lunes, agosto 07, 2006

DÍME CON QUIÉN FIRMAS Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

Hector Rodríguez de la Vega

DÍME CON QUIÉN FIRMAS Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

Con las firmas y los nombres de algunos conocidos pero los más son ilustres desconocidos para la enorme mayoría de los mexicanos, se mueven en círculos tan pero tan íntimos, de raza “fina” pues, que aún y se vanaglorian de su “intelectualidad” aunque no sabemos (en mi caso, y conste que leo, ni puta idea) a qué ejercicio de su intelecto, en el más estricto sentido de la palabra, se dedican.

El caso es que en la mayoría de los diarios de circulación nacional apareció un desplegado firmado por “135 intelectuales” a quienes les “consta” que las elecciones fueron limpias y puras; de entrada el que pudieran pagar los desplegados significa o que tienen harta mucha lana o, lo más seguro, los contactos suficientes y eficientes para que las facturas se paguen en Los Pinos.

Sabemos como se elaboran y forman estos desplegados, no hubo reunión ni discusión de por medio entre los 135 firmantes, al menos ningún medio registro tal acontecimiento; se trata tan sólo de un eficiente protocolo de adhesiones telefónicas en el que casi ningún firmante tiene ni la menor idea de lo que está avalando con el poder de su rúbrica.

Dejemos de lado a los famosos pero muy lustres desconocidos intelectuales de entre esa pléyade de rubricantes, centrémonos en algunos de los que SI sabemos quienes son; me he permitido señalarlos en negritas, respetando su orden de aparición tal y como lo publicaron pero igualmente me tome el atrevimiento de señalar sus blasones:

Van pues para demostrar que un “dime con quién firmas un desplegado y te diré quién eres” es cierto; acepto mi ignorancia en muchos aspectos; que los no “negriteados” protesten en su momento o se acomoden en las respectivas listas de príistas en sus distintas vertientes (salinistas, zedillistas), panistas, cuauhtemistas, analistas al servicio de los poderes mediáticos o simples saltimbanquis que se acomodan a los díneros públicos.

En la clasificación que alcancé a realizar están, de entre los que recuerdo, sin ir muy a fondo (algunos no está del todo bien ubicados porque saltan de una categoría a otra) pero igual van:

Los salinistas de Nexos: Héctor Aguilar Camín, Christopher Domínguez Michael, Carlos Tello Díaz, Fátima Fernández Christlieb, Ángeles Mastretta; el de Vuelta: Enrique Krauze; el defensor de represores, Luis de la Barreda Solórzano; los “progresistas” promotores del “voto útil” en el 2000: Germán Dehesa, Luis González de Alba, Joel Ortega Juárez; los mercenarios a secas: Raúl Trejo Delarbre, Rafael Pérez Gay, Federico Reyes Heroles; los dirigentes o/y funcionarios de gobiernos priístas, panistas o cuahutemistas (saltimbanquis los más de ellos). Enrique Florescano, Jorge Alcocer, Julia Carabias, Jorge G. Castañeda, Roberto Eibenschutz, Carlos Heredia; José Sarukhán, Guillermo Soberón, Eduardo Valle (El Búho), Soledad Loaeza; y, por supuesto, los mercenarios de la comunicación como: Jorge Fernández Meléndez y Leo Zuckermann.

Debo reconocer mi ignorancia, por ejemplo y entre otros sobre la doctora en antropología (supongo) Larissa Adler-Lomnitz quien ha publicado al menos tres libros y tiene más de 200 referencias en los buscadores de Internet pero, aún así sigue siendo ilustre desconocida (ya sé que Juan Rulfo sólo publicó tres libros pero, obviamente, nada que ver).

Para que no le digan... Para que no le cuentes, va el “sesudo” desplegado completo, con todo y los nombre de los firmantes originales en el que 135 intelectuales y un aspirante a usurpador, bonitas voces todos ellos, dicen que No hubo fraude (sólo errores e irregularidades). Va pues:

“El 2 de julio millones de mexicanos fuimos a las urnas para elegir al Congreso de la Unión y al Presidente de la República. En diez estados hubo comicios locales: elegimos a tres gobernadores y al Jefe de Gobierno del Distrito Federal, con sus respetivos congresos locales y decenas de ayuntamientos.

