jueves, abril 10, 2008

Versiones VI


Son cientos de fotografías las que se encuentran dispersas a lo largo de la polvorienta mesa; en algunas Miriam Gómez mira sonriente a la cámara, otras se tomaron a escondidas, siguiéndola por la calle; la última es del día de su asesinato: Miriam tendida ante el sillón, con un charco de sangre saliéndole de la cabeza.
-Debería llevarlas a la policía -se repite una y otra vez Héctor, mientras da un sorbo a la taza de café recién hecho.
Mira a su alrededor y reconoce las formas que durante tanto tiempo constituyeron su mundo; las mismas cosas ocupan los mismos lugares desde el día en que María murió; sólo el polvo se acumula y cambia entre estas paredes.

No debería haber venido; pocas veces ha pisado estos suelos desde el funeral, hace casi 15 años y nunca solo ni por demasiado tiempo. Mantiene el departamento que juntos ocuparon como un monumento a su memoria y a su ausencia, pero el peso de los fantasmas es demasiado. Estar aquí es, para él, insoportable.
De vez en vez manda a alguien para que haga la limpieza y se asegure que la suciedad no se coma todos los recuerdos que aún flotan aquí. Desde hace poco más de cinco meses no ha tenido ni intención, ni tiempo, ni dinero para hacerlo; por ello ahora el tono de todo el inmueble es gris y la luz que atraviesa por las ventanas es absorbida por nubes de polvo.
No debería haber venido, pero necesitaba un lugar para apartarse del presente y pensar en la manera en que el pasado parecía inmiscuirse en su futuro.

Después de la atropellada presentación, Héctor no pudo sino considerar a Erick un loco. Pensó inmediatamente en las posibles maneras de deshacerse de él sin provocar su ira, el enojo de un loco es siempre peligroso; dicen los que de la materia nada saben.
No pudo articular palabra; el extraño personaje, mirando siempre hacia todos lados con desconfianza, extrajo de la parte de atrás de su cintura un sobre amarillo arrugado y lo puso en la mano de Héctor, que aún sujetaba fuertemente.
-Sé que no me cree -Las palabras surgían rápidamente-; deberá echarle un ojo a estos papeles; después me comunicaré con Ud.
Salió corriendo. Héctor, atónito, sólo pudo intentar un débil "espere” y quedarse parado en medio del prado con la mirada perdida.
De regreso a su cubículo decidió echar un ojo la contenido del sobre; probablemente sólo papel recortado. Lo primero que vio fueron las fotos.
Cerró rápidamente el sobre cuando su vecina de cubículo entraba llevada por la curiosidad. No dejó siquiera que iniciara las preguntas que evidentemente deseaba hacerle.
-No fue nada Sandra, te lo juro; sólo un loco -Dijo anticipándose-. Ahora, si me disculpas, acabo de recordar que debo ir a hablar con mi editor. Muchas gracias de nuevo y siento haberte preocupado.

Conduciendo sin rumbo fijo y con la atención puesta más en el sobre que yacía en el asiento del copiloto que en el camino, recordó que aún tenía que dar una clase en la tarde. Telefoneó a su profesora adjunta y le dio instrucciones para que recibiera las tareas y dejará marchar al grupo; asuntos impostergables le impedirían llegar.
Aún no sabía que hacer; no podía regresar a su casa, ahí estaría Diana, trabajando o simplemente viendo la tele, tal vez vigilando que la asistente doméstica no rompiera nada.
Tampoco podía permanecer todo el día en el coche, necesitaba un lugar tranquilo donde pensar. Fue entonces que el tintineo de las llaves pegadas al volante llamó su atención; ahí estaban las dos llaves que ya casi nunca usaba, las del departamento de María, conservadas más como amuleto que por nada práctico.
Se detuvo en un molino de café a comprar grano, la cafetera, como todos los otros enseres domésticos, seguiría en su lugar, sólo acumulando polvo. Sabía que no tendría problemas con los servicios, él mismo se ocupaba mensualmente de pagar las facturas del agua, la electricidad y el gas del departamento; además del impuesto predial y cualquier otra obligación, todo en nombre de la memoria, todo en nombre de la ausencia.

