jueves, marzo 20, 2014

DELIRIO

Nada.
            Ella está acostada sobre el frío piso. La música empieza, descompasada, estridente... Su cuerpo se estremece de cuando en cuando, tal vez al compás de las campanadas de un reloj.

Nada.
            Ellos aparecen vestidos de rojo, arrastran tras de sí velos casi etéreos.
            La rodean si tocarla. La música sigue; cada vez más fuerte.

Nada.
            Ella se incorpora, estira sus miembros. Camina sin verlos, sin tocarlos; con la mirada fija en el horizonte... Su cuerpo aún se estremece de cuando en cuando, las campanadas del reloj crecen. La música, poco a poco, va apagándose.

Nada.
            Ellos traen bastones, ellos parecen bastones. La golpean en la cintura, en los hombros, en la cabeza... Ella cae. Se arremolinan en torno a ella, siguen golpeándola.

Nada.
            Él aparece vestido de blanco. Se enfrenta a ellos; los empuja, los parta de ella... Al principió parece espantarlos. Ellos se amontonan en un rincón, tal vez asustados, más bien planeando. Las campanadas cesan, sólo queda silencio.

Nada.
            Ella observa. Se acerca a él, lo abraza por atrás. Él intenta voltearse, ella lo empuja, lo tira... Lo patea en el piso. Ellos se acercan con los bastones en alto. La música vuelve y con ella las campanadas del reloj.

Nada.
            Ella ríe. Él yace en el suelo, siendo golpeado por ellos. La música crece, las campanadas retumban... Ella ríe.
            Fundido a negro.


Mario Stalin Rodríguez

Esquema para una coreografía elaborado en 2010, a petición de mi hermana Nora.

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