Fueron elecciones auténticas entre partidos y candidatos plurales. Ninguna fuerza política ganó todo y ninguna perdió todo. Nuestra votación nos obliga a vivir y convivir en la pluralidad.

La convivencia y la competencia política civilizadas son el principio y el fin de la democracia. Este es el valor que hoy deseamos refrendar, preocupados por un clima público que puede erosionar lo que tanto trabajo ha costado construir.

Quienes firmamos este documento hemos votado por diferentes candidatos y partidos, pero nos unen las siguientes convicciones que creemos son la base para una coexistencia de la diversidad política tolerante y productiva:

1. Todas las fuerzas que participaron en la elección son legítimas. Expresan las propuestas y esperanzas de diferentes franjas de la sociedad. Esa diversidad es una riqueza que debe preservarse. Las elecciones son el único método que garantiza que sean los ciudadanos los que decidan quiénes deben gobernar y legislar.

2. Durante las campañas sobraron descalificaciones, pero la jornada del 2 de julio fue ejemplar por la participación ordenada de más de 42 millones de votantes. Fueron instaladas prácticamente todas las casillas por más de 500 mil ciudadanos sorteados y capacitados por el IFE. Todo ello transcurrió con normalidad. Reconocemos al IFE, más allá de errores puntuales, por su eficacia en la organización de esta tarea gigantesca. Refrendamos nuestra confianza en su imparcialidad y en su independencia.

3. Hemos elegido un Congreso plural donde ningún partido tendrá mayoría absoluta de votos; habrá gobernadores de diferentes partidos, congresos locales y ayuntamientos habitados por la variedad de las opciones políticas. Celebramos que la pluralidad política del país quedó genuinamente expresada en la elección del 2 de julio.

4. Las elecciones siguen probando que son el canal legítimo para la expresión de las más profundas inquietudes de una sociedad compleja como la mexicana. El espectacular crecimiento de la izquierda en estas elecciones confirma que es a través del sufragio como las distintas fuerzas políticas pueden expandir su influencia e insertar sus propuestas en la agenda nacional.

5. Existe, sin embargo, una aguda controversia en torno a la limpieza y validez de la elección presidencial. Quienes firmamos este documento hemos seguido los argumentos y pruebas presentadas en el litigio. No encontramos evidencias firmes que permitan sostener la existencia de un fraude maquinado en contra o a favor de alguno de los candidatos. En una elección que cuentan los ciudadanos puede haber errores e irregularidades, pero no fraude.

6. Los partidos y candidatos tienen el derecho de acudir al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación para hacer valer sus inconformidades. Esa es la ruta diseñada para atender dudas, quejas o conflictos electorales. No se pueden erradicar por completo los diferendos en materia electoral. Pero a lo largo de los últimos diez años todos ellos han sido resueltos a través de la vía jurisdiccional. Una vez que el Tribunal ha resuelto, se han terminado todos los conflictos.

7. No debemos alimentar una espiral de crispación y alarma. No inyectemos elementos que envenenen el ambiente político, no enfrentemos a los adversarios como si se tratara de enemigos. Edifiquemos un clima que refuerce la convivencia política en la diversidad.

8. Refrendamos nuestra confianza en el Tribunal Electoral. Es la última y definitiva voz autorizada para desahogar el diferendo en torno a la elección presidencial. No queda sino respetar la resolución del Tribunal.

9. Nuestras instituciones electorales son un patrimonio público que nadie debe lesionar. Son el soporte de una de las libertades fundamentales que los mexicanos hemos conseguido en estos años: la libertad de votar y ser votados sin que nadie manipule nuestro mandato.