Regresa su mirada a las fotografías dispersas en la mesa de la sala, una llama su atención, tal vez de las más antiguas. En ella Miriam mira sonriente a la cámara, sentada tras el escritorio en la oficina en la que sería asesinada. Ésta es un recorte de prensa, particularmente; unas páginas de la revista en la que Héctor trabaja.
Recordaba la nota que acompañaba a la fotografía, de hecho; fue él quien la escribió.
Poco más de año y medio antes de su muerte, Miriam ganó notoriedad como representante legal de dos indígenas presos por defender su bosque de la tala inmoderada e ilegal de una trasnacional maderera. Habían sido acusados de sedición y terrorismo, cuando con seguetas, palos y machetes, descompusieron buena parte de los camiones de la empresa.
Héctor se interesó en el caso y pidió una entrevista con los dos presos, pero las autoridades penitenciarias de Guerrero no lo permitieron, alegando la "alta peligrosidad" de los individuos. Fue así que debió conformarse con entrevistar a su abogada, aunque, a decir verdad, ésta no le inspirara demasiada confianza.

Antigua monja, había dejado los hábitos para estudiar Derecho Penal en la una universidad de marcado corte religioso. En un principio litigaba meros asuntos de la iglesia, hasta que, años atrás, había ingresado como voluntaria a una ONG de Derechos Humanos en el Distrito Federal.
Pronto fue reconocida como la abogada de los de abajo, lo mismo defendió a estudiantes presos por una huelga fracasada que representó a los familiares de las víctimas de los feminicidios de Ciudad Juárez. Peleó y ganó un juicio de expropiación de terrenos comunitarios y evitó con ello la construcción de un desarrollo turístico. La lista era larga.
A Héctor, desconfiado por costumbre del humanitarismo institucionalizado y de cualquier cosa que oliera a iglesia, todo esto le parecía más un desmedido afán de protagonismo que un compromiso serio con las causas de los oprimidos. Tampoco le agradaba alguien que se refiriera a su defendidos como "mis niños", aunque fueran ellos quienes así se lo hubieran pedido.

El desarrollo de la primera entrevista no cambió demasiado el punto de vista del periodista, pero al menos obligó al hombre a repensar sus juicios previos. Con el tiempo llegó, incluso, a querer a esta mujer, compendio humano de contradicciones.
Sus acciones siguieron pareciéndole más protagonismo que compromiso, pero debió reconocer que era un protagonismo coherente y esforzado. No dejó jamás de sentir un cierto desagrado por los desplantes maternales de la abogada, convencida de ser la única persona en saber lo qué era mejor para sus representados y, aún así, debía el periodista reconocer en estas actitudes un toque de ternura y un mucho de fortaleza.
No era una mujer de fuerza inquebrantable; en el tiempo en que la trató la vio desplomarse más de una vez, atormentada por el peso de la carga autoimpuesta. Pero siempre se levantaba y, vencida o vencedora, se conservaba digna.

En el tiempo que siguió a su primer encuentro y hasta el día de su muerte, los caminos de Miriam y Héctor se cruzaron no pocas veces; ahí, donde la dignidad afloraba y el Poder aplastaba, era el justo lugar para sus encuentros.
Hacia el final, podían llamarse amigos.

Héctor tomó la fotografía de la mesa y se desplomó sobre el sillón de al lado, levantando un densa nube de polvo. Dio otro sorbo a su café y encendió un cigarro. Miró fijamente el rostro retratado.
-Bueno Miriam -dijo sonriendo-; bienvenida a mis ausencias, permíteme presentarte a los otros fantasmas.

