lunes, julio 17, 2006

"Somos miles de renegados y seremos más"

"Somos miles de renegados y seremos más", responden al presidente Fox

López Obrador preguntó y el Zócalo y sus inmediaciones aprobaron a gritos

"A estas horas AMLO ya no importa, porque el pueblo está aquí", define una profesora rural

ARTURO CANO

Y en el principio fue el deslinde. "Stalin de equivocó de año y de plaza", sentencia Carlos Monsiváis. Quizá sólo unos cuantos izquierdistas veteranos registran el dato: ahí está, gracias a la izquierda paleolítica, José Stalin colgado frente a la Catedral.

En cambio, todos entienden muy bien cuando, poco después, Andrés Manuel López Obrador cita a Monsiváis: "Alguien que sólo conoce el desánimo y el abatimiento, nunca será digno del pesimismo".

Lo gritan de otras maneras miles de voces, centenares de carteles, de mantas, de playeras, la inmensa mayoría hechas en casa o mandadas hacer de forma artesanal. En las espaldas de una familia entera se lee: "No estoy derrotado. No estoy frustrado. Estoy indignado por el fraude electoral".

Otros carteles son respuesta a Vicente Fox y remiten a lo sucedido en Ecuador, el año pasado, cuando el presidente Lucio Gutiérrez llamó "forajidos" a quienes se manifestaron frente a una de sus propiedades. A las pocas semanas Gutiérrez cayó, perseguido por los "forajidos" -así lo portaban en sus ropas orgullosamente- hasta el aeropuerto que no pudo utilizar. Aquí, centenares apechugan con igual desparpajo el insulto presidencial: "Soy un renegado", dice un cartel. "Soy renegado porque reniego de un Presidente ignorante", se desquita otro. Y uno más augura: "Somos miles de renegados y seremos más".

Todos esos carteles van al piso cuando llega el turno de López Obrador, quien ha demorado más de tres horas en llegar al Zócalo. Aquí, en medio de una plaza ayuna de segundo piso, López Obrador sigue siendo el político de los mil pueblos.

Al dejar la presidencia nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD), ha de recordarse, anunció que volvería a su natal Tabasco, a reorganizar su movimiento, y que visitaría una a una mil localidades. Ahí lo vio este reportero, entre las localidades 274 y 279, si la memoria no traiciona, haciendo lo mismo que ahora, "escuchando a la gente", como él dice.

López Obrador pregunta y el Zócalo y sus alrededores aprueban a gritos. Así queda trazada la ruta de los próximos días. Los campamentos a las afueras de las 300 juntas distritales como centros de organización; un comité para proponer las acciones de "resistencia civil pacífica"; y una nueva asamblea el domingo 30 de julio, a la misma hora y en el mismo lugar. "Nos puso difícil el reto", comenta un dirigente perredista al referirse al reto del tabasqueño de doblar el número de asistentes.

"¡Claro que lo hacemos!", refuta Ernestina Ramírez, una viejecita de Ecatepec, madre de 13 hijos, quien sin embargo no está de acuerdo con el nuevo conteo: "¡Con el voto por voto nos van a chingar otra vez, ya los conocemos!"

No es el tono general. Ni siquiera el de la voz principal en este domingo de Centro Histórico a reventar. López Obrador, necesariamente reiterativo pues no ha dejado un solo día los micrófonos, aporta como novedad un tono más mesurado que el usado en su "asamblea informativa" anterior.

"Hago un llamado al candidato de la derecha para que actúe de manera responsable y acepte, sin ningún pretexto, la revisión de las actas y el recuento voto por voto... Si él sostiene que ganó, no tiene por qué negarse. El que nada debe..."

"¡Nada teme!", completa la multitud, "la gente", que se siente en diálogo directo con su candidato.

López Obrador anticipa el desánimo, el desgaste que ya ven sus adversarios. "¡Están pendejos!", grita un joven que promete regresar en quince días con más gente.

El domingo de plaza insuficiente le complica el panorama al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), como antes se lo enredó al candidato del Partido Acción Nacional (PAN), quien prefirió posponer su "gira de la paz".

No hay sitio para la violencia

No le quiebra la voz el peso de la demografía. Carlos Monsiváis da lectura a un texto escrito al alimón con Sergio Pitol. En sus líneas desmenuza entre otras cosas el empecinamiento panista en el linchamiento del candidato de la coalición Por el Bien de Todos y subraya el significado de la concentración de este día: "No minimizamos ni magnificamos los errores de nuestro proceso, pero esta presencia multitudinaria de hoy, que representa a millones de votantes, surge de la necesidad de cambios profundos que correspondan al desarrollo civilizatorio que se demanda y se merece".

