jueves, abril 24, 2014

DETALLES

el lugar del demonio

Nadie que conozca la historia reciente de México en general, y de los gobiernos del PRI en particular, esperaba grandes sorpresas de las llamadas reformas estructurales de la administración formalmente encabezada por Enrique Peña Nieto; resultaba más que evidente hacia donde se encaminaban y a quiénes beneficiarían.
            Por lo mismo, resultaba sorprendente que ciertas voces, tradicionalmente críticas, se esforzaran en señalar aspectos “positivos” de las reformas financiera y en telecomunicaciones; subrayando que, si bien no eran enteramente lo deseable, partes de ellas se encaminaban en la dirección correcta.
            Desde un principio se señaló que estas “partes positivas” bien podían ser una mascarada que no prosperaría a la discusión de las leyes en las cámaras o bien, matizadas o hasta eliminadas con las leyes secundarias de estas reformas...
            También se advirtió que, muy probablemente, estas reformas contendrían aspectos encaminados a llamar la atención y despertar la indignación de sectores muy particulares, a fin de que estos ocuparan espacios en los medios y la discusión pública se centrara en torno a ellos... Pudiendo entonces, ser matizados o eliminados por los legisladores, en función de una pretendida “sensibilidad a la protesta social”.
            La aprobación de la reforma financiera y su reglamentación secundaria, confirmó e, incluso, rebasó estas predicciones... Algo no muy distinto está ocurriendo con la de telecomunicaciones.

En un principio, la aprobación de esta reforma despertó un injustificado optimismo entre quienes han buscado, durante mucho tiempo, la apertura en el mercado de telecomunicaciones. Particularmente, se quiso ver en la declaración de preponderancia de Telmex y Telcel, un primer paso para acotar el poder del duopolio televisivo.
            Esta era, se decía entonces, la forma en que el exgobernador del Estado de México declaraba su independencia de los poderes facticos que le colocaran en la silla presidencial... Y, sin embargo...
            El envío, discusión y dictamen de las leyes secundarias en esta materia desmienten por completo estas predicciones... No se trata sólo de que las leyes secundarias hayan contenido pretensiones descaradamente censoras hacia los contenidos y acceso a internet (actualmente fuera de la discusión del dictamen legislativo, por la “sensibilidad” de los senadores al “descontento social”).
            Se trata mucho más de que la inclusión de estos detalles, pareciera encaminada a distraer la atención de los grupos potencialmente opositores, a fin de que otros aspectos pudieran ser aprobados sin llamar demasiado la atención.
            No sólo es que la legislación secundaria presentada por Peña Nieto no acote el poder de los poderes fácticos del duopolio televisivo, sino que garantiza el dominio casi exclusivo de Televisa sobre al espectro radioeléctrico y limita por completo la capacidad de otros actores para entrar en el mercado de la televisión abierta...
            Es decir, la reforma en telecomunicaciones le garantiza a los verdaderos gobernantes de México ser ellos la única voz audible... No en lo que se refiere a limitar el acceso a internet o en la capacidad del Estado de censurar contenidos específicos en éste. Objetivos deplorables donde los haya y que han fracasado siempre que se han intentado.
            No, porque en el México actual Internet es una herramienta útil y poderosa, sí, pero aún muy limitada en cuanto a sus alcances reales como medio de difusión masiva de información y para llamar a la protesta social... Mucho más importante es la necesidad de ciertos actores, Televisa y sus satélites (Milenio, El Universal, Crónica, Reforma y etcétera), en continuar como la única voz preponderante, a fin de presentar sólo la visión que conviene a los grupos de interés que representan.
            Es este camino que van encaminadas las reformas… Y es contra todo ello (y no sólo algunos aspectos), que debemos encaminar nuestras protestas.

Mario Stalin Rodríguez.
Para Inge Roeniger, que mepreguntó y yo, que casi nunca he podido negarle nada, le respondo...

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