miércoles, julio 17, 2013

INSOMNIO

Primero
La joven desespera.
                ¿Qué importa su nombre? Es mujer a cuatro letras; es joven y recién salida de la facultad. Su vida se enfrenta a nuevos horizontes y distintos amaneceres; algunos de sus planes parecen ir cumpliéndose, otros cambian o se abandonan y, unos pocos, desea a veces, ojalá la abandonaran...
                No, no importa su nombre; sólo que es joven y desespera.
                Sería incorrecto decir que es su tercer noche sin dormir. En ésta y las dos anteriores, duerme a veces, pero no completamente: cuando la inconsciencia parece ganar, se ve a sí misma caminando por pasillos interminables; parecerían los corredores de una biblioteca infinita.
                A lo lejos escucha una voz, tal vez está llamándola; no identifica las palabras; pero bien podrían ser su nombre...
                Entonces despierta, se sienta en su cama y desespera.

Segundo
El nunca duerme.
                ¿Qué importa su nombre? Nació con el primer deseo de los hombres y morirá sólo cuando la última esperanza desaparezca. Habita entre los sueño de los hombres, es varón, hembra y quimera; el amo y señor del país onírico.
                No, no importa su nombre; es eterno e inmutable… Y hoy desespera.
                Pasea entre los pasillos de su biblioteca, en sus infinitos estantes están todos los libros que han sido escritos, todos los libros que s es escribirán e, incluso, todos aquellos que nunca serán escritos. A veces detiene su deambular, retira un tomo de los estantes y lo hojea distraídamente... Siempre termina cerrándolo de golpe y debe contener las ganas de arrojarlo lejos, se controla y lo coloca de nuevo en su sitio.
                Respira, suspira; murmura un nombre... Y desespera.

Tercero
Los días del insomnio son difíciles.
                Se encuentra irritable y el mundo no parece dispuesto a darle la tranquilidad que desesperadamente necesita. Incluso los pequeños pecados que en otras ocasiones deja pasar con una sonrisa, hoy la enervan y su enojo estalla a la menor provocación.
                No, ni siquiera  los pequeños placeres en los que otros días encuentra refugio, la consuelan... La noche se acerca y, con ella, el insomnio y los sueños.

Cuarto
Se sienta en su trono.
                Escucha los dimes y diretes de un conflicto que no le interesa; hadas y duendes en sus eternas, estúpidas y vacías disputas. Hablan y piden su intervención; llaman a la ley del señor de los sueños para resolver un conflicto irrelevante.
                El no les escucha, cierra los ojos y la ve. Como siempre, la recuerda sonriendo o cantando una ronda infantil... Por primera vez en mucho tiempo; sonríe.
                El rey de los sueños ha tomado una decisión.

Quinto
Despierta en el sueño.
                Se encuentra a sí misma desnuda sobre el agua, no como quien flota, sino como quien puede caminar sobre ella. No reconoce el paisaje, una luna que no es la luna ilumina un cielo sin estrellas, el agua se extiende en cualquier dirección hasta donde alcanza la vista y, a lo lejos, una figura pálida se acerca.
                Clava su mirada azul en ella y la llama por su nombre.
                Se sonríen...
                Sí, incluso al señor de los sueños le es permitido, de vez en cuando, desear y ser correspondido.

Ella duerme... En su rostro se dibuja una sonrisa y, entre sueños, canta una ronda infantil sobre un ciempiés.

Mario Stalin Rodríguez
Para la Licenciada Ilse Ruiz
Porque un cuento le prometí y un regalo le debo...

Y porque no tengo a mano un chocolate.

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