jueves, abril 21, 2016

LABORES DE PARTO y05

Ante lo analizado, la opción más viable que podrían tomar los trabajadores de la Secretaría de Cultura era el crear un sindicato unificado que les representara a todos, independientemente de sus diferencias, pero atendiendo a éstas.
            Queda escrito; las diferencias en materia de relaciones laborales, derechos adquiridos y organización sindical no son pocas. De ahí que la unidad necesaria debía construirse más allá del mero discurso, inventado prácticas y figuras que garantizaran, por un lado, la convergencia de todos los actores en torno a objetivos comunes y, por el otro, la independencia de cada organización sindical sin la injerencia de los otros referentes.

No fue un trabajo sencillo y, obviamente, no es una tarea terminada.
            Desde Diciembre de 2015 diversos actores, principalmente las representaciones sindicales de los trabajadores ATM del INAH e IMBA, además de las de Radio Educación, CENART y la administración central de lo que fuera Conaculta. También había trabajadores independientes del Sistema Nacional de Bibliotecas, de los académicos e investigadores del IMBA, del Instituto Nacional de Derechos de Autor y Culturas Populares.
            No, no fue una tarea sencilla. Hubo no pocos desencuentros en no pocos aspectos; representatividad a nivel nacional, figuras de dirección, manejo de cuotas sindicales y un largo etcétera.
            Finalmente, se pretendía crear una organización sindical que se alejara lo más posible de las prácticas oscuras que había caracterizado al sindicato de educación, del cual prácticamente todas las representaciones gremiales habían sido parte. Manejo trasparente de las cuotas sindicales que, recuérdese, sólo las representaciones del INAH manejaban de manera independiente. Elección democrática de la directiva, lejos de las imposiciones que el SNTE acostumbraba y representación de cada uno de los grupos de trabajadores, por pequeños que fueran.
            La solución encontrada, obviamente insuficiente, obviamente perfectible, fue generar una directiva nacional colegiada. Es decir; no dotar a una única figura (por bienintencionada que fuera) de la representatividad de todo el sindicato, sino formar un grupo plural que se viera obligado a debatir y llegar a acuerdos sobre cualquiera de los asuntos.
            También se debía garantizar la independencia de los trabajadores de cada institución de la nueva secretaría, para negociar con sus autoridades inmediatas y solucionar sus problemáticas particulares.
            Además, los recursos económicos serían manejados por cada representación de las instituciones particulares, sometiendo el uso de los mismos a múltiples fiscalizaciones, tanto de sus trabajadores como de los órganos nacionales del sindicato.
            Es decir; garantizar la continuidad de lo mejor de las prácticas sindicales que habían caracterizado a cada una de las representaciones que llegaban a la nueva organización, dotándolas de espacios de coordinación y respaldo.

Obviamente, queda escrito, no es ésta la solución última, ni mucho menos.
            Incluso dentro del gran esfuerzo unificador que la construcción del Sindicato Nacional Democrático de Trabajadores de la Secretaría de Cultura significó; varios colectivos, cada uno por sus particulares razones, quedaron fuera de la naciente organización.
            Otro reto era, entonces, garantizar la posible inclusión de estos grupos si, en el futuro, decidían unirse a la causa común… Finalmente, la constitución del SNDTSC no es la culminación de un proceso; simplemente un primer paso en un largo camino, en el que nuevos actores pueden sumarse; garantizando que serán recibidos como iguales.

No, no es un proceso que haya terminado.
            Es sólo, queda dicho, el primer paso... Y hasta el viaje de mil kilómetros, se decía anteriormente, empieza con el primer paso.


Mario Stalin Rodríguez

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