Adrián Acosta Silva, Larissa Adler-Lomnitz, Luis Miguel Aguilar, Héctor Aguilar Camín, José Antonio Aguilar Rivera, Sealtiel Alatriste, Eliseo Alberto, Jorge Alcocer, Enrique Alduncin, Ignacio Almada, Asunción Álvarez, Francisco Javier Aparicio, Antonella Attili, Roger Bartra, Eduardo Barzana, Ricardo Becerra, Humberto Beck, Ulises Beltrán, Edmundo Berumen, José Joaquín Blanco, Edmundo Calva, Salvador Camarena, Enrique Canales, Julia Carabias, Emmanuel Carballo, Miguel Carbonell, María Amparo Casar, Jorge G. Castañeda, Marina Castañeda, Adolfo Castañón, Ricardo Cayuela, Santiago Corcuera Cabezut, Lorenzo Córdova, Ramón Cota Meza, Israel Covarrubias, José Luis Cuevas, Leonardo Curzio, Luis de la Barreda Solórzano, José Antonio de la Peña, Germán Dehesa, Roberto Diego Ortega, Christopher Domínguez Michael, Denise Dresser, Irene Durante Montiel, Juan Eibenschutz, Roberto Eibenschutz, Ricardo Elías, Álvaro Enrique, Fernando Escalante Gonzalbo, Beatriz Espejo, Guillermo Fadanelli, Fátima Fernández Christlieb, Jorge Fernández Meléndez, Héctor Fix Zamudio, Enrique Florescano, Fernando García Ramírez, Luis Emilio Giménez Cacho, David Gómez-Álvarez, Luis González de Alba, José Antonio González de León, Olbeth Hansberg, Carlos Heredia, Claudio Isaac, Ángel Jaramillo, Fuad Juan, Gerardo Kleinburg, Enrique Krauze, León Krauze, Mario Lavista, Soledad Loaeza, Cassio Luiselli, Ángeles Mastretta, Álvaro Matute, Samuel Melendrez Luévano, Víctor Manuel Mendiola, Mauricio Merino, Jean Meyer, Pedro Meyer, Mario J. Molina, Silvia Molina, Ciro Murayama, Humberto Murrieta, Benito Nacif, Enrique Norten, Octavio Novaro, Federico Novelo, Joel Ortega Juárez, Antonio Ortiz Mena López Negrete, Pablo Ortiz Monasterio, Ignacio Padilla, Guillermo Palacios y Olivares, Pedro Ángel Palou, David Pantoja Morán, Julio Patán, Braulio Peralta, Rafael Pérez Gay, Rafael Pérez Pascual, Jacqueline Peschard, Ernesto Piedras, Jean-Francois Prud’homme, Ricardo Raphael, Román Revueltas Retes, Federico Reyes Heroles, Jorge Javier Romero, Alejandro Rossi, Luis Rubio, Pablo Rudomín, Daniel Sada, Luis Salazar, Pedro Salazar Ugarte, José Sarukhán, Cecilia Sayeg, Guillermo Sheridan, Isabel Silva Romero, Carlos Sirvent, Guillermo Soberón, Fernanda Solórzano, Beatriz Solís Leree, Jaime Tamayo, Ricardo Tapia, Carlos Tello Díaz, Raúl Trejo Delarbre, Julio Trujillo, Isabel Turrent, Guillermo Valdés Castellano, Eduardo Valle, Josefina Zoraida Vásquez, Rodolfo Vázquez, Xavier Velasco, Diego Villaseñor, José Warman, José Woldenberg, Ramón Xirau, Gina Zabludovsky, Fernando Zertuche, Leo Zuckermann…"

Y los que faltaban; luego luego que se suma el Felipe Calderón..., no deben tardan en sumarse la ilustre profesora Elba Esther, el tal Luis Pazos, los “periodistas” Ciro Gómez Leyva, Raymundo Riva Palacio y el Brozo, o las “escritoras” Sary Bermúdez, la Vasquez Mota o la Aranda


Bonitos intelectuales, pero la verdad es que el panismo no da para más.

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