jueves, septiembre 28, 2006

LOS DÍAS Y LA(s) GENTE(s)

Mario Stalin Rodríguez

“Te quiero porque tu boca

sabe gritar; REBELDÍA”

Mario Benedetti

Mucho más que dos

Noche

La ninfa recarga su espalda contra mi pecho, rodea mis brazos, que ciñen su cintura, con los suyos y apoya su nuca en mi hombro... Sonríe mirando al firmamento.

Los fuegos de artificio iluminan la noche nublada, algunos puños (pocos) se levantan, todos son izquierdos. Sus ojos, los de ella, se humedecen, un poco por la pólvora, un poco por lo demás. Entre estallido y estallido, su mirada busca la mía. A veces, cuando la explosión es grande, me obliga a estrechar mi abrazo, a juntar nuestros cuerpos. Otras veces, cuando la explosión es cercana, voltea su cuerpo, oculta su cara en mi hombro, inundándome del aroma de su cabello, hablando, suspirando, respirando en mi cuello... Ciño su cintura mientras ella me rodea.

Nuestras miradas se juntan, a milímetros de distancia y en su rostro veo complicidad y tal vez, un poco, el reflejo de mi propio anhelo... Aparto mis ojos y miro las estrellas artificiales que estallan unos metros arriba, en el suspiro que escucho en medio del estruendo hay, quizás, un tanto de decepción.

Sucede que no es mi anhelo el del cuerpo de la ninfa y no es mi espera la de su mirada... A su lado deseo al otro nombre de la esperanza.

Mientras tanto, entre gritos, multitud y fuegos de artificio, el mañana empieza su camino.

Antes

La ninfa encontró en la ciudad de las lonas, por primera vez, la calle. No como el diario transitar; sino como la construcción de otro futuro, de un mejor mañana. Antes, la ninfa sólo conoció su burbuja; la falsa imagen de un mundo seguro en el que el contexto no importaba, donde la realidad no entraba.

Pero en la nación embrionaria conoció el placer de bailar en el pavimento, de plasmar en el lienzo de manta su indignación, su coraje. La ninfa escapó de su seguridad para comer en la cocina callejera y usar los baños portátiles... La ninfa encontró la calle, sí y a la multitud.

La ninfa ha dejado de ser sólo ella y se ha transformado en multitud, en río que corre en música multicolor; en el mañana como plural.

De madrugada

En el céntrico local los diferentes, los compañeros, ríen y cantan. Bailo con la ninfa, abrazo a la Alicia que escapa de la reina de corazones y, junto a los ornitorrincos, brindo por el mañana.

La madrugada avanza y la alegría se contagia, las mismas consignas y cantos que entonamos hace horas en la plaza de concreto, se repiten y varían entre las cuatro paredes de nuestra celebración. Alicia baila y sonríe, la ninfa conoce al periodista y al abogado vergonzante, los diferentes, los compañeros, cantamos, gritamos para imponer nuestra plática a la música... No encontramos, nos reencontramos, como siempre, construyendo mañanas.

De madrugada la esperanza llama y abandono el festejo... No hay mejor manera de celebrar el mañana que al lado, así sea a la distancia, de la sonrisa que lo justifica.

Inicio

Son todos, son diversos; los distintos. Los ignorados de siempre, los que cumplen la promesa de Cicerón; volvieron y son, efectivamente, millones... Es en estos rostros que se empapan y sonríen, y no en los nombres impugnados por el grito, donde empieza a construirse el mañana.

Son ellos, son ellas las que organizan de la nada la toma del baño de un restaurante. Son ellos, son ellas, quienes regresan caminando en la noche, terminados los formalismo, coreando aún las canciones que recobran su sentido.

Son ellos, son ellas, quienes inundan los vagones subterráneos a la voz de “El Pueblo Unido, Jamás Será Vencido”. Son ellos, son ellas, quienes construyen el amanecer, a pesar de los parásitos que su nombre buscan traicionar, intentan el engaño. Son ellos, son ellas, quienes al final se impondrán.

Son ellos, son ellas, sí, pero sobre todo un nombre. La otra forma de escribir esperanza, la que tiene cinco letras.

A mi lado su sonrisa hace surgir el sol y el reflejo de éste en su cabello húmedo, explica la anterior tormenta. A mi lado ríe y es su música el pretexto para el mañana.

Lleva en su pecho el nombre de mi deseo y son su voz, sus ojos, sus manos y, sobre todo, su palabra el discurso de mi anhelo... Como en la esperanza que no muere, su nombre se oculta en estas líneas. Como el futuro que hemos soñado, mi anhelo se adivina en mis trazos.

Al futuro por asalto

Nadie dijo jamás que el camino emprendido fuera fácil ni corto y lo cierto es que apenas inicia. Una etapa de lucha ha terminado y el futuro que construiremos queda aún a al distancia. No importa, finalmente, no importa; los distintos hemos empezado a andar.

Sobrarán las voces que llamen a la paciencia, a la negociación; que es decir, al conformismo. Sobrarán las tentaciones de la traición, sobrarán los cínicos, los hipócritas y sus parásitos. No importa, finalmente, no importa; los distintos hemos empezado a andar.

Muchos de los que hoy partimos no llegarán al amanecer distintos, otros se unirán en el camino y algunos, desde afuera y desde adentro, intentarán detenernos. No importa, finalmente, no importa; los distintos han empezado a andar.

Los otros, los pequeños, los ignorados han empezado a andar juntos y a reconocerse como iguales, es decir; como diversos. Tienden puentes y tejen redes al lado de los hipócritas que no los entienden. Trabajan y caminan mientras las sombras, de adentro y de afuera, intentan comprarlos, venderlos, traicionarlos. No importa, finalmente, no importa; ellos sólo son noche y nosotros caminamos al mañana.

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