sábado, septiembre 02, 2006

Fox llegó, entregó el último Informe y se fue

Sombrío y luego de surcar el enorme cerco policiaco cumple el trámite
Sin honores protocolarios Fox llegó, entregó el último Informe y se fue

Del mandatario socarrón y retador de otras ceremonias sólo quedó un rostro impávido

ARTURO CANO

Atrás de la valla que estoy informando.

Unos 40 miembros del Estado Mayor Presidencial (EMP) hacen un rectángulo de seguridad y una nubecilla de funcionarios y legisladores rodean a Vicente Fox. El Presidente baja la cabeza, habla pausado, hace tiempo. A la mitad del vestíbulo del edificio del salón de sesiones, ha llegado el mandatario sin honores protocolarios y tras surcar el más enorme cerco policiaco militar al Congreso de la historia reciente. El último y se va, muy lejos del Fox de los primeros años ante el Congreso, aquel Fox socarrón y retador.

Atrás de la valla que estoy entregando mi informe por escrito.

Mala cara la del Presidente. El primero de diciembre de 2000, cuando arremedó burlón a los priístas ("Sí, jóvenes, Juárez, Juárez"), ha quedado en la prehistoria. Fox aprieta los gestos para no hacer visible su enojo. Macetones y rejas metálicas, aquí prudentemente cubiertas con paños oscuros, separan al titular del Ejecutivo de la prensa y el escaso público que le dedica un tímido aplauso. El Presidente y su séquito aguantan mientras, adentro, los perredistas se solazan en la toma de la tribuna.

Atrás de la valla que este arroz ya se coció.

De pronto, del mar de torsos y brazos que rodea a Fox, surge un micrófono. En el salón de sesiones, los perredistas parafrasean al propio mandatario en su conversación con Fidel Castro. Gritan: "¡Entregas y te vas! ¡Entregas y te vas!" Fox toma el micrófono y despacha el trámite en 58 palabras que terminan: "Ante la actitud de un grupo de legisladores, que hace imposible la lectura del mensaje que he preparado para esta ocasión, me retiro de este recinto", dice. Es decir, entrega y se va.

En el recinto, donde se oye el breve mensaje presidencial, los perredistas hacen sonar silbatos deportivos.

Atrás de la valla que esta vez no hay dictador que valga.

El consejero jurídico de la Presidencia, Juan de Dios Castro, arriba poco antes que el guanajuatense. "A mí me tocó poner un búnker igual a éste y Pablo Gómez me reclamó que era yo un dictador". Castro se refiere a 2004, cuando siendo presidente de la Cámara ordenó un cerco para ahuyentar la protesta de los trabajadores del Seguro Social. Y completa: "Puedo ser un dictador, pero a mí no me van a meter un caballo al recinto". Pues no entra el caballo, pero sí 200 y tantos encabritados legisladores. Y el Presidente no.

Nada le hace. No tenemos ni devaluación ni crisis económica, presume Castro. "El Presidente cierra bien".

Atrás de la valla que aquí lloverán los insultos.

En el mensaje que no leyó sino en cadena nacional, el presidente Fox será congruente con sus informes pasados. A falta de otros logros, presumirá como propio el avance conjunto. "La democracia vale la pena". Una buena parte de los legisladores no comparten con él la idílica visión de su sexenio. Y no son sólo los perredistas quienes recetan calificativos de grueso calibre. Los representantes de todos los partidos -con excepción del PAN que no llega a la tribuna- se despachan en los discursos previos a la llegada de Fox y le llaman cínico, mentiroso, traidor, bonachón incompetente, hombre sin palabra, torpe, ejemplo de la falta de oficio político. A ratos, PRD y PRI se unen en el aplauso. Los panistas callan.

Atrás de la valla que estoy enrejando al país.

Nada nuevo en la seguridad de Fox, que ha apretado desde el 2 de julio. Un país enrejado va con él a todas partes. La multiplicación de las rejas metálicas o la principal aportación del general Armando Tamayo, jefe del Estado Mayor Presidencial, a la ciencia castrense. Las vallas a donde vaya el presidente. Hoy, hasta un helicóptero hicieron aterrizar en los patios de San Lázaro. ¿Para despistar al enemigo?

Atrás de la valla que estoy reinventando México.

Así fue en 2000, en su socarrona toma de posesión (el "hijos míos" antes del Honorable Congreso), el día en que acuñó una de las frases que habría de hacer mentira sexenal: "El Presidente propone y el Congreso dispone".

