Los Falsificadores de la Democracia 71
LUTO
El pasado Martes 20 de Enero se cumplió el primer año del segundo mandato de Donad Trump en Estados Unidos y el mundo, Estados Unidos y hasta él mismo tienen poco que celebrar.
A
pesar de sus alharacas triunfalistas en las que se precia de haber cambiado el
nombre del Golfo de México por otro que ya ni en su administración emplean o de
haber rebautizado a la Secretaría de Defensa como “de Guerra” en un desplante
que es una confesión freudiana de manual, el primer año de su mandato tiene
otros nombres, incluso para él.
En
Estados Unidos el aniversario trumpista tiene el nombre de Renee Good, la madre
poeta muerta por la bala de un agente del ICE por el único crimen de protestar
contra las prácticas fascistas que esta agencia ha implementado. En las
metrópolis del imperio la indignación
por este asesinato se suma a la ya existente por el desastre económico que ha
significado su errática administración, en donde el único beneficiado parece
ser él mismo, ni siquiera la oligarquía financiera que con tanto entusiasmo le
apoyaba y que ahora le ve con recelo, como lo demuestra la reticencia de las
petroleras a acompañarle en su aventura venezolana.
En
América Latina el aniversario trumpista tiene el nombre de Nicolas Maduro y
Celia Flores, secuestrados ilegalmente en una “operación quirúrgica” que costó la
vida de decenas de civiles inocentes en Venezuela... Y todo para apropiarse de
la riqueza petrolera del país sudamericano, según han reconocido él mismo y
otras personas de su gabinete. Aunque las propias petroleras estadounidenses, a
las que pretendía beneficiar, ven a Trump y su administración como el principal
riesgo de invertir en Venezuela.
Y
no, en todo esto el nombre de la humillada María Corina ni siquiera figura como
nota al píe en el aniversario Trumpista, con todo y que corrió a ofrecerle un
devaluadísimo “Nobel de la Paz” en cuanto fue descartada como inútil por el
propio Trump.
En
Europa, justamente, el aniversario Trumpista no lleva el nombre del Nobel, sino
el de Dinamarca, territorio que le ha demostrado a las elites políticas del
viejo continente que de poco valen para Trump la sumisión y el entreguismo,
porque entre más se arrastren, más abajo les exigirá llegar.
En
la orbe toda el aniversario trumpista lleva el nombre de Gaza y del genocidio
que con su complicidad, y la de las anteriores administraciones demócratas o
republicanas, sigue perpetuando en las tierras de Palestina el artificial Estado
terrorista de Israel, llegando a la ignominia de inventarse una “Junta de Paz”
que hasta el momento suma más rechazos y “después te digo” que aceptaciones
para pagar los mil millones de dólares que pretende cobrar (y que Milei,
obviamente, pagó gustosísimo del dinero que la propia administración de Trump
le prestó al gobierno argentino).
Y
en su propia administración y círculos cercanos, e incluso para él mismo, el
aniversario trumpista tiene el nombre de Jeffrey Epstein y el temor de que la
muy postergada revelación de los archivos legales del proceso que se le siguió
al fallecido pederasta, terminara por demostrar lo que ya es un secreto a
voces; la complicidad de Trump con la red de explotación sexual infantil que
encabezara el neoyorkino.
A
pesar de todas las alharacas, desplantes triunfalistas y desastres interiores o
exteriores que ha montado para distraer la atención del público estadounidense
de este escándalo y su desastrosa administración, desastres que, por supuesto,
le han sido útiles al grupo hegemónico que le impulsó a la presidencia y le
aplaude sus alharacas mientras les sea útil, el aniversario trumpista también
tiene el nombre de elecciones intermedias y el riesgo nada lejano de perder la
de por si endeble mayoría de la que goza en el congreso.
Estos
son los nombres del aniversario trumpista y son, también, los peligros del
porvenir, principalmente porque la estrategia trumpista ante todo, ante
absolutamente todo esto, ha sido crear aún más peligros y llevar sus desplantes
asesinos a nuevos territorios en cualquier parte del mundo (con México y
Colombia como objetivos ya anunciados) e incluso dentro de su propio territorio
(como ya lo ha demostrado en Minnesota).
Y
es por eso que el mejor regalo que Estados Unidos podría darle al mundo y al
propio Estados Unidos en este aniversario trumpista, es votar un congreso que ponga
freno a los desplantes narcisistas del fascista naranja.
Etiquetas: Apuntes sobre periodismo, El Nombre de la Ignominia, El patético usurpador, Opinión
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