martes, agosto 08, 2006

La opinión de la razón o la razón de la opinión

René Drucker Colín

La opinión de la razón o la razón de la opinión

No hay nada repartido más inequitativamente en el mundo que la razón: todos están convencidos de tener suficiente.

René Descartes

Las opiniones se convierten en algo peligroso cuando a los hombres les da por obrar según ellas.

George Bernard Shaw

Opinar tiene que ver con el hecho de hacer conjeturas acerca de algo. De ahí que a veces sale el dicho "casarse con su opinión", que en realidad significa que uno se aferra al juicio propio. Por otro lado, la razón tiene que ver: 1) con los argumentos que se aducen en apoyo de algo, o 2) a las consideraciones que nos mueven para portarnos de cierto modo en la sociedad, por lo que nos podrán juzgar los que lo sepan (así lo define el diccionario).

Estos dos términos tienen mucho que ver con lo que pasa hoy día. Por lo pronto, todos tenemos derecho a tener una opinión y los que tienen acceso a medios pueden expresarla públicamente. Por otro lado, nadie tiene la razón, pues si la tuviera, tendría la verdad en la mano, cosa imposible, pues la verdad absoluta no existe. Por lo tanto, todos los que expresamos nuestras razones simplemente tenemos una opinión acerca de algo. Sin embargo, existe duda sobre la nobleza de la segunda acepción de la razón y ésta es que manifiestó tal o cual opinión porque me mueven ciertas consideraciones (razones en el sentido de intereses) para expresarla.

En estos convulsos días en los que se encuentra la nación mexicana, el centro del debate de opiniones es AMLO y sus acciones respecto de la elección. Andrés Manuel manifiesta que le están robando la elección. Está convencido y muchos pensamos que desde hace mucho se está haciendo todo lo necesario y posible para que no sea presidente de México. Desde el desafuero y lo de hoy día todo parece apuntar hacia eso. El es el directamente afectado y su lucha se relaciona con un principio que tiene (guste o no): "a mí no me van a robar la elección".

Visto así, dada la enorme injusticia, cualquier cosa que se haga es poco comparado con este enorme atentado a la justicia electoral y a la democracia. Esta piedra filosofal requiere que la fuerza del Estado se combata con acciones fuertes. Estas acciones sin duda afectarán a terceros. Muchos, incluyendo adeptos, consideran esto inadecuado; es su opinión y esgrimen sus razones. Por otro lado se argumenta que la inmensidad de la injusticia es tal que se justifica casi cualquier acción de resistencia civil. ¿Hay términos medios?, desde luego que no los hay. Con la reciente decisión del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), las respuestas estarán más cargadas de emociones y de polarización social, ya no se diga si con el poco menos de 10 por ciento de las casillas examinadas no sólo no se resuelve el conflicto, sino que además se muestran tantas inconsistencias que tendría que obligar al recuento de voto por voto.

Yo no sé si el capital político de AMLO disminuya, como sugieren la mayoría de los que escriben en los medios, incluyendo algunos que apoyan su candidatura, pues ciertamente en los hechos la defensa de la piedra filosofal, o la lógica filósofo-política del fraude, se va perdiendo para muchos ante la inmediatez de la realidad cotidiana y las necesidades de la vida diaria. Para muchos de los que se vean afectados en esto último, poco terminará importándoles lo que defiende AMLO. De ahí la recriminación de adeptos que pesan en la opinión pública (no se vale afectar a terceros). La pregunta sería: ¿qué es peor, un mes de incomodidades o seis años de un gobierno ilegítimo o, en el mejor de los casos, de dudosa legitimidad?

A diferencia de esto último, los intelectuales que firmaron una carta señalando que no hubo fraude caen en la segunda definición de razón. Yo no conozco sus razones, pero conociendo a varios de los que la firman, seguramente consideraron que el problema puede tornarse más serio si se alarga y hay que darle fin antes de que se complique más, entre otras consideraciones que desconocemos y sobre las cuales ya hay varias opiniones.

Yo no sé si hubo fraude o no en el sentido de tener pruebas contundentes en la mano, pero tampoco sé si no lo hubo, pues tampoco están las pruebas. Lo que es evidente, y no es opinión, es que hay suficientes anomalías, irregularidades y dudas acerca de la elección, que bien hubiera valido que el TEPJF decidiera contar todos los votos. Qué mejor certeza tendríamos todos los que opinamos de una forma u otra, con razón o por razones. Esperemos que lo que siga conduzca a eso, de otra forma lo que se verá afectado será el país entero.

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