Esta vez, por primera vez, una parte del Congreso fue la que dispuso.

La madera de los perredistas

Carlos Navarrete asegura que no le dijeron ni una palabra cuando anunció que él y sus correligionarios se quedaban en la tribuna. Poco antes cita el artículo 29 constitucional, sobre la suspensión de garantías individuales, y pregunta: "¿Por qué a las afueras de este Palacio Legislativo y a varios kilómetros a la redonda se han suspendido de facto las garantías que establece nuestra Constitución?"

Luego anuncia que los perredistas han de quedarse en posesión de la tribuna hasta que se retire la fuerza pública y se restablezcan las garantías constitucionales. El país entero puede seguir por televisión la toma y lee los letreros que han acompañado las acciones de "resistencia civil" desde los primeros días de julio. El ajuar perredista, y petista, lo completan ejemplares de la Constitución.

Los priístas callan y aprovechan para mandar saludos y abrazos en el aire a los gobernadores que están en las galerías. El Niño Verde se carcajea con varios diputados panistas. Estos callan y por ningún lado asoma su estrategia de diez puntos para enfrentar a los del sol azteca.

Los legisladores del PRD y sus aliados lanzan sus consignas de las últimas semanas (del "¡voto por voto!" al "¡Obrador!") y reciclan algunas de la vieja izquierda: "El Congreso no es cuartel, fuera Ejército de él".

La protesta es corta. Entre el momento en que los legisladores perredistas dejan sus curules y la salida de Vicente Fox transcurre apenas media hora.

Jorge Zermeño, presidente de la mesa directiva, decreta un receso a las 19:21. Los panistas aplauden unos segundos. "Ya estuvo", resopla Alberto Cárdenas, el otrora caballo negro, y se va, como la mayoría de los diputados del PAN.

"Que se retire la fuerza pública", demanda el priísta Emilio Gamboa Patrón, como si no fuera a irse esta misma noche.

Abatido, Zermeño abandona el salón poco después. ¿No es un fracaso que no haya habido mensaje del Presidente? "No señor, de ninguna manera", dice Zermeño, y acota que debe valorarse que todo estuvo en paz y, pues, "no hubo nada que lamentar".

Del otro lado, la preocupación es cuáles serán los saldos de la toma de la tribuna. "Por supuesto que nos van a echar a la hoguera mediática, pero el hecho es que un presidente no pudo hablar frente al Congreso. ¿En qué país pasa eso?", dice el senador Graco Ramírez.

Carlos Navarrete juzga que en el gobierno y el PAN "ganó el ala dura" que Vicente Fox se aferró a venir al Congreso porque le decían que "de lo contrario iba a revivir un movimiento que ya está moribundo". Los perredistas ven cerrazón y necedad del otro lado. Dicen que ofrecieron no realizar una acción como la toma a cambio de que Fox no leyera su mensaje y que se votara la salida de la fuerza pública. Tenían consigo a los senadores del PRI, pero Emilio Gamboa Patrón, coordinador de los diputados, se opuso.

El salón se ha quedado solo con legisladores de la coalición Por el Bien de Todos y reporteros. Javier González Garza, coordinador de los diputados del PRD, reúne a sus compañeros para informar que sólo espera una llamada que confirme el retiro de los militares y policías.

Luego, cita a sus compañeros unas líneas del mensaje que Fox no pudo leer: "Hemos convertido la ley en el primer instrumento de gobierno y la mayor garantía de las libertades y derechos ciudadanos. El respeto a la legalidad no es ni podrá ser nunca discrecional".

González Garza termina la cita y sigue: "No podíamos quedarnos sentaditos oyendo esto, porque él es el ilegal, el que tiene años de estarse confabulando... Los compañeros del Zócalo decidieron no venir porque no queremos exponer a nadie. Tenemos un movimiento de resistencia civil pacífica y así va a seguir".

Pasado el trance, perredistas, panistas, priístas y todos los demás comienzan a cavilar sobre lo que sucederá el primero de diciembre.

Vicente Fox estará ahí para entregar la banda presidencial. Ya no tendrá oportunidad de leer nada. Ni de comerse palabras, como hizo en 2004, cuando omitió leer la frase ''es hora de asumir costos'', incluida en su informe escrito. A saber por qué no quiso leerla. Hoy se le apareció de nuevo y quizá pensó en ella cuando iba bajando la escalinata rumbo a los kilómetros de vallas metálicas que lo resguardaron en su despedida.

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