Pero sobre todo, y a tono con el ánimo general, Monsiváis se empeña en resumir lo que gritan las voces y los carteles: "No queremos, no necesitamos, no le concedemos un sitio a la violencia".

En todo caso, sigue Monsiváis, la violencia "ha partido de la derecha. Una violencia ideológica de mentiras y calumnias y difamaciones y fraudes hormiga".

En un extremo de la plaza, un hombre mayor capta el mensaje, mira al helicóptero de la policía y grita: "¿Para qué nos vigilan si somos pacíficos?"

"¡Monsi, Monsi, Monsi!", es la consigna cuando el escritor termina la lectura de su mensaje. No es el único ovacionado. Los dirigentes nacionales del PRD, los asesores de López Obrador, los artistas que la gente identifica como "de este lado", han de salir del mitin como rockstars.

Monsiváis no es la excepción. Al terminar el mitin, se asoma brevemente desde una ventana del hotel Ciudad de México y luego se retira, al parecer apenado por la ovación que quiere ser interminable.

Estos que ovacionan a Monsiváis, es de suponerse, forman parte de la izquierda que Felipe Calderón cree conocer cuando anuncia que su gobierno será de seis años de "movilización permanente".

Ellos y la familia cuyos niños portan camisetas con la leyenda: "Yo también soy un peligro para México".

Cerrada competencia

La competencia entre los "malos de la película" es cerrada. Un grupo vestido para velorio redita la tonada de Martinillo para vaciar en palabrotas su rechazo a Felipe Calderón y al PAN.

Un muy cercano competidor es Luis Carlos Ugalde, consejero presidente del IFE, cuya imagen aparece por todos lados: "Delincuente electoral", es el calificativo más suave. "FraUgalde, no por tu padrino Calderón te pases de cabrón", dice un cartel. También hay, sin embargo, quien pide lo indispensable para cualquier elección venidera: "Renuncia inmediata del Consejo General del IFE por no cumplir con la equidad y transparencia".

En el top ten de los "renegados" el siguiente sitio de honor es para las televisoras. Una manta de perredistas de Toluca resume el sentir, pues muestra a cinco de los conductores estrella de Televisa vestidos como el payaso Brozo: "¡Chamacos!, ¿quieren que les cuente un cuento?"

El desfile de frases e imágenes es interminable. Ya terminado el mitin, cuando muchos cartelones van a dar a las paredes del Club de Banqueros, perredistas y observadores hacen sus cálculos: los 15 días fijados para la próxima movilización son el plazo para negociar una posible nulidad de la elección, dicen unos, que hasta barajan el nombre del posible presidente interino. Este día muchos descartan a Juan Ramón de la Fuente y también a Cuauhtémoc Cárdenas -otra vez vapuleado en los carteles-, mientras otros comienzan a mencionar a José Woldenberg.

Eso sucede en las cabezas de los analistas y los asesores, que apenas media hora antes de los discursos seguían preguntándose qué seguía después de esta marcha.

Debajo de los templetes parecen no tomar las cosas tan a la tremenda.

Y después de esta marcha, ¿qué? "Pues no hay más salida que se diga la verdad", dice Luz Guzmán, estudiante chilanga de 27 años.

¿Y si el tribunal electoral ratifica el triunfo de Calderón? ¿Alguien se suma al asalto del Palacio de Invierno?

Vicenta Mireles, sexagenaria mexiquense, dice que no: "Uno como pueblo ya no puede hacer nada".

Los doctores Adriana Morales Otal y Armando Ferreira Nuños, del área de Neurociencia de la Universidad Autónoma Metropolitana, trazan a dúo un plan que habla de una resistencia de largo plazo, que va del boicot a las empresas que apoyaron a Calderón a la organización ciudadana vía Internet, "porque en los medios ya no se va a poder". Igual juzgan que su candidato tuvo un "exceso de confianza", pues la ofensiva del otro lado estaba muy clara.

A la profesora Graciela Sáenz, de la sierra de Zongolica, la revisión de las insuficiencias propias ya la tiene sin cuidado: "A estas horas López Obrador ya no importa, porque el pueblo está aquí".

¿Y si el tribunal electoral rechaza la impugnación? "Pues hacemos un gobierno alterno. ¿Qué no ya lo hizo Benito Juárez?"

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