Los Falsificadores de la Democracia 85
VOCERÍAS
Y
para ello, en las pasadas dos semanas, ha puesto a Jacobo Dayán, un
negacionista del genocidio que el ente colonial Israel perpetra en la Palestina
ocupada, a leer el “Mi Lucha” de Hitler en vivo para negar que es vocera de una
ultraderecha que se acerca al neofascismo (porque nada más alejado del
neofascismo que leer la obra cumbre del fascismo alemán en vivo y en directo).
A
Alfredo Figueroa, consejero en el IFE de Leonardo Valdés cuando éste decidió
cerrar los ojos ante la descarada y sobradamente documentada compra de votos
masiva que llevó al triunfo de Peña Nieto en el 2012 y que, posteriormente,
fuera “coordinador de análisis” en la campaña del candidato de la derecha,
Ricardo Anaya, en las elecciones de 2018, a decir que “es un despropósito decir que Aristegui es vocera de la derecha”
(porque nada más alejado de la derecha que la opinión del asesor de un
candidato de la derecha).
A
José Ramón Cossio, ex ministro de la SCJN nombrado por Vicente Fox en 2003 y
que votara a favor de “la legalidad” de todas las reformas del Peñato hasta su
retiro en Noviembre de 2018, un mes antes de que López Obrador asumiera la Presidencia
y después de fracasar en que el pleno de la corte aprobara una tesis jurídica
según la cual “era inconstitucional que López Obrador hubiera ganado tan holgadamente
como ganó” (aquello era tan ridículo que incluso en una corte tan controlada
por la derecha, sólo él votó a favor de su ponencia), a decir que “por supuesto
Carmen Aristegui no es vocera de la derecha” (porque nada más alejado de la
derecha que un ministro que votó a favor de todas las reformas del último
gobierno de la derecha).
Y
así, cada día durante los últimos 15 días, Carmen Aristegui le ha abierto sus
micrófonos a voces de la derecha para que digan que “obviamente ella no es
vocera de una ultraderecha que se acerca al neofascismo”, en lugar de hacer el
mínimo ejercicio de autocrítica y preguntarse si el abrirle los micrófonos exclusivamente
a gente de la derecha, no podría llevar a que se piense que es vocera de la
derecha.
(A
Denise Dresser y a Anabel Hernández no las puso a decir lo mismo, porque la primera
ha estado en estas semanas en un proceso pre y post operatorio que la tiene tan
lleva de opioides que ya alucina a López Obrador escondiéndole los opioides en
las farmacias PRIVADAS en las que su asistente intenta comprarlos. Y la segunda
está tan metida en sus propios delirios y vive tan sumida en sus fantasías, que
sencillamente no sabe cambiar de tema).
Todo lo cual ha sido acompañado con una cobertura que presenta como hecho comprobado cualquier alharaca que Trump o la gente de su administración suelten, porque nada dice “no soy vocera de una ultraderecha que se acerca al neofascismo”, como presentar como hecho comprobado cualquier alharaca que el neofascista Donald Trump suelte.
Mario
Stalin Rodríguez
Etiquetas: Apuntes sobre periodismo, off topic, Opinión, virus informáticos


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