viernes, septiembre 08, 2006

LO QUE VIENE

Mario Stalin Rodríguez

LO QUE VIENE

“Contentarse con la música de la orquesta en la que se toca y con la parte de ella que te toca tocar, es un error muy extendido (...) El mejor camino para una exculpación universal es llegar a la conclusión de que, porque todos tenemos culpa, nadie es culpable. Probablemente no podemos hacer nada, son los problemas del mundo (...) El mundo no tiene más problemas, que los problemas de las personas”

José Saramago

El Hombre Duplicado; Pág. 50

En estas calles algo nuevo, algo poderoso, empieza a gestarse... Las voces eternamente mudas, eternamente ignoradas comienzan su canto. Al principio es un coro sincopado; música estridente cuya única armonía es el caos.

Voces distintas, en distintos tonos, volúmenes y ritmos... En el caos, Babel despierta.

Razones 1. Los argumentos del poder

Son ellos, se dicen ante el espejo, los dueños del mañana. En sus razones y su continuidad se encuentra la estabilidad futura, la tranquilidad de los señores del capital y la política. Son ellos, entonces, la única voz correcta.

Poco importan para el poder y sus representantes los coros de Babel; las voces diminutas, la armonía discordante, no tienen derecho y, acaso, sólo un voto simbólico en los caminos del mañana. Es en las abovedadas salas donde el destino se decide, sobre las leyes que el poder impone y que al poder perpetúan.

Sobrarán los llamados a la cordura, no se dude; las voces que desde todos los puntos llamarán a la calma. “El asunto”, nos dicen, “es cosa juzgada. No es tiempo del encono, del conflicto; sino del consenso”. Llamarán a aprovechar de lo perdido, lo que aparezca, a capitalizar la “derrota” para perpetuarse.

Mentiras, finalmente, mentiras. Porque a la calma que llaman es el inmovilismo, a la tranquilidad del nada hacer... El poder y sus ecos sólo buscan la tranquilidad de la continuidad. Las leyes que invocan, las instituciones que tanto defienden son, únicamente, cadenas.

Fuera de los salones del poder, alejados de sus ecos, en la calle tomada; los distintos empiezan a encontrarse y a mirar juntos un nuevo amanecer.

Razones 2. Los ecos del poder

Son la otra máscara del poder, los aduladores de siempre, los hipócritas... Los traidores. No buscan cambiar al poder, sino cambiarse al poder. Son los cínicos de siempre y sus seguidores, los parásitos que alrededor de la infección crecen; los que reproducen en el mañana que se gesta, el pasado que les avergüenza.

Los cínicos buscan el poder por el poder en sí mismo, poco les importa desde qué lado se ejerce y si para acceder a él, hay que traicionar, hay que vender, hay que venderse. Sus seguidores, los parásitos, buscan al poder por el poder en sí mismo y se conforman con migajas, con el empleo seguro, con la céntrica oficina, con la ventana panorámica; con la promesa de que serán ellos mañana los cínicos y no sólo sus parásitos.

Otras voces, en distintos tonos, también llamarán a la inmovilidad, a la perpetuidad de la injusticia. “Mejor retirarnos”, nos dicen, “y dejar la negociación en sus manos”... “La alternativa”, continúan, ”es demasiado costosa para tomarla en cuenta”.

Tienen miedo, finalmente, tienen miedo. Pero no del poder o su aparato represivo; sino de quienes los rodean. Los cínicos y sus parásitos ven en los otros sólo herramientas, peones para obtener y conservar los privilegios que el poder les ha permitido; monedas de cambio.

Tienen miedo, finalmente, tienen miedo, de perder la céntrica oficina, la ventana panorámica, el sueldo cómodo; la posición que, en sus distintos gradiantes, les permite negociar, vender, venderse.

“No es tiempo del encono”, nos dirán; “no es tiempo del conflicto, sino del consenso. De trabajar para que pronto, en un futuro incierto, el mismo poder que nos niega el mañana, nos permita, con sus reglas, con sus instituciones y bajo sus parámetros, empezar a construir el futuro”.

Mentiras, enteramente, mentiras. Porque a la calma que llaman es a la tranquilidad de nada cambiar, porque el futuro que prometen es sólo la perpetuidad del sistema que nos condena; el mismo poder con otra máscara.

Lejos de ellos, en la ciudad de los toldos, los distintos, aún dispersos, empiezan a juntarse y a afilar la esperanza... mientras silban.

Razones 3. Los distintos

No tienen un solo rostro, ni una sola voz, son el coro de Babel y apenas empiezan a reconocerse.

Los hay más públicos y anónimos. Están en todos los niveles, se mueven a lo largo de toda la nación embrionaria, la ciudad tomada... Sus niveles de acción y conciencia son distintos, pero van aprendiendo a mirar al mismo mañana.

Otras voces, queda escrito, empiezan a alzarse. El coro de Babel; caótico, sincopado, diverso; embrionario... No buscan el poder, sino cambiar el poder; no el cambio de destinatarios del privilegio, sino el cambio de privilegios. Es decir; no la perpetuidad, sino la evolución.

Son diversos y tienen miedo, claro que tienen miedo. El miedo en forma del sistema que les condena y la posibilidad de su permanencia, el miedo en forma de uniformado que los amenaza con escudos, toletes, tanquetas; desfiles de la prepotencia.

Son diversos y tienen miedo, claro que tienen miedo. Pero no se esconden ni ocultan su temor en argumentos absurdos, en mentiras evidentes.

Son diversos y tienen miedo, claro que tienen miedo. Pero no de perder los que tienen, sino de conservar lo que les priva.

Son diversos, son el ama de casa, el adolescente, el escritor, el que camina diariamente la calle tomada, la mujer imposible (la que abandona la comodidad y, aún desconfiada y con dudas, empieza a afilar la esperanza), la compañera (su mar salado, el recuerdo innegociable).

Y tienen miedo, claro que tienen miedo... Pero, aún así, ellos empiezan a construir el mañana.

El camino por delante no es corto, ni sencillo. Habrá tiempos en los que la derrota parezca cercana, incluso deseable... Pero los distintos han empezado a andar y no habrá obstáculo que les detenga por siempre.

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