miércoles, octubre 14, 2026

Los Falsificadores de la Democracia 85

 VOCERÍAS


 La “indignación” de Carmen Aristegui por haber sido llamada “vocera de una ultraderecha que se acerca al neofascismo” la ha llevado a que aún hoy, 15 días después, dedique cada espacio que el ser vocera de la ultraderecha deja libre en su programucho a negar que es vocera de la ultraderecha.

            Y para ello, en las pasadas dos semanas, ha puesto a Jacobo Dayán, un negacionista del genocidio que el ente colonial Israel perpetra en la Palestina ocupada, a leer el “Mi Lucha” de Hitler en vivo para negar que es vocera de una ultraderecha que se acerca al neofascismo (porque nada más alejado del neofascismo que leer la obra cumbre del fascismo alemán en vivo y en directo).

            A Alfredo Figueroa, consejero en el IFE de Leonardo Valdés cuando éste decidió cerrar los ojos ante la descarada y sobradamente documentada compra de votos masiva que llevó al triunfo de Peña Nieto en el 2012 y que, posteriormente, fuera “coordinador de análisis” en la campaña del candidato de la derecha, Ricardo Anaya, en las elecciones de 2018, a decir que “es un despropósito  decir que Aristegui es vocera de la derecha” (porque nada más alejado de la derecha que la opinión del asesor de un candidato de la derecha).

            A José Ramón Cossio, ex ministro de la SCJN nombrado por Vicente Fox en 2003 y que votara a favor de “la legalidad” de todas las reformas del Peñato hasta su retiro en Noviembre de 2018, un mes antes de que López Obrador asumiera la Presidencia y después de fracasar en que el pleno de la corte aprobara una tesis jurídica según la cual “era inconstitucional que López Obrador hubiera ganado tan holgadamente como ganó” (aquello era tan ridículo que incluso en una corte tan controlada por la derecha, sólo él votó a favor de su ponencia), a decir que “por supuesto Carmen Aristegui no es vocera de la derecha” (porque nada más alejado de la derecha que un ministro que votó a favor de todas las reformas del último gobierno de la derecha).

            Y así, cada día durante los últimos 15 días, Carmen Aristegui le ha abierto sus micrófonos a voces de la derecha para que digan que “obviamente ella no es vocera de una ultraderecha que se acerca al neofascismo”, en lugar de hacer el mínimo ejercicio de autocrítica y preguntarse si el abrirle los micrófonos exclusivamente a gente de la derecha, no podría llevar a que se piense que es vocera de la derecha.

            (A Denise Dresser y a Anabel Hernández no las puso a decir lo mismo, porque la primera ha estado en estas semanas en un proceso pre y post operatorio que la tiene tan lleva de opioides que ya alucina a López Obrador escondiéndole los opioides en las farmacias PRIVADAS en las que su asistente intenta comprarlos. Y la segunda está tan metida en sus propios delirios y vive tan sumida en sus fantasías, que sencillamente no sabe cambiar de tema).

            Todo lo cual ha sido acompañado con una cobertura que presenta como hecho comprobado cualquier alharaca que Trump o la gente de su administración suelten, porque nada dice “no soy vocera de una ultraderecha que se acerca al neofascismo”, como presentar como hecho comprobado cualquier alharaca que el neofascista Donald Trump suelte.

Mario Stalin Rodríguez

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