P.D. que anuncia retrasos
Desde estos párrafos que casi nadie lee (por estar en unblog más bien poco famoso y por ser letra chiquita, roja y al final del post), este animalito fantástico quiere felicitar a
Por ser ganadoras del multicitado concurso de estos bits... Y pedir una disculpa a las dos últimas, porque por motivos laborales ($%&# trabajo) no he podido cumplir con el premio completo... Pero en cuanto tenga un tiempo me pongo a ello... LO PROMETO.

P.D. Que edita
Y bueno, en la barra de links, se suma, obviamente, a Ambrosia (de Puro Nectar) porque se lo merece y quito al Sr. Frido de El Palacio de los Alcatraces, porque lleva más de un mes sin actualizar... Si vuelve a escribir me encantará volverlo a enlazar.

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8 Comments:

Blogger Ambrosía said...

Glupsssss....!!!, me siento emocionada por el premio, así hecho en público; y te agradezco el honor de formar parte de tus enlaces, aunque ambas cosas sean totalmente inmerecidas.
Un besoooo ...y mil gracias.

P.D. ya ves que todo lo que escribes, hasta la letra pequeña, tambien se lee jajjajaj

10:36 a.m.  
Blogger Nanny Ogg said...

Felicidades a las premiadas y bienvenida a tu nuevo enlace que, para mí es ya una vieja conocida (aunque suene mal eso de vieja :D)

No comento nada del capítulo correspondiente ya sabes por qué :P

Besos

10:43 a.m.  
Blogger LA CASA ENCENDIDA said...

Yo como Nanny tampoco comento, aunque lo voy a hacer muy prontito y también felicito a las premiadas, por todo lo escrito en la letra roja y pequeña (que si la leo, jajajajajaja)
Besicos.

1:57 p.m.  
Blogger mariapahn said...

...y más ausencias, y más fantásmas... ¡venga venga!ains...si es que nos persiguen y el Héctor este con tanto café y tanto fumar me recuerda a alguien...
Bueno, que yo siempre leo la letra roja, es más, siempre empiezo por la letra roja, sigo por el dibujo y acabo leyendo el escrito...jejjee

Bicos

12:37 a.m.  
Anonymous Jaurne said...

Llevaba unos dias sin saber de tí, pero veo que sigues bien :D

7:06 a.m.  
Blogger Necio Hutopo said...

Pues el trabajo no se acaba, pero al menos parece acercarse una temporada un poco más descansada... Eso y desvelarme una noche mirandote y deseandote, nueva y cercana, me impidieron contestar a tiempo... Pero ya estamos aquí, así que a lo que venimos:

Ambrosia. El honor es mio, siempre es gratificante que alguien (y muy particularmente, alguien como tu) se tome la molestia de leerme.

Nanny. Pues claro, este pequeño mundo de la bloggosfera será muy complicado, pero sigue siendo pequeño, así que no me sorprende que compartamos lecturas y lectores virtuales.

Nani. Cuando quieras comentar algo sobre la novela, lo sabes bien, serás más que bienvenida.

María. Ese Héctor que fuma y toma café es un poco, como todos los persdonajes que parecen en la novela, un reflejo de mi mismo, no creo que haya sorpresa en ello.

Jaurne. Pues como queda escrito, asuntos laborales y nuevas presencias me han quitado un poco del tiempo que puedo y quiero dedicar al internet... Prometo tratar de no desaparecerme tanto.

11:24 p.m.  
Blogger Juanjo said...

Ya he visto tu comentario :( en mi blog, gracias "necio hutopo" ;)

12:35 a.m.  
Blogger Burnout. said...

Veo que sigues escribiendo cosas excelentes. Muchas veces no sé si son realidades enmascaradas o ficciones que rozan la realidad, pero el sentido que puedo percibir es claro y sincero.
Me gustan mucho, aunque a veces me quedo con las ganas de datos frios que atestimonien si es cierto o no.
Un saludo.

11:46 a.m.  

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