va desde la conquista española de América, pasando por las intrigas palaciegas de la nobleza europea, llegando hasta la conquista civil del poder en el viejo continente. Involucra mitos, mentiras descaradas y, por supuesto, la gran ignorancia de las academias europeas.
            Es probable que la pieza haya sido parte del llamado “ajuar de Quetzalcoatl” que Moctezuma segundo obsequió a Hernán Cortes antes del arribo de éste a la ciudad de Tenochtitlán... No se deduzca del nombre ninguna implicación teológica, ni se pretenda con éste dar por válida la versión según la cual los indígenas creyeron que la llegada del conquistador europeo era el regreso de su dios ausente.
            Finalmente, la única voz que dice que los mexicas creyeron que Cortes era Quetzalcoatl, es la del propio Cortes... La realidad, por el contrario, habla de hechos muy distintos.
            Cortes nunca fue recibido en el Templo Mayor de Tenochtitlan, tanto más; su recibimiento se realizó a las afueras de la ciudad y fueron enviados al palacio del padre de Moctezuma segundo, ubicado en la periferia de la ciudad, muy lejos del centro ceremonial... Y sí, a su llegada fue obsequiado con el ajuar citado, probablemente; no tanto un regalo como una prueba en la que el español fracasó.
            Antes que Cortes, llegaron sus aliados indígenas, pertenecientes a la etnia tlaxcalteca, anunciado a voces “el retorno de Quetzalcoatl” (probablemente, como parte de un intento del europeo de aprovecharse del misticismo mexica). Para probar su autoafirmada divinidad, el español fue “obsequiado” con piezas extraídas de diversos templos, entre las que se mezclaban basura y verdaderos tesoros; lo más seguro, para ver si sabía diferenciarles y qué hacer con cada una.
            Sobra decirlo, cuando el español guardó todo esto en cofres; quedó bastante en claro que no era ningún dios...

Sí; todo lo anterior es un ejercicio de especulación, pero tiene mucho mayor sentido que cualquier otra versión en boga en tiempos pasados.
            Lo cierto es que Cortes envió sus obsequios a la corona española, en aquel entonces en manos de Carlos I, de la casa de Habsburgo y, como suele suceder con la nobleza, éste decidió catalogarlos y embodegarlos...
            En 1700 (casi 200 años después), en medio de un gran caos, la casa austriaca abandonó el trono de la península ibérica (que recayó en los todavía reinantes borbones... Aunque los actuales monarcas deban su corona más a Franco que a nadie más), refungiándose en Austria, donde aún gobernaban (de hecho, recuérdese, el pretexto utilizado por los conservadores para traer a Maximiliano de Habsburgo a hacerse cargo del gobierno de México, era que éste era el legítimo heredero de la corona española).
            Ya en el siglo XX, y a raíz del reacomodo político que la I y II Guerras Mundiales trajeron consigo, el poder de Austria pasó a manos civiles. Las nuevas autoridades aprovecharon las riquezas acumuladas por siglos de la nobleza... En 1945, tras la caída de las potencias del Eje, en el Museo Etnográfico de Viena, sobre un maniquí que representaba a un hombre de raza negra, se puso en exhibición “la Capa Africana”... Sí, efectivamente, el ahora llamado “Penacho de Moctezuma”.
            Obviamente, las circunstancias del cambio de denominación no son del todo claras. Se sabe que la pieza permaneció expuesta como “Capa Africana” durante un buen tiempo, hasta que un asistente al museo (la leyenda cuenta que era mexicano) hizo notar a las autoridades de éste que, en África, no hay quetzales (esta ave es endémica de América, de la Selva Lacandona, para ser más precisos).
            Tratando de reconstruir la historia de la adquisición de la pieza, los investigadores llegaron a Cortes y a la nobleza indígena... Y volviendo a fracasar, casi 500 años después, en la misma prueba que Cortes; volvieron a malinterpretar su naturaleza y uso... Y ya está; “El Penacho de Moctezuma”.

Volvamos a los primeros párrafos, por su forma, tamaño y peso, la pieza no podría ser usada como “penacho”, sin arriesgarse a que quebrara el cuello de su usuario... Por no hablar de la imposibilidad que las plumas de quetzal (con una longitud superior a un metro) permanecieran erguidas sin auxilio de un soporte rígido (agregando mayor peso).
            De hecho, dejando de lado la cuestión geográfica, es probable que el primer acercamiento de los museógrafos vieneses no estuviera del todo errado en cuanto a su naturaleza y uso.
            De acuerdo a la mayoría de los investigadores actuales y haciendo un comparativo iconográfico, es probable que la función original de la pieza fuera, efectivamente, la de ser una capa. No de una persona, sino de una estatuilla de Quetzalcoatl, de la forma en que esta deidad era retratada no por los mexicas, sino por los huastecos...

De nuevo; sí, creo en la necesidad y justicia de la repatriación de bienes culturales. No creo, sin embrago, que ésta deba lograrse sobre falacias descaradas y chantajes emocionales... Sobre todo, si la realidad resulta ser mucho más interesante.

Mario Stalin Rodríguez
Asesor Educativo
Museo Nacional de Antropología

Fuentes:
Gonzáles Rul, Francisco, “El Penacho de Moctezuma” en Arqueología Mexicana; México, 1995.
Rodríguez de la Vega Cuellar, Mario Stalin, Mexica (6ª edición), México, Museo Nacional de Antropología, 2014
Solis, Felipe, Mexica. Museo Nacional de Antropología, México, Conaculta/INAH/MNA/Luwerg, 